Hasta aquí hemos llegado con careta

Manuel Valero.- Creo que va llegando la hora de ponerle freno a la parte oscura de esta nueva  sociología digital que han creado las redes en cuyo circo únicamente se la juegan quienes, con argumentos, al margen de su ideologías, todas respetables, excepto las abominables –dejémonos de hipocresías- por su trabajo periodístico, por sus opiniones, por sus comentarios a cara abierta, o por sus funciones públicas, escriben en los digitales con nombres y apellidos, y que si no lo hacen con dirección y teléfono es porque muchos de quienes comentan amagados en la nada, que al fin y al cabo, es el anonimato, lo saben.

ManoloValero3El anonimato es una letrina de humores pútridos por que quienes se amparan en él no tienen ni argumentos,- y si los tienen los malgastan-, ni  valentía para opinar libremente lo que les dé la gana. En reuniones de vecinos, de políticos, de cualquier asamblea civilizada de cualquier cosa, el participante levanta la mano y habla incluso con la gallardía de aguantar los abucheos. Pasaba en la prensa impresa, -ya democrática, ¿eh?- que no publicaba un lector una carta si no se identificaba como es debido, si estaba argumentada y no contenía ningún desprecio o insulto, pese al grosor de su crítica que si era sólo eso, se publicaba. Pero desde que existen las redes e internet ha surgido un ruido ensordecedor que lo padecen comunicadores de todo el espectro: amenazas, bromas, groserías, burlas, menosprecio e incluso opiniones que en ocasiones son correctas y sorprendentemente aparecen bajo la sombra de la desidentidad. ¿Porqué demonios se le tiene miedo en una país libre opinar con firma? La democracia de calidad es eso; lo otro, no.

Compañeros de sección en este digital han sufrido lo impagable con comentarios de juzgado de guardia simplemente porque lo que escribían, lo argumentaban y  lo desarrollaban de manera brillante, pero con el baldón de pensar distinto al lector de turno, quien en lugar de rebatirlo críticamente se acordaba hasta de su madre. Cosa que por supuesto no se  lo diría frente a frente en la plaza pública. Uno, incluso, ha discrepado y discrepa en ocasiones de mis propios compañeros de sección, pero como dijo aquel, daría mi libertad para que pudieran hacerlo.

Pues basta ya, al menos en lo que a este columnista respecta. Desde aquí insto a mis compañeros de periódico que comentario que aparezca sin el marchamo de la desacostumbrada costumbre en este país de dar la cara, que no se cuelgue o se borre. Así, sin más. Y si quien comenta se identifica y me desarma intelectualmente  no tendré complejos en quedar con él para vernos y darle la enhorabuena y firmar el contrato para alinearme a sus tesis. Pero tanto anónimo, tanta careta, tanto dar y esconder por cuestiones personales debe acabar algún día, y así hará a nivel global, estoy seguro, cuando la bilis rebose  y las redes-tan prodigiosas en su buen uso- se conviertan en un charcón de detritos. Cuando llegue el momento se reglamentará. Al tiempo. Con lo fácil que es decir: La alcaldesa es una incompetente porque pudiendo hacer esto o cumplir aquello no lo ha hecho y  lleva al pueblo a la ruina y aquí están las pruebas. Pero, no. El anonimato facilita que en lugar de dirigirnos a la primera autoridad local como lo que es, alcaldesa, o por su nombre, se la llame “la chata”.

Llegará un día en que las redes sepan distinguir entre el ruido faltón y la queja argumentada por furibunda que sea, que en ocasiones se convierte en reyertas de taberna entre los propios comentaristas.

Lo dicho. Quien quiera opinar sobre esto que acabo de escribir, que se pase por la taquilla de la identificación real- no valen nombres falsos-como corresponde a un ciudadano libre que no tiene nada que temer. Y  no me vengan con el cuento de la neodemocracia virtual que lo que está desvelando son signos de decadencia de una civilización, si las redes caen irremediablemente en manos de la turbamulta.

PD.- Aunque no tenga nada que ver o sí, suscribo el magnífico artículo de mi compañero Santos G. Monroy porque nos retrata tal cual somos. Si hubiera ganas de unificar energías y dejar envidias y egos e intereses espúreos a un lado, a lo mejor las cosas nos iban mejor. Lo del fútbol ha sido lamentable.

Nota de miciudadreal.es.- A petición del autor serán suprimidos todos lo comentarios a esta publicación firmados con seudónimo.redes

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19 COMENTARIOS

  1. No vivimos en una dictadura, nadie va a ser perseguido por manifestar una opinión. Ni en este digital, ni en ninguno. Sobre esta simple premisa no habría buenos argumentos para defender el anonimato digital.
    Pero yo es que pongo en duda el carácter bienintencionado del voyeur, profesional o no, que acecha al escribiente con nombre y apellidos. Piensa por un momento en un demandante de empleo que exprese determinadas opiniones en una red que es escrutada por empresarios que, por sí o por agente, rebusca aspectos controvertidos del perfil de ese demandante que termina por ser descartado.
    O, más simple todavía, en el terreno político, si yoi critico, como de hecho critiqué, al partido político al que pertenezco, debido a sus tics antidemocráticos, al no ser amparado por normas protectoras existentes pero que no se aplican, al final el perjudicado soy yo, y el beneficiado el pelota que no critica. Aunque pudiera tener mayor valía profesional, quedaré descartado por la secta para siempre. No seré de fiar, no seré leal.
    Me pasó en el Psoe y me pasará en Podemos, porque he de decir que coincido con buena parte del comunicado que hoy emite el ya dimitido Consejo Ciudadano Municipal. Me manifesté en este medio con un artículo como simpatizante de Podemos, y hoy no coincido con la estrategia de Podemos en Castilla-La Mancha, ni en su estrategia, ni en muchas de sus actuaciones. Lo digo y me da igual porque sigo valiendo lo mismo, me gusta la política y el servicio público, lo entiendo y sé que podría aportar bastante, pero te pregunto, Manuel, ¿si alabo doy nombre y apellidos y si critico doy un seudónimo?
    No es lo mismo criticar el fichaje de Neimar por el PSG que hablar en tu entorno familiar, y de trabajo. Sin anonimato, creo que nos perderíamos buenas aportaciones y comentarios agudos. Siempre habrá una salida de pata de banco, pero, por lo demás, creo que seguimos ganando. Yo estoy por el anonimato, la verdad con sus pros y sus contras, Más por los pros.

    • Ya he pensado en eso. Pero ¿cuánto comentarista hay con la habichuela segura que incluso así utiliza el anonimato para faltar más que para debatir? En cuando a la democracia interna de los partidos políticos en la que las redes pueden jugar un papel importante es un vaso de cristal que se rompe a la menor vibración «fuera de tono». Pero se trata de lastres de la condición humana: los críticos siempre han sido arrumbados y si alguna vez controlan el aparato apartan a su vez a los críticos. Francamente el tema es denso pero la saturación del anonimato faltón es tanta que uno se harta. Y no soy de los que más ha recibido. Angel Romera, cuyos escritos son apabullantes se ha llevado hasta en el cielo de la boca y el periodista Santos G. Monroy, lo mismo. El detalle que apunta Rivero del DNI sería la perla pero no seamos ingenuos, cualquiera puede adoptar no un seudónimo sino una identidad falsa. Pero estoy seguro, porque esto de las redes es muy joven, que llegará el momento de que se controlarán de algún modo, no para cercenar la democracia sino para identificar al que injurie, amenace o insulte y aplicarle el Código Penal, que a su vez deberá readaptarse, supongo.

  2. Somos españoles. La injuria o la calumnia nos son cotidianas.

    Cada cual es responsable de sus palabras. Y nada como el tiempo para poner a cada uno en su sitio.

    Soy Ángel Manuel Sánchez.

    Mi blog, El mundo descifrado.

    Las palabras no valen lo mismo cuando se da la cara por ellas.

    • No niego tu valentía porque te han dado también -entre comentaristas hay verdaderas grescas virtuales- aunque tu promiscuidad participativa incontenible sea una de tus «debilidades»

      • Prefiero la caballería a la artillería.

        Sí este medio me ofrece la posibilidad de escribir artículos, con gusto dejo la artillería.

        Siento no pocas veces vergüenza propia.

  3. No es sencillo debate, no. Pero hay una regla que debería aplicarse de manera implacable: todo aquel comentario vejatorio debe ir directamente a la papelera. Y repito, no es asunto fácil éste, pero a mi juicio intimidad es una cosa e identidad, otra. Yo me llamo Manuel Valero, soy escritor y periodista en activo (aunque retirado de Lanza por jubulación, soy de Puertollano. Esta es mi identidad administrativa ante el mundo. Todos lo saben, pero mi intimidad es mía, oculta, propia. Pero con todos mis respetos, soy partidario de que cuantos quieran comentar en un digital debieran hacerlo con su identidad (no su intimidad) y desde luego los faltones, desafectos y estúpidos… a Matrix.

    • En este mismo diario hay articulistas y comentaristas que me dan sopas con honda a nivel intelectual y moral, eso sí, me gusta tener comprometida mi conciencia. Y ya me canso. No me apetece debatir con un fantasma (no en el sentido peyorativo de la palabra), por lo que espero que mis compañeros si no les es mucho trabajo, no cuelguen palabras sin nombre.

  4. Ya propuse cobrar por hacer comentarios sin perjuicio de su censura.

    Algo así como el Mil Anuncios, cantidades pequeñas.

    Quizás el bolsillo haga controlar la lengua.

    Yo también me aplico el cuento.

  5. Moderación que existe porque el número de activistas profesionales del insulto ha sido acorralado ya que están muy desacreditados, y lo saben, y porque no sé esperaban recibir numerosa contestación.

    Hoy por hoy el que utiliza el anonimato para desacreditar a través del insulto al oponente sin más argumentos es simplemente un apestado y acaba renunciando a su propósito, porque tan emocional se es para una cosa como para la otra.

    El anonimato no es bueno ni malo, la finalidad con la que se utiliza lo hace intolerable o tolerable.

  6. Si queremos evitar la posverdad, conviene que cada cual dé la cara. Se debe presumir que cualquiera que miente al ofrecer su nombre sigue mintiendo después. Y si se hace por cobardía, debe saberse que los cobardes nunca han hecho falta para nada. Pero admito que quien se expresa bajo pseudónimo y lo hace correctamente y sin faltar puede tener algún motivo legítimo para esconderse. Algunos incluso demuestran un nivel tal que podrían escribir aquí perfectamente. Todo, pues, es cuestión de mero sentido común.

    Desde que pongo borrones en Ciudad Real solo he tenido que censurar a un único sinvergüenza porque me agredía personalmente; y solo un par de veces, otras veces algunos se muestran muy maleducados pero ellos mismos se calificaban con su intolerancia.

    Creo que para algunos escribir comentarios es bastante adictivo. Un tipo especial lo constituyen lo que hace tiempo llamaban hombres «de ideas fijas». Alguno incluso padece lo que los técnicos denominan un trastorno ICD-10 o «Paranoia querulans», sección F22.8, «Other persistent delusional disorders».

    • Esa paranoia querulans tiene remedio, espacio articular.

      Lo de las ideas fijas depende de la honestidad intelectual de cada cual. Si falta, se acaba en algo que podría denominarse síndrome sextario, nada que no se cure con la tolerancia a la réplica argumentada.
      Aunque hay quiénes no se reponen a la réplica.

      Los púlpitos ya le vienen grandes a cualquiera, de hecho se recela de los púlpitos, hay verdades y posverdades.

      Siempre hay quienes predican y quienes prefieren dar trigo.

      Prefiero a éstos últimos, será que estuve mucho tiempo entre religiosos, y si no me volví un anticlerical como Azaña es que supe distinguir entre los auténticos y los farsantes. Todos estamos sometidos por honestidad a ese discernimiento.

  7. También tengo que decir que es usted valiente Manuel, y puede marcar tendencia.

    Creo que cada articulista puede libremente establecer condiciones para la participación, lo cual no es censura, es que cada cual se haga responsable de lo que dice con garantías de replicar.

    Exigir unos mínimos para una cultura de opinión de máximos ilimitados, me parece serio y dados los abusos en las redes sociales, conveniente.

    En La Mancha somos gente que al final respeta la seriedad. Somos Sancho y Quijote.

    No todos los anónimos son iguales, pero si estamos en una democracia y nos la creemos, nada tenemos y/o nada ocultamos. Comprometemos en vida las palabras que pronunciamos, y si erramos, entre humanos, es lo más fácil, se rectifica que es de sabios.

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