Descodificar las fiestas de Puertollano para respetarnos a nosotros mismos

asangrefria

Santos G. Monroy.- Qué raro todo. Conoces personalmente a la gente y ves que piensa y le funciona la cabeza, pero es juntarla para hacer algo y entonces es el despiporre. Algo así pasa desde hace años entre hosteleros locales, ciertas asociaciones y equipo de Gobierno a la hora de organizar las fiestas de septiembre de Puertollano, lo que me hace sospechar que aquí o no hay comunicación o se nos lleva la trampa o, sencillamente, nos estamos volviendo muy melones.

Es obvio que el Ayuntamiento de Puertollano tiene la responsabilidad de establecer el clima para la celebración de unas fiestas patronales dignas y que el programa de fiestas de 2018, sin un solo reclamo que vender al resto de la provincia, es el reconocimiento implícito o bien de una incapacidad para la imaginación o bien de una economía de guerra heredada de las desastrosas legislaturas del boom del ladrillo.

Con todo, lo importante en esta «feria chica» sería disfrutar en buena paz y compaña, aun desde la sencillez y la austeridad, por lo que lo realmente preocupante es la ausencia de un espíritu colectivo y de una cohesión social que proyecte la imagen de vitalidad de un pueblo.

Las fiestas, no lo olvidemos, pueden estar apoyadas por las administraciones, pero quien les da vida es el pueblo. Y nosotros, gentes de Puertollano, que no tenemos la tradición de la peña y el grupo como motores de la jarana, para qué nos vamos a engañar: o lo que pasa es que no estamos para fiestas o lo que queremos es que otros nos las monten. Y así, pues no.

La nostalgia no es excusa. También soy de un siglo en que todo parecía más sencillo, cuando unas pequeñas casetas verdes y blancas, una barra y una rumba bastaban para parrandear de lo lindo. Pero los tiempos y las sociedades cambian. La pátina de felicidad con que los cuarentones recuerdan la mítica movida del Puertollano ochentero es exactamente la misma con la que los chavales de ahora recordarán sus aventuras botelloneras en el caminillo de la vía estrecha. Debemos aceptarlo con naturalidad pero también con responsabilidad y cintura para influir, en la medida de lo posible, en las modas.

Las ferias de Puertollano, y especialmente las de septiembre, están ahora constreñidas por los ejércitos de la noche del botellón, mientras que los hosteleros se ven condicionados por una generación más complicada, harta de probar de todo pero insaciable en su particular distopía de la juerga, que pide de continuo más circo, carne, regatón y efectos especiales.

Entre esta pinza nos debatimos. Anquilosados, superados e incapaces de comprender el empuje de la juventud. Y el problema no es solo de Puertollano. No sabemos enriquecer el concepto de la fiesta desde un prisma cultural atractivo y moderno como alternativa o complemento al vino, el cubata y la bachata; como tampoco somos capaces de modificar el formato de la fiesta para evitar, al menos, la farra de bordillo, vaso de plástico y hielo de comercio chino.

Si en el primer caso la responsabilidad recae sobre las administraciones públicas, en el segundo, que atañe directamente a la revitalización del recinto ferial, los hosteleros (y dicho sea paso las asociaciones culturales y folclóricas, que siguen sin implicarse realmente por recuperar el ambiente del ferial) también tienen mucho que decir, tanto o más que el propio consistorio.

Por mucho que el coste para montar las modernas casetas sea incompatible con los balances empresariales en las breves fiestas de septiembre, el marco natural para la celebración de cualquier evento de masas, como es una cervezada bajo el reclamo de las fiestas patronales, es el recinto ferial y no un estrecho cruce de calles. Ah, es que en otras ciudades la fiesta está en la calle, dirán algunos. Sí pero no. La fiesta estará en la calle, pero suele ser bajo unas medidas excepcionales y una mínima justificación tradicional, cultural, estética o del espectáculo.

No hay épica del recuerdo en una feria de acera y bolsa de plástico bajo el balcón de un vecino cabreado, y de eso debemos ser conscientes todos. Es evidente que las costumbres han cambiado, y por ello la administración pública debiera afrontar, vigilar y reglamentar con valentía y disposición; y los hosteleros actuar con sentido común y responsabilidad social, que también la tienen, y mucha.

Llegados a este punto de deserción del ferial y fragmentación cultural a golpe de litrona de a dos por uno, urge la constitución de un foro serio y transparente en el que empresarios, agentes sociales, culturales y equipo de Gobierno debatan con sensatez sobre el futuro modelo de las fiestas de Puertollano y si es necesario las descodifiquen. Aquí nos jugamos mucho más de lo que parece: el respeto por nosotros mismos, la salvaguardia de lo que fuimos y la marca de agua de los que vendrán.

Casetas de la Feria de Puertollano, en los años 90.
Casetas de la Feria de Puertollano, en los años 90.

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15 COMENTARIOS

  1. Si está muerto Puertollano solo saben hacer botellón que es lo que más barato sale y a lo que más se arrima la gente uda este pueblo

  2. Estoy de acuerdo pero discrepo cuando usted nombra a las asociaciones dicho sea sin ánimo de lucro.
    Le invito a que pase un dia por mi asociación y aprenda usted lo que es un colectivo de más de 200 personas que dicho sea de paso somos bastante activos e implicados con las ferias y actividades del Ayuntamiento y organizamos muchas más ajenas a el.
    Es más si lee usted la prensa vera que es así.
    Sin más le ruego Infórmese antes de hablar de las asociaciones y pregunte que con mucho gusto será usted atendido.

  3. Celebrar requiere recuerdos comunes, esperanzas colectivas, vitalidad, integración, colectividad, participación; es época de alegría, de paz, de bienestar unido al ajetreo propio de la fiesta. Si a un pueblo le quitáramos sus celebraciones, lo acabaríamos, se consumiría en un presente sin esperanzas, perdería su identidad.
    ¡Felices Fiestas! y ¡a disfrutar!…….

    • Gracias Charles. Seguimos disfrutando y creciendo,permanentemente,durante los últimos cuarenta años ,en nuestro arrasado Puertollano,GRACIAS A TU PSOE.

  4. Bueno,bueno…como está el patio.
    Daría mucho para hablar sobre el asunto de la ferias patronales ¿o son fiestas patronales?…¿en que quedamos?.
    El Sr, Santos Monrroy como dueño de este periodíco dígital, es muy listo y es muy cuco intentando querer decir la verdad pero sin un ápice de haberla contrastado, acostumbra a hacerlo, pero no lo consigue.
    Habla sin conocer la realidad de una ciudad que va a menos, critica sin aportar,porque se puede criticar pero haciendo de esta constructiva.
    De estas personas hay muchas en nuestra bendita ciudad….. y por desgracia.
    He leido el mensaje respuesta de Javilin….y como ciudadano debo de darle la razón. Un colectivo o cualquier colectivo que monte en las fiestas-ferias de septiembre pierde dinero.
    Le pregunto al Sr. Santos Monrroy, como autónomo que es, si el abriria un negocio para perder dinero.
    El Ayuntamiento y sus responsables deberian de crear una comisión y preguntar a otras personas…con otras ideas y con otro espiritu y por supuesto, trabajar muuuuuchooooo por crear empleo,luego trabajar por crear empleo y siguiente trabajar por empleo…a la vez dinamizar todos los sectores culturales, deportivos, sociales, etc……
    Luego mucho Puertollano Kapital…no somos ni Aldea.
    ¡¡¡¡¡no nos queda na!!!!

  5. Todo muy bonito, todo muy chulo, todos tenemos ideas, etc, etc, etc…
    Pero que el tiempo pasa, los politicuchos siguen con la cervecita en el «Bar-Ayto.» y aquí nadie dice nada de lo que puede o no puede pasar en la C/Numancia de manera inminente… y el tiempo pasa… y nada!

  6. Yo creo que los tiros no van por ahí. Resulta que cuando “nos moceábamos” las copas en la feria eran muy económicas y ni decir las botellas del fino y los litros de rebujiito o de kalimocho y Los intercalabas con los pinchos y las tapas de los comunistas, fuente agria y Virgen de Gracia q también eran más económicas.
    Pero claro ese afán de ganar pasta aún pisando a los demás hizo que las casetas empezaran a regalar las comidas subiendo mucho el precio de la bebida.
    Ahora va menos gente a comer a las casetas de las agrupaciones y la gente come en las casetas de copas y no paga la comida pero paga a 2,50 la botella pequeña de agua.
    Y por la noche pues botellón porque no hay quien pague esas cantidades por una cerveza.
    A que el día de la l cervezada se llena la feria ???
    Pues eso precios baratos y la gente pasa del botellón.
    Es lo que decía mi padre zapatero a tus zapatos y ni ayuntamiento ni ayuntamienta; sentido común

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