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Elecciones: piedra elástica

- 18 febrero, 2019 – 14:527 Comentarios

Conocida, finalmente, la fecha de la convocatoria electoral anticipada de las Generales para el 28 de abril, y sabedores anticipadamente de la otra triple cita electoral, programada de antemano, para el mes de mayo, hay quien mira con cierto estrabismo tal superposición de citas y se desconcierta.

 Y es que en el intervalo de un mes escaso, vamos a tener la mayoría de los españoles (con excepción de los territorios autonómicos sin celebración de  comicios Autónomos) una elevada concentración de encuentros electorales. Lo que es, en principio, una ventaja de cara a los costes publicitarios, a la fatiga ciudadana, a los costes de la administración electoral y a la infraestructura organizativa, no resulta tan evidente a juicio de otros afectados por el evento.

Como ha venido ocurriendo, con los llamados Barones regionales del PSOE, reacios a una posible coincidencia de elecciones en el llamado enfáticamente Superdomingo; desde la creencia de la existencia de efectos indeseados entre unos procesos y otros, como si fueran vasos comunicantes que pueden perturbar los fluidos en contactos. O al menos, de la existencia de efectos indeseados entre las elecciones Generales y las otras elecciones, las Locales,  las Autonómicas y las Europeas. Podrían haber objetado, los repetidos Barones, esas mismas influencias nocivas entre las tres elecciones fijadas ya de antemano para el 26 de mayo, y donde nadie habla de efectos indeseados. Como si el voto europeo contaminase al voto municipal, o el voto autonómico pudiera arrastrar a la papeleta europea.

Cosa a todas luces ridícula, en la medida en que tan PSOE (o PP, o C’s, o PODEMOS, o VOX) es el partido concurrente en unos procesos como en otros. Salvo que las cosas se vean de otra manera de forma interesada y no explicada. Y no es un problema simple de ópticas: de los telescopios a los microscopios, por decirlo así. Lo que es bueno de cerca, no lo es tanto de lejos o de media distancia.

Y sirva como referente de esa obsesiva lectura, el tratamiento dado por el PSOE-A en la campaña de las regionales andaluzas, donde se minimizó la presencia de líderes nacionales y de figuras del gobierno central, y se trató de ajustar el foco a un debate puramente regional andaluz. En la creencia por parte de los estrategas de San Telmo y   San Vicente, que no es un santoral del Sur, sino las sedes de la gobernación y del PSOE-A, que era mejor eludir la presencia del efecto central, merced al diagnóstico de la contaminación catalana y sus derivadas en un partido estatal. Pero ahí quedan los resultados del 12 de diciembre: de poco ha servido esa pretensión de separar lo que es común y compartido.

Y ese ha sido el temor de los Barones regionales a la concentración electoral. Que el efecto inducido por el Gobierno de Sánchez, en su relación específica con el llamado Problema catalán, la figura del Relator calviano y la pretensión de minimizar los efectos del Juicio del 12F al Procés, surtiera efectos inversos en los electores extremeños, murcianos y castellanos.

Algo parecido habrán pensado en Moncloa y en Ferraz, de la mano del arúspice Iván Redondo y del demoscopológo José Félix Tezanos, con esas coincidencias. Por más que la plena campaña electoral de las Generales, vaya a vestirse de morado, y no por alusiones a PODEMOS, desprovisto ya de la lógica del sorpasso, sino por el fragor de los desfiles procesionales de Semana Santa. De igual forma que la celebración de los restantes comicios, Locales,  Autonómicos y Europeos, se van a producir con la digestión en curso de los resultados de la Generales y con las posibles vías alternativas de constituir un gobierno posible.

Y es que esta excepcionalidad de los encuentros electorales añadidos, es visible sólo  en grandes ciclos temporales, como acontece con procesos astronómicos y meteorológicos, o con las grandes glaciaciones. Entre nosotros habría que remontarse a 1979 para descubrir una coincidencia semejante. Así el 1 de marzo se celebraron las elecciones Generales, que fueron ganadas por Adolfo Suárez y la UCD con 168 escaños, frente a los 121 obtenidos por el PSOE. Y todo ello a pesar de que los pronósticos avanzaban el sorpasso del PSOE, henchido por el eslogan de ‘Cien años de honradez y firmeza’; cuya cartelería, por demás, vinculaba a Felipe González con el Pablo Iglesias fundador del partido centenario. Lo ajustado de los pronósticos forzó la famosa intervención del presidente en funciones, Suarez. de finales de febrero, aludiendo al voto del miedo. No pudo ser, y no fue.

Lo que si fue, fue la inversa en las elecciones siguientes, las Municipales del 3 de abril. Donde las mayorías de izquierda (PSOE y PCE, básicamente) pactaron mayorías que permitieron alcanzar las alcaldías de las principales ciudades. Dando un impulso contrario a lo acontecido el 1 de marzo anterior. Ahora entre el 28 de abril y el 26 de mayo puede ocurrir una cosa y su contraria. El que gana primero, pierde después, y su inversa. Pura elasticidad de la piedra. Pura lógica electoral.

Periferia sentimental
José Rivero

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