El caso de la estatua desaparecida (5)

Un relato de Manuel Valero.- -Bien, pues esto es lo que tenemos. La condenada estatua no está en ningún lugar de razón. Empiezo a creer que se ha evaporado realmente, o que esto es cosa de brujas- gimoteó el alcalde.
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-Seamos lógicos dentro de este sinsentido –razonó Luis Housman con las palmas de las manos en la mesa de la crisis, tan estático que parecía eso: una estatua.

-Cómo de lógicos –pregunto Gillow

-Si se descarta el robo por imposible, recurramos a la posibilidad de lo improbable…

-Al grano, maldita mano del alcalde- gruñó el alcalde…

-Conozco a un cura de Betanzos que en sus ratos de ocio practica la videncia con pseudónimo para no incomodar al Padre de Roma. SE llama Lucio Fernando pero trabaja con el mote de Lucifer. Si lo llamo para que nos ayude a resolver este misterio seguro que accede encantando.

-Sea –sentenció Gillow- O aparece la dichosa estatua o desaparezco yo. Asi que… andando… llama a ese cura de Betanzos, que venga de inmediato y lo que tenga que sonar que suene.

Luis Housman sin alterarse estiró brevísimamente la comisura de los labios con una sonrisa diabólica, y miró por encima de las gafas a Nicolas Carnation y la señorita Red, arqueando reiteradamente las cejas. Después se levantó de la mesa y se dirigió hacia el teléfono. Carnation susurró a los oídos de Helena Red

-En cuanto la dificultad aprieta echan mano de los curas

-Pero es que se trata de una estatua enorme que ha desaparecido, Nicolás. Y además no es un cura-cura, es un cura-vidente –le respondió con el mismo siseo.

Luis Housman marcó el número de teléfono de su amigo cura que ejercía la videncia en sus ratos libres con el nombre artístico del enemigo.

-¿Sí?

-¿Lucio Fernando?

-Sí, si, dígame…

-Hola Lucifer, soy Luis, Luis Housman

-Vaya, qué sorpresa, dime hijo, dime

-Verá, tengo… tenemos aquí un pequeño problema

-¿De qué se trata?

-Una estatua

-No comprendo, ¿que quieren hacer una estatua y no saben a quien?

-No. Se trata de la estatua que estaba en la Plaza. Y digo que estaba porque ya no está. Ha desaparecido.

-¿De quien es la estatua?

-Del pueblo todo, Lucifer… ¡Es nuestra más clara referencia de identidad!

-Me refiero que a quien representa la dichosa estatua

-Me sorprende tu pregunta. ¿A quién va a representar sino a Don Quijote?

-Bueno, están también Sancho, Dulcinea, el Cura, Maritornes, Sansón Carrasco, el propio Cervantes…

-¡¡Qué habla usted mentecato!! Eso ya lo dice la Asociación Cultural Alternativa Rinconete, Cortadillo, Vidriera y la Compaña – dijo el alcalde de corrido que seguía la conversación por otro teléfono casi a punto de la asfixia- ¿Acaso es usted uno de ellos?

-¿Quien es ese señor tan maleducado, Housman?

-Es el alcalde, Lucio Fernando. Está muy nervioso e irritable. Y no es para menos: nos han robado nuestro primer asidero cultural, nuestra coartada literaria en la República de las Letras, nuestra razón de ser, nuestro orgullo…

-Bueno, vale, vale, parece un trabajo interesante. Enseguida me pongo en ruta

-Si quiere le mandamos un coche…

-No es necesario. Estaré en la ciudad mañana por la tarde. Ah, me llevaré a un ayudante. Es por los latinajos. Cuando me pongo a la faena, me salen solos.

-Te esperamos. Hasta mañana

Luis Housman dejó el teléfono con ceremonia, muy suavemente, con la misma insonoridad con que silenciaba su blando caminar.

El gabinete de crisis se disolvió al avanzar la tarde. Francisco Gillow tenía que regir los destinos de la ciudad con el baldón del tremendo vacío de quien le daba nombre a todo y había inspirado la sabia letrilla:

A La Mancha, manchega

Que hay mucho vino

Mucho pan, mucho azaite

Mucho tocino

Y si vas a La Mancha

No talborotes

Porque vas a la tierra

De Don Quijote

-Tremendo todo esto –dijo Carnation a Red cuando bajaban las escaleras del consistorio.

El alcalde que iba cuatro peldaños más atrás volvió a desconfiar de su antecesor y le dijo qué demonios chinchorreaba con Red. Nicolás se detuvo en seco y cuando el alcalde llegó a su altura le soltó-

-Señor Gillow – volvió al tratamiento para indicar distancia- Se me está acabando la paciencia y no creo que aguante por mucho tiempo su desconfianza y su mala educación. ¡Ya le he dicho que a mi mujer no le gustan los caballos!

-Haya paz señores –terció Housman- Nos vamos a casa y descansamos un poquito que mañana será otro día. Cuando llegue Lucio Fernando todo se aclarará. Hala, cada mochuelo a su olivo.

Afuera los esperaba Timoti Argo. Se acercó al alcalde, saludó y le dijo:

-Nasti de plasti.

El alcalde lloró amargamente.

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1 COMENTARIO

  1. Cuando escribí este relato que se publicó en Lanza, Luis Campos era compañero de redacción. Con su socarronería me decía que escribía cosas tan raras que solo las entendía yo y quienes (pocos) las leyera. También solía leerme titulares de su crónica deportiva cuando la estaba escribiendo y yo trataba de ponerle un poco de orden porque ya quería contar en el titular el contenido de la información. Yo le daba alguna que otra explicación académica y de «facul» hasta que él, haciendo molinetes con las manos con el cigarro bien apresado en la mano mala, me decía: Agggggggg, tu a lo tuyo inex…intex, inextricable. Y ponía el titular que le daba la real gana.
    Va por tu memoria, compañero Luis Campos. ¿Por qué tu recuerdo nos hace sonreír a todos?

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