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Pregón de Modesto Arias para la Feria de Mayo de Puertollano

- 28 abril, 2018 – 11:222 Comentarios
Pregón de Modesto Arias para la Feria de Mayo de Puertollano.- Señora alcaldesa, señores concejales, señor diputado autonómico, resto de autoridades, paisanos y asistentes todos. Antes de nada, decir que, para un puertollanense, es un auténtico honor participar en el Pregón de una Feria que cumple 123 años y que desde su creación, en 1895, sólo ha dejado de celebrarse en dos ocasiones, concretamente en las fechas en que el país se hallaba inmerso en una cruenta guerra civil. pregon1 Cada año, la llegada y desarrollo de tales jornadas festivas eran un barómetro, un reflejo de gran parte de la realidad y de la coyuntura por la que pasaba la población y sus habitantes en esos momentos. Como sabemos, fue instituida por el alcalde Fulgencio Arias e inaugurada en la tarde del 2 de mayo de 1895, cuando, por entonces, ya se celebraban las fiestas patronales de septiembre en honor de la Virgen de Gracia. El lugar de su ubicación levantó cierta polémica, ya que los comerciantes de la céntrica plaza del Ayuntamiento querían que se organizase en dicho espacio, mientras que el mandatario municipal, una persona que aún no había cumplido treinta años, emprendedora y con percepción de futuro, insistió en que se celebrara en el Paseo San Gregorio, en esa época una zona prácticamente aislada del resto de la villa, pero a la que intuía que era conveniente potenciar con vistas a la imparable expansión que la localidad comenzaba a notar. Se editaron programas en papel de seda con el título Nueva Feria en Puertollano, y el Conde de Peñalver, alcalde de Madrid, cedió tapices y colgaduras, además de atavíos para los maceros, unos empleados municipales que, llevando una maza, iban delante de la Corporación y estaban presentes en los actos y ceremonias solemnes del evento. Tuvo un contenido más mercantil que festivo y duró dos días. En la del año siguiente, ya hubo corridas de toros, con la participación de Fernando Gómez “El Gallo”, padre del célebre Joselito. Del entorno en que ambas Ferias discurrieron, hay que indicar que, hasta llegar al último cuarto del siglo XIX, Puertollano había sido un núcleo eminentemente rural. Sin embargo, el descubrimiento de la cuenca carbonífera en 1873 marcó, en buena medida, su devenir en el futuro. Así, la cada vez más intensa explotación minera necesitó una abundante mano de obra, imposible de obtener en el estrecho marco local, afluyendo a la villa gran cantidad de obreros procedentes, en su mayor parte, de pueblos de la provincia de Ciudad Real y limítrofes, lo que motivó que la población aumentase de manera notable. De ese modo, si el año de creación de la Feria contaba con algo más de 5.000 habitantes, en 1910 había duplicado esa cifra, lo que significaba avanzar en el escalafón provincial desde el puesto vigésimo hasta el noveno. Como contrapartida, la tasa de analfabetismo alcanzó el 74 por ciento y aún no había hospital, por lo que se atendía a los heridos en dependencias de la Cruz Roja Local, fundada por Ricardo Cabañero. Ya desde esa fecha de 1910, la prensa se refería a la Feria de Mayo como “la mejor de la provincia, tanto en festejos como en el ámbito comercial”. Se celebraba entre la Fuente Agria y la ermita de la Virgen de Gracia, donde estaban instaladas más de 200 casetas, y la iluminación se distribuía en 100 arcos, con un total de 1.000 lámparas eléctricas. Al comienzo del recinto se levantaron el Pabellón del Círculo de Recreo y el del Ayuntamiento, ambos de imponente apariencia, y, en su parte final, aquellos días funcionó un cinematógrafo, es decir, una máquina capaz de filmar y proyectar imágenes en movimiento, y que originó tal novedad que los llenos se sucedieron en ese local. Para acudir a las corridas de toros, se habilitaban trenes desde Ciudad Real y, junto al coso, donde hoy se encuentra el Edificio Tauro, se celebraba la feria de ganado, La Cuerda, en la que predominaba el caballar, mular y vacuno. Con el tiempo, fueron apareciendo números de aviación; un salón con figuras de cera; el circo de los Hermanos Borza, al que se hundió un graderío en 1913, causando 20 heridos, y representaciones de muy variado género en el Teatro Cabañero, que estaba en la calle San Gregorio y lugar donde la proyección de películas de cine comenzó a tener un carácter más estable. Durante el transcurso de esa década se instaló la Sociedad Minero Metalúrgica Peñarroya y tuvo lugar la Primera Guerra Mundial. En tanto se prolongó el conflicto, la postura de neutralidad observada por España favoreció su economía, incluido el sector minero. Por ello, a poco de finalizar la contienda, Puertollano, cuyo desarrollo demográfico y urbano era incuestionable, rebasaba los 20.000 habitantes y ya ocupaba el tercer lugar de la provincia, sólo superado por Valdepeñas, que era el más poblado, y Tomelloso. Acabada la Gran Guerra, se produjo una crisis de adaptación, pues disminuyó la demanda, bajó el precio del carbón y quebraron muchas empresas. La localidad pagaba su dependencia total de las minas y que los capitales generados en los años de bonanza económica se marcharon fuera de la población y apenas tuvieron repercusión en la misma. Eso motivo que, entre 1920 y 1930, el número de vecinos que abandonó la localidad fue mayor que el crecimiento vegetativo y que los habitantes en esa última fecha descendiesen a 19.400. Mientras, la Feria de Mayo seguía su curso. Generalmente, comenzaba el día 2 por la tarde y el recinto se adornaba con farolas y guirnaldas. Durante su desarrollo había conciertos de la Banda Municipal, elevación de globos aerostáticos, carreras ciclistas, partidos de fútbol, corridas de toros, verbenas, alguna exposición de pintura, cine, con películas, en principio, mudas y, desde finales de los años veinte, ya sonoras, y, circos, nada menos que hasta cinco en alguna ocasión. De vez en cuando se producían novedades que despertaban curiosidad, como el restaurante de Cocina Francesa y Española que, en 1927, se instaló en el Pabellón del Círculo de Recreo. La Cuerda, por su parte, reunía unas 5.000 cabezas de ganado, a las que el Municipio proporcionaba pastos y abrevaderos gratuitamente, y a la que acudía una Comisión Militar que compraba potros para el Estado. Coincidiendo con la Feria de 1920, se inauguró el Gran Teatro, símbolo de los años de crecimiento que se acababan de vivir y escenario ideal para representaciones teatrales y de ámbito musical. Tres años después comenzó a funcionar el nuevo edificio del Ayuntamiento, donde en la actualidad se encuentra el Museo Municipal, y, en 1925, le fue concedido a Puertollano el título de Ciudad. En 1931 acabó el sistema político de la Restauración, vigente en España desde 1874, y se instauró la Segunda República. En Puertollano, las dificultades económicas continuaron, pues las primeras capas de carbón en algunas minas ya se habían agotado y hubo que esperar hasta la realización de nuevas prospecciones. Eso, unido a los efectos de la depresión mundial iniciada en 1929, motivó un panorama complicado que el Ayuntamiento, en la medida de sus posibilidades, intentó paliar a través de la realización de obras públicas con las que dar trabajo a los mineros que habían quedado en paro. Las Ferias fueron aprovechadas para llevar a cabo inauguraciones, como las de varias escuelas, la Biblioteca Municipal, que estaba en la Casa de Baños, y el Hospital, también Municipal, situado en el edificio de la Cruz Roja y que venía a sumarse al que la empresa Peñarroya tenía en la calle Conde Valmaseda. Al margen de lo anterior, en octubre de 1932 había echado a andar el Instituto de Bachillerato, en la calle Torrecilla. Llegada la Feria de 1936, se desarrolló sin contratiempos. Hubo dos novilladas, y en el Gran Teatro se representaron, entre otras, María de la O y Morena Clara. En medio de tales celebraciones, y aunque el ambiente se mostraba tenso y había rumores de un posible golpe de Estado, la mayoría de la población seguramente pensaba que el buen juicio y el consenso acabarían imponiéndose y poco hacía imaginar, en esos momentos, que no habría Feria de Mayo en los dos años siguientes. Por desgracia, aquel verano estalló la Guerra Civil, lo que alteró bruscamente numerosos aspectos en el país y en la ciudad, originando situaciones impensables poco tiempo atrás. Instaurado el franquismo, los años de la posguerra fueron muy duros para la mayor parte de la ciudadanía, ya que había grandes dificultades para adquirir materias básicas y fundamentales en el normal desenvolvimiento de la vida cotidiana. La actividad económica siguió relacionada con el carbón, siendo Peñarroya la Compañía más significativa. En 1942 se fundó la Empresa Nacional Calvo Sotelo, instalándose en Puertollano el año siguiente, con el fin de obtener gasolina mediante la destilación de las pizarras bituminosas existentes en la zona, ya que la política autárquica, impuesta por el régimen, obligaba a nuestro país a acudir a los recursos propios. Del 3 al 5 de mayo de 1939, pese a estar la guerra recién acabada, se organizó la feria de ganado y se instalaron un circo, varias casetas y sólo columpios y una ola para niños. En esos momentos, tal vez fuesen numerosas las familias que no tenían motivo alguno para las celebraciones, pero, pese a todo y en medio de tanta adversidad, se intentó que la vida, poco a poco, retornase a su curso habitual. En la del año siguiente, desarrollada a media luz por la falta de bombillas, se colocaron en el Paseo San Gregorio sesenta casetas de color azul, con la parte superior blanca, y se hizo publicidad, en horas de sobremesa, en Radio Ciudad Real y Radio Sevilla, ya que Puertollano no tuvo emisora propia hasta 1952, fundada por el sacerdote Pedro Muñoz Fernández. En ediciones sucesivas, hubo bailes en la Glorieta de Don Emilio Porras y en las Casetas del Círculo de Recreo y de la Peña Luis Miguel Dominguín, así como representaciones dramáticas, de comedias y revistas en el Gran Teatro y el cine Imperial, que abrió sus puertas en la calle Aduana. No faltaron carreras a pie y ciclistas, elevación de globos, tiro de pichón, partidos de fútbol y corridas de toros. Por su parte, a Puertollano y atraídos por la oferta de empleo, seguían llegando nuevos residentes, de tal modo que, a partir de 1950, se convirtió en el núcleo más habitado de la provincia, posición que ocupó hasta comienzos de los años ochenta, en que fue superado por Ciudad Real. La mayoría de la población activa tuvo que ver con las labores del carbón y de las industrias de la Empresa Calvo Sotelo, inaugurada en 1952. La puesta en marcha de dichas instalaciones supuso, en adelante, cambios considerables en el desarrollo socioeconómico. Para entonces, la ciudad era una pura contradicción, ya que se estaba convirtiendo en una factoría industrial de primer orden y de ella se afirmaba que “era orgullo de España”, pero carecía de medios urbanísticos imprescindibles como agua, alcantarillado y pavimentación, además de viviendas y colegios. El problema de la falta de aulas fue difícil de solucionar, por la incesante llegada a la localidad de niños en edad escolar. Así, en 1959, de los 10.000 alumnos que había, 6.200 aún no tenían plaza. Positivas fueron, en cambio, la apertura del Colegio Salesiano San Juan Bosco y de los nuevos edificios del Instituto Fray Andrés, de la Escuela de Maestría Industrial y, de muy diferente índole, del mercado de abastos. En cuanto al del agua, conforme avanzó la década, se le fue poniendo remedio, debido a que se había construido el pantano de Montoro, lo que permitió instalar más fuentes públicas y el comienzo, aunque de manera lenta, de las acometidas en casas particulares. En la Feria, se celebraban exposiciones de pintura y se montaban teatros ambulantes, como el Chino, el Soria y el Hispano-Argentino, que la visitaba desde 1940. La Empresa Calvo Sotelo tuvo caseta propia y a las corridas de toros acudían las primeras figuras del escalafón. Destacada fue la presencia, desde 1956 y en el Gran Teatro, de los Festivales de España, patrocinados por el Ministerio de Información y Turismo y el Ayuntamiento. Si bien representaban un hecho aislado en el campo de la cultura, pues sólo se desarrollaban durante unas jornadas de la Feria y el resto del año, salvo ocasiones puntuales, se retornaba al páramo acostumbrado, permitió contemplar espectáculos de indudable calidad artística. Fue en 1964 cuando la ciudad alcanzó la mayor cifra de habitantes de su historia, casi 58.000, de los que la mitad, aproximadamente, no habían nacido en ella. Entre los que llegaron se encontraban mis padres, procedentes de Cabezarrubias del Puerto. Tanto mi hermana María de Gracia, que es más pequeña, como yo, nacimos aquí, y, al lado de ellos, aparecen mis primeros recuerdos del mundo de fantasía que conllevaba sumergirnos en el entramado de la Feria, donde a un lado y otro eran infinitos los atractivos que se ofrecían a una mirada infantil. Aunque al iniciarse la década de los sesenta continuaba el desequilibrio entre el desarrollo de la industria y las infraestructuras, a lo largo de la misma hubo importantes mejoras y síntomas de modernidad, como la instalación de los primeros semáforos, del Servicio Urbano de Autobuses y de la central telefónica automática. De igual modo, todos los niños pudieron ser escolarizados y se creó un Juzgado de Primera Instancia. En 1966 se inauguró la refinería de petróleo, la tercera que se levantaba en España tras las de Santa Cruz de Tenerife y Escombreras. Las nuevas explotaciones dieron lugar a que en sus alrededores apareciesen una serie de empresas, como Alcudia, Calatrava, Butano y Paular y, aun con las graves dificultades que comenzaron a surgir en las minas, la renta per cápita de la localidad, en 1967, casi duplicó a la de la provincia de Ciudad Real y superó en siete puntos a la media nacional. En esa década, quiero hacer especial mención a la Feria de 1962, que comenzó con normalidad y en la que, en medio de expectación, se inauguraron unas fuentes luminosas y un reloj de flores en el Paseo San Gregorio. Sin embargo, su desarrollo final coincidió con una huelga a la que se sumaron casi 12.000 obreros de la cuenca minera y de la industria, quienes, respectivamente, permanecieron a bocamina y en las puertas de sus factorías. Empezó el 9 de mayo, fecha durante la que, de manera curiosa, en el marco de los Festivales de España, se representó Fuenteovejuna, de Lope de Vega. Así, la población siguió, de manera oficial, alguna jornada más en fiestas, mientras, de modo paralelo, se realizaba uno de los más importantes paros en la historia de Puertollano. Acabó el día 18 y, durante su transcurso, no hubo perturbaciones ni incidencias de orden público reseñables en la localidad. Por aquel entonces, La Cuerda tenía lugar en las Eras del Barranquillo, junto a la carretera de El Villar; otra caseta fue la de El Cortijo, y de la iluminación del recinto ferial se ocupaba la Empresa Calvo Sotelo, cuya simbiosis con la propia ciudad era cada vez más evidente. A partir de la última fase de los años sesenta, el número de habitantes comenzó a descender. Un tramo de la misma coincidió con mis años de Bachillerato, esa etapa en la trayectoria humana a la que tanta importancia daba una visión tan lúcida de la realidad como la del escritor y ensayista Max Aub. La Feria la vivíamos intensamente, entre otras razones, porque estaba al lado del Instituto Fray Andrés, el único que en esas fechas había en la ciudad, y los peculiares ruidos y voces que originaba formaban parte del paisaje que, tentadoramente, aquellos días nos rodeaba. Asimismo, presagiaba el final de curso y las largas vacaciones. También la llegada del buen tiempo, aunque era opinión extendida, y sigue siendo, creo que con fundamento, que, durante su transcurso aparecerían la lluvia y el frío con más frecuencia de la deseada. Pero nada de eso importaba, porque entonces éramos jóvenes, unos proyectos de hombre, la vida aún no nos exigía demasiado y se presentaba maravillosa a nuestro alrededor. La principal fuente económica sobre la que se asentó la ciudad, ante el declive definitivo de las minas de carbón, que cerraron en 1975, procedió de las entidades establecidas en el Complejo Industrial. La Empresa Calvo Sotelo, junto a otras, dio origen, desde 1974, a ENPETROL, y nuevas firmas fueron Enfersa, Encasur, Montoro y la Compañía Sevillana de Electricidad. Se inauguraron la Residencia Sanitaria Santa Bárbara, la Casa de Cultura y la Estación de Autobuses, y, en 1973, quedaron instalados todos los servicios municipales en el nuevo Ayuntamiento. Respecto a la Feria, a partir de 1970 pasó a celebrarse en la parte superior del Paseo San Gregorio. El Salón de Arte, dedicado a la pintura, concedió importantes premios y, en 1974, como signo de la evolución de los tiempos, ya no se organizó el tradicional mercado ganadero de La Cuerda, que tanto había tenido que ver en los orígenes de este acontecimiento. Tras la muerte de Franco en 1975, la llegada de un régimen democrático supuso una profunda transformación en numerosas facetas de la vida en España. En la ciudad, a lo largo de los últimos años del siglo pasado y primeros del actual, prosiguió el paulatino descenso de población. Se instalaron empresas, algunas de ellas con un recorrido más corto del deseado, y ENPETROL, que pasó a denominarse Repsol, inauguró el oleoducto entre Cartagena y Puertollano. Asimismo, llegó el Tren de Alta Velocidad; abrió la autovía a Ciudad Real y, entre otras realizaciones, se levantaron Centros de Salud, nuevos Institutos, la Escuela de Idiomas, los Conservatorios de Música y Danza y una nueva presa para garantizar el abastecimiento de agua. El tiempo había seguido pasando y llegó el que supuso para Lola, mi mujer, y para mí, la grata tarea de llevar a Fernando y Alicia, nuestros hijos, a la Feria, cuando todavía eran pequeños. Fue una apreciación novedosa y entrañable de la misma, aquella en que la felicidad se compartía a partes iguales entre los hijos que, cada una de esas jornadas, desde primera hora, no dejaban de preguntar cuánto faltaba para el esperado momento de encaminarnos al mágico escenario, y los padres que, ya dentro de él, no nos cansábamos de contemplar la dicha y fascinación que les embargaba. La vida siempre va presentando oportunidades y, mirando al futuro, ambos ya hacemos cábalas del momento en que podamos repetir idénticas sensaciones con nuestro nieto Daniel, que acaba de cumplir nueve meses. Los mencionados cambios que, en distintos aspectos, se produjeron en ese período en libertad también aparecieron en la Feria, cuyo nuevo recinto se situó, desde 1991, entre la Barriada 630 y el estadio Sánchez Menor, uno de los dos que se construyeron durante el mismo. Fue una etapa de movidas poperas, festivales de rock, flamenco y música folk, además de la intervención de conocidos artistas. A su vez, las representaciones escénicas y musicales, tras la desaparición del Gran Teatro, pasaron por la Caseta Municipal, el Cine Córdoba y el Colegio Salesiano, hasta que, en 1995, echó a andar el Auditorio Municipal, en tanto que las corridas de toros se celebraron en una plaza portátil y, posteriormente, en la inaugurada en 2008. Antes de concluir, no quiero dejar pasar este momento sin hacer una petición de ánimo para afrontar el tiempo que ha de venir con optimismo y esperanza. A lo largo de su historia, Puertollano ha debido hacer frente a situaciones enormemente complicadas y, de una manera u otra, siempre logró salir adelante. La ciudad dispone de un potencial en infraestructuras y medios técnicos y materiales mayor del que quizá nosotros mismos hayamos llegado a pensar. Tengamos siempre en cuenta ese bagaje, pues con él, unido a la capacidad de fe, compromiso y tenacidad que nunca ha faltado a sus ciudadanos, aprovecharemos cada ocasión propicia que se presente en pos del objetivo común que supone la mejora de nuestro pueblo. Y nada más. Sólo me queda dar las gracias por la invitación a participar en este acto y desear prosperidad y una feliz Feria de Mayo a todos. Muchas gracias.
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