Febrero, mes de locura donde se gestaron villas, nacieron espadones y fenecieron amantes del deporte

Manuel Cabezas Velasco.- Setecientos sesenta y dos años han pasado ya desde que sobre el suelo de una aldea se erigiese una villa. La primera, Pozuelo de Don Gil. La segunda, Villa Real… y siglos después ya sería conocida como Ciudad Real.

Carta puebla de Ciudad Real (edición facsímil)
Carta puebla de Ciudad Real (edición facsímil)

Así fue como un 20 de febrero de 1255 el entonces rey de Castilla y León, Alfonso el Sabio, otorgase la carta puebla a la aldea para dar vida a Villa Real. Un día antes, ya en época actual, 19 de febrero de 2017, la Asociación de Recreación Histórica “Batalla de Alarcos” recordaba tan magno acontecimiento en el entorno de la Puerta de Toledo.

Eran tiempos de reconquista, donde había que estimular la repoblación de grandes territorios que había quedado en tierra de nadie por las luchas entre los reinos cristianos y el poder musulmán en sus diversas etapas. En ese tiempo surgía Villa Real, adquiriendo tal condición con el otorgamiento de un documento conocido como Carta Puebla, cuyo texto transcrito no lo muestra Delgado Merchán tal como sigue:

Carta-puebla.- Archivo municipal, (1255)

<Los Sres. D. Alfonso y D.ª Violante, Reyes de Castilla con la grandeza de España, en Burgos a 20 de Febrero, era de 1293 años dieron licencia y facultad para fundar y Poblar la Villa de Villa-Real, dando a sus moradores las Aldeas de Ciruela, Villar del Pozo, Figueruela, Poblet y Albalá, y privilegiándolas en que no pagasen portazgos en parte alguna á excepción de en Sevilla, Toledo y Murcia.- La firmaron 92 señores. (Carpeta moderna.)>

– Este es el traslado del Privilegio que nos dio nuestro señor el Rey al Concejo de Villa-Real, el que dice así:-

<Conocida cosa sea á todos los homes que esta carta vieren, como, Yo, D. Alfonso, por la gracia de Dios, Rey de Castilla, de León, de Toledo, de Galicia, de Sevilla, de Córdova, de Murcia é de Jaén… Después que fuy Rey fuy en Alarcos é ví el Castiello é la Villa é oviera voluntad de poblallo é hacer hy gran Villa é bona é prove de facerlo por todas guisas é non pude efalle que assí lo provaron los otros Reyes que fueron ante de mí é non pudieron ca era el lugar muy doliente é por ningún algo ni por franquía que les diesen nin que les ficiesen non querían y fincar ca non hy podían vivir ca se perdien de muerte. Et por ende tove por bien pues que aquel logar se ermaba que la tierra non se ermase é quis que obiera hy una grand Villa é bona que corriesen todos por fuero é que fuese cabesza de toda aquella tierra é mandela poblar en aquel lugar que dicen el Pozuelo de D. Gil é púsele nombre Real. Et Yo sobre dicho Rey D. Alfonso otórgoles é doles para siempre jamás é á todos los moradores que fuesen en esta Villa Real la sobre dicha é en todo su término que hayan el fuero de Cuenca en todas cosas. Et do de mejoría á los caballeros fijos dalgo que hy moraren que hayan franquicias en todas cosas que han los caballeros de Toledo, et quitoles é franqueoles á todos comunalmente que no den portazgo en ningunas de las partes de mios Regnos, sacado ende Sevilla é Toledo é Murcia, en que quiero que lo den. Et do á esta villa sobredicha que haya por Aldeas ó por término Zuheruela é Villar del Pozo é la Figueruela et Poblet é Alvala con todos sus términos yermos é poblados é con todos sus derechos, con montes, con fuentes, con ríos, con pastos, con todas sus entradas é con todas sus salidas é con todas sus pertenecías assí como las han estos lugares sobre dichos é las deven aver. Et mando é defiendo firmemente que nenguno non sea osado deyr contra este privilegio deste mío donadío nin de quebrantallo nin demenguallo en nenguna cossa. Et cualquier que lo ficiese avrie mi yra é pecharme en coto diez mil mrs. é á ellos todo el daño doblado. Et porque este privilegio sea firme é estable mandolo scellar con mio scello de plomo. Fha. la carta en Burgos por mandado del Rey XX días andados del mes de Febrero en era de mil é doscientos é noventa é tres annos en el anno que D. E. Duart, fijó premero é heredero del Rey D. Enrich de Inglaterra, recibió Caballería en Burgos del Rey D. Alphonso el sobre dicho. Et yo sobre dicho Rey D. Alphonso regnante en uno con la Reyna D.ª Violat mi mujer, é con mis fijas la Infanta donna Berenguela é la Infanta donna Beatriz de Castiella, en Toledo, en León, en Gallizia, en Sevilla, en Córdoba, en Murcia, en Jahén, en Baeza, en Badalloz, é en Algarve, otorgo este privilegio é confírmolo–…(demás firmantes) … –Maestre Ferrando Notario del Rey en Castilla confirma –Garci Pérez de Toledo Notario del Rey en Andalucía confirma –D. Suero Pérez electo de Zamora é Notario del Rey la Confirma –D. Juan Pérez de Cuenca la escribió el año tercero que el Rey D. Alfonso Regnó. E Yo Miguel Pérez Escrivano de Villa Real, por mandado del Rey escribí este traslado por mandado del Concejo de Villa Real con cuantos signos ha en el Privilegio é por que non vengados en dubda sesllaronla con un sello del Concejo D. Miguel Sanchez é D. Remondo que son fieles, é tiene el uno la meytat e el otro la otra metat. Sabbado en VII días andados de Marzo Era de mil trescientos é dos” [1]

Finalizando el siglo XII, en 1195, en la villa conocida como Alarcos, las tropas cristianas que encabezaba el monarca Alfonso VIII habían asistido a una humillación sin parangón. Sin embargo, los cristianos no se olvidarían de la zona del Campo de Calatrava y ya desde el comienzo del siglo XIII se tomarían las plazas de Guadalerza, Malagón, Calatrava, Alarcos, Benavente, Piedrabuena, Caracuel y varios castillos que taponaban el acceso musulmán del Muradal hacia Salvatierra. Dicho proceso repoblador continuaría en las décadas siguientes.

Mediaba pues el siglo XIII cuando el poder de las Órdenes Militares alertaría al rey Alfonso X para llevar a cabo la fundación de pueblas que tuviesen un vínculo con el propio rey. En la zona, destacaba el abandono sufrido por el antiguo emplazamiento de Alarcos, para lo que el Rey Sabio concedería franquezas a sus pobladores para darle una mayor estabilidad. Sin embargo, reconociendo su error, tuvo la voluntad de fundar “una grand villa e bona, que corriesen todos por fuero e que fuesen cabesza de toda aquella tierra”.

La Carta Puebla estaría fechada en Burgos el 20 de febrero de la era de 1293, año 1255, y según la cual se daría licencia para fundar y poblar la villa dándole a sus moradores las aldeas de Ciruela, Villar del Pozo, Figueruela, Poblet y Albalá.

El documento refleja esta concesión de privilegios y franquicias de la siguiente manera:

“E yo sobre dicho Rey Don Alfonso, doles, i otorgoles para siempre jamás, e a todos los moradores, que fincassen en Villa Real, la sobredicha, e entodo su termino, que hayan el fuero de Cuenca en todas cosas. E do de mejoría a los Cavalleros, que ayan aquellas franquezas en todas cosas, que han los Cavalleros, de Toledo, e quítoles, e franqueoles a todos comunalmente, que non den Portadgo en ninguna de las partes de nuestros Reynos, sacando en Sevilla, e Toledo, e Murcia, en que quiero que lo den. E do a esta Villa sobre dicha, que aya por Aldeas, e por Termino Zuheruela, e Villar del Pozo, e la Figueruela, e Poblet, e Alvalat, con todos sus términos… Fecha la Carta en Burgos por mandado del Rey, siete días andados del Mes de Febrero, en Era 1293”- año 1255- [2]

El acontecimiento de otorgar la Carta Puebla en Burgos coincide con que el hijo primogénito del rey Enrique de Inglaterra, Eduardo, sería armado caballero por el Rey Alfonso. A dicho acto asistirían representantes de la comunidad musulmana, Príncipes, Magnates, Obispos y los Maestres de las Órdenes de Calatrava y Santiago. Así vendría representado por la Asociación de Recreación Histórica antes referida, de la mano del historiador Antonio José Martín.

La historia, pues, de la actual Ciudad Real tiene en este preciado documento su partida de bautismo. Sin embargo, los motivos que ayudaron a tomar la decisión de esta fundación por parte del rey Sabio van más allá del siempre comentado estado insalubre de Alarcos y su abandono tras la ignominia de 1195. Pudo elegir otros lugares para asentar la nueva villa como aparecen en la Carta Puebla, pero Pozuelo de Don Gil fue el destinatario de la misma y con ello mejoraría su condición jurídica elevándolo al rango de villa, además de establecer las líneas básicas del plano, indicándose calles y lugares por donde la muralla debía transitar.

Sobre este asentamiento sería necesario establecer un elemento poblacional, personas a las que les otorgaría el fuero de Cuenca, mejora para los caballeros y exención de portazgo en casi todo el reino. Parecía aún que las garantías reales no eran suficientes, y ya en el siguiente año, 1256, el monarca ordenaría la construcción de un alcázar real. Más tarde se otorgarían nuevos privilegios e incluso el Fuero Real, y con el transcurrir de los años, ya en el siglo XV, en 1420, su nombre pasaría a ser Ciudad Real,… aunque eso ya forma parte de otra historia.

Casa natal de Baldomero Espartero. Grabado en La Ilustración Española y Americana (1879)
Casa natal de Baldomero Espartero. Grabado en La Ilustración Española y Americana (1879)

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Por otro lado, el saber popular a veces resulta escatológico en sus análisis como ocurre en el caso de los atributos de un equino, a lomos del cual había una personaje de cierto renombre en nuestro país. Este personaje se apellidaba Espartero y el comentario sobre los atributos de su caballo no son necesarios repetirlos en demasía.

Respecto al jinete, que es lo que nos interesa, cabe decir que nacía en un mes de febrero en la localidad ciudadrealeña de Granátula de Calatrava. Nacía un 21 de febrero de 1793. Se llamaba Baldomero Espartero.

Nacía en una familia humilde, siendo el menor de ocho hermanos. Su padre, era carpintero-carretero, y de él adoptaría su segundo apellido, aunque su nombre completo era: Baldomero Fernández Álvarez Espartero.

La inicial formación eclesiástica – dada su endeblez física, que animó al padre a encauzar un futuro militar – varió de rumbo con la llegada de la Guerra de la Independencia. En el año 1808 se alistaría como voluntario en el cuerpo de estudiantes conocido como Batallón Sagrado. Pasó a formar parte del ejército que combatió tras el levantamiento del 2 de mayo en Madrid contra la ocupación napoleónica.

Ahí comenzaría su vida militar, iniciando una carrera imparable.

En plena guerra de la Independencia, permanecería en el Cádiz que fue sitiado por los franceses. Por aquel entonces comenzarían sus primeros estudios militares.

Eran tiempos convulsos a uno y otro lado del Atlántico, pues las “colonias” requerían de la intervención militar de la metrópoli al estarse gestando la independencia de las colonias americanas.

Entre 1815 y 1824, Baldomero se alistó en el Regimiento Extremadura, estando destinado en el continente americano, donde combatiría contra los independentistas. A pesar de no participar en la batalla de Ayacucho, sería uno de los apodados como “Ayacuchos” por su pasado en tierras americanas.

Con la muerte del rey Fernando VII, apoyará la causa de Isabel II y de la regente María Cristina frente al hermano del fallecido rey Fernando, Carlos María Isidro. Entonces lucharía en la Primera Guerra Carlista (1833 – 1840) contra la reacción absolutista, adquiriendo un papel muy destacado que le llevó de ascenso en ascenso en la carrera militar, llegando a obtener el mando del ejército del Norte tras el motín de La Granja (1835).

El abrazo de Vergara, relieve del Monumento a Espartero de Madrid (Pablo Gibert, 1886)
El abrazo de Vergara, relieve del Monumento a Espartero de Madrid (Pablo Gibert, 1886)

Rompía el cerco carlista con la victoria en la batalla de Luchana (1836), organizaría la defensa de Madrid frente a la expedición de don Carlos (1837) y negoció la paz con el general Maroto en el famoso <abrazo de Vergara> (1839), adquiriendo el apodo de El Pacificador. Más tarde se dirigía al Maestrazgo para vencer a Cabrera y dar fin a la guerra (1840).

Su prestigio por entonces estuvo al lado de los ideales políticos progresistas, encontrándose con el conservadurismo de María Cristina. Por la misma fue nombrado Presidente del Consejo de Ministros, aunque el programa liberal de Espartero obligó a la abdicación de la regente y que el presidente fuese nombrado regente por las Cortes (1841-1843).

Su ascenso social le llevó a ser conde de Luchana, duque de la Victoria, grande de España y Regente. Sin embargo, el personalísimo modo de gobernar del <espadón> le granjearía muchos enemigos entre sus propios partidarios. La hostilidad de las Cortes tuvo como consecuencia su disolución en 1843.

Entonces el pronunciamiento militar encabezado por Narváez y Serrano le arrebatarían el poder, siendo en ese mismo año cuando Isabel II era declarada mayor de edad, iniciándose una década de gobierno conservador.

Por entonces, Espartero se exiliaría a Inglaterra, regresando en 1849 para vivir retirado en Logroño.

La década moderada (1844-1854) había sufrido un serio deterioro, erigiéndose el autoritarismo de la reina Isabel y los ultraconservadores como principales protagonistas.

Este clima propiciaría una revolución en 1854 que llevaría a Espartero a la presidencia del Gobierno. Entonces se iniciaba un bienio progresista, que a pesar de avalar el reformismo de los liberales avanzados, no evitaría el clima de disensión acerca del liderazgo de Espartero.

De nuevo, sería expulsado del poder por un antiguo aliado, el general O’Donnell, iniciándose un nuevo período de ostracismo político de los progresistas y un nuevo retiro de Espartero a Logroño.

La <gloriosa> de 1868 provocaría la caída de Isabel II y propiciaría la oferta, en la primavera de 1870, del Presidente del Consejo Juan Prim a Espartero para ser elegido por las Cortes como rey constitucional de España. Este declinó tal oferta.

Entonces Amadeo de Saboya sería coronado rey, y a pesar de su corta historia como rey de España, le dio tiempo a visitar en su retiro de Logroño y anombrar como Príncipe de Vergara (2 de enero de 1872) con tratamiento de Alteza Real a Baldomero Espartero.

Para finalizar, decir que la relevancia de este personaje lo podrían resumir las siguientes palabras:

“Hace 30 años fui a Granátula con el exclusivo objeto de visitar la casa donde nació el Príncipe de Vergara; y al penetrar en aquel hogar modestísimo, y ver las habitaciones donde estuvo el taller de carretería, la imaginación me representaba la labor de cultura y perseverancia que había tenido que realizar el manchego más prestigioso de los tiempos pasados y presentes para llegar en la escala de los merecimientos sociales desde el primer peldaño hasta el que está representado por la Regencia y la Candidatura al trono…

… recordaba yo cómo en otros países se visitan y veneran estimando como reliquias de valor inapreciable, cuanto en vida tuvo relación con los hombres que más enaltecieron a su patria desde la Gobernación del Estado o cultivando algún ramo de la ciencia. El Ayuntamiento de Granátula debió iniciar una suscripción pública para adquirir el inmueble donde nació el gran manchego, y esto era tanto más llano, cuanto que no se hubieran precisado má de 2.000 o 3.000 pesetas”. [3]

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Monumento a Díaz Miguel en Alcázar de San Juan
Monumento a Díaz Miguel en Alcázar de San Juan

Aún recuerdo el hito que supuso para el deporte español en 1984, la medalla de plata del equipo de baloncesto español. Estaba a punto de comenzar el instituto cuando aquella generación se enfrentó a la todopoderosa superpotencia norteamericana, y el partido en sí tuvo poca historia. Pero qué historia.

En aquel equipo había un hombre que se escondía tras el reflejo de sus gafas, mostrando sus nervios de aquí para allí en el banquillo, sin apenas poder estarse quieto. Aquel monstruo del baloncesto español se llamaba Antonio Díaz Miguel, tristemente fallecido un 21 de febrero del año 2000.

Antonio Díaz Miguel había nacido un 6 de julio de 1933 en la localidad manchega de Alcázar de San Juan.como estudiante, el instituto en el que se formó fue el Ramiro de Maeztu de Madrid, en el que era el capitán del equipo de fútbol.

Sin embargo, el año 1950 sería crucial en su vida, pues en dicho instituto se fundaría el Club Baloncesto Estudiantes. Su estatura más allá del 1,80 metros y ciertas cualidades para este deporte, le condujeron a jugar como pívot en el equipo de baloncesto.

Como muchas veces ha ocurrido, el vecino gigante – Real Madrid -, se fijó en sus cualidades y lo fichó, llegando a ser incluso internacional entre los años 1952 y 1959. Participaría entonces en dos ediciones de los Juegos Mediterráneos – 1955 y 1959 -, obteniendo la medalla de oro en la primera de ellas.

Sin embargo, lo más conocido de su carrera será sin duda su faceta de entrenador, que comenzaría en el Club Águilas de Bilbao, ciudad que conocía bien al haber estudiado allí la carrera de ingeniería.

Mediada la década de los 60, comenzará su etapa como entrenador de la Selección Española, llegando a permanecer al frente de la misma durante 27 años y dirigiéndola durante 423 partidos.

En ese período la Selección participaría en seis Juegos Olímpicos, siendo el hito más conocido la medalla de plata conseguida en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984 [4], clasificación más alta que sólo sería superada con el oro conseguido en el Mundial de Japón 2006.

Además de los Juegos Olímpicos, como seleccionador España participaría en catorce Campeonatos de Europa, obteniendo tres preseas (plata en 1973 y 1983, y bronce en 1991). Cuatro fases finales de Campeonatos del Mundo, donde destacó la cuarta plaza del Mundial de Cali 1982. Y la medalla de plata en los Juegos Mediterráneos de 1987.

Fue nombrado “Mejor entrenador del año” en España en dos años consecutivos: 1891 y 1982. Dirigiría 6 veces a selecciones europeas. Su faceta como pionero en la promoción mundial del baloncesto le granjeó muchos premios como entrenador, aparte de ser conferenciante en diversas ocasiones.

Como reconocimiento a su magna labor como entrenador de baloncesto se convertiría el 29 de septiembre de 1997 en el primer español en ser incluido en el Hall of Fame.

Aparte de su faceta baloncestística, fue diseñador de moda.

Un cáncer le arrancaba el último hálito de vida el 21 de febrero de 2000. Se había marchado con una espina clavada: no poder entrenar al Real Madrid.

En su localidad natal le rinden homenaje con un Monumento erigido en 2002 frente al pabellón polideportivo que lleva su nombre.

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[1] DELGADO MERCHÁN, Luis: Historia documentada de Ciudad Real (La Judería, la Inquisición y la Santa Hermandad). Establecimiento tipográfico de Enrique Pérez. Ciudad Real, 1907 (facsímil 2011) Págs. 355-357.

[2] HERVÁS Y BUENDÍA, Inocente: Diccionario histórico geográfico, biográfico y bibliográfico de la Provincia de Ciudad Real. Imprenta de Ramón Clemente Rubisco. Ciudad Real, 1914. Págs. 301-302.

[3] Proyecto Rivas Moreno. Digitalización por Centro de Estudios de Castilla – La Mancha (UCLM): RIVAS MORENO, Francisco: Los grandes hombres de mi patria chica. Imprenta del Real Monasterio de El Escorial. 1925. Pág. 13.

[4] Final de Baloncesto Masculino en la Olimpiada de Los Ángeles 1984: Estados Unidos – España: https://www.youtube.com/watch?v=SHS12QKUmIo

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3 COMENTARIOS

  1. Interesante artículo.
    Al fin y al cabo, somos el producto de nuestra historia, de las huellas que otros fueron dejando en nuestra vida, de la consecuencia de nuestros sueños y el resultado de las decisiones que hemos ido tomando.
    A pesar de que el físico Stephen Hawking dice que «los humanos somos el producto de las fluctuaciones cuánticas en el Universo muy temprano»…

    • Lo son, pero yo reconozco que no siento predilección por Espartero.

      Un historiador peruano en una conferencia narró una aventura peruana que no me pareció muy noble. Se hizo rico en Perú cobrando a los limeños notables por su protección. Parece que no se sintió especialmente comprometido por la defensa de los intereses españoles en América, más bien por los suyos propios.

      Eso también es el liberalismo español.

      Cierto es que parece que llegó tarde a Perú, cuando la batalla de Ayacucho ya había pasado y América estaba perdida.

      Yo personalmente soy cauteloso cuando la Historia la cuentan liberales, pues como los británicos, solo cuentan lo honroso propio y lo deshonroso de los demás. Ocultan las vergüenzas.

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