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El gran tabú de los medios

- 15 febrero, 2019 – 09:126 Comentarios

La visión superficial de la realidad no sólo sirve de poco: confunde; porque dirige la atención de la audiencia sobre aspectos insignificantes, cuando no, equivocados.

La superficialidad de los análisis crea una sobredosis de imágenes, palabras, pérdida de tiempo, y en vez de iluminar invade nuestros cerebros de un caleidoscopio tan sugerente como indescifrable.

Los medios son incapaces de profundizar cuando construyen la realidad cotidiana a través de los reclamos y maniobras de distracción diseñados por quienes buscan despistarnos, llevarnos a defender el flanco equivocado de nuestra fortaleza mental, desguarneciendo el lugar por donde el ejército farsante e invasor acabará condicionando la manera de pensar del común de los mortales.

Los medios son expertos en confundir. Se cumple el axioma de “a mayor información, menor conocimiento; y a mayor conocimiento, menor sabiduría”.

La sabiduría nace de la falta de certezas; el conocimiento, de profundizar sobre una información escasa. La era de la información nos convierte en superficiales; en seres frágiles con dificultad para asumir el desafío de desbrozar las malas hierbas; sin darnos cuenta de que actuamos como surfistas inexpertos, pues el principal problema es abrazar la falsa creencia de que la fuente del saber está en la información.

Como Maduro es un presidente fallido, los medios braman exigiendo la adhesión inquebrantable, al más puro estilo maoísta, a un tal Guaidó, del que se desconoce todo; sin importar las anómalas circunstancias que rodearon tanto su mágica aparición como la reacción candorosa del gobierno venezolano, permitiendo a quien no ha parado de manifestar la urgencia de poner fin al chavismo que lo proclame a los cuatro vientos, donde le ha apetecido y cuando lo ha deseado.    

¿No deberíamos preguntarnos si estamos perdiendo la capacidad de pensar racionalmente?

Los medios españoles críticos con el actual gobierno del PSOE se empeñan de forma unánime en explicar la realidad de una manera infantil: A Sánchez sólo le mueve un proyecto personal, dicen. Al parecer, tan importante proyecto no es otro que quedarse un día más en la Moncloa; y así, una jornada tras otra. Claro que lo mismo dijeron de Rajoy: Todo por seguir vagueando un día más en la poltrona monclovita. Pero, ojo, estos agudos periodistas utilizaron idéntica conclusión con Zapatero.

Razonamientos tan simples hacen cundir la sospecha. Una vez pueden engañar a sus incondicionales; puede ser entendible; ya sabemos que el amor es ciego. Pero asumir con naturalidad que el comportamiento impropio de quienes nos gobiernan viene dado por una obsesión generalizada de extender, día a día, su estancia en un palacio, el de la Moncloa, que de palacio sólo tiene el nombre, debería hacernos reflexionar sobre nosotros mismos.

Una vez más se cumpliría la máxima de Larra:

“El corazón del hombre necesita creer en algo, y cree en mentiras cuando no encuentra verdades para creer”.

El ciudadano de hoy se siente tan inseguro, con tantas dudas, que acepta irreflexivamente, con mansedumbre, las “verdades” superficiales de los Ferreras o Jiménez Losantos, según el gusto ideológico de cada cual, y, por supuesto, el batiburrillo del dios Google, fuente entrópica donde las halla.

La facilidad con la que entramos al trapo, desnuda nuestra debilidad.

Giovanni Sartori nos dejó dicho que cuando el pensamiento se forja sin esfuerzo, sin la existencia de una contraparte que nos exija, devendrá en un pensamiento débil; terreno abonado para el caos, ya que éste surge de la debilidad; y la entropía propia del pensamiento caótico es propia de espíritus flojos, malcriados, incapaces de superar obstáculo alguno.

Los medios no escriben ni narran solos. Detrás de ellos están periodistas tan débiles como parte de la audiencia a la que se dirigen, que ha delegado en ellos la construcción de la realidad virtual en la que han asumido vivir.

Profundizar en la superficialidad no es apto para espíritus malcriados. Por eso, el periodismo habla demasiado, incluso gruñe, pero sin ahondar; hacerlo acarrearía la incomodidad de dificultades sobrevenidas ¿Para qué complicarse la existencia cuando hay suficientes centros de influencia encantados de recompensar el tratamiento superfluo de ciertos acontecimientos?

Si no queremos que la (des) información moldee de tal forma nuestra mente, que seamos incapaces de distinguir lo blanco de lo negro, podría ser deseable desandar parte del recorrido, recordando que el conocimiento es inversamente proporcional a la (des) información; y la sabiduría al conocimiento. Hoy los sabios han sido sustituidos por la superficialidad de los “enteradillos” a sueldo; a saber de quién.

Los separatistas no han votado los presupuestos de Sánchez, lo cual parece avocar a elecciones generales. Ninguno de los grandes medios, ni de sus renombrados articulistas, se ha hecho la pregunta clave.

¿Cómo es posible que tumben a quien tenían de su lado y se aventuren a unas elecciones cuyos resultados pudieran ser desfavorables a sus intereses?

La respuesta a esta pregunta obligaría a profundizar; y ése es el gran tabú de los medios.

Sin tapujos
Marcelino Lastra Muñiz

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