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Sin tapujos

- 21 noviembre, 2016 – 08:1530 Comentarios
MarcelinoEstoy sentado frente a una de las personas más irrelevantes de Ciudad Real. Alguien a quien la sociedad no sabe cómo quitarse de encima cuando lo ve acercarse. Me he cruzado con él infinidad de veces, y detenido unas pocas a intercambiar alguna que otra palabra. Viste limpio; nunca he sentido en su presencia un ápice de mal olor, lo cual es de mucho mérito ya que tiene por hogar la calle y por dormitorio el recinto de cualquier cajero automático. -Tengo mucha hambre- fueron las primeras palabras de nuestro último encuentro, esta vez en la plaza Mayor. Lo invité a entrar en algún sitio a comer algo. Una vez en la mesa le pregunté si le importaría hablarme sobre su situación, su vida, de cómo había llegado a ese punto. -No, no me importa, siempre y cuando respetes mi anonimato –respondió. No se llama Sergio, aunque utilizaré este nombre para respetar su voluntad. -No hay día que no piense en suicidarme. La calle te mata lentamente y lo peor es que lo ves venir. Un cimbronazo me sacudió el cuerpo. Fui incapaz de articular palabra, de continuar con naturalidad la incipiente conversación. Le hice un gesto de que comiera con calma. En realidad, era una estratagema para sobreponerme. Sergio me lanzó la frase demoledora con toda serenidad, como un ser humano consciente de estar al límite. Fue a mí a quien se le vino el mundo encima. Era yo el que necesitaba la calma. -Tenía un año cuando mi padre murió, no lo conocí, sufrió un accidente mientras trabajaba. Vivíamos en la barriada de Vista Alegre ¿Sabes cuál te digo? –me preguntó, dando la impresión de esperar una respuesta afirmativa. -No soy de aquí, Sergio. No tengo ni idea –le respondí. -Ya no existe. Estaba frente al cementerio. Hoy es un descampado para aparcar coches. Éramos tres hermanos. Mi madre no podía mantenernos y tuvo que llevarnos a la Casa-cuna. Allí me crié hasta cumplir la edad para ir al colegio, lo que significó el retorno a un lugar desconocido para mí. A su regreso le recibió un hogar roto. Una madre arisca, probablemente sobrepasada por una situación que le venía grande y un hermano mayor –niño también, en cualquier caso- ejerciendo de padre, un oficio que sin duda le venía igualmente enorme a juzgar por las palizas que le propinaba. Por su comportamiento problemático, los hermanos fueron expulsados antes de terminar sus estudios escolares. Sergio no es analfabeto, pero lee y escribe con dificultad. Comenzó a trabajar de camionero, se casó, tuvo hijos. Realizaba viajes largos, regresando a casa cada dos semanas. Cuando Vista Alegre fue demolido la familia recibió una vivienda social. Así transcurrieron cerca de veinte años hasta que, a la vuelta del que sería su último viaje como camionero, su esposa le contó que un hombre había querido violarla en su ausencia. Se trataba de un íntimo amigo de Sergio. Fue a su encuentro y lo apuñaló en medio de una pelea para vengar la afrenta a su mujer y la traición a una amistad profunda. Pagó con nueve años de cárcel por intento de homicidio. A su salida ya no conseguiría ningún empleo. Al cabo de cierto tiempo su esposa comenzó una nueva relación y le pidió el divorcio. El domicilio familiar fue asignado a su cónyuge. Sergio vivió de alquiler hasta agotarse las últimas ayudas sociales. Se enteró que su exmujer convivía con su pareja y el antiguo piso familiar estaba cerrado. Pidió poder habitarlo para no estar en la calle. Una abogada de oficio le dijo que no podía hacer nada ya que como titular del inmueble sólo aparecía registrada su anterior esposa. Desconoce cómo pudo suceder esto. Lleva tres años en la calle. Mientras compartía el habitáculo de un cajero automático con otra persona, unos desconocidos entraron, le rompieron una costilla y orinaron  a su compañero. A nadie la interesa la situación de Sergio ni de los otros “sergios” de nuestra ciudad. No hay que sentirse muy compungidos por ello, al fin y al cabo ¿conoce alguien algún lugar en el mundo donde no suceda lo mismo? Los “sergios” estorban, molestan. Da igual que no huelan. Su mera presencia es un incordio, y lo es porque estamos enfermos de inhumanidad. Pero es lo que se lleva. Los sofistas modernos han secuestrado nuestra forma de pensar. Sí, los sofistas, aquellos con los que se enfrentaba Sócrates en la antigua Grecia. Aquellos que no buscaban la verdad sino imponer su opinión aún recurriendo a retorcer al límite la realidad de las cosas, cuando no a manipularla y falsearla. Sí, los sofistas, los que hicieron que Sócrates fuera condenado a muerte tomando de sus propias manos la cicuta asesina. Sí, los sofistas, los que al imponer el imperio de la opinión frente al de la verdad pusieron las bases del declive griego ¿No nos resulta familiar? ¿Existe alguna persona más expuesta a todo, a todo lo malo y peligroso de la vida? ¿Alguien más vulnerable -por utilizar un término muy de moda-  que quien no tenga un techo, bajo el que cobijarse, y un plato que llevarse a la boca? No, no lo hay. Entonces, ¿por qué sucede? Es más ¿por qué lo permitimos? Más, todavía ¿por qué les perdonamos la vida cada vez que se acercan a nosotros, endurecemos la mirada - cuando no miramos a otro lado- y nos resistimos a ayudarles con una mísera moneda? Un compañero de Sergio me recordaba la conversación de un grupo de amigos en una terraza este pasado verano. -Criticaban con vehemencia la política del gobierno con los refugiados, cuando me acerqué a pedirles una limosna. La mayoría siguió hablando sin ni siquiera mirarme aunque fuera por pura educación, no digo ya por compasión. Si no son capaces de darme ni una moneda de 10 céntimos, ni de ayudarme a tener dónde dormir o a llevarme a la boca algo de comer, ¿qué pretenden con los refugiados? Yo no tengo nada en su contra, pero no dejo de preguntarme ¿qué ven en ellos que no vean en nosotros? ¿Acaso las calamidades que nos han expulsado a la calle no son dignas de tener en cuenta? Deberían vivir en carne propia lo que es sentir que nadie te mire, que todos te esquiven, que traten de desentenderse de ti como si fueras un apestado ¿Puede haber algo peor? Quizá la muerte, y recalco lo de quizás. ¿Qué podemos hacer? ¡Por favor, ayúdanos a salir de esta situación! ¡No nos olvides! - me pidió con los labios e imploró con la mirada. -No lo haré –respondí en primera persona del singular; quiero pensar, quiero ensoñar, que en realidad lo hice en primera persona, sí, pero del plural. Si esto no nos concierne a todos, ¿qué otra cosa podría hacerlo? Han tratado de convencernos –y en gran parte lo han conseguido- que la caridad cristiana era hipócrita y debía ser sustituida por la solidaridad. No quiero profundizar hoy sobre los sofismas que suelen respaldar tal afirmación. Sólo diré que a nuestros “sergios” los hemos  instalado mentalmente en tierra de nadie. De tanto creernos el buen funcionamiento de esa supuesta solidaridad hemos arrancado el espíritu caritativo natural de las personas. Hoy, los “sergios” de Ciudad Real carecen de lo uno y lo otro, están absolutamente abandonados a su suerte. Y no hará falta insistir que de continuar por este camino los estaremos condenando al cadalso de la calle. Porque en su caso, la calle es su garrote vil. Y si aceptamos su destino con los brazos cruzados seremos cómplices, cuando no inductores, de una palabra que prefiero no mencionar, pues tengo esperanza de que nuestra cualidad humana nos hará reaccionar a tiempo. Debemos acabar con la mendicidad en Ciudad Real. No es una cuestión práctica ni estética. Tenemos que hacerlo porque sí. Es una de esas cosas que no necesitan discusión, por eso se las llama imperativos categóricos. Claro que a los sofistas modernos les encantaría argumentar y contra argumentar para convertir nuestra alma en un torbellino de confusión con el fin de paralizarnos. Es su arma favorita de ingeniería social. No se lo podemos permitir. Sigo sentado frente a él. Le noto inquieto mirando al reloj. -No hay prisa, disfruta un poco de este momento – le dije inocentemente. -No puedo perder tiempo, tengo que volver a trabajar a ver si saco algo para la cena -. Y nos fuimos. Sergio aceleró enseguida el paso. Se notaba que tenía prisa por evitar que la noche del invierno lo cogiera por sorpresa. Tenemos que actuar. No podemos permitir que seres humanos como nosotros sean tratados peor que las mascotas de nuestras casas y con menos amor que los peluches de los niños. En el artículo del próximo lunes hablaré de ello. De cómo pasar a la acción y tratar de dar luz a la nube negra que hemos creado entre todos al consentir y “normalizar” la existencia de los “sergios” de nuestra ciudad. Sin tapujos Marcelino Lastra Muñiz
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30 Comentarios »

  • Ángel Manuel - Matador de F-oros dice:

    Un buen y provechoso artículo. Es la primera vez que lo leo y le conozco, y estoy encantado porque coincido en muchas cosas de las que dice.

    Es cierto, la ingeniería social trata de imponer la opinión a la realidad (la verdad).

    Me ha parecido un discurso humanista y celebro el merecedor recuerdo a nuestros hermanos y compatriotas que viven en la calle.

    Yo también he conocido de cerca a muchos sintecho. Y uno puede sacar la conclusión de que es muy fácil para cualquiera perderse en la vida, por éso sacar de la calle y redimir la personalidad hundida son cometidos nobles y prioritarios de cualquier sociedad que se estime digna.

    Porque nosotros los humanos cuidamos de los nuestros. Y si no, sencillamente no lo somos.

    • Hobbes dice:

      Si, lo tuyo con los refugiados o con los que no comulgan con tus ideas «germanas» es de libro. Cuidas de la especie humana. Como si alguna vez hubieras invitado a comer a alguien que pide en la calle.

      Al contrario de lo que decía la canción, tu fariseísmo y tu cinismo es muy poco sutil. Vamos, lodo maloliente en este texto que ha escrito este señor.

      ¿No se te cae la cara escribiendo esto, después de lo que vomitas q diario en este foro?

      • Ángel Manuel - Matador de F-oros dice:

        A ver Hobbes, después de haber animado a que este medio, u otros foreros me callen, después incluso de haberme amenazado con denunciarme al Papa, al obispo, e incluso a mi mujer. Sólo te falta para hacerme callar y con las fiestas que se aproximan, denunciarme también a los Reyes Magos.

        Cómo después de todo ésto osas pedir que me justifique ante alguien tan insolvente como tú.

        Tú no sabes nada de lo que hago en mis voluntariados sociales. No, no soy de los que sale con la pancarta, lo detesto, si he hecho o hago algo, poca importancia tiene. Basta que Dios lo vea en lo escondido, que es donde tiene mérito hacerlo.

        Eres tú más bien quien ha de sentir vergüenza.

        Libertad es poder decir lo que no gusta oír, como decía Orwell.

        Y a tí eso te viene grande, porque la libertad no ampara tu recurso continuo al insulto. Lo tuyo es participar en la imposición del pensamiento débil, sin argumentos, autoritario y políticamente correcto.

        Y es eso lo que felizmente nos enfrenta.

        Lo demás, lo resuelves tú con los Reyes Magos. Sólo te falta amenazarme con hablar con ellos en contra de mí.

        Jajajajajajaja.

        • El del Bombo dice:

          «Mientras compartía el habitáculo de un cajero automático con otra persona, unos desconocidos entraron, le rompieron una costilla y orinaron a su compañero.»

          A los que suelen hacer ese tipo de tropelías tampoco les gustan las pancartas, ni los refugiados… anda mira, como a ti.

          • Angel Manuel dice:

            Eso te interesa decirlo a ti para que parezca tan extremista como tú.

            Pero no, lo mío es llevarme bien con los judíos y estimarlos.

            Curiosamente, compartis con los nazis la aversión al judeocristianismo.

            No, no soy de los vuestros.

          • Perseguidor dice:

            En otras ocasiones hemos hablado de los tratos inhumanos que se les da a los animales,… en este artículo leemos la cruda realidad y es que no hay peor animal que el ser humano, cuando parte de la chusma entre la que vivimos por desgracia apalizan y se mean encima de algunos «Sergios» con total seguridad más humanos que la chusma que se dedica a agredir a éstos pobres y a los que la sociedad, en general, les hemos dado la espalda … Todavía recuerdo a aquellos repugnantes hijos de papá que quemaron a una indigente en un cajero… hijos de la gran…p.

            ¡¡Suerte «Sergio»¡¡

          • Hobbes dice:

            Angelmanuel, tú esparces odio contra todo lo que no sea lo que tú piensas.

            Ya es tarde para convencernos de lo contrario.

            Básicamente eres una persona con obsesiones muy peligrosas.

          • Angel Manuel dice:

            Jajajajaja Hobbes, será porque tú lo digas como todo.

            No, no odio, esa palabra sólo la citas tú. Yo me cachondeo de lo que dices porque qué he de hacer, ¿Ponerme a tu altura?.

          • Angel Manuel dice:

            Por cierto, me hizo mucha gracia que me amenazaras con decirle a mi mujer no se qué.

            Qué es, ¿una nueva forma de amedrentarme implantanda de la Gestapo o la KGB?.

            Cómo no cachondearnos.

  • josé dice:

    Un artículo así se impone a todos los que subordinan el tema de fondo a otras naderías políticas.

  • carlitos dice:

    Una de las grandes derrotas de este tiempo es confundir esta denuncia suya- o la referente a la anciana fallecida recientemente, Rosa, por utilizar velas ante la imposibilidad de pagar el recibo de la luz- con demagogia, palabra que de tanto utilizarla lo desvirtúa todo, incluso la verdad. Y la verdad es que nos hemos deshumanizado hasta tal punto que , efectivamente, vemos en los mendigos a unos seres que nos estorban. Otro tanto ocurre con los refugiados. La gente olvida que, tras la guerra civil, miles de españoles fueron refugiados. Que fueron ¨acogidos¨ por los franceses en campos y barracones inmundos. Pero bueno también la memoria histórica es demagogia.

    • Hobbes dice:

      La vergüenza de este caso es que TODOS conocemos a un ser humano (ROSA) que no nos importaba un pimiento a nadie, justo ahora que ya no tiene el menor interés. Ahora ya está muerta. Ahora yano hay nada que hacer por ella.

      Al igual que los niños que mueren viniendo de Siria, que mueren en el Mediterráneo, que mueren en la India intoxicados cosiendo o desmontando placas…

      NO es cuando lo dice la tele. Es como ha hecho este hombre, es justo cuando sabes que lo están pasando mal es cuando se puede ayudar. No cuando ya solo son una foto o un titular de prensa porque sus cuerpos ya solo son carne en putrefacción.

      Tenemos la tragedia en nuestro mar, el mar Europeo, y nos da lo mismo. Tenemos las tragedias en millones e hogares españoles cada día, y nos da lo mismo.

      • Ángel Manuel - Matador de F-oros dice:

        Te equivocas Hobbes, está claro que estos problemas sólo te importan a ti, porque eres sencillamente mejor que nosotros.

        Jeje.

        Luego, en donde se echa en falta la presencia de voluntarios ni estáis ni se os espera, salvo claro está acuda la televisión y alguien de la ya casta se interese por salir en la foto.

        Los sintecho son deshauciados permanentes, y siempre los mismos les atienden.

        Muchos incluso están incapacitados y/o no votan, no interesan.

  • Alberto Muñoz dice:

    Enhorabuena, Marcelino por el artículo, y gracias por compartir la experiencia y tus reflexiones.
    Creo que la salvación es la acción y la protesta. Acción solidaria y horizontal con nuestros semejantes; Acción crítica para descontaminarnos de la cultura individualista y egoísta que nos transmiten; Acción para exigir a los poderes públicos la justicia social que no existe.

  • Javi dice:

    A lo mejor, informar a los Sergios de la ciudad de refugios y comedores que existen???
    Muchos pertenecen a la iglesia, Caritas por ejemplo… pero eso de mentar a la iglesia puede ser pecado en este foro…

    • amerindio dice:

      Yo pensaba hablar de refugios y de la iglesia, Javi Censor, pero hete aquí que, de repente, en un rapto de lucidez, pensé que debía dejar ese espacio a vuesa merced. Es que eres muuuuuuy previsible.

    • Hobbes dice:

      Solemne chorrada Censor. Pocas críticas habrás visto sobre el trabajo de Cáritas o el cariño que, creo, todos profesamos por Fermín y la gente que trabaja con él.

      Por supuesto, cero agrdecimiento y aprecio a Rouco Varela, su piso de lujo de 5 millones de euros y las vírgenes a su servicio.

      Te parece bien así, Censor?

    • Javi dice:

      Desconozco lo que haya dicho Censor. Lo dicho por mi, y por mucho cariño que profeséis a Caritas, creo interesante mostrar esa labor, que en ningún caso muestra el articulo, ni en una minúscula reseña.
      Estos refugios, todos sabemos que son insuficientes, pues no estaría mal aprender y trasladar esa experiencia de la iglesia a nuestros ayuntamientos, para la creación y gestión de más refugios y comedores sociales.
      Pero lo que decía en el primer comentario… es mentar a la iglesia y que se puede aprender algo de ella aun sin procesar la fe, para que te lluevan criticas y menciones a Roucos y demás tontás…
      Ya que era tan previsible… podrían haber estado en marcha estas ideas hace muuuucho tiempo. En cambio, no se promueve desde ningún ayuntamiento, independientemente de la opción política, que ya tenemos ejemplos de representación de todos o la acción, es puramente anecdotica lo que debería ser una generalidad.

  • Juanpablo dice:

    Interesante artículo, pone de relieve sin tapujos una situación que es, por cercana y si queremos, no tan difícil de resolver
    Enhorabuena

  • Gema dice:

    Muchos son los q estan en esa situación, pero tb los hay q salen y empiezan una nueva vida. Eso puede ser un grito de esperanza para salir del agujero donde estan.

  • Gema Martíz dice:

    La mendicidad no es más que un síntoma de una sociedad que no es capaz de encontrar la paz. Ojalá podamos ayudar a esas personas a pescar, más que darles una limosna de pescado. Ojalá podamos mirarles con cariño y compasión, porque eso significará que somos capaces de sentir cariño y compasión. Ojalá seamos capaces de incluirles, en lugar de excluirles. Ojalá.

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