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Conversación incorrecta

- 27 agosto, 2018 – 09:4815 Comentarios
MarcelinoCamila fue una maravillosa profesora. La conocí en Buenos Aires. No es la primera vez que hablo de ella. Lo hice en otros artículos; un par, creo. Murió de un ataque al corazón a raíz de sufrir un secuestro exprés, cuando el corralito efectuado en Argentina sobre las cuentas bancarias desató prácticas de supervivencia a veces límite, y los secuestros a gente normal se hicieron presentes; en ocasiones para obtener rescates ridículos. Repasando apuntes de entonces, encontré varios sobre las conversaciones con aquella inolvidable mujer. -¿Tolerancia o respeto? –le pregunté. -No veo la antinomia. Pero si he de elegir lo hago sin duda por el respeto. Éste existe como consecuencia de unos actos previos que van construyendo una dignidad personal. En la vida real, el respeto hay que ganárselo. En cambio la tolerancia se ha convertido en una exigencia ideológica, y esto es pernicioso en extremo. Se habla de que hay que ser tolerante; ¿por qué hay que serlo? Si el respeto hay que ganárselo, ¿por qué debemos ser tolerantes con quién no se lo merece? -A ver, Camila. Nadie puede obligarte a tolerar lo intolerable. -Abiertamente, no; subliminalmente, sí. Te diré algo. Cuando el liberalismo masónico se hizo con el poder, no creo que ni en pintura hubieran imaginado que sus 11 principios ideológicos serían los que regirían nuestras vidas a fecha de hoy. Su tercer principio es el de la tolerancia. Cualquiera de los iniciados te explicará que la pretensión de este principio es evitar todo tipo de dogmatismo. No ha sido nunca así. En la práctica implica que si alguien dijera que la tierra es un corazón rosa palpitante debería ser escuchado con la atención –tolerancia- debida. De la misma forma que si un niño dice sentirse un gato atrapado en un cuerpo humano, en vez de mandarlo al psicólogo, el Estado convertirá su sentimiento extravagante en un nuevo derecho; lo contrario sería atentar contra el principio de tolerancia y contra el cuarto principio masónico: el de la autonomía de la razón. Como es imposible razonar sin conocimiento sobre aquello sobre lo que se razona, una manera de orientar la razón es corrompiendo el conocimiento. El colegio es el lugar ideal ¿No te suena ese latiguillo de que todas las opiniones son igual de respetables? Ya sabes su origen. Por supuesto, con estos planteamientos la confusión y el caos mental están servidos ¿A quiénes beneficiará este caos, querido? -Según esto, ¿cuál es para ti el mayor enemigo de la razón? –pregunté a mi amiga, sin recuperarme aún de su respuesta reciente. -Alguien podría pensar que lo es la irracionalidad, pero no. La irracionalidad es consecuencia de la ignorancia. Recuerda que la recta razón es imposible sin el conocimiento de aquello sobre lo que se pretende razonar. Por eso el pensamiento irracional surge de la ignorancia. El enemigo de la razón es el sofisma. Detrás de cada sofisma hay un fuerte proceso racional; me explico: Un sofista convence con argumentos falsos. El peligro reside en que la habilidad con la cual los construye lleva a la gente a la confusión y a conclusiones puramente ideológicas, presentadas como científicas cuando no lo son. Esta ignorancia, que los sofistas llamarán conocimiento, será el germen del pensamiento irracional, por tanto inhumano, pues una persona con su razón enferma acabará abandonando su condición humana. Además, al utilizar los sofistas la mentira argumental lograrán que la gente adquiera una percepción corrompida de la realidad de las cosas; y, lo que es peor, conseguirán la involución de ese elemento indescriptible y maravilloso llamado conciencia. Ella no es inmutable. No hace falta más que repasar la evolución de la literatura para observar que los personajes de la Odisea tienen una conciencia de las cosas y de sí mismos muy distinta a los correspondientes de la Divina Comedia de Dante o de El Quijote cervantino, por poner tres ejemplos indiscutibles de la literatura universal. -¿Quieres decir que el ser humano puede retroceder? -Retroceder no; peor aún: involucionar. Y no es lo mismo. Lo que retrocede lo hace sin cambiar sus propiedades, mantiene su naturaleza intacta. La involución significa dos cosas: retroceso y alteración de los atributos de lo que retrocede, es decir,  el deterioro de su naturaleza. -¿Hay algún sofisma que te llame especialmente la atención? -Sí, uno muy utilizado en los medios de comunicación, precisamente los mayores generadores de sofismas. -Dime –le dije un poco precipitado. -En cualquier tertulia, cuando alguien pone énfasis en su intervención, los participantes se lanzan sobre él argumentando que su manera subida de tono le hace perder toda la razón que pudiera asistirle, como si la verdad o la mentira fuera cuestión de decibelios. En realidad, este bochornoso argumento falso –sofisma- lo que parece buscar es amansar, cuando no, domesticar a la gente. -Tienes que explicarme bien los once principios de la masonería –le inquirí. -¡Uf! ¿No te parece que pides demasiado? –respondió y se marchó como una centella; ella era así, encantadora y llena de arrebatos. Sin tapujos Marcelino Lastra Muñiz  

15 Comentarios »

  • Ángel Manuel dice:

    Apuntas Marcelino a un tema trascendental que creo es, la reducción del ser humano de hoy a mero estado emocional.

    Aristóteles ha sido para mí la más influyente figura filosófica de la Historia, y no porque elaborara grandes teorías o explicaciones, sino porque nos enseñó a saber pensar para distinguir lo verdadero de lo falso. Se llama LÓGICA.

    Gustavo Bueno incidía mucho en ello. Se necesita categorizar un fenómeno para primero distinguir la realidad de la fantasía.

    Y ahí está la chicha, que con este ser humano posmoderno que se autodefine en un estado de ánimo constantemente (somos lo que sentimos en vez de ser lo que razonamos), hay CAOS con tanta gente que tiene multitud de grillos en la cabeza o fantasías que adoptan la forma de sofismas o idiotez (pensamiento líquido lo llama Bauman)y que labran la mayor enfermendad mental y la epidemia de hoy, la DEPRESIÓN.

    No aceptar las cosas ocmo son. Construirnos una imagen falsa de la realidad y de nosotros mismos. Pretender forzar la realidad para adaptarla a nosotros (ideología) sólo tiene un dramático final: fracaso, frustración, desengaño y depresión.

    Evidentemente NO SE PUEDE SER TOLERANTE CON LOS INTOLERANTES.

    Esta cultura en constante sobredosis emocional, olvida las lecciones de la Historia, las reglas elementales de la lógica y el conocimiento adquirido por la observación y la experiencia.

    Es constantemente RESETEADA por sobredosis emocional.

    Y yo también creo como tú, que este es uno de los objetivos de la ingeniería social que aplican con nosotros.

    Un ser humano reducido a estado de ánimo, es eficazmente manipulable.

    Aunque yo veo un problema, los estados de ánimo son volátiles, y cuando puede quererse conducirlos a una dirección, pueden volverse en dirección contraria.

    Eso explica muchas cosas hoy día.

  • pasmao dice:

    Buenos días Don Marcelino

    Por estar desde hace poco en este foro, aunque algunos piensen otra cosa, no conocía acerca de esa perspicaz (y sobre todo buena persona) profesora argentina.

    Yo añadiría un pequeño detalle.

    Los sofismas «funcionan» por que el convencido cree que le convienen, aunque no le convenieran si se hiciera un análisis amplio o en el largo plazo.

    Hay un fondo muy egoista, que el sofista conoce y manipula de manera magistral, para con el que se tiene que convencer, de qe aunque aquello le suene raro mejor no meterse en honduras, por que al fin y a la postre es algo que le viene bien, así que mejor no meneallo.

    El sofisma por ejemplo es lo que funciona en los timos clásicos, el tocomocho y similares.

    Hay que tener en cuenta que el «beneficio» del convencido por el sofista no siempre es de naturaleza económica, puede ser de simple ego..

    La razón, la verdadera, es ajena al egoismo. Es neutral.

    Un muy cordial saludo

    • Ángel Manuel dice:

      No hay que olvidar que fueron los sofistas los que eliminaron a Sócrates.

      Y por la razón que apuntas, el sofista se mueve y argumenta a conveniencia porque es un profundo egoísta sin mayor afán que el de sacar provecho de cada situación. Sócrates era lo contrario a eso, buscaba desinteresadamente la verdad y no era relativista en las cuestiones morales, buscaba principios universales. Le acusaron de corromper a la juventud, es decir, de cultivar ese espíritu crítico que detecta la falsedad del sofista porque enseñaba a pensar (no a pensar como él).

      Y es sorprendente cómo este enfrentamiento sigue siendo tan actual.

      Ejemplo, Cataluña.

      Del sofisma «me siento catalán y no español» se ha generado una realidad virtual de República catalana basado en un derecho de autodeterminación (el sofisma) previsto para ex colonias (los nativos de las colonias no participaban de la ciudadanía de la metrópoli), cuando sería exacto y realista decir «me siento catalán y no español aunque sea español como dice mi pasaporte».

      Creo que Sócrates y Aristóteles sólo podrían atribuir la racionalidad a algo como: Es indiferente cómo se sienta porque la identidad se construye con un hecho objetivo: soy español (aunque no me sienta español). Y puedo sentirme cómo me de la gana porque soy libre en mi conciencia, pero no fundo ninguna realidad, que sólo puede ser fantasiosa.

      Lo peligroso de esta fantasia es que trataré de amoldar la realidad a mi sentimiento, y con ello forzaré la realidad tratando de imponerlo en el espacio público y a las personas que discrepen de él por una razón material (y esa no es un sofisma), tengo el apoyo institucional para ello, porque ellas participan de mi mismo sentimiento pese a que su razón de ser es el respeto a las leyes, que cambian pero por procedimientos racionales y no a golpe de estado emocional.

      Yo podría sentirme Registrador de la Propiedad, pero no lo soy (Gustavo Bueno).

      Interesantísimo este enfrentamiento constante en la Historia de la humanidad y tan vigente ahora.

      • pasmao dice:

        Exacto el razonamiento

        «Del sofisma “me siento catalán y no español” se ha generado una realidad virtual de República catalana basado en un derecho de autodeterminación (el sofisma) previsto para ex colonias (los nativos de las colonias no participaban de la ciudadanía de la metrópoli), cuando sería exacto y realista decir “me siento catalán y no español aunque sea español como dice mi pasaporte”.»

        Pero con el añadido del «me siento ctalán por que en el fondo creo que eso me beneficia» o «no me creo español porque en el fondo pienso que eso me prejudica»

        Es convenente insitir en ese sentimiento egoista cortoplacista.

        El de pensar que aunque haya algo que no me acabe de encajar en el «razonamiento» (siempre hay una luz roja que nos dice que cuidado, que ahí hay algo que no encaja) mejor lo obviamos, porque si al fin y a la postre me pone en una situación de poder que me permite abusar de él, pues no nos vamos a andar con remilgos.

        El clásico caso del «timado» en los tocomochos y similares.

        Lo que pasa es que los timados, en algunos casos, hacen de la «necedad» y «egoismo» ¿virtud? y se asocian para echar la culpa a un tercero de lo que ha sido algo de su exclusiva responsabilidad, entonces, por ejemplo, nacen los nazionalismos.

        Los «sofistas», los vende motos, sólo funcionan cuando sus «razonamientos» apelan a algo oscuro, si no sería imposible que funcionaran.

        En el caso de la masonaería un clásico era el poder ascender dentro de la escala esa, el clásico timo piramidal, piramidal por partida doble, por lomasón y por la clse de timo.

        un cordial saludo

  • Censor dice:

    Pues a mí me parece que imponer la tolerancia es pura intolerancia; que detrás de los sofistas de los que habla don Marcelino hay violencia. Porque oponerte a sus premisas te margina, negarte a asumirlas te aboca a la imposición y la negativa a su imposición termina siempre en violencia.

  • Charles dice:

    Bueno, la tolerancia es sinónimo de respeto, aceptación y aprecio de la rica diversidad de las culturas de nuestro mundo.
    En todo caso, el énfasis del pluralismo en el diálogo no deja de ser socrático.
    ¿O qué otra cosa realizó el filósofo ágrafo que enseñar a la humanidad el poder del diálogo en la solución de los conflictos?
    Ya el Sr. Rajoy ejercía de sofista cuando trasladaba a la opinión pública la idea de que solo su partido estaba en condiciones de gobernar.
    A pesar de que hay otr@s, como por ejemplo el Sr. Rivera, que ejercen la tautología…..

    • Ángel Manuel dice:

      Otros como Pedro Sánchez juega a los privilegios asociados al cargo…con gafas de sol, avión presidencial para asistir a sus conciertos, como agencia de colocación de amigos, y como niña del exorcista ante los medios de comunicación nacionales respecto de los que huye como un vampiro de una ristra de ajos, no sea que le echen en cara sus kilométricas contradicciones.

      A Pedrito Sánchez le gusta el cargo. Y no hay más.

    • Censor dice:

      Eso del «pluralismo en el diálogo» me ha llegado hondo. El diálogo singular sería confrontar pareceres con uno mismo. No sé.

      • Charles dice:

        El pluralismo auténtico se traduce en diálogo. Cuando existe diversidad social, pero no hay diálogo, propiamente no deberíamos hablar de pluralismo sino de autoritarismo.
        Es el falso pluralismo de la derecha……

        • Ángel Manuel dice:

          Es el sofismo de la izquierda.

          Aparentar ceder o resistir a conveniencia que es lo mismo que a golpe de encuesta.

          Hasta que los vientos sean favorables.

          Aquí sólo se juega el poder. No hay bien común en ello, sino propio.

        • Censor dice:

          Me parece que se está liando usted un poquillo, Charles. Si existe diversidad social y pluralidad, es porque hay diálogo. El autoritarismo es la negación del diálogo y, por lo tanto, de la diversidad; y diversidad es sinónimo de pluralidad. Tomemos el caso de Cataluña. Allí había pluralidad y diversidad social. Llegó el autoritarismo pujolista, acabó con el diálogo –imposición de sus tesis–, se cargó el pluralismo –todos deben ser nacionalistas– y se cargó la diversidad –sólo catalanes–.

  • Cristalino dice:

    El mensaje de fondo que trata de transmitirnos Marcelino es de una seriedad más importante de lo que pareciera a primera vista. Nos está dando las claves infalibles para conocer la matriz mental en la que vivimos amigos,y también quien la maneja a su antojo, ojo ∆. Que se nos impone una percepción de la realidad falsa , no puede ser eso más grave, se nos está haciendo creer que algo es lo que en realidad no, y por tanto es como una alucinación, un hechizo. Por eso pienso que este sistema tiene todas las características de una secta mundial (salvo honorables excepciónes geográficas que conservan el juicio).Lo peor es que se nos deshabilita y destroza la capacidad y habilidad para llegar al conocimiento y la verdad. Pero claro ¿Que es lo que sucede? Que no hay más remedio que sea así si se tiene en consideración que el objetivo de los que controlan la matriz es dirigir como si de una granja se tratara a los seres humanos y subordinarlos por lo cual a su propia voluntad piramidalmente asegurada, y para someter la voluntad ajena a la tuya es condición requerida la de torpedear y reducir al mínimo el atributo de comprender fidedignamente las cosas, dicho de otra manera el tuerto entre los ciegos es el rey y por ello se esmeran con sumo cuidado y detenimiento en cegar al resto.
    Es hablar de la agenda de la deshumanización que implica la incapacitación relativa, la construcción de la civilización de los seres nada.

    Han puesto patas arriba la lógica y el atino intelectivo de las clases inferiores, porque la opinión y pensamiento de la «masa sucia» no importa mucho si es incoherente, burda, alejada de lo cierto y sin claridad, a estas solo se les es permitido el sensacionalismo.

    Los amos del mundo quieren a toda costa monopolizar la energía metafísica masculina(la que da determinación y actitud activa, el mando) y que los de abajo solo puedan portar la energía femenina (para que tengan actitud de indiferencia y sometimiento a cualquier imposición externa, pasividad y ambigüedad, y que todo sea aceptado y creído sin dudarlo )

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