Cura de tele

Manuel Valero.- He decidido no ver televisión. En contrapartida y para no ir por la vida de orate monacal me detraigo de mi soldada unos cuantos euros ypago mensualmente la factura de la televisión por cable. Es la única manera de estar a salvo de la inmundicia. En el cable hay de todo, también, pero es como una panoplia donde colocar los programas elegidos y al menos te amplía la opción de la selección.

Hasta tal punto se ha vuelto poderosa la televisión continua, diurna y nocturna  que una persona no es hoy lo que lee sino lo que ve por la tele. O la ven a ella quienes estén al otro lado el ojo orweliano que preside el salón de casa, la cocina, el dormitorio y hasta el cuarto de baño.

Es tan poderosa doña tele que los partidos políticos corren raudos a manejar la para expandir por el cable (adiós al éter) la letal adormidera subliminal y recolocar en la panoplia del propio interés los  valores fundamentales del ideario. Por estas fechas se reitera la vacuidad de los mensajes con la navideña sobredosis anual de la publicidad. Para empezar la televisión es puro capitalismo que incita al consumo reflejo y se nutre de los dineros que le aporta la publicidad porque no hay capitalismo sin publicidad, incluso de las cosas más fungibles.

Aprovechando el rebufo de las influencias algunos comunicadores sucumben a la degradante publicidad directa y de ese modo interrumpen el programa para sentarse al borde de un colchón movedizo y contar sus excelencias. Aquí no hay tonos ideológicos ni doctrinas tamizadas por prisma alguno.

De un lado a otro del espectro mediático las teles compiten en audiencia para captar anunciantes sea al modo de tertulias de callejón, sea al modo descarnado de poner ante el patíbulo a dos o tres famosos/as para que se despellejen vivos, contemplados víboramente por el contoneo lascivo del presentador o sea subiendo al proscenio a un chico y una chica, a dos chicos o a dos chicas, que quieren tener su primera cita a la vista de todo el mundo.  Al  expresidente José Luis Rodríguez Zapatero le cabe el honor de haber suprimido la publicidad de La 1, todo sea dicho. Una semana sin televisión equivale a una quincena en un balneario y sale mucho más barato.

Pero el fenómeno más pernicioso es la proliferación de la telebasura que se esparce por todo el dial en formatos similares cuya indignidad y mal gusto supera todo lo permisible y viene casi a tocar lo que yo llamo terrorismo mediático.

Los enterados tienen su argumento:  es la audiencia, estúpido, lo cual en lugar de ser un analgésico para vadear el pozo séptico es la confirmación de una triste realidad: que la estúpida es la audiencia. Yo mantengo que la telebasura en sus propuestas Gran Hermano (Orwel, siempre Orwel), Socialité, Hombres y Mujeres y Viceversa, Primera Cita,Corazón,  Ya es medio día, Sálvame en su versión turista o de lujo es una perversa estrategia de entretenimiento que no nace de  la necesidad perentoria de los telespectadores  de estar informados dela casquería, sino del interés de sus creadores: una vez echado el anzuelo de la corrala donde famosos/as de pelo y medio se abren en canal haciendo añicos hasta  su propia familia, la pulsión chismosa que todos llevamos dentro se desata y se desarrolla con fuerza arrolladora. Y empieza el bucle.

La influencia de la telebasura se infiltra por osmosis en otros formatos.  Se puede decir que las principales cadenas, que cada cual le ponga número, son un par de programas blancos rodeados de una verdadera carta de menú tóxico. Desde sus contenidos más acordes con una prensa rosa más inocua hasta la hediondez sin recato, la televisión se ha convertido en el medio de comunicación por antonomasia, (ya lo era pero aún más), desde que las nuevas tecnologías hicieron de ella un TAC inmediato y permanente del mundo lejano y la esquina más próxima.  Las líneas informativas  son lo de menos. Un sistema democrático no se concibe sin pluralidad pero el afán de destacar, la lucha a última sangre por las audiencias y los anunciantes nacionales y mutinacionales, los nuevos señores feudales  que acaparan medios (como dijo una vez Umberto Eco delante de este servidor)  han convertido todo, incluso la política, en un plató de televisión que vemos con ansia viva mientras nos comemos el muslo de pollo sin darnos cuenta que el aceite del ajillo nos chorrea por las comisuras. Comunicadores/a que ensayan su propia gestualidad hasta el ridículo por el afán de destacar, que se pasean bajo los focos como si se fueran a romper por la cadera, que bajo la apariencia de un programa serio se entregan a un chinchorreo o parloteo insoportable… superan el interés de un buen programa o una buena película. Es la audiencia, estúpido. A veces, y en esto todos los medios se parecen, algunas cadenas incitan a un determinado comportamiento. Incluso del  ascenso de Vox no está exenta la televisión.

Puede que el día 21 de diciembre, sea una fecha problemática para España, pero ya se está vendiendo con frívolo apriorismo, la sensación de que puede ocurrir algo gordo.

En fin, lo mejor son curas periódicas sin televisión, si pueden ser más largas mejor, y sobre todo, anotar en un papel los productos capitalistas que se anuncian en programas estultos y no comprarlos y animar al vecino a que haga lo mismo.  El espectáculo ha reemplazado al periodismo. El cable al menos te ofrece un completo juego de alternativas.

Y si no, un buen libro, de vez en cuando y que la tele se cueza en su propia sopa. 

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15 COMENTARIOS

  1. Cuánta culpa tiene Tele 5 del envilecimiento social entre los españoles.

    A mí me gusta la radio y eso de poder escuchar en diferido los programas que me gustan, me encanta.

    Mis padres ven la TV sin cable, pero mi madre ya tiene un smartphone con el que se lo pasa mejor.

    Un meme por WhatsApp le entretiene y divierte más que la TV.

    Algo revolucionario.

    Y ese es el cambio del que me alegro, porque coincido en su diagnóstico.

    La ironía y el sarcasmo son artes españoles, que siempre han pintado poco en los destinos de la Nación.

  2. La TV es el fiel reflejo de la sociedad a la que va dirigida. Si está vacia de contenido, es chavacana, simple, interesada, promíscua, violenta, manipuladora….pues eso.

  3. La televisión le ha pasado el mismo efecto que a los libros o las redes sociales. Antes los libros solo los hacian personas cultas, con un cierto conocimiento de un tema o con una calidad impresionante en las letras, que daban programas de calidad o un entrenimiento cultural y educativo.

    Ahora cualquiera puede escribir un libro (o que te lo escriban como Belén Esteban), crear una radio o salir en televisión con unos contenidos dignos de ser tirados a la hoguera.

    Ahora prácticamente mi fuente de información donde filtro lo bueno de la basura y donde puedo entretenerme es Internet.

  4. Bueno, la ‘telebasura’ es la máxima audiencia al mínimo coste. Es un problema real que vende porque es lo cómodo y la gente también lo es.
    Es decir, el espectador no tiene que agudizar la mirada porque no hay perspectiva. Es la gallina de los huevos de oro.
    Lo cierto es que seguimos siendo el país de Europa que consume más ‘telebasura’ (unos 246 minutos por persona y día), algo que se explica por la escasa formación y el atraso cultural respecto a nuestro entorno. A España le gusta el morbo.
    Y, mientras nadie se queje u ofrezca formatos nuevos, unos acabarán millonarios y otros, entretenidos.
    Aunque lo importante no es tanto el medio en sí sino cómo se utiliza…..

  5. El clásico artículo escrito con el meñique estirado. ¿Existe alguna ley o norma de otro rango que obligue a ver determinados programas o cadenas de televisión? La única ley es la que obliga a todos los españoles a pagar unas televisiones públicas quieran o no, vean o no, que sólo sirven para la propaganda del político de turno (en el mejor de los casos) y que son instrumento de adoctrinamiento y manipulación (en el peor de los casos). Uno puede desayunar con Benedetti, almorzar con Machado y cenar con Hegel. Pero también puede apagar la tele y no ver lo que no le gusta. Del mismo modo que no se come una merluza podrida o se bebe el agua del váter. Libertad, dilecto Valero; he ahí la cuestión. Libertad que no existe para crear cadenas de televisión o radio. Sólo nos queda Internet. Y por poco tiempo.

    Saludos.

    Una cosa más. La retirada de la publicidad de Televisión Española no es un mérito de Zapatero. Fue la manera de que todos los españoles pagáramos a Roures, el editor golpista condenado por colaborar con ETA, su grupo de comunicación, que incluía la Sexta.

  6. 1) No hay nada más democrático que el mando a distancia.

    2) Que cada uno vea lo que le guste.

    3) Belen Esteban forma parte del imaginario colectivo de lo que se denomina «cultura popular», guste o no guste. Es una realidad.

    4) Ya se nos ha olvidado, pero CUATRO es el antiguo canal plus codificado, al que ZP dio una licencia en abierto, al igual que la SEXTA. Estos regalos llevaban consigo que RTVE no tuviera publicidad y así redirigir el mercado publicitario a estas cadenas…poquita memoria tenemos para lo que queremos.

    5) Si,la publicidad es capitalismo…Y LIBERTAD.

    6) Me cansa el debate lectura-televisión porque es falaz; la televisión está para desconectar, reírse o llorar. Puedes ver un documental o una tertulia e ilustrarte, pero no es su finalidad. Hay momentos para leer, momentos para aprender y momentos para verte una serie o un programa que hable de la nada.

    7) Por último: Las televisiones públicas carecen de sentido compitiendo con entretenimiento. RTVE es un mamotreto de colocados que nos cuesta millones de euros al año. No tiene sentido.

    Mas tolerancia y menos despotismo «ilustrado»

  7. Manuel, dices «La television publica debería ser seria no aburrida, formativa no doctrinaria,entretenida no soez. La letrina para el capital privado.»

    Sabes que lo fue. Desde la muerte del dictador hasta casi los 90.

    El problema es que la política acabó con ella. Bueno, acabó con quienes sabían lo que era una tele pública y la responsabilidad de formar ciudadanos críticos y participativos. Una vez los despidieron, acorralaron o amenazaron, se acabó.

    Ese modelo ya no volverá, porque nadie pondría hoy la Edad de Oro, a Balbín, Un telediario con Gabilondo, una Bola de Cristal, a Erquicia hablando de lo que pasa en el Mundo…Programas para aprender…no jodas! Pudiendo estar en el tuiter insultando.

    ¿Alguien demanda a día de hoy un modelo BBC? Creo que ya no, ni siquiera los que somos progresistas. Creo que, como has indicado, el paso es dejar la tele convencional para pasar a la tele a la carta, donde hay una interesante oferta en la que no tiene cabida la telebasura de las privadas.

    Yo hice esa cura de la que hablas cuando apareció el cable. Desde entonces no he vuelto a ver tele en vivo, con lo cual mucho de lo que hablas, ni lo conozco. Y los telediarios los veo con el mando en la mano, cual peli porno, para ir rápido a lo que interesa.

    Las series y películas a la carta en modo «overthose» son una maravilla, y sin anuncios. Y, si de vez en cuando te cae un libro en las manos, cojonudo. Yo acabo de terminar uno pequeñito. El informe de Brodie. Una chulada de Borges que se lee en un par de horas. Por si a alguien le interesa la ética y el destino…

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