Y no soltamos las llaves…

postales-desde-itacaQuerida amiga:

Hoy mis palabras están teñidas de una mezcla de tristeza y frustración. Porque, al final, parece que la culpa es nuestra. Por beber como una cosaca e irte de fiesta (curioso porque también ellos iban borrachos), por irte con desconocidos tú sola (curioso porque de ellos no se enjuicia que se fuesen con una chica que acaban de conocer), porque, en el momento en que te entra el miedo, te ves acorralada, te paralizas (borracha como una cuba, vuelvo a repetir), se te cuestiona que no te enfrentaste, te revolviste, arañaste, pataleaste, lloraste, imploraste a cinco tíos que te estaban «follando» (borracha como una cuba, vuelvo a repetir) y te dejaste hacer (curioso que a ellos no se les tiene en cuenta que entre cinco tíos ninguno, aunque fueran borrachos también, se diese cuenta de que la chica no respondía a ningún estímulo). Pero da igual. No dijiste no (tampoco sí) y eso es lo que ha marcado la diferencia. Da lo mismo que «en las últimas imágenes grabadas aparezca encogida, arrinconada contra la pared y gritando», es indiferente que en los hechos probados se diga que adoptaste la pasividad para evitar males mayores, porque al final eres tú la juzgada.

las llavesQue levante la mano la que se ha ido alguna vez con tíos que acaba de conocer en una noche de farra. Yo la levanto la primera. Y, entre risas y copas, muchas copas, alguno de los lumbreras dice de ir a otro sitio, pongamos de ejemplo un piso o un chalé en las afueras. Y allá que vas, con tíos que acabas de conocer con los que te estás echando unas risas. Y pasa la noche y hay música, y siguen las copas, y ves amanecer desde el borde la piscina y… ¿qué pasa después? QUE TE VAS A TU CASA A DORMIR LA MONA, con los tacones en la mano, porque son tíos normales, que han salido de fiesta también, que se lo están pasando bien con tus amigas y tú y que, si alguno ha intentado algo y se le ha dicho que NO, pues se ha largado a seguir de copas y escuchar música. Y YA. Porque eso es lo que hace la gente NORMAL.

Que levante la mano la que se ha metido en un Opel Kadett con un tío que acaba de conocer y habéis ido a un descampado y no a mirar las estrellas. Y que puedes estar como una cuba y empezar a magrearte, pero que, a lo mejor, en ese momento, yendo borracha como una cuba, no quieres ir a más. Y le dices que NO. O no lo dices, pero el tío ve que tú no haces nada porque vas con una moña que te tambaleas como un pingüino, entonces te pregunta: «¿Quieres seguir?» o «¿Estás bien?» y tú le dices que NO. ¿Y entonces qué pasa? Que el tío pone el Kadett en marcha y te lleva a tu casa, y encima se espera a que entres al portal para que no te pase nada, porque sabe que hay cafres que no son normales. ¿Por qué? Porque es un tío NORMAL, que sabe que un no es un no, que sabe que vas bebida hasta las cejas y no estás en plenas facultades, que sabe que seguir en esas circunstancias es un ABUSO. Y que obligarte a ello, aunque no te pegue ni te amenace, aunque tú no te niegues con un NO clarito ni te revuelvas en ese momento porque prefieres que pase el momento antes de enfrentarte a un tío que te saca veinte kilos de peso y está encima de ti en un espacio mínimo (seamos realistas, los Kadett no eran espaciosos, leñe), es una AGRESIÓN, aunque los jueces digan lo contrario. Pero como el del Kadett es un tío NORMAL y sabe lo que es cada cosa, te lleva a casa y chimpún. Aunque se quede con el calentón.

Que levante la mano la que algún día haya ido con cuatro amigas una noche de juerga y hayan querido montarse una orgía, ¿por qué no? ¿Pero cogemos a un chavalillo universitario, borracho como una cuba, lo llevamos a un portal entre risas y jijijis, lo desnudamos, empezamos a montarnos encima de él, le hacemos fotos y vídeos burlándonos de él y la situación, mientras tiene los ojos cerrados, no dice nada, no se mueve al ritmo de nuestras caderas, le obligamos a poner su lengua en nuestro ****, el muchacho atemorizado, encogido en un rincón y gritando porque le estamos haciendo daño? NO, ¿por qué? Si no nos ha dicho que no quiere hacerlo… Porque somos NORMALES y sabemos que estamos agrediéndolo, aunque técnicamente no sea una agresión, ya que no hay amenazas ni intimidación. ¡Vaya, aquí no veo manos levantadas! ¿Por qué será?

Que levante la mano el que quiere no tener que decir a sus hijas: «No vuelvas sola por las noches»; que levante la mano el que quiere decir a su hija que no beba alcohol por su salud, no porque, además, vayan a abusar de ella; que levante la mano el que está harto de prevenir a sus hijas por si los desconocidos, que pueden ser ladrones o psicópatas sacaórganos, además las «agredan sexualmente» y, en ese caso, el que está cansado de decir: «Evita el mal mayor», que es que te maten a golpes por defenderte; que levante la mano las que no quieren seguir agarrando llaves cuando vuelven a casa solas de noche y, además, ahora sabiendo que, si un cafre intenta agredirte sexualmente, tienes que golpearle con ellas para demostrar que te resististe; que levante la mano el que le dice a sus hijos que «un NO es un NO» y hay que respetarlo SIEMPRE; que levante la mano el que sepa que el sexo es cosa de dos, o tres, o cuatro, aquí cada uno a su gusto, pero tomando decisiones libremente, sin intimidación ni abuso, que, aunque no diga NO explícitamente pero se ve que no está en sus facultades por alcohol o por lo que sea, no te aproveches de esa situación; que levante la mano el que se muere de ganas por no tener que hacer distinción de advertencias y consejos a sus hijos dependiendo de cuál sea su sexo; que levantemos la mano los que sabemos que no hay NINGÚN motivo que justifique tales actos (vas con minifalda, por qué te metes con cinco tíos en un portal, tú te lo has buscado por ir borracha). La culpa es del que abusa o agrede. SIEMPRE.
Yo hoy levanto la mano. Y levantamos la mano los que sabemos que ella es la víctima y ellos, los verdugos. Sin más.

Querida amiga, hoy nos han vuelto a decir, con una sentencia, que no podemos soltar las llaves, que seguimos encadenadas al miedo y al temor solo por nuestra segunda equis. Sí, es triste y es frustrante.


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Beatriz Abeleira

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3 COMENTARIOS

  1. Este fallo desmonta el inmenso trabajo jurídico y político de haber conceptualizado la violencia de género como una parte importantísima de la protección de las mujeres en la democracia.
    Una vergüenza para nuestro país……

  2. La realidad es que hay gente joven y no tan joven que no está preparada para vivir en sociedad. Y es un problemón.

    Un problemón educativo. Un problemón legal y un problemón judicial. Falla el sistema, que ofrece más oportunidades para ser «manada» que para ser persona.

    Un adolescente puede no haber recibido ninguna educación sexual a los 15 años, pero seguro que se ha hartado de ver porno denigrante. Puede ser?

    Pues eso, o los padres tomamos conciencia y forzamos cambios en la educación, o esto no cambiará. Y, ojo, con los padres que hay por ahí sueltos….Las redes asustan estos días con señoros y machuelos defendiendo lo indefendible.

  3. Se escribieron artículos, se formaron debates. Salimos a la calle porque sentimos injusta la sentencia. No destrozamos mobiliario urbano. No ensuciamos las calles. Recibimos insultos y malas miradas de gente cercana. Hubo acaloradas discusiones con amigos.
    Podríamos haber reaccionado de otra manera, claro. Unirnos en bandas o patrullas callejeras e ir cercenando testículos a diestro y siniestro solo por el hecho de ser hombre e ir por un callejón oscuro solo. Podríamos haber recabado firmas para no compartir espacios públicos. O que los hombres tengan toque de queda por la noche. ¿Por qué no? A extremistas no nos gana nadie, nos dicen algunos. Podríamos haber pedido que las relaciones sexuales solo sean permitidas por nosotras, que decidamos que hay que llegar hasta donde queramos nosotras sin importar lo que el otro quiera, ni diciendo sí, ni diciendo no, ni yendo borracho ni en bermudas. Me apetece follar contigo. Pues te follo y punto.
    Pero no lo hicimos. No es eso lo que pedimos. No queremos vuestra protección. No queremos vuestra condescendencia. No queremos pedir nuestro sitio en la calle de noche a solas. No queremos vuestro miedo (sabemos lo que es, creednos, llevamos siglos con él a cuestas y no se lo desearíamos a nadie). No queremos estigmatizaros (creednos, lo llevamos cargando a nuestras espaldas desde hace siglos y tampoco se lo deseamos a nadie). Y si estáis entendiendo eso algunos, hacéoslo mirar. En serio. Porque el mensaje es claro, sin matices, sin dobleces. Y juntos. El que no lo entienda tiene un problema. El que se sienta atacado tiene un problema. El que se sienta menospreciado tiene un problema. El que se sienta identificado tiene un problema. Y si os sentís ignorados, atacados, menospreciados o identificados necesitáis ayuda. Mucha. Porque estar de ese lado es estar al lado del crimen y sois cómplices de ello al apoyarlo, justificarlo, incluso reivindicarlo. Y la justicia debe castigar a los criminales.
    Si pensáis que no fue violación y solo fue una orgía que se fue de las manos, si pensáis que acosar a la compañera de trabajo con gracietas sexuales, toquetear a alguien sin su consentimiento o mandar vídeos íntimos de la ex no es para tanto y que somos unas extremistas, estáis mal, muy mal. O bien pedís ayuda para cambiar el chip (creednos, no es tan difícil, sabemos lo que es cargar con estereotipos a lo largo de los siglos y ya veis que somos capaces de cambiarlo), o bien seguís en el lado del criminal.
    Está en vuestra mano. En vuestra cabeza. En vuestra educación. En vuestros valores. Y en nuestra sociedad.
    Nos hemos dedicado a acatar las sentencias, a entristecernos y enfadarnos por estas, a salir a la calle con nuestras voces, a escribir nuestra indignación, a recibir a diestro y siniestro por las redes, a que te pongan la sopa fría en las cenas familiares. Hemos escuchado barbaridades en los medios y de los amigos. Pero hace tiempo que contestamos y queríamos que respondierais también, junto a nosotras. No queremos vuestro silencio obligado (creednos, lo hemos sufrido durante siglos y no se lo desearíamos a nadie tampoco).
    Hoy la sentencia nos ha dicho lo que ya sabíamos la mayoría. A los que crean que es exagerada, injusta o una cacería, ya sabemos de qué lado están.
    En el mío no los quiero.

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