La Sublevación del regimiento de artillería de Ciudad Real

En enero de 1929 Ciudad Real iba a entrar en la historia de España. Tras haber sido pospuesta la fecha y las condiciones varias veces. El plan inicial elaborado por algunos políticos en la oposición y algunos militares en desacuerdo con el dictador, preveía que «levantadas las guarniciones comprometidas, las fuerzas obreras se lanzarían a la Huelga General y los partidos políticos se echarían a la calle».

Esto sería una revolución. Incluso se pensaba en un temporal exilio del Rey, hasta que de las Cortes «saliese el régimen definitivo».

Pero por indecisiones, el servicio secreto de Primo de Rivera y rivalidades; de todas las guarniciones comprometidas, la única que se sublevó fue el Regimiento Primero Ligero, acuartelado encuartel de la Misericordia de Ciudad Real, ya que el de Valencia no llegó a salir del cuartel.

La sublevación comenzó a las 4,30 de la madrugada del 29 de enero. En muy pocas horas todos los edificios y puntos estratégicos de la ciudad fueron tomados, el ayuntamiento, la estación de ferrocarril, el puesto de telégrafos, la comandancia de la Guardia Civil y el Gobierno Civil, poniendo en sus fachadas controles armados con soldados del regimiento y un oficial.

Inmediatamente se cortaron todas las comunicaciones, por tren, carretera v las telefónicas y telegráficas. Cuando los habitantes de Ciudad Real se levantaron se encontraron con su ciudad tomada.

Eso sucedió con la total sorpresa y pasividad de los ciudadrealeños, testimonios de la época nos relatan que la gente los vio bajar “por la calle Toledo pensando que eran maniobras hasta la estación de tren como en otras ocasiones”.

Visión de la normalidad en Ciudad Real el día 29 por la revista gubernamental Estampa:

Quizá la mayor sorpresa fue para los propios sublevados, ignorantes de lo que pasaba en el resto de España hasta que en las primeras horas de la tarde de ese día 29 sobrevolasen Ciudad Real cuatro aviones de la aviación militar lanzando octavillas sobre el cuartel en las que se exigía la rendición y que estaban solos y equivocados, informando que España estaba «completamente tranquila» y amenazando bombardear el cuartel si no deponían las armas.

A las tres de la madrugada del día 30, cuando ya se habían rendido y vuelto al cuartel, llegaban a Ciudad Real efectivos de los regimientos de Wad-Ras, León y de Zapadores Minadores, además de un escuadrón de Lanceros, de Alcalá de Henares.

En el resto de España, y por muy variadas razones (retrasos, indecisiones, miedo a las represalias del régimen militar) la sublevación no se llevó a cabo. De ahí la singularidad de los artilleros de Ciudad Real y el propósito del Gobierno de tomarmedidas ejemplarizantes. La prensa de Ciudad Real que, por censura del régimen, no había aparecido el día 29, sofocada la rebelión, la comentaba entre indiferente y favorable al régimen.

El diario El Pueblo Manchego prefería «abstenerse de todo comentario sobre los sucesos de ayer por tratarse de un asunto “subjúdice”. Para el diario de Ciudad Real Vida Manchega aquel acto era condenable: “Fue el día de ayer un caos de emociones y estremecimientos para Ciudad Real, para esta capital de rancio abolengo, noble y pacifista, amante de la paz y del trabajo, enamorada de la tranquilidad y el orden”, como vemos no hubo apoyo popular…

Los militares arrestados estuvieron recluidos en la llamada Casa de Ejercicios que los Padres Misioneros del Corazón de María tenían contigua a su iglesia y cuyas ventanas daban a la calle de la Libertad. Desde allí presenciaron varios testimonios de simpatía por parte de numerosas personas de Ciudad Real. Uno de los procesados, el capitán de artillería Alejandro Zamarro, en sus memorias Los sucesos de Ciudad Real, recuerda una manifestación de mujeres: “Uno de esos días, cuando miraba hacia la calle, vi venir un tropel de mujeres jóvenes que se detuvieron ante el convento, queriendo manifestarnos de este modo su simpático interés y hacer comprender el sentir del pueblo por nuestro gesto.

Terminado su período de incomunicación, cuando ya pudieron recibir visitas, algunas señoras de Ciudad Real les expresaron directamente el apoyo con que contaban. Así se recuerda en las citadas memorias la visita de la Condesa de la Cañada y de las señoras de Morayra y de Jérez, que les dieron cuenta de las gestiones llevadas a cabo ante los Gobernadores Civil y Militar y ante el Obispo de Ciudad Real.

En conclusión, del aliento que les llegó del pueblo de Ciudad Real escribió el capitán sublevado Alejandro Zamarro: “Hidalgamente el pueblo de Ciudad Real seguía testimoniándonos su adhesión. Recibíamos innúmeras visitas que representaban las más diversas clases sociales”.

El clímax de adhesión llegó en la Semana Santa: “Uno de nuestros artilleros condenados, al pasar la imagen de la Virgen Dolorosa de la Catedral por delante de la terraza del Casino en la calle del Prado, en la cual se encontraba el Teniente General Orgaz con los jefes y oficiales de Infantería y Autoridades de Ciudad Real, cantó espontáneamente esta sentida saeta:

“A la Virgen de los Dolores
le pido con devoción
que a mis jefes y oficiales
los saque de la prisión.”

“Deseo expresado de manera tan sentida, con trémolos emocionados en la voz, que causó impresión a los fieles”, recordó Alejandro Zambrano tiempo después.

El Consejo de Guerra tuvo lugaren diciembre en el salón de sesiones de la Diputación Provincial de Ciudad Real. El fiscal era el General de Brigada Manuel Burguete. Hubo numerosos defensores para los acusados. Presidía el consejo el General de División Alfredo Coronel. El día 26 de mayo de 1930 fueron leídas las sentencias de condena.

Fueron impuestas a los jefes y oficiales sublevadostres condenas a muerte: para el coronel Paz y los capitanes Zamarro y Marcide y ocho penas decadena perpetua para los comandantes Moltó y Goicoechea, los capitanes Herrero, Barra y Soriano, y los tenientes Félix Sánchez Ramírez, Warleta y Méndez-Iriarte. Después el Tribunal Supremo de Justicia Militar rebajó las penas de muerte así como redujo las de cadena perpetua.

El siguiente día 30 fueron trasladados a la fortaleza de Pamplona donde permanecieron en dicha prisión militar hasta que una vez dimitido el General Primo de Rivera el 28 de enero de 1930 el gobierno del Teniente General Damaso Berenguer los amnistió.

Había sido un duro golpe para la credibilidad del ejército y se tenía que dar un escarmiento para toda España, una lección de lo que pasa cuando se desobedece..y las consecuencias para Ciudad Real serían duras.

Había quedado cerrado este capítulo para la Historia de España. Sin embargo, las consecuencias sociales para Ciudad Real durarían varias décadas.

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Historia e Historias de Ciudad Real 
Antonio José Martín de Consuegra Gómez
https://ciudadreal.wordpress.com/

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2 COMENTARIOS

  1. Ciudad Real, muy poco dada a grandes protestas, pero con un cuerpo militar, la artillería, sumamente aristocrático y corporativista que, al sentirse maltratado por el dictador, se fue aproximando a los sectores críticos, primero de los partidos constitucionalistas y más tarde a los republicanos. Un hito del siglo XX en Ciudad Real……

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