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Alianzas en Puertollano, un thriller electoral

- 9 febrero, 2019 – 11:527 Comentarios

Manuel Valero.- Luego que se hayan abierto las urnas llegará la hora de la verdad. Y sabremos la participación  (y sus efectos) y el número de votos que cada lista haya conseguido en las que son quizá las elecciones municipales más inciertas de la historia reciente. Y como a priori, que nunca se sabe, ninguna candidatura conseguirá en solitario once concejales - la mayoría absoluta- será el momento de comenzar la segunda parte de este magnífico thriller electoral.

No hace falta ser un analista diplomado para barajar sobre la mesa la hipótesis de una primera gran alianza que supondrá si llega el caso la derrota de todas las demás. Si se reedita en Puertollano  el acuerdo andaluz, querrá decir que PP, Ciudadanos y Vox o Ciudadanos, PP y Vox o Ciudadanos, Vox y PP –que es igual pero no es lo mismo-se unirán para desbancar al PSOE del gobierno municipal.

El paralelismo con Andalucía es evidente: invicto el PSOE desde 1979 y un cúmulo de sustos y titulares, la suma mayoritaria será una pera en dulce para que el perpetuo banquillo releve a los socialistas del Ayuntamiento. Y así, el bloque de las derechas accederá al sitial de mando en función de la relación de papeletas que cada cual haya conseguido, pues de ello, llegado el caso, dependerá la persona que reciba el bastón de la actual alcaldesa y las llaves maestras para el curso normal de la legislatura.

Por descarte el PSOE tiene tres posibilidades. Una, remota, la mayoría absoluta, otra que con IU-Podemos logre alcanzarla, con lo cual será el bloque de las izquierdas el mayorìtario, pues en ese caso la lógica política apunta a un apoyo de IU-Podemos al PSOE… Sin olvidar la posibilidad de un aliado sorpresa, el Partido Ibérico Íber, que en la tesitura de verse convertido en la llave deberá optar o por el PSOE, partido al que perteneció el histórico líder iberista Casimiro Sánchez Calderón o el otro bloque. Siempre, claro, que consiga “escaño” y su decisión sea determinante. Otro aspecto en este caso es que el Partido Ibérico logre acumular papeletas pero no las suficientes para superar el listón D,Hont. Esas papeletas aparentemente  inocuas si no se materializan en representación pueden suponer una merma en las sacas del PSOE, ya que no parece probable que la candidatura de Calderón se nutra de electores de otras formaciones políticas.

La otra posibilidad es que la del PSOE sea la lista más votada y si no hay acuerdo y ningún candidato logra sumar los votos necesarios, sea la elegida. Este supuesto vale para cualquier otro partido ganador en votos.  No parece probable. La oportunidad de bloques haberla hayla… y los habrá.

Pero si el PSOE se enfrenta a las municipales más inciertas desde el 79, mayor reto si cabe suponen los comicios para el PP que nunca ha logrado gobernar.  Hasta las pasadas municipales no tenía rival en su area de influencia ideológica hasta que apareció Ciudadanos que se sumó al parlamento local rascando votos a diestro y siniestro. En mayo próximo, el PP competirá además de con su eterno rival, el PSOE, con dos formaciones al alza, Ciudadanos con el aval de cuatro años de experiencia municipal, y el imprevisto Vox. De ahí que la calle especule con el partido que liderará la otra orilla de la derecha, si serán los populares o serán los Ciudadanos. El ascenso de Vox nadie lo pone en duda a tenor del pulso callejero pero no tanto como para vaticinar un subidón que altere los cimientos. El alza de Vox será desde luego y principalmente a costa del PP y del voto de enfado mayúsculo que competirá en este caso con los iberistas.

La correlación de fuerzas entre el frente antiPSOE será otra de las claves –como la de la lista más votada- para determinar no la alianza en caso de suma absoluta sino para dirimir la persona concreta sobre la que recaerá la tarea de dirigir el cambio de gobierno.

Teniendo en cuenta que las elecciones municipales tienen la singularidad de lo local (los candidatos pueden sumar más que las siglas) y que en ocasiones no cuajan mensajes nacionales o fórmulas aplicadas en otros contextos electorales, cabría la posibilidad -esto es mera especulación – de que PSOE y Ciudadanos acordaran un pacto de gobierno, si entre los dos sobrepasan la frontera de la mayoría exigible.

Obviamente tal posibilidad sería una fórmula inédita en Puertollano,  puesta en práctica precisamente en Andalucía donde si ayer socialistas y ciudadanos pactaron hoy se ha aplicado la fórmula de un gobierno bipartito –PP-C,s- merced a un acuerdo tripartito: Vox. Una ciudad es una ciudad y los intereses de la ciudad son prioritarios a los intereses de partido. La dificultad de un acuerdo de estas características evoca de nuevo lo ocurrido al sur de Despeñaperros: ¿quién desde la oposición se resiste a la tentación de romper la hegemonía socialista si cuenta con la aritmética mayoritaria suficiente? Puede que en clave local se lean las cosas de otro modo. O no.

Y así de un pacto de bloques entre PSOE-IU o PP-C,s-Vox o un pacto inédito PSOE-Ciudadanos, o incluso PSOE-IU-Ciudadanos-Iber, (que la política cuando es grande es el arte de lo posible), nos damos de bruces con la propuesta que ha realizado el partido Íber: un gobierno de concentración. No es baladí, aunque lo parezca. En circunstancias excepcionales medidas igualmente excepcionales. Difícil de llevar a cabo, casi imposible.

La rémora es el modo de entender la política que tenemos los españoles y por tanto los puertollaneros. Con una alta dosis de trinchera, de ideologías revitalizadas fortalecidas por un debate sobrevenido al albur de la unidad de España de los mil sufrimientos, y la aparición de extremos, es una utopía. Y de hecho lo es: que de las elecciones de mayo saliera una ensalada tan ajustada que incitara a la temeridad de un gobierno de amplia mayoría política y social en virtud de una insólita agrupación de votos y concejalías comandadas o no, por la lista más votada, no deja de ser un arrebato místico, pero valiente.

Todo es un poco thriller, digno de Alfred Hitchcock, cuya resolución viene además complicada por el rol que podría tener una lista formada por la participación digital en los muros ciudadanos. O tal vez no, puesto que la única que puede dar el paso ya se decanta abierta y reiteradamente por un cambio de personas y de partido.

O sea, simplificando, o un bloque neto de derechas u otro de izquierdas o la lista más votada si nadie se coaliga (que lo hará) o fórmulas inéditas: un pacto con PSOE-C,s  o un equipo de gobierno de concentración sin convidados de piedra pero con sonoros ausentes.    

En unas elecciones municipales, en teoría más pragmáticas -como lo es la limpieza, la seguridad, la fiscalidad, el marco para el empleo…-  se vota con la cabeza y con el corazón y sobre todo, como me dijo un día un dirigente, con el estómago.

Es de esperar que los puertollaneros seamos capaces de votar con cabeza, corazón y estómago y sobre todo con libertad, aunque esta última ya va para 40 años que vino para quedarse con nosotros.

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