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Migrantes

- 1 julio, 2018 – 11:274 Comentarios
ReymondeSi hace varias décadas, volar en avión era una circunstancia al alcance de muy poca gente, hoy en día, volar resulta bastante asequible para amplios sectores de la población. Es sintomático: la posibilidad de desplazarse a cualquier lugar del mundo, por cualquier vía, es aceptado como algo absolutamente normal. De hecho, las ciudades y lugares más emblemáticos del mundo sufren las consecuencias de las aglomeraciones de visitantes y turistas como nunca antes sucedió. El turismo llega a convertirse en un problema serio para los habitantes de muchas de estas ciudades; pero el problema se silencia, porque el turismo está bien considerado: el consumo que ejercen los turistas se contempla como fuente de riqueza, una extraña forma de economía productiva en el sector servicios. Es un prejuicio común que un guiri “normal” procedente de Europa haya de tener dinero y un comportamiento educado. Así que no nos parece mal que uno de estos europeos amplíe su estancia en nuestro país cuanto sea necesario, sin reparar en el balance entre lo que gaste y lo que nos cueste su estancia. En las provincias de Alicante o Málaga, o en nuestros archipiélagos, hay pueblos que están completamente colonizados por ingleses, rusos o alemanes, jubilados que han escogido nuestro país para vivir. Aunque también hay otros pueblos, como Crevillent, colonizados completamente por magrebíes. Estos magrebíes están plenamente integrados en la vida social y económica del país (también pagan sus impuestos). Los bazares regentados por chinos se extienden por toda España. Cuando cierra un negocio, no es extraño ver que se instala en ese local un comercio chino. No sé cómo lo hacen, pero son fiables para los que les rentan los locales – tengo entendido que si no piden crédito a los bancos, es porque ellos se desenvuelven en un sistema colaborativo entre ellos. Los negros son otra cosa. Si el negro es norteamericano, la complicidad con el prójimo es inmediata. Si no, … salvo que sean futbolistas, creo que en general no son bien vistos. Así pues, en primera instancia, el rechazo del extraño, del extranjero, tiene mucho que ver con la forma en que comúnmente reaccionamos rechazando al que se sabe o se prejuzga que es pobre. Curioso, que al hablar de inmigrantes en términos negativos, solo nos acordemos de los inmigrantes pobres. Otro factor, evidente, es el de la identidad cultural. Pasear por algunos barrios de pueblos y ciudades españoles donde la población autóctona se ha ido sustituyendo mayoritariamente por población foránea, produce una sensación incómoda. Calles con bares con cartelería exclusiva en inglés, o con comercios regentados casi en su totalidad por extranjeros (sudamericanos, chinos, magrebíes, ...). Aún así, no es algo extendido, sino muy localizado: los inmigrantes tienden a agruparse en determinadas zonas de las ciudades por la misma razón, porque uno se integra mejor en un ambiente en el que se identifica con lo que le rodea. Para un habitante autóctono, la reacción inmediata de sentirse extraño en su propia tierra,es lamentar la transformación de la identidad del lugar hasta la pérdida – casi la amputación – de la identidad cultural propia de antaño en aquel lugar. Pero esto no debería ser a priori mejor ni peor, salvo que estos inmigrantes hagan difícil la convivencia: y esto no es un problema de raza, sino de una particular forma de manifestarse en ciertos sectores de clase económicamente baja. El desarrollo de la tecnología y del transporte ha convertido al mundo en un lugar muy pequeño para recorrer lo por cualquier vía. Repito: la posibilidad de desplazarse a cualquier lugar del mundo es aceptado como algo absolutamente normal.Se dice que los inmigrantes ilegales procedentes de África y Asia, que se tropiezan con nuestras fronteras, por tierra y por mar, han tenido que pelear con toda clase de adversidades: la fatiga, el clima, las mafias, las policías de los gobiernos vecinos (como Marruecos, Libia o Turquía) ... Se dice que son refugiados, que huyen de las guerras. No sé qué guerras, se ve que éstas ya no interesan a los ciudadanos europeos, que ya no envían corresponsales de guerra ¿Ha de ser de menor relevancia que huyan de la explotación y la pobreza a las que les someten las transnacionales con sede en los países del primer mundo?En África se recogen frutas, que se lavan, se cortan y se empaquetan en el día para distribuir por supermercados europeos. El coltán que se recoge en África sirve para cargar las baterías de nuestros teléfonos móviles. A cambio, nosotros les llevamos toda la chatarra tecnológica posible. Si la brecha entre ricos y pobres en nuestro país se ha agrandado de manera espectacular en los últimos años, la brecha entre países ricos y pobres es insoportable. La carta de presentación de estos inmigrantes en Europa es la peor: su raza les delata. Si el prejuicio generalizado sobre un guiri europeo es que es un consumidor que aporta divisas, el prejuicio generalizado sobre un negro es que es un inmigrante ilegal, que en vez de beneficio conlleva gasto: para algunos, éstos no merecerían ni atención sanitaria. Se les presupone incapacidad para hacer trabajos especializados, del mismo modo que la capacidad de aceptar la explotación económica, o que su desesperación o sus carencias les conducirán inevitablemente a la delincuencia. Es absurdo, ni la delincuencia ni el “yihadismo” dependen de que haya más o menos inmigrantes procedentes de Africa o Siria. En pocas palabras: en mi opinión, la aceptación social de los inmigrantes, depende básicamente de la cantidad de extranjeros que podamos admitir sin que se desfigure el paisaje autóctono y de lo que éstos aporten a nuestra economía. Desconozco muchas de las cosas que ocurren con los inmigrantes; por ejemplo, la cantidad de extranjeros que han llegado a nuestro país desde hace más de veinte años, adónde llevan a los ilegales cuando llegan y cuánto tiempo permanecen allí, en qué términos se les acepta o son repatriados, etc. Pero no me parece que hayan supuesto nunca un problema grave para la convivencia ni para nuestra identidad nacional, ni siquiera cuando llegaron para ser mano de obra barata en tiempos de la burbuja inmobiliaria (muchos de los cuales regresaron a sus países cuando ésta se desinfló). No creo que el país se desdibuje por muchos que lleguemos a acoger e integrar. No creo que nos vayan a quitar los puestos de trabajo: nuestros problemas económicos dependen de la falta de modelo productivo y de la insolidaria redistribución de la riqueza. Si esto último se resolviera satisfactoriamente, creo que los inmigrantes no serían vistos como una amenaza. O dicho de otro modo: la cantidad de españoles (muchos de ellos altamente cualificados) que han tenido que salir al extranjero a ganarse la vida – dado que en su propio país no tenían las oportunidades que han encontrado fuera de él – es una auténtica vergüenza ¿Cómo nos gustaría que nos tratasen, como gente indeseable que quita puestos de trabajo a los nacionales de aquellos países? Aunque sea por humanidad, apliquemos sobre los que llegan la misma dignidad que creemos merecer nosotros. Pares y nones Antonio Fernández Reymonde

4 Comentarios »

  • Ángel Manuel dice:

    Los españoles que emigraban a otros países hasta no hace mucho (en Alemania se les llamaba trabajadores huéspedes) no pretendían vivir de su Estado social.

    Hoy lo primero que hacen es inundar los servicios sociales en la búsqueda de ayudas.

    Así que si no existen fronteras para qué va haber países. Para qué Schengen, para qué la seguridad, para qué sostener con impuestos y cotizaciones el Estado social…

    Si al fin y al cabo… cualquiera puede acceder de afuera para beneficiarse de nuestro delicado sistema sanitario y social.

    Estas NO ERAN LAS CONDICIONES DE LA EMIGRACIÓN ESPAÑOLA.

    O APORTABAN CON UN CONTRATO EN ORIGEN O SE BUSCABAN LA VIDA EN ESTADOS QUE NO TENIAN SISTEMAS DE AYUDAS SANITARIAS O SOCIALES.

    Así que don Antonio, NO sea demagogo.

    Las graves consecuencias de que aquí ya entre todo el mundo, ya lo último lo que nos mande Merkel (miedo da), exige un análisis RACIONAL.

    Siempre habrá ricos y pobres, los españoles eran pobres cuando emigraban sin esperar nada de nadie o muy poco de otros. Se respetaban las fronteras y el setido común.

    Hoy rige la moral del pensamiento Alicia en nuestro gobierno. Y eso no conecta ni con la mayoría de los españoles ni con la REALIDAD.

  • Charles dice:

    Un esclarecedor artículo sobre algunos mitos y leyendas sobre la inmigración y que apunta hacia las claves de la inmigración: la falta de modelo productivo y la insolidaria redistribución de la riqueza.
    Creo que la solución debería centrarse en estimular el desarrollo en los países de origen de los migrantes. Y, para Europa, la atención debería fijarse en África.
    Tal vez así se podría crear un círculo vicioso de paz y prosperidad….

    • Ángel Manuel dice:

      Pues entonces hay que estar preparados para que los países africanos instauren democracias. Estabilidad política para que la haya económica.

      Habría que mandar al ejército. Y claro eso…es demasiado REALISTA para la izquierda.

      Es todo esto de un posmoderno.

  • Hobbes dice:

    Está muy claro, Antonio. Aunque suene feo decirlo, la sociedad europea necesita mano de obra. Europa se muere de vieja y las nuevas generaciones no se reproducen. Blanco y en botella.

    Otro tema es arreglar África, y en eso ni Europa ni EEUU van a colaborar, y menos China, a la que le viene muy bien tener dictadorzuelos a los que comprarle petróleo.

    Más claro agua. Puedo copiar y pegar artículos de economistas de todo el mundo, pero no merece la pena, cuando lo que tienes delante es un frontón fascista que no es más necio porque no se entrena. Y de eso cada vez tenemos más en Europa.

    EEUU va a tener este grano en el culo de Trump hasta las próximas elecciones, incluso puede que gane, pero no nos equivoquemos, EEUU vive de la mano de obra barata y no cualificada de toda América Latina. Podrán hacer 20 muros, pero seguirán necesitando de ellos para poder llevar su nivel de vida.

    El problema es siempre el mismo, el color de la piel. A los xenófobos y fascistas solo les molesta eso. No hay otras razones para odiar a un semejante (Bueno, en su día la religión, pero creo que eso ya está superado por los que no están regular de la cabeza).

    Va siendo hora de que en las escuelas se refuercen valores cívicos que nos enseñen que lo importante es potenciar la valía de las personas, formarlas y que sepan desenvolverse en una sociedad que lo que demanda de ellas es esfuerzo y saber convivir. No formar acomodados y necios funcionarios que inflaman las redes en horario de trabajo.

    Bienvenidos todos y todas l@s refugiad@s que quieren labrarse un futuro en Europa y, si se nos cuela gente que no merece la pena, pues es lo que hay. La sociedad tiene sus mecanismos de respuesta en la ley.

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