De Holanda a España

MarcelinoHace dos día estaba sentado en una de las mesas de un bar. Me disponía a picar algo antes de acostarme. Estaba casi de casualidad en un diminuto pueblo de la provincia de Salamanca, por razones que no vienen al caso. Una pareja de extranjeros se plantó delante de mí haciendo gestos de si podían sentarse conmigo.

Se acomodaron sin apenas enterarme de nada. La mullidora del encuentro, la introductora de embajadores, fue la encargada del lugar: una mujer con una amabilidad y simpatía arrolladoras.

El bar en cuestión estaba en un pequeño hostal muy próximo a la Peña de Francia, donde los tres, la pareja de extranjeros y quien esto escribe, habíamos probado suerte para pernoctar.

Yo tengo la rara costumbre de viajar cuando me da la vena con una guitarra al hombro o, mejor dicho, a la espalda, aunque compartiendo el peso con un automóvil o el vagón de cualquier tren.

Lo de la guitarra no ha perdido encanto. Así que la regla número uno para cualquiera empeñado en hacer una tropelía es no cometerla llevando una guitarra. Todos se acordarían de ti.

La guitarra me delataba. Yo a ella, no. Pero ella a mí, sí.

En el ambiente amigable, casi familiar, de un hostal en una casa rústica, en un pueblo con menos de doscientos habitantes, aparecer con una guitarra y negarse a cantar algo si los presentes se empeñan en ello es casi, casi, de mala educación. Y a la encargada le sobraba gracia y salero para convencer a la pareja de europeos, rubios como ellos solos, de sentarse a mi mesa y sonreírme con esa cara tan difícil de calificar. No me quedó otra que abrir el estuche y devolver la sonrisa complacido por la presión popular.

¡A ver! ¿Para qué sale uno con una guitarra por el mundo? Como amuleto es demasiado aparatoso. En el fondo, se tiene la esperanza de ser “conminado”, en alguna calle, en algún lugar, a ejercer el arte de la trova. Aquel era uno de esos momentos inconscientemente buscados ¿Estaba cansado? Sí ¿Tenía hambre? También ¿Desde cuándo el mundo es perfecto? Estas imperfecciones son las responsables de la alegría de vivir. Para mí que los holandeses –era la nacionalidad de los rubios- y la encargada “manipuladora”, debieron pensar que estaban ante una réplica de Andrés Segovia o Tomatito. Nada más lejos. Lo mío era gorjear lo mejor posible con la guitarra de fondo. Traté de no desafinar y que el pabellón no quedara a media asta.

Los holandeses reservaban todos los años unas cuantas semanas para ir conociendo Europa. Once de ellos los dedicaron a Italia, algunos otros a Europa central. Por fin, un año decidieron ir al sur de Francia, pasar al Cantábrico español y cruzar a Portugal. Ese año descubrieron que el sur de Francia es bonito; lástima de habitantes. Y se enamoraron de España. De aquello hacía tres años. Desde entonces, nuestro país ha sido su lugar de elección.

Me contaron la sensación especial de adentrarse en los paisajes con las motos. Y que perforar el sol, la bruma, la llovizna, para atrapar los paisajes españoles produce una sensación muy diferente a sus otras experiencias.

-España es una sorpresa continua –fue la frase literal de la mujer holandesa.

-¡Y que lo digas! –musité, asintiendo levemente con la cabeza; dándole diversos contenidos a la palabra sorpresa.

-Después de conocer España nos llegamos a preguntar qué habíamos hecho yendo once años seguidos a Italia –comentó el caballero.

-Italia es muy bonito –dije yo, condescendiente con los italianos.

-Sí, sí, pero España te atrapa. Yo siento el latido de los lugares que recorremos –respondió la mujer.

-Los lugares hablan. No sé que tiene esta tierra –interrumpió el hombre.

-Yo sí –pensé, y casi me largué por bulerías. Al punto, una voz me dijo: ¡Recuerda, no eres Tomatito! –Ni Camarón, desde luego –repliqué a la voz intrusa empeñada en aguarme el subidón de la autoestima.

Su siguiente etapa era Guadalupe. Les recomendamos la encargada del hostal y yo que subieran en moto a la cima de la Peña de Francia y visitaran algunos pueblos de la zona. En esas el hombre interrumpió:

-¿A que no sabéis de algo espectacular que tenéis? –me encogí de hombros

-¡¡El café!! –la mujer reforzó las palabras del hombre –Mi sorpresa fue mayúscula. Uno tan acostumbrado a los tópicos…….Pensé…..¡Qué sé yo! La paella, el sol……A veces uno se vuelve muy simple tratando de ir a lo seguro. En cualquier caso lo del café jamás lo hubiese esperado ¿Y por qué no? Lo ignoro.

Ese matrimonio holandés sentía latir los rincones de España. No irían a la costa. Preferían esforzarse, hablar español y aprenderlo un poco mejor cada vez, que ser engullidos por la indefinición universalista costera.

Les pregunté por qué no se desviaban para conocer Salamanca. Traté de animarlos hablándoles del faro de pensamiento creado en su universidad; sus grandes pensadores.

-Dime un nombre –dijo el hombre.- En esta frase quise intuir cierto tono de desdén.

-Mira te voy a decir uno que tiene una estatua en la capital de tu país, La Haya –le largué, echando mano al florete por si las moscas. Él puso cara de sorpresa. -Francisco de Vitoria; tiene la estatua en el Tribunal Penal Internacional. Está considerado el creador del derecho internacional –apostillé. Se pusieron a buscar en internet. Él la miró a ella y dijo:

-Tenemos todavía mucho que aprender.

Entretanto la habilidosa encargada del hostal se puso a preparar unos cafés en honor de unos huéspedes degustadores del café al estilo español.

Por la mañana nos volvimos a encontrar antes de partir. Nos despedimos afectuosamente.

“España es una sorpresa continua” “Siento el latido de los lugares que recorremos”

Aquellas dos sentencias de Karina –la mujer holandesa- no las olvidaré en la vida.

España como manifestación de lo inesperado y enriquecedor. Esa sorpresa continua…

Y España como reflejo de humanidad. Cómo entender, si no, el latido de los lugares.

A estas alturas, Unamuno me ha convencido (lo siento, Ortega)

¡¡Hay que españolizar Europa!!

De lo contrario se apagarán los latidos de los lugares, y el paisaje se convertirá en naturaleza muerta.

Sin tapujos
Marcelino Lastra Muñiz
mlastramuniz@hotmail.com

PD: Os dedico “Nocturno” de Manuel de Falla

https://www.youtube.com/watch?v=_X63lH1Dlik

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18 COMENTARIOS

  1. A muchos no nos queda la menor duda de que España y su gente son de lo mejor que puedes encontrar cuando has viajado por otros países. Por carácter, por clima, por historia, por variedad de paisajes…por cientos de cosas.

    Pero a España le pasa lo mismo que al resto de los PIG, que no sabe elegir bien a quien la representa, que pasa de mojarse en la gestión, que tiene «cosas mejor que hacer». O, peor aún, que ha tenido muchos años, demasiados, a lo peor de lo peor en las altas esferas y, un golpe de estado sumado a una dictadura que nos dejó en el vagón de cola europeo.

    Ojalá y España no fuera el Non Plus Ultra, Ojalá no fuera la Reserva Espiritual de Occidente, Ojalá no fuera el Santiago y cierra España…ojalá fuera laica, emprendedora, investigadora, tuviera unas metas claras, estuviera motivada y unida dentro de la diversidad, fuera capaz de renovar todos los «armarios rancios que tiene en cada rincón». Ojalá…pero los cortijos tienen un «no sé qué» que les hacer oler siempre a rancio.

    Aún con ellos y sus disparates, España sigue siendo un país de 10. Pero la mayoría social tenemos que creerlo y echar a los inútiles de las altas esferas. No hay que temer a lo que pueda venir, hay que temer a lo que vino para quedarse y sacarnos hasta el hígado.

    • En efecto, eso de que el pueblo español es muy superior a sus gobernantes y a su clase alta ya lo decía un inglés en el siglo XIX, el hispanista Richard Ford… Quizá es porque yo creo que los gobernantes de España nunca han sido españoles, sino más bien de Suiza, las Bahamas o Panamá.

      • Efectivamente, una cosa es España, y la otra ciertos territorios autónomos como Soto del Real, Génova, Moncloa, Boadilla del Monte…que es de donde se sacan esos topicazos sobre la España que no vale para nada, la España gandula, la España de los lazarillos, buscones, alfaraches, justinas -que también las hay-, alonsos o guadañas….todos ellos retratados genialmente por autores que hoy en día estarían juzgados en la Audiencia Nacional, como los famosos titiriteros de Carmena.

  2. ¡viva España!…y que tengan que venir de fuera a recordarnos el gran país que, a pesar de muchos políticos cantamañanas y traidores a su patria, tenemos…

  3. Está bien recordar a simpáticos holandeses los Francisco de Vitoria y Unamunos de la Universidad de Salamanca. Pero eso es solo pasado. El presente es más negro: no hay una sola universidad española en el top 200 de las mejores universidades europeas.

  4. Una boda en Alemania de unos amigos alemanes, mi mujer vestida elegantemente de rojo apagado yo de traje chaqueta oscuro y corbata roja a juego…No éramos rubios, pero se nos notaba españoles por los cuatro costados. Hablábamos alto, reíamos constantemente y manteníamos conversaciones inteligentes. Nos sabíamos embajadores de nuestro país en un evento social de extranjeros.

    Mesa de germanohispanohablantes:

    – Qué placer España, su comida, su sol, su carácter…España es el mejor país para vivir.

    – Lo siento, dije. España es un durísimo país para vivir donde se trabajan muchas horas, se cobra poco, la vivienda es muy cara y se recibe poco del Estado para tener y educar a los hijos. La conciliación es insufrible. Quiero un Estado social en España como el de Alemania.

    Los siguientes minutos otro español y yo nos enfrascamos en una aburrida pero intensa discusión sobre religión y política…

    Mientras los españoles discutimos entre nosotros, los golfos detentan el poder. Ellos azuzan profesionalmente el enfrentamiento.

    Y con todo este país funciona y se ha modernizado en un tiempo récord, algo inusitado. Los italianos necesitaron el doble de tiempo.

    En el cumplimiento de nuestras obligaciones o ambiciones ponemos una PASIÓN que es de donde surge el talento, la agradable atmósfera que creamos, la carismática atracción y la radicalidad vital que tanto admiran de nosotros.

    España al contrario que las naciones centroeuropeas y nórdicas, no se lo tiene creído. Será que en este país sobrevivimos pese a sus golfos e ideólogos, será que oponemos talento a tanta dificultad. Será entonces que nuestra gran Historia tenga todo el sentido y motivos del mundo para ser única y grandiosa. Más que la de ninguna otra Nación europea.

    • ¿Entonces es que te dejas todas las conversaciones inteligentes para otros sitios distintos al foro de este periódico? ¿O te sentías inferior entre alemanes y te las quisiste dar de culto?
      JAJAJAJAJAJAJAJJA

      • A los alemanes les gusta la filosofía y yo la estudié en Austria.

        A tí te dejo los complejos, que vas de listo sin serlo.

        • Primero presume de lo bien vestidos que iban, como los señoritos que van a misa los domingos a lucirse, como si eso te hiciera ser mejor, y luego el ego de creer que lo que tuvieras que decir, eran cosas inteligentes e interesarían a los demás, en vez de escuchar y aprender de estar en un sitio ajeno, como hacían los holandeses de este artículo.
          Eres un garrulo tremendo.

        • Para un medio que hay en este secarral en el que puedes opinar sin cortapisas, me repatea que siempre tenga que llegar alguien a descalificar. Si piensas que AM actuó como un garrulo, si alguien mas lo piensa creo que caerá solito sin que precises de insultarle (seguro que piensas que los estás definiendo; me guardo la opinión al respecto).
          Ayer en un Españoles por el Mundo un emigrante daba la clave de porqué las conversaciones en alemán son más calmadas, reflexivas y constructivas: en la frase el verbo va al final y hasta que el verbo no está dicho no se sabe qué es exactamente lo que quiere decir el interlocutor. Mientras tanto puedes estar pendiente del que habla y pensar qué contestarle. Por favor, hagamos lo mismo, como si el verbo estuviese al final. Y como he dicho en otros comentarios, no comparto la mayor parte de los postulados de AM, pero tiene todo el derecho a decirlos, y otros a discrepar con la palabra, no con la descalificación personal.

        • Y yo aplaudo que no pienses como yo, pero especialmente que pienses.

          Ciertamente el alemán es el idioma del debate y la filosofía. Es envidiable la educación y la estima que se tiene por la inteligencia y el talento en ese país. Las ideologías allí están desfasadas, se valora ante todo saber pensar.

          Estoy curtido en padecer injurias y calumnias, soy español.

  5. Para entender lo que es España me encanta leer, releer, e interpretar el poema de Miguel Hernández «Madre España». Debería ser de estudio obligado en los colegios, y también de los padres, para que sintieran en las entrañas lo que para el poeta de Orihuela significaba España y se lo transmitieran a alumnos e hijos, respectivamente.

  6. ¿Holandeses? Haberles sacudido un buen guitarrazo.

    Es broma, ¡eh! No vaya alguien a mandarme por ahí. Es que tuve una mala experiencia.

    Saludos

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