Inicio » Relatos

La mujer del Valle (III)

- 28 junio, 2018 – 08:00Un comentario
Allí estaba el cuerpo de la chica. Ya estaba el informe del hallazgo y del resultado del análisis de la zona. Y no había nada. La muchacha fue enterrada apresuradamente, de noche y su enterrador o enterradores se valieron de una pala pequeña de campaña por las huellas de las paletadas. relatovalero

La mujer del Valle

Manuel Valero

Capítulo 3

Apenas cavaron el hueco suficiente colocaron el cuerpo. Una pierna se descolocó de su natural posición pero no se detuvieron a disponer el cadáver en el decúbito perpetuo de los muertos, echaron unas paletadas de tierra y se fueron. Ni rastro de cigarrillos, ni de huellas de zapatos que borraron con la pala. No había rodadas tampoco, así que llegaron hasta allí a pie con el cadáver desde la carretera comarcal que distaba del lugar apenas quinientos metros e hicieron el trabajo. La chica no llevaba bolso. Era raro que no usara ese complemento tan femenino. Se lo llevaron. La chica debía de tener algo interesante en el bolso, así que se lo llevaron, no se entretuvieron en hurgar, los bolsos de las mujeres son el caos primordial. ¿Caos primordial? Por Dios, dice usted unas cosas sorprendentes. Un revoltijo, un montón sin orden… No es lo mismo el desorden que el caos, muchacho. ¿De qué estamos hablando? Se llevaron el bolso, sí, eso es verosímil y luego lejos de allí buscarían lo que fuese con tranquilidad. Y bien, supongamos que haya ocurrido de ese modo… ¿de qué nos sirve? No tenemos bolso, por lo tanto, no sabemos si realmente existe ese bolso porque desconocemos si esa desgraciada llevaba bolso o no llevaba bolso. Lo que tenemos es su hermoso cadáver… y eso, señaló el joven agente. Era una letra griega y un número. La letra pi y el número 3. Llevaba esos signos tatuados por casi todo el cuerpo: la espalda, las nalgas, el vientre, los glúteos. Le habían perdonados sus partes de mujer.  Esa divisa impresa a hierro era lo más desconcertante. El policía se rascaba la cabeza. Qué lleva a un ser humano a matar a otro, a quitarle la vida, a rebanarle de un tajo la experiencia de su existencia consciente. A marcarle el cuerpo como hicieron con esa pobre desgraciada.  De siempre lo ha hecho, no ha parado ni un momento, como la tierra que anda girando desde que dio la primera vuelta. El crimen es tan viejo como el hombre. La Biblia es muy ilustrativa. La Biblia es un cuento chino, bueno, dejémoslo en judío para ser más exactos. No, muchacho, la Biblia es el libro de los libros, el más conocido, el más leído, el más impreso, de autores por cientos sin que sepa nombre de ellos, es una gigantesca fábula, una reflexión sobre la sima de la condición humana y la necesidad imperiosa que tiene el hombre inteligente de descifrar la gran verdad, la incógnita de todas ellas. Usted sí que es una incógnita. Joven, ya me estás cargando con tu perplejidad. ¿Nunca has visto a un hombre de noventa y cuatro años? Como usted, no. Pues  qué, no soy tan raro. Estudié, estudié mucho cuando dejé la mina, no, un poco antes, hice el bachillerato nocturno y luego me licencié en Filosofía e Historia por la Universidad a Distancia. Y leí, leí más que estudié, me apliqué en la lectura por placer y por ahondar en el conocimiento más que en la lectura de los temas obligados de los exámenes. Bien, me licencié, ya se lo he dicho. Y el alcalde me dio una medalla, y la Universidad… Decían que por el ejemplo que suponía mi persona, que no es habitual que una persona de sesenta años empiece los estudios cuando lo que debería hacer es engancharse en una de esas excursiones de viejo que organizan los servicios sociales y no parar hasta dar la vuelta a España. Bobadas. Si me apetecía viajar cogía el coche y le decía a Mercedes que pusiera el dedo en el mapa y donde cayera, allí que íbamos. Tú también tienes estudios y deberías mostrar un poco más de respeto por la Biblia. Que yo sepa no le he faltado el respeto. Has hablado de ella con displicencia, como si se tratara de un libro menor o una novela barata. La Biblia es asombrosa, todo el conocimiento está en ella, no hablo del conocimiento de la ciencia, las matemáticas, la física, no, hablo del conocimiento del alma humana. ¿No te parece extraordinario que inmediatamente después de que aparezca el amor aparezca el odio, la envidia y la muerte? A poco de estar el hombre sobre la tierra y ya hizo dos cosas terribles: desobedecer a Dios y matar a su hermano. Allí estaba la chica ajena a la conversación, como una estatua, indiferente, fría, con la quietud de la muerte. En la sala había una luz fría, una de las barras palpitaba con destellos intermitentes. Hasta el día de hoy. El hombre no ha parado de matar y matarse, en fin. Oiga, ¿le gustaría acompañarme a la mesa esta noche?. He llegado de la ciudad y estoy solo. Será un honor compartir mantel con todo un ciudadano ilustre. Bien, si ese es su gusto, le advierto que tengo buen saque. Y como de todo, lo mismo berzas que un cordero, lo mismo me da que me da lo mismo. No me imaginaba otra cosa, se lo aseguro. Bien, ¿ya me puedo ir? Sí, ya no le molestaremos más. Le acompaño a cenar con una condición, una sola. Dígame. Me gustaría ayudarles a resolver este caso porque no quiero que pase lo que con la pobre Charito, la hija de la patera. ¿Qué ocurrió? La mataron y nunca más se supo. Su madre se fue al otro mundo sin saber quién demonios lo hizo y por qué. Hace mucho tiempo de eso, tal vez demasiado, pero no me quito de la cabeza a la madre de la chica, de la pobre madre no quedó más que un suspiro y se fue consumiendo poco a poco hasta que se murió de pena. ¿La gente se muere de pena?
Etiquetas:

Un comentario »

¡Deja un comentario!

Añade tu comentario debajo, o trackback desde tu propio sitio. También puedes Comments Feed vía RSS.

Por favor, debate respetando a los demás.

Puedes usar estas etiquetas:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

This is a Gravatar-enabled weblog. To get your own globally-recognized-avatar, please register at Gravatar.