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Los roscones de los lingotes de oro

- 9 enero, 2017 – 09:3617 Comentarios
MarcelinoEn España existen marcas casi inmortales - al menos esa es la percepción que de ellas tenemos quienes intuimos que en algún momento de la historia tendremos que morir -. Nos las imaginamos imperecederas, adaptándose a todo cambio habido y por haber y saliendo siempre airosas. Una de ellas es, sin duda: El Corte Inglés. El pasado dos de Enero se cumplieron 51 años del fallecimiento de su primer presidente, cuyo nombre no es el que estáis pensando. Fue un claro paradigma de ese espíritu de superación y responsabilidad personal de un período de la historia ya enterrado. Una época en que se estimulaba a los jóvenes a valerse por sí mismos. A crearse un futuro alimentando y utilizando el espíritu de superación característico de la especie humana, sin olvidar a los demás. Haciendo que cada uno se sintiera involucrado en la suerte de los cercanos. Era un muchacho muy pobre, nacido en Llantrales, aldea de igual fortuna perteneciente a la parroquia de La Mata en el asturiano concejo de Grado. Con 14 años, en 1.896 embarcó en Santander rumbo a La Habana. Eran tiempos en los que Asturias parecía estar más cerca de la preciosa isla caribeña que de Madrid, tal era la barrera psicológica formada por el puerto de montaña de Pajares. Dos años después, el 15 de Febrero de 1.898, mientras dormía en La Casa Blanca, un almacén de novedades propiedad de un gijonés donde trabajaba de “cañonero” (especie de chico para todo) escuchó el estallido del acorazado Maine, el famoso ataque de bandera falsa excusa perfecta para la declaración de guerra de EE.UU. a España. Acababa de cumplir 16 años. En 1.900, todas las casas de Llantrales, unas veinte, tenían al menos un miembro en Cuba. Esta muestra puede darnos una idea de la importancia de la emigración de esta querida región cantábrica a la isla. Y fue en ese mismo año, cuando entró a trabajar en unas sederías fundadas por José y Bernardo Solís - asturianos como él y hermanos -. El establecimiento se llamaba El Encanto y el éxito acumulado provocó una ampliación sin precedentes, convirtiéndolo en lo que llamamos grandes almacenes. Seis años después fue nombrado gerente siendo responsable de gran parte del éxito de este singular lugar. En reconocimiento a su valía se le hizo partícipe de los resultados de la empresa como “interesado”- denominación utilizada en Cuba para quienes se hacían acreedores a una parte de los beneficios empresariales, pero que sólo se podían adquirir en el momento de abandonar la firma -. Nuestro personaje, el futuro primer presidente de El Corte Inglés, decidió llevarse a su lado a dos familiares, uno primo y otro sobrino a cual más pobre, y cuyos nombres son de sobra conocidos por todos: Pepín Fernández, futuro fundador y presidente de Galerías Preciados y Ramón Areces, fundador de El Corte Inglés (ECI) y su segundo presidente. Y es que el primero de esta marca llamada a ser inmortal fue la persona de la que venimos hablando sin mencionarla: César Rodríguez González. Fue él quien hizo posible económicamente la existencia de ECI. Quien estableció su estrategia de crecimiento basada en recursos propios y no en deuda desde 1.940 –fecha de comienzo de su presidencia – hasta su fallecimiento en 1.966, y que ECI no ha abandonado en ningún momento. Recuerdo que siendo muy niño conocí a Pepín Fernández. No tengo idea de qué edad tendría yo. Fue en el edificio del Anexo de Galerías Preciados en Madrid. Estaba en un sótano trabajando sobre un tablero muy grande, con una tiza de sastre en una mano, unas tijeras del mismo oficio sobre la mesa y agarrando con la otra extremidad una regla larga cuadrangular de madera.  Juraría que colgado al cuello llevaba desenrollado un centímetro. A la salida, a una pregunta que le hice, mi madre me comentó que estaba diseñando patrones de trajes de caballero. El responsable de la visita fue un amigo de mis padres empeñado en presentarles a tan ilustre personaje. El comentario de los tres fue unánime: La sencillez, cortesía y amabilidad derrochada por aquel hombre. Mi madre hizo además referencia a su cara de bueno. Era lo primero en lo que ella se fijaba de las personas. Presumía de tener buen ojo clínico y reconozco que tenía razón. Y si ella lo dijo, estoy seguro que el tal Pepín lo era. Fue la única vez que lo vi en persona, aunque salía a colación en las conversaciones de casa. Las de los mayores, claro. Y mayor era cualquiera en comparación a mí. Pienso en Pepín y en César y veo a dos personas muy parecidas, educadas con principios similares que los impulsaron a dar lo mejor de sí para transformar su destino y el de los suyos. Y he de reconocer que eso me gusta. Me enteré por amigos de Madrid que este año los roscones de reyes de ECI habían escondido un lingote de oro de una onza, y 250 de 1 gr. La noticia me desagradó. El roscón de reyes es el remate de un día dedicado a los niños. Hasta este año el valor de la sorpresa de los roscones era simbólico, sin componente material salvo pagar el dulce si te tocaba el haba. El resto era simple fantasía, pura ilusión, pues al final daba lo mismo a quien cayera el haba, nadie reclamaría el pago del roscón, todo era una travesura. No me gusta que la sorpresa del roscón se convierta en objeto mercantil. No me gusta nada. Es un síntoma más de la falta de respeto y sensibilidad hacia nuestros niños, convertidos sin piedad en consumidores, y (mal) educados para que se comporten como tales cuanto antes. Me gustaría ver una reacción digna de los padres negándose a seguir el juego a quienes así actúen. Al fin y a la postre, el roscón fue ideado por sencillos pasteleros, con el fin de crear un dulce igualmente sencillo, pero con alma. Este alma tiene una parte tangible y otra absolutamente intangible pero deliciosa. La tangible es la sorpresa, y el disfrute que supone encontrarla o no. La intangible se encuentra en el deleite de su sabor y olor - claro que para ello debe llevar agua de azahar – Todos deberían llevarla. Sabemos que no es así. Tan no es así que quienes no hayamos tenido la fortuna de aprender a degustarla de niños no sabremos distinguir su falta de adultos. Y sin agua de azahar el roscón es un bollo vulgar y corriente. Como lo son los rellenos de nata o cualquier otra cosa, cuyo único fin es disimular la sequedad de una masa simple con el sabor más fuerte del relleno elegido. Así este dulce de reyes pierde la grandeza de lo sutil: la ternura, por eso debe estar naturalmente tierno; la textura, por ello debe ser suave y casi deshacerse en la boca; y su esencia que, no es otra cosa, que la sutileza de su olor y sabor procedente de la ya reiterada agua de azahar. Me pregunté si César Rodríguez González, D. Cesáreo como lo llamaban en Cuba - la mano que mecía la cuna apoyando la creación de El Corte Inglés- hubiera actuado de igual forma, mercantilizando a tal punto la ilusión infantil. César fue un hombre extraordinario. Podía haberse puesto a llorar en un rincón de su aldea a lamentarse de su situación y todos los suyos. No lo hizo, y con 14 años se lanzó a cruzar el mar. A base de esfuerzo, sacrificio y un gran afán de superación, con 24 años fue gerente de una cadena de establecimientos que sería emblemática en Cuba: Almacenes El Encanto. Sin olvidarse nunca de los suyos, reclamó a su primo Pepín, con quien ya había hecho negocios de muy niño en Grado, y a su sobrino Ramón Areces. Participó en la creación del Banco Hispano Americano. Entidad bancaria originada por emigrantes asturianos y vascos. Participó en la fundación de Sederías Carretas, germen de Galerías Preciados, considerados los primeros grandes almacenes de España. Primer presidente de El Corte Inglés. Por tanto, fue quien revolucionó el mundo del comercio en España. Hasta su fallecimiento, los trabajadores del El Corte Inglés disfrutaron de unas condiciones sorprendentemente ventajosas, que continuaron en la época de Ramón Areces, hasta que éste sufrió una hemiplegia en 1.973 que lo postró en una silla de ruedas, lo que le llevó a delegar en su sobrino Isidoro Álvarez. Según Javier Cuartas, autor del libro “La biografía de El Corte Inglés”, los dos primos, César y Pepín, mantuvieron una importante comunicación epistolar al regreso del segundo a España y mientras el primero permanecía en Cuba. En una de ellas, César dejó escrito lo siguiente: “Dices que dada mi situación económica no debería hacer esto o aquello; en definitiva, no hacer nada ¿No te parece a ti que debido precisamente a esta situación tiene uno la obligación de laborar en beneficio de aquellos que aún no lo han logrado? ¿No es exactamente la función del capital la de crear fuentes de trabajo y riqueza en beneficio de aquellos que aún no lo han logrado? ¿En beneficio de la sociedad toda? D. César, si es verdad el dicho bíblico “por sus hechos los conoceréis”. Los suyos, sus hechos y, también sus palabras, deberían ser inspiración de los accionistas y directivos posmodernos que actúan gozosos al regatear toda norma moral. Honradamente pienso que Ud. no hubiera tomado la medida de los lingotes de oro en los roscones. Como tampoco se hubiera prestado a liderar el “Black Friday” en España, como lo ha hecho El Corte Inglés actual ¿Significa que preferiría renunciar a unas ventas adicionales? No, claro que no, pero no se trata de eso. Ud. ya no está, tampoco Ramón Areces. Y desgraciadamente el espíritu de los fundadores se va perdiendo, y más en esta posmodernidad lela y estúpida, por eso tan peligrosa. Si ha tenido tanta habilidad y fortuna con la corte celestial como la tuvo en la terrestre, le pido de corazón que interceda para que los actuales sucesores de la joya que ayudó a crear tomen conciencia de dónde vienen y guarden el debido respeto a la sabiduría de sus padres fundadores. Yo vivo en Ciudad Real, y aquí no tenemos El Corte Inglés. Y aunque lo hubiera no habría comprado en él el roscón. He degustado uno delicioso con mi esposa. Uno tierno, suave de sabor y aroma sutiles. Tenía agua de azahar. Tenía alma. Fue un roscón tradicional, es decir, sin relleno, o lo que es lo mismo, sin trampa ni cartón. En el interior del papel de envoltorio había una corona y una tarjeta que decía “Feliz Roscón de Reyes”, y un poema que le transcribo gustoso para que se lo haga llegar a los nuevos sucesores posmodernos, lelos y camino de la estupidez, si no lo son ya: He aquí el roscón de Reyes              Quien en la boca se encuentre tradición de un Gran Banquete        una cosa un tanto dura en el cual hay dos sorpresas            a lo peor es el Haba para los que tengan suerte.              O a lo mejor la Figura En él hay bien oculta,                      Si es el Haba lo encontrado, Un Haba y una Figura;                    este postre pagarás, el que lo vaya a cortar                     más si ello es la Figura, hágalo sin travesura                         coronado y rey serás. Y lo compramos en una pastelería donde se quedaron elaborándolos en el obrador hasta tarde, por la noche, para servirlos recién hechos. Gracias por su ejemplo. Y mándeles rayos y centellas……..¡Bueno! Acepto, aunque no de buena gana, que sería mejor que los hiciera reaccionar desde allá donde Ud. se encuentre. ¡Larga vida eterna, D. Cesáreo! Sin tapujos Marcelino Lastra Muñiz  
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17 Comentarios »

  • Lilabert dice:

    Siempre con esa concepción humanista del sentido de reciprocidad, sí yo tengo mucho gracias a todos los que hacen posible que lo tenga es lógico que lo que » Me sobra «, redunde beneficie a aquellos que aún no tienen nada.
    Buen relato amigo Marcelino.

  • Diego Redondo dice:

    El secreto de un buen roscón siempre estuvo en la masa , elaborada por los buenos artesanos, panaderos y pasteleros. Ahora más que nunca se nos llena la boca ( de roscón también) de tradición y costumbre, sin percatarnos de que no es tradición desnaturalizar un producto que, pringándolo de kilos de nata, crema, lingotes y demás regalos sorpresa ( papeles con regalos de palmeras y demás dulzainas) acabaremos por comer algo que nada tiene que ver con un producto que se distinguía de otros productos navideños por la escasez de azúcar en su elaboración, rico sin empalagar. Ya venden hasta rosocones de hojaldre. Lo dicho, dentro de unos años el roscón será otra cosa. Pero la tontuna social la conocen mejor que nadie gente acostumbrada a tratar con gente. Ah, los roscones se encuentran un mes antes de su fecha en los supermercados. Si eso es tradición…
    Enhorabuena por sus artículos, humanidad y sensibilidad.

  • Angel Manuel dice:

    Muy bonito e ilustrador artículo. Tenía una ligera idea de los orígenes de El Corte Inglés.

    Parece ser que el coste de no salir a Bolsa en este mundo tan competitivo, ha mermado las ventajosas condiciones de antaño de sus trabajadoresrecursos. Eso y los desiguales resultados entre sus centros comerciales. Problemas de expansión y dependencia de la capacidad de consumo de la clase media urbana.

    La deriva de la clase media en España es la de esta importante empresa que seguramente ha perdido su filosofía originaria con sus trabajadores, en parte porque ha cambiado el contexto socioeconómico y en buena parte porque se ha producido un relevo directivo (Manuel Pizarro) menos sensible a los aspectos sociales del beneficio y más a los problemas financieros y de competitividad que ECI tiene por primera vez en su historia.

    El nuevo centro comercial de Canillejas supondrá un difícil reto para la hegemonia de ECI en el centro de Madrid. El alquiler de puestos de marca podría reducirse, y ECI obtiene importantes ingresos por esta vía.

    Todo es mucho más complicado, pero sencillo y autentico es preservar un tamaño que evite economías de escala perversas para los trabajadores y a la larga para la estabilidad de la empresa.

    Espero que Manuel Pizarro tenga tan en cuenta a los trabajadores (generador considerable del Fondo de Comercio de ECI), como a los accionistas minoritarios de Endesa en su momento.

  • javier de vicente dice:

    Habría que aclarar que el roscón de hojaldre puede ser una galette royal, el homónimo francés.
    En cuanto al artículo, en la línea de mi amigo Marce, neutro y ecléctico, de agradecer en los tiempos que corren.

  • Leandro dice:

    Linda nota y -para los que no la conocíamos- interesante información sobre ECI. Aunque aquí, en Argentina, no está ECI y no recuerdo haber tenido la tradición de la rosca de reyes (sí la de Pascua), hay un factor común en el mundo globalizado y es que todo se va mercantilizando. Todo puede venderse, todo puede comprarse. Incluso la magia, la ilusión. Sin embargo, como siempre les dije a mis hijos mientras crecían, y en respuesta a sus preguntas: «¿Existe Papá Noel?» «¿Existen los Reyes Magos?» «¿Y el Ratón Pérez»? Claro que existen, les decía yo. Siempre que creas en ellos, van a existir. Pero cuando dejes de creer, ¡los padres tomaremos la posta! 😀
    Más allá de si esto es o no didáctico, «correcto», o lo que sea, el afán del mundo material por irrumpir lo antes posible en el mundo niño, tiene una sola barrera: nuestra decisión de ponernos a la altura de los chiquilines y sostener fantasías, piratas, hadas y viajes a la Luna en globo. Quién sabe, ese ejercicio nos lleve a entender que hay cuestiones más valiosas que una onza de oro puro.

  • Angel Manuel dice:

    Hoy ha muerto el sociólogo ZYGMUNT BAUMAN, autor de la famosa cita que nunca me canso de repetir: Las emociones destruyen, no construyen nada.

    Autor de la definición de SOCIEDAD LÍQUIDA e incansable combatiente contra la sociedad de consumo.

    Extracto de El Mundo:

    http://www.elmundo.es/cultura/2017/01/10/5873ed95e5fdeae00b8b4648.html

    Bauman contrapone la vieja sociedad sólida, firmemente apoyada en un Estado fuerte, empleos duraderos y valores de referencia seguros, con la sociedad (pos)moderna, caracterizada por la extrema movilidad (líquida) en numerosos ámbitos, sea la precariedad del empleo, el relativismo de ideas y valores, la incertidumbre y, desde luego, la aceleración propia de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) y las redes sociales. Internet le parecía un escondite artificial en el que uno se relaciona sólo con quienes piensan como él. Muchas de sus reflexiones remiten de un modo u otro a este concepto quizá excesivamente popularizado. Por ejemplo, la movilidad y el impacto en las sociedades occidentales del fenómeno de la inmigración.

    Descanse en Paz, un digno heredero de Erich Fromm.

    • Hobbes dice:

      Vaya, tan dolido como Podemos por Bauman…empiezas a ser un venezolano de mierda…uy uy uyyyyyyy….

      • Angel Manuel dice:

        Resucitamos eh??? Yo creía que eso de resucitar de entre los muertos era cosa de católicos fascistas. Ya veo que vuelves con rencores y odios renovados.

        Bauman lo explicaría con la teoría de la emocionalidad destructiva.

        Bauman es al uso de Podemos, alguien más cuyo mensaje crítico es de su propiedad sectaria e insolvente.

        Ya quisiera Podemos ponerse a la altura de Bauman.

        No soy un venezolano de mierda, soy un español de mierda, fascista y católico. Simploneame con mayor acierto, resucitado.

  • Angel Manuel dice:

    La «sociedad moderna líquida» es aquella en la que «las condiciones sobre las que sus miembros actúan cambian más rápido de lo que se tarda en consolidarse en hábitos y rutinas». Esta situación puede llamarse de innovación permanente, pero también de improvisación permanente, o del desarraigo. O de la falta de identidad, tema que le preocupó intensamente. Creo que Bauman comprendía la situación de nuestro mundo, incapaz de encontrar puntos de referencia; que su corazón oscilaba entre el cristal y el humo, entre la modernidad rígida y la líquida, y que la mirada de perplejidad que vi en nuestro último encuentro estaba provocada por el sentimiento de encontrarse en una encrucijada, ninguno de cuyos caminos le parecía transitable.

  • Angel Manuel dice:

    Bauman: «En el mundo actual todas las ideas de felicidad acaban en una tienda»

    Titular de la entrevista que le hizo El Mundo:

    http://www.elmundo.es/papel/lideres/2016/11/07/58205c8ae5fdeaed768b45d0.html

  • Hobbes dice:

    Bauman: El PIB lo mide todo, excepto lo que hace que valga la pena vivir la vida.

    No creo que esto se incluya entre las frases predilectas de los actuales gestores de El Corte Inglés.

    Por cierto, cuando los vendedores del C.I. eran unos señores/as y tenían su comisión por venta, merecía la pena comprar allí (los setenta y ochenta). Ahora no es más que un almacén con bordes explotados laboralmente.

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