Un mayo que asoma verano se tornó florido en forma de cruces, polifacético entre poemas y pinceles y formando arquitecturas variadas

Manuel Cabezas Velasco.- El florido mes de mayo comienza con homenajes que los pueblos rinden a la Virgen, el Cristo y la Cruz, tradición donde ya es difícil distinguir si se trata de contenido religioso o profano. Adóptanse la forma de cruces engalanadas y elaboradas de material diverso, tal como puede ser el brezo, la tela o de carácter mixto.

 Cruces de Mayo en Piedrabuena 2017 y Homenaje a los mayeros en Plaza
Cruces de Mayo en Piedrabuena 2017 

Junto a las Cruces, los mayeros interpretan los cánticos conocidos como Mayos. Esta tradición de Cruces y Mayos tiene estudios pormenorizados que invito a leer para su mayor profundización como es el ‘Estudio etnográfico en la provincia de Ciudad Real’ de Julián Plaza Sánchez o, de forma más local ‘Piedrabuena: Mayos y Cruces’ de José Freire Martín y, más reciente, ‘Mayos en la provincia de Ciudad Real’, de Pedro Jiménez Albalate. [1]

Deteniéndonos en las primeras, en una población ciudadrealeña este 2017 es un año muy especial: ha recibido la Declaración de Interés Turístico Regional por el gobierno autonómico castellano-manchego. La localidad es Piedrabuena y sus Cruces de Mayo han visto recompensadas los méritos contraídos durante años, dada la calidad y variedad de las mismas.

Sin embargo, su origen se remonta a tiempos muy lejanos – desde el mismísimo Neolítico en que la agricultura y la ganadería se convierten en actividades humanas habituales a las que se asocia cierta religiosidad –, aunque la devoción a la Santa Cruz se adentrara en tiempos medievales, concretamente bajo el reinado de Alfonso VIII y la época de la victoria cristiana en la batalla de las Navas de Tolosa, 1212. Además la tradición mayera ya había encontrado referencia en las propias Cantigas del Rey Sabio, tal como nos señala el autor antes citado, Sr. Plaza; y a ello se une que el germen de las canciones mayeras encuentra sus raíces en las propias jarchas mozárabes, por constituir romances líricos escritos en lengua vulgar.

Esta tradición pocos años después adquiriría cierta raigambre, siendo los primeros días del mes de mayo en los que los lugareños muestran en sus casas las cruces que con tanto gusto han elaborado hasta que media el mes de mayo y se celebra el santo de los agricultores, San Isidro.

Estas Cruces de Mayo pueden tener motivos como el brezo o la tela, aunque también pueden ir acompañados de corrientes de agua artificiales o bien aprovechando cuevas naturales, como ha sucedido en el presente año.

Homenaje a los mayeros en Plaza
Homenaje a los mayeros en Plaza

Los altares están presididos por las cruces, adornándose bien de tela – el color blanco es habitual, pudiendo ser de raso, hilo, seda, o algodón, acompañando tanto de elementos florales como claveles, orquídeas o gladiolos, y religiosos como la cruz, el cáliz o algunas imágenes – o la elaboración se lleva a cabo con brezo florecido –blanco, colorao o quírola –, cuyo aderezo puede estar compuesto de agua, musgo, plantas – como ajedrea, tomillo, musgo, entre otras -, piedras – basalto o cuarcita – o animales.

Según la tradición, los mozos quedábanse a dormir en las quinteras para faenar en el campo, bajando después al pueblo y, a modo de juego amoroso y pícaro, cantarles a las mozas, y de forma más fervorosa y solemne a la Virgen, el Cristo y la Cruz. A pesar del carácter esencialmente profano de estas cancioncillas – como señala Julio Caro Baroja en ‘Los pueblos de España’ -, existen algunos de carácter más religioso, como son los dedicados a la Virgen.

El esfuerzo de los mayeros con los cantares requería ensayos previos durante el mes de abril hasta la llegada del comienzo de la fiesta a finales de este mes, echándose el mayo a la Santísima Virgen en la puerta principal de la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, en plena Plaza Mayor, donde las gentes del pueblo asisten expectantes e ilusionados a la llegada del mes de Mayo. Según precisa un mayero de pro como Pedro Jiménez Albalate “los Mayos a la Virgen han cambiado. En su juventud todas las rondallas o grupos mejos preparados se reunían en la puerta de la iglesia y haciendo un gran corro, el mejor cantor se subía a una mesa situada en el centro y sin micrófonos ni cosas modernas hacía oír su voz con claridad. Hoy no hay mesa donde se suba el cantor pero sí muchos micrófonos y altavoces.

Piedrabuena es un pueblo de gran tradición mayera. En la actualidad (referida a 2002) hay cuatro rondallas o grupos mayeros: Santo Cristo de la Antigua, Nuestra Señora de la Asunción, Cruz de Mayo y Jóvenes Mayeros. Y llama la atención las edades de los miembros pues oscila desde los diez o doce años hasta los ochenta. Toda una expresión de sentimiento a las tradiciones populares” [2]

En el caso de la localidad de Piedrabuena, este año 2017 hemos asistido al deleite de ver engalanadas trece cruces en diversos lugares de la localidad, adoptando las diversas formas descritas. Ejemplos de ello nos encontramos en los siguientes enlaces:

Comenzando el mes de mayo, las rondallas a las mozas se cantaron el día primero. Al segundo, el mayo manchego se mostró, cantando cada rondalla su propio mayo. Más tarde en la ermita del Santo Cristo y a las casas particulares en que estaban expuestas las cruces, los mayos se prodigaron. El descanso vino el día tercero, para que en el cuarto las rondallas concursasen. La fiesta se coronó el día quinto, celebrándose en la ermita de la Sierra, la romería en honor a la Santa Cruz.

Finalizando este mes de mayo nos marchamos teniendo en el recuerdo al recientemente fallecido poeta Nicolás del Hierro y su estela. Y además a los dos grandes artistas que pasamos a bosquejar: Gregorio Prieto y Miguel Fisac.

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Foto de Gregorio Prieto
Foto de Gregorio Prieto

Comenzaba el mes de mayo – hace ya la friolera de ciento veinte años – a gestarse la figura de un polifacético valdepeñero conocido como Gregorio Prieto Muñoz. Era el 2 de mayo de 1897. Veinticinco años han pasado desde que se marchase para siempre un 14 de noviembre de 1992. Su figura tornóse hacia el mundo artístico, adquiriendo gran versatilidad: pintor, ilustrador dibujante, artista en suma.

Como causas de su profunda huella a lo largo de su vida, Ramírez de Lucas apuntaba “una enorme, inmensa, capacidad de trabajo” [3] entre los principales rasgos del carácter de Gregorio Prieto. A lo que habría que unir: su fe absoluta, su curiosidad nunca satisfecha, su intuición y sentido poético, su sentido de economía de medios, su capacidad de intervención, su auténtico españolismo, su absoluta carencia de convicciones políticas y su riguroso sentido moral, de honradez.

Esta enorme, inmensa, capacidad de trabajo dejó clara muestra de ello en su pueblo natal, tanto en el Museo Municipal, como en el “Molino – Museo” y en la Fundación que lleva su nombre.

Gregorio Prieto y la Academia de Bellas Artes de S. Fernando
Gregorio Prieto y la Academia de Bellas Artes de S. Fernando

Sobre este artista es difícil señalar algo novedoso, pues literatos de la talla de María Zambrano, Rafael Alberti, José Hierro o Vicente Aleixandre, ya escribieron sobre el mismo. Baste señalar sólo algunos aspectos de su vida.

Así, había nacido como octavo hijo, su madre la perdería de forma temprana y cuando apenas contaba con siete años llegaba a Madrid. Su devoción por la pintura no gozaba de las simpatías de su padre, por lo que fue matriculado en la Escuela Industrial de Madrid, en la que apenas permanecería tres años.

A escondidas, el joven Gregorio dibujaba sin cesar y, sin estar conforme su padre, se inscribiría en 1915 en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, en donde obtendría infinidad de méritos que le abrieron paso en un mundo que él deseaba. En 1919 tendría su primera exposición individual en Madrid. Poco tardaría en ponerse en contacto con las vanguardias europeas y entablaría relaciones de amistad con los principales exponentes de la generación del 27, quienes marcarían su formación artística. Alberti, Cernuda, Lorca, Aleixandre, se convertirían en sus amigos.

G. Prieto, Cervantes y Shakespeare
G. Prieto, Cervantes y Shakespeare

1925 sería el año del gran salto: se traslada a París para ampliar sus estudios, y se encontrará con las vanguardias cubistas y surrealistas. Expone en Francia, participa en la Bienal de Venecia y a finales de la década de los 20 recibirá una beca de estudios en Roma en la Academia de España, dirigida por Ramón María del Valle – Inclán. Colabora con los artistas italianos. Por entonces realizará diversos viajes por Italia, Grecia y Egipto, siendo fiel reflejo de ello sus cuadros marineros y de iconografía homoerótica. Recorrería varios países europeos, pero llegó entonces la guerra civil y su vida le llevaría a refugiarse en Londres, donde permanecerá hasta 1949. Conviviría con Luis Cernuda.

En esta etapa el dibujo adquirirá un papel protagonista aunque no abandonará la pintura. Por entonces expondría en París al lado de Picasso, Gris, Dalí o Miró. A ello se sumaría sus colaboraciones como crítico de arte e ilustrador gráfico. Se convertiría en un gran retratista: Churchill, Unamuno, Lorca, Marchado, Bette Davis, todos fueron modelos suyos.

A mediados de los años 40, fruto de su estancia en la Academia, realizaría una serie de fotomontajes, participando en la fundación del movimiento poético – artístico conocido como postismo, junto a Chicharro, Carlos Edmundo de Ory y Sernesi.

 El Quijote, por Gregorio Prieto
El Quijote, por Gregorio Prieto

Con la llegada de la década de los 50, se instalaría definitivamente en Madrid. Por aquel entonces, se dedicaría a la promoción de su obra escribiendo numerosos artículos, potenciando el paisaje con temas españoles y – ¡cómo no! – del paisaje manchego. Así ilustraría obras de autores británicos como Shakespeare o Milton y Luis Cernuda o Aleixandre. A ello habría que sumar su labor de conservación de los molinos de viento de La Mancha, siendo el fundador de la Asociación de Amigos de los Molinos e incluso participando en la conservación de los de Murcia, Andalucía, Mallorca o Alicante.

Esta labor sería premiada por el ayuntamiento de su localidad natal construyéndose un molino de viento en su nombre, al que le acompañaría un museo sobre los molinos.

No obstante y, sin lugar a dudas, desde 1968 existe una Fundación con obras del propio autor y de artistas como Picasso, Chagall, Miró o De Chirico, idea que acariciaba el propio artista desde hacía años. El proyecto cristalizaría con la colaboración de José Miguel Odero y José García Noblejas, constituyéndose en la que fuera cueva de Medrano, prisión de Cervantes, en Argamasilla de Alba. Regida por un patronato que se encarga de difundir y conservar la obra y otras pertenencias del artista, y de promover actividades culturales. Desde su constitución, con domicilio social en Madrid, una de sus principales actividades es el Certamen de Dibujo Gregorio Prieto que desde su XXII edición en 2013 adquirió carácter bienal.

Fachada de la Fundación G. Prieto en Valdepeñas
Fachada de la Fundación G. Prieto en Valdepeñas

Llegado el año 1990, la Fundación adquiriría en Valdepeñas una casa donde ubicar el Museo de la Fundación. Sería inaugurado el 19 de febrero, aunque ya llevaba tres años inaugurado, coincidiendo con el 90 cumpleaños del titular.

A lo largo de las dos últimas décadas de su vida, Gregorio Prieto recibiría importantes reconocimientos desde la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (1982), la de la Junta de Comunidades de Castilla – La Mancha o el nombramiento como Académico Honorario de la Real Escuela de Bellas Artes de San Fernando (1990).

Cuando llegaba a la edad de 95 años, este gran artista polifacético falleció. Era el año de 1992.

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Miguel Fisac: Instituto Laboral de Daimiel
Miguel Fisac: Instituto Laboral de Daimiel

A punto de mediar el mes de mayo del año 2006, el Colegio de Arquitectos de Ciudad Real acababa de crear una Fundación que se encargara de catalogar el legado de un gran arquitecto, profundizando además en lo había representado su obra y dentro de la arquitectura moderna española. El fallecido – a causa de una embolia – , en la localidad de Madrid, se llamaba Miguel Fisac Serna, un 12 de mayo de 2006.

Recordando que el día de la región castellano – manchega hoy se celebra, su región de origen le concedería, a título póstumo, la Medalla de Oro de Castilla – La Mancha, al que habría que unir  otros premios a los que hizo honor.

La vida del que fuera arquitecto, urbanista y pintor español, comenzó en la localidad de Daimiel un 29 de septiembre del año 1913 en el seno de la familia de un farmacéutico.

Su destino pareció ser la arquitectura, aunque la guerra civil interrumpiría sus estudios en Madrid, regresando a su pueblo natal, donde permaneció escondido durante el conflicto bélico.

M. Fisac: Casa de Cultura de Ciudad Real (Paseo del Prado)
M. Fisac: Casa de Cultura de Ciudad Real (Paseo del Prado)

Más adelante obtendría el título en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura en Madrid. Aunque había obtenido un Premio Superior en 1942, la arquitectura de su tiempo no encajaba con su personalidad. Su disconformidad pronto se puso de manifiesto al crear soluciones estructurales original con el hormigón pretensado o las conocidas como vigas – hueso. El racionalismo arquitectónico de la época parece no responder a las exigencias técnicas y a la necesidad humana. Influido por el arquitecto norteamericano Frank Lloyd Wright, el neoempirista Erik gunnar Asplund y su organicismo nórdico, a finales de la década (1949) pondrá sus miras en Suecia. Posteriormente su destino sería Japón.

Como consecuencia de su interés por la arquitectura popular, recibiría el encargo de ordenar la zona sur de la Colonia Los Chopos en Madrid, por parte del CSIC. También remodelaría el antiguo auditorio de la Residencia de Estudiantes para construir la nueva capilla del CSIC.

Su conciencia social le llevaría a crear viviendas para gente sin recursos, ganando un concurso para viviendas mínimas organizado por el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, con unas viviendas de 21 metros cuadrados y apenas 20.000 pesetas de coste. Dicho proyecto no fue tomado muy en serio por las instituciones dedicadas a la vivienda, aunque Fisac continuaría buscando soluciones prefabricadas en pos de la resolución de dichos problemas.

Sin embargo, la década de su espaldarazo definitivo sería la de los 50, donde revolucionaría el aspecto de las iglesias españolas. Señala María Cruz Morales Saro sobre la concepción de las iglesias de Fisac que “el elemento que ha de imprimir carácter a las iglesias es la misa, resaltar la celebración y en general el presbiterio, como lugar de mayor rango dentro del espacio interno del edificio. Esta preferencia debe también reflejarse en la planta. Descartó (en unos primeros momentos) la circular y la elíptica, adoptando las plantas simetría axial que privilegiaban el eje longitudinal… El Concilio (Vaticano II) encontraría una respuesta inmediata, y mas aún anticipaciones, en las iglesias de Fisac. Un conjunto definido de estas obras se deberá a las consecuencias de las disposiciones litúrgicas postconciliares” [4]. Aunque había sido fundador del Opus Dei, y perteneciente a la Orden hasta 1955 – en donde no se habría encontrado muy cómodo a pesar de su estrecha relación con Escrivá de Balaguer –, cuando el Ayuntamiento madrileño diese permiso – decisión imperdonable, según muchos – para demoler el emblemático edificio conocido como La Pagoda (Laboratorios Jorba) en 1999, la polémica de una posible “mano negra” de la Orden detrás del derribo armó bastante revuelo.

En aquella época no todo iba a ser negativo, pues en 1954 recibiría la Medalla de Oro de la Exposición de Arquitectura Religiosa de Viena por llevar a cabo la iglesia del Seminario de Arcas Reales (Padres Dominicos), en las afueras de Valladolid.

Finalizando esta década, llegaría a su etapa más inquieta y personal, en la cual destacaría la experimentación con nuevos materiales. Así el hormigón pretensado de piezas huecas – a modo de huesos – constituiría una solución arquitectónica de gran ligereza y resistencia.

En este período de autarquía española en los años 40 y 50, Luis Fernández Galiano apunta como la etapa de las “vis impetuosa del joven Fisac”, definiendo a partir de la experimentación que realiza en Madrid y la puesta en marcha de diversos proyectos educativos y religiosos repartidos por el enorme territorio castellano. Así este autor precisa de estas creaciones que “expresan bien un talante atraído a la vez por el conocimiento y el espíritu, amén de una curiosidad vivaz que le anima a traspasar las fronteras tenaces de un país ensimismado para ayudarle a mudar la mirada desde el clasicismo académico y la severidad metafísica de sus inicios hasta el empirismo funcionalista y el organicismo cauteloso de su aplomo posterior” [5]. A pesar de la autarquía aislada del mundo por el régimen ideológico, el cambio surgiría a raíz de estas bases.

El trayecto arquitectónico de Fisac –  como nos apunta Fernández Galiano – quedaría orquestado en tres movimientos de los años 40 a los 80 unidos a la tríada renacentista vis – cupiditas – amor.

Tras la vis descrita, la cupiditas muestra a un Fisac maduro que muestra “obras innovadoras, naves industriales para laboratorios o fábricas y sedes de investigación – localizadas preferentemente en la capital española – que utilizan con profusión su invento más notorio, las vigas huecas de hormigón pretensado a las que dio el nombre de huesos, y cuyo elegante optimismo técnico y escultórico representa bien el momento de despegue económico en una España que abre sus puertas a las mercancías y a las ideas del exterior. Esos huesos darían el armazón estructural al crecimiento material de esa época de prosperidad, y servirían de emblema del éxito de un profesional en sintonía con un país acelerado” [6]. Esta etapa corresponde a los años 60 y muestra a un Fisac que tiene la independencia que le da su prestigio profesional y la autonomía desde el enclave de la casa construida en 1957 en el Cerro del Aire de Alcobendas donde se trasladaría tras casarse con la periodista y escritora Ana María Badell Lapetra, con la que tendría tres hijos.

Esta fructífera relación experimental con el hormigón armado con el que elabora las vigas – hueso, la yuxtaposición de formas, la deconstrucción de los edificios segregándolos en elementos irregulares con expresividad minimalista de nuevo cuño, encofrados flexibles con plásticos y cuerdas, todo ello cristalizaría en experiencias como los Laboratorios farmacéuticos Made y el Centro de Estudios Hidrográficos, ambos en Madrid.

 M. Fisac: La Pagoda (Laboratorios Jorda)
M. Fisac: La Pagoda (Laboratorios Jorda)

La traducción de las exigencias derivadas del Concilio Vaticano II a modo de una personal caligrafía de muros curvos y superficies tensadas verán la luz en las iglesias de Escaldes (Andorra), Teologado de los Dominicos (Alcobendas), La Coronación (Vitoria), La Asunción y Santa Ana (Madrid) o Santa Cruz (La Coruña).

La asimetría sería uno de los rasgos que definirían a estos edificios. A ello se sumarían unos muros dispuestos en juego de rectas y curvas, vidrieras monocromas y multicolores, todo ello realzando la desnudez de las paredes y envuelto en la mayor de las sobriedades.

Finalizando la década de los 60 Fisac depuraría aún más su arquitectura, centrando su atención en las posibilidades de los nuevos materiales, más concretamente con el hormigón pretensado y postensado, y prescindiendo de su preocupación por lo popular. Reflejo de ello sería el polideportivo y piscina cubierta de La Alhóndiga en Getafe.

Siguiendo a Fernández – Galiano, la introspección amorosa del Fisac de los años 70 y 80 cristalizaría en realizaciones tan dispares como iglesias y centros asistenciales en Madrid o los hoteles y oficinas en zonas turísticas. En tales edificios la experimentación le conduce a explorar un nuevo tipo de fachada conformado con encofrados flexibles, mostrando el hormigón de tal forma que tiene un aspecto mullido o atormentado. En línea con esta ornamentación antitética estaría la incertidumbre de los tiempos y lo azaroso de su propia carreta. Así, “estas pieles en la transición lo son pues doblemente, ya que reflejan tanto el tránsito superficial hacia una democracia posmoderna como las mudanzas íntimas de un arquitecto crecientemente secreto.

La canónica tríada humanista jalona y cierra el territorio de Fisac con un triángulo circular que se mueve de la razón pura a la razón práctica, y de ésta a la crítica del juicio, recorriendo el itinerario entre estática, ética y estética para ilustrar con su oxímoron geométrico la oposición entre virtus y fortuna, dilema último de un trayecto profesional o personal, y que la biografía de este manchego universal reúne con singular felicidad” [7]

Ejemplo de esta etapa, en los años 70, sería el Hotel Tres Islas ubicado en el Parque Natural de las Dunas de Corralejo (La Oliva), cuyo paisaje presentará unas características plásticas muy singulares.

Y, en los años 80, dirigiría las obras de restauración y acondicionamiento del Sacro Convento y Castillo de Calatrava La Nueva, en la provincia de Ciudad Real.

Iglesia de los Dominicos en Alcobendas
Iglesia de los Dominicos en Alcobendas

Comenzando la década de los 90, sería el encargado de dirigir las Jornadas de Arquitectura en ARCO (1991). Muchas de sus soluciones en hormigón pretensado están patentadas en España, Estados Unidos y otros países, existiendo incluso fábricas que las producen.

Siendo consultor en el extranjero en diversas ocasiones – para el estudio del Sepulcro de Jerusalén y la reconstrucción de la Catedral de Manila –, realizaría una intensa labor cultural en conferencias y cursillos (arquitectura, urbanismo) y en diversas publicaciones españolas y extranjeras

En cuanto a su aportación teórica, en el ámbito del urbanismo cabe destacar su original propuesta para una ciudad futura – ciudad convivencial – en La Molécula Urbana (1969), o su libro Arquitectura popular española y su valor ante la arquitectura del futuro.

Además de su faceta de arquitecto y urbanista, cabe resaltarse la de pintor, presentando su primera exposición en mayo de 1996 en Madrid, con 60 obras y, al año siguiente, la Sala de las Arquerías de los Nuevos Ministerios de Madrid, acogería una exposición sobre su obra, recibiendo el 12 de junio de ese año el VII Premio Antonio Camuñas de Arquitectura.

En cuanto a los galardones recibidos, ya en 1942 se alzaba con el Premio Superior de Arquitectura en Madrid, continuando en 1950 con el Primer Premio en el concurso COAM para viviendas mínimas; en 1954, recibiría la Medalla de Oro en la Exposición Internacional de Arte Sacro en Viena; en 1994, la Medalla de Oro de la Arquitectura; el 4 de octubre de 1999, en un homenaje organizado por el Colegio de Arquitectos de Madrid y el Círculo de Bellas Artes, recibiría la Medalla de Honor; en octubre de 2003, el Premio Nacional de Arquitectura, y en enero de 2004, la Universidad Europea de Madrid le inviste Doctor Honoris Causa.

Hotel Tres Islas
Hotel Tres Islas

A estos premios se sumarán galardones de mayor rango como la Gran Cruz de la Orden del Mérito Civil, Comendador de la Orden de Isabel la Católica, Comendador de la Orden de Alfonso X el Sabio, la Cruz de los Santos Lugares de Jerusalén, y, a título póstumo, en 2007 la Medalla de Oro de Castilla – La Mancha, su región de origen, cuya festividad se conmemora este 31 de mayo.

En el 12 de mayo de 2006, una embolia segaba la vida de Miguel Fisac. En ese tiempo, se había creado la Fundación que se encargaría de catalogar todo su legado profesional y profundizaría en el estudio de su obra y de la arquitectura moderna española. Nacía por mediación del Colegio de Arquitectos de Ciudad Real.

A modo de resumen, dada la inmensidad creativa de este arquitecto universal – pues “la trayectoria de Fisac, pese a todo, carece de entidad de Ciudad Real, donde llega a ejecutar la Casa de Cultura de Ciudad Real en 1957, el Mercado de Daimiel en 1958 y en Instituto de Valdepeñas en 1960” [8], aunque de la provincia llegó a elaborar cerca de unos cuarenta proyectos, unos construidos y otros sólo proyectados [9] –, entre sus obras arquitectónicas principales, podrían destacarse:

  • Las ubicadas en la provincia de Ciudad Real: Instituto Laboral, el Mercado Municipal y un edificio de viviendas, en Daimiel; el antiguo edificio de la Biblioteca Pública del Estado ubicada en Ciudad Real (Paseo del Prado); y el edificio del IES Bernardo de Balbuena en Valdepeñas.
  • Las erigidas en Madrid y alrededores: Edificio central del CSIC, Iglesia del Espíritu Santo, Instituto Nacional de Óptica Daza de Valdés, Instituto Cajal y de Microbiología, Centro de Formación del Profesorado de la Universidad Complutense, Centro de Estudios Hidrográficos, Laboratorios Made, edificio de viviendas en Doctor Esquerdo, edificio de oficinas de Vega, Iglesia Parroquial de Santa Ana en Moratalaz, Centro de Cálculo de la Universidad Complutense, Edificio de IBM en el Paseo de la Castellana, Edificio de Laboratorios Jorba (La Pagoda), Iglesia Parroquial Nuestra Señora Flor del Carmelo, Teologado de los Padres Dominicos, Edificio de la Embajada de Indonesia, Colegio de la Asunción Cuestablanca en Sanchinarro.
  • Otras poblaciones: Teatro Miguel Fisac de Castilblanco de los Arroyos (Sevilla), Instituto Laboral ‘Santiago Apóstol’ de Almendralejo (Badajoz), Instituto de Nuestra Señora de la Victoria (Málaga), Bodegas Garvey en Jerez de la Frontera (Cádiz), Residencia de Santo Tomás (Ávila), Edificio del Instituto Núñez de Arce (1962 – 1969) y la Iglesia del Colegio Apostólico de los Padres Dominicos en Valladolid, Edificio de la Biblioteca Pública del Estado en Cuenca, Colegio Santa María del Mar (Jesuitas) en La Coruña, Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Pilar en Canfranc (Huesca), Institut d’Educació Secundaria Sorolla (Valencia), Iglesia de Pumarejo de Tera (Zamora), parte de la fachada principal del Instituto de secundaria Ramón Arcas Meca en Lorca, Murcia (el resto del edificio fue derribado a consecuencia de un terremoto), la Iglesia de la Coronación (Vitoria – Gasteiz) y el Hotel Tres Islas (La Oliva, Fuerteventura).

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[1] PLAZA SÁNCHEZ, Julián: ‘Estudio etnográfico en la provincia de Ciudad Real’. FREIRE MARTÍN, José: Piedrabuena: Mayos y Cruces’. JIMÉNEZ ALBALATE, Pedro: ‘Mayos de la Provincia de Ciudad Real’.

[2] GARCÍA BRESÓ, Javier en el Prólogo de JIMÉNEZ ALBALATE, Pedro: Op. Cit. Pp. 19-20.

[3] RAMÍREZ DE LUCAS, J.: ‘El pintor Gregorio Prieto” en Gregorio Prieto. Exposición Antológica’, Junta de Comunidades, 1987.

[4] MORALES SARO, María Cruz: ‘La arquitectura de Miguel Fisac’. Colegio de Arquitectos de Ciudad Real. Ciudad Real, 1979. Pp. 24 – 25.

[5] FERNÁNDEZ-GALIANO, Luis: “Un triángulo circular”, en Arquitectura Viva.com. 14 de mayo de 2017.

[6] FERNÁNDEZ-GALIANO, Luis: Op. Cit.

[7] FERNÁNDEZ-GALIANO, Luis: Íbidem Cit.

[8] RIVERO SERRANO, José: “4. Arquitectura moderna y contemporánea”, en CAÑIGRAL GORTÉS, Luis de; y LOARCE GÓMEZ, José Luis (coords.): La provincia de Ciudad Real (III): ARTE Y CULTURA. Área de Cultura. Excma. Diputación Provincial. Biblioteca de Autores y Temas Manchegos. Sección Ensayo. Albacete, 1992.. P. 193.

[9] PERIS SÁNCHEZ, Diego: “Miguel Fisac en Ciudad Real (Equipamientos, viviendas y restauración)”, en GONZÁLEZ ORTIZ, José (coord.): IX Jornadas de Historia Local ‘Biblioteca Oretana’ – II de Ciudad Real. Ediciones C&G. Ciudad Real, 2016. Pp. 69 – 122.

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3 COMENTARIOS

  1. D. Nicolás del Hierro Palomo falleció en enero de este mismo año. Fue un poeta a pie de obra cuyo trabajo literario siempre ha sido fiel a sus orígenes y al paisaje.
    Siempre se mostró orgulloso de haber nacido en Piedrabuena.
    El mes de mayo de 1897, vio nacer a D. Gregorio Prieto Muñoz, pintor, escritor y poeta, el ‘pintor de los molinos’ y amigo de Lorca, Cernuda y Aleixandre.
    Sin embargo, ese mismo mes de mayo de 2006, fallecía D. Miguel Fisac Serna. Si hubiera nacido en Holanda, Bélgica o Francia en lugar de en Daimiel, hoy sería uno de esos admirados arquitectos que pueblan las páginas de los libros de arquitectura. ‘El arquitecto del hormigón armado’.
    Personajes ilustres de Castilla La Mancha…

  2. Gracias Charles por tu seguimiento. Además sobre Nicolás, mi paisano, ya hablé en el mes de enero, cuando comenzó esta sección. Te invito a que lo leas.
    Y reitero, gracias

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