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España y el mito de Occidente

- 20 marzo, 2019 – 08:378 Comentarios

El concepto Occidente es de origen latino, y nació como una referencia geográfica o astrológica: el lugar donde se pone el sol.

Esta idea acabaría convirtiéndose en una especie de máxima, de consigna. Esta transformación se produjo en la propia Europa adquiriendo un concepto mítico globalizante, hasta el punto de convertirse en una identidad masiva totalizadora. Una megaidentidad, que sería lo que Marc Crepón denominaría “geografías de la mente”.

El concepto de Occidente se fue abriendo paso a través de una idealización de la historia del continente europeo al objeto de crear un bloque frente al resto del mundo.

Occidente se convirtió en un concepto totémico que hace referencia a una unidad trascendente, a un espíritu de Europa, a una civilización europea que se piensa única y cree ocupar un lugar central en la historia del mundo.  

Pero esa Europa unida y homogénea es un mito, y este mito busca reforzar las separaciones con Oriente, entendido también como una unidad.

Serían los filósofos y sociólogos alemanes, con Hegel y Max Weber a la cabeza, los responsables de construir la existencia de un destino occidental común a los pueblos europeos.

Con Renan el concepto de Occidente se desarrolló de forma flagrante. A partir de entonces el mundo occidental comenzó una fulgurante carrera a partir de la cual comenzará el discurso binario: el bien y el mal, lo civilizado y lo bárbaro, y el discurso épico de Francois Guizot identificando civilización con la historia europea.

El concepto de Occidente es una construcción totalitaria y falsa: De igual manera que nunca hubo homogeneidad en el Oriente, tampoco la hubo en el Occidente.

El filósofo y teólogo por la Universidad de Oxford, Jonathan Black, echa por tierra la idea de un Occidente unívoco, en La Historia Secreta del Mundo, al afirmar la existencia de dos grandes cosmovisiones occidentales condenadas a un enfrentamiento de por vida.

“El impulso por descubrir todo lo que hay en el mundo, que inspiraría la revolución científica, alertó también al hombre a realizar expediciones para explorar nuevos horizontes .. La esperanza de encontrar un Nuevo Mundo estaba estrechamente asociada a las expectativas de entrar en una nueva Edad de Oro..”

Cuando Colón llegó a América ignoraba que estaba a punto de comenzar “una guerra contra un enemigo que estaba más cerca de casa (es decir, en la propia Europa), y cuyo poder crecía rápidamente…”

“Se estaban trazando las líneas de batalla por el control del mundo, no sólo a nivel geopolítico, sino en los mundos espirituales. Sería una batalla por el espíritu global de la humanidad”

Efectivamente, la guerra permanente entre los imperios español y británico es y sigue siendo – digo es porque no ha terminado- por el espíritu de la humanidad.

Si Occidente hubiera tenido unos valores razonablemente homogéneos, el enfrentamiento de ambos imperios hubiera sido por motivos geopolíticos, pero no fue así. En el centro de la pugna estaba qué valores serían los que dominarían el mundo. Lo que el autor inglés llama en su libro “el espíritu global de la humanidad”

Jamás ha existido un Occidente uniforme. Al menos, han existido dos: el mundo hispánico y el anglosajón. El primero creado en torno a los valores católicos y, el segundo, los protestantes.

Estoy hablando de valores, no de dogmas. Bajo este prisma una persona sería católica o protestante no por la creencia en sus dogmas, sino por entender el mundo de acuerdo a los valores de la religión correspondiente.

El catolicismo ha sido tradicionalmente comunitario, sin renunciar a la individualidad de la persona. El protestantismo ha hecho hincapié en el carácter individual, asumiendo la impronta social de cada cual. Pero comunidad y sociedad no son lo mismo. Ambas colaboran en pos de un objetivo compartido, pero mientras en la comunidad el bien común no será una simple suma aritmética de los beneficios individuales, la sociedad se asemejará más a un contrato mercantil, donde el bienestar general se relacionará con la resultante de la suma de los intereses de cada uno de sus miembros y, al igual que en una sociedad comercial, cada integrante entrará y saldrá de ella según su conveniencia; por tanto, sus vínculos serán endebles y supeditados a su motivación personal. En la comunidad, los vínculos tendrán una vocación de permanencia más allá de los intereses particulares. Las motivaciones individuales serán condicionadas por el bien común.

El protestantismo es utilitarista; entiende al ser humano en función de su utilidad. Para el catolicismo, el ser humano es, ante todo, trascendente. No es casual que el liberalismo sea de origen protestante, como tampoco lo es que naciera en su seno la filosofía idealista. La ideología liberal-idealista

propagó a los cuatro vientos que cualquier ser humano podía ser lo que quisiera, despreciando las circunstancias, lo que denota un grado relevante de irracionalidad.

El arraigo de la predestinación les hace creer que el triunfo material en la vida es el resultado de un designio divino, y necesitan de ese triunfo, contra viento y marea, para demostrarse a sí mismos que Dios está de su lado. Ese enfoque desembocaría en un supremacismo racista ya presente en Locke, Kant o Heidegger. Ese supremacismo les hará menospreciar las consecuencias de sus abusos, pues el abusado es, a la postre, el responsable de sus desdichas.

El planteamiento actual que pretende supeditar la materia, es decir, la biología, a la idea que cada cual tenga de sí mismo, por chocante y cambiante que sea, hunde sus raíces en el psicologismo de la filosofía liberal-idealista. Liberal, en tanto que respalda que ningún obstáculo debe frenar los impulsos particulares, e idealista, al defender que la psique –la aspiración mental- no debe detenerse ante la realidad de la naturaleza humana. Por ejemplo, que un adulto se sienta un niño de 5 años; y este “psicologismo” obligue a que los demás olviden la realidad biológico morfológica, y traten este deseo –antes considerado locura- como un derecho humano.

Despreciar las circunstancias es irracional, pero es que la entente liberal-idealista lo es. Gustavo Bueno explica perfectamente en su obra como el nazismo fue el último hito de una cadena iniciada en Lutero y construida a través de Kant, Nietzsche o Heidegger.

En pleno siglo XXI vemos como la versión más extremista del protestantismo, la puritana, ha terminado por imponer su visión del mundo.

El puritanismo arrasa en una sociedad con los lazos comunitarios de herencia católica muy debilitados. Donde la comunidad se lava las manos ante las circunstancias de sus semejantes, justificando su actitud con un “que reclamen al Estado, para eso pago mis impuestos”. El problema es que el Estado no es más que un aparato burocrático manejado por los intereses de una oligarquía partitocrática y corporativa. Hacer recaer sobre el débil, el necesitado, el peso de la queja ante el Leviatán contradice el discurso tan manido de la solidaridad.

El puritanismo pregona el castigo eterno. Si alguien cometiera algún error, sus consecuencias le perseguirán de por vida. El perdón católico va camino de ser definitivamente enterrado.

Los países de tradición cultural católica han confundido dogmas con valores. La derrota política y, lo que es peor, anímica del mundo hispánico conllevó la derrota de los valores defendidos por él, echándose en brazos no sólo de los enemigos geopolíticos históricos; también de sus valores, y el utilitarismo domina sin excepción.

Pero los utilitaristas no se fían. Por eso es insuficiente la fragmentación conseguida hace dos siglos. Hay que demoler a los países nacidos después del aquel naufragio. La España actual es uno de ellos, junto con los situados a la otra orilla del Atlántico.

La idea del Occidente unívoco es falsa y totalitaria. Con ella se pretende legitimar el triunfo del utilitarismo y su imposición al otro Occidente, el hispánico, de unos valores contra los que combatió.

Sin entender esto será imposible relacionar lo que sucede en España y en otros países hispánicos.

Como lo será también determinados comportamientos incomprensibles de Felipe VI, que serán objeto del próximo artículo.

Sin tapujos
Marcelino Lastra Muñiz

8 Comentarios »

  • Ángel Manuel dice:

    BUENÍSIMO!!!

    Me encanta tu artículo, y si no me equivoco, Gustavo Bueno es artífice inspirador de tu análisis.

    El capitalismo nació en los países protestantes, en los católicos regía el mercantilismo (es decir, un mercado intervenido por la autoridad moral y política).

    El mundo protestante quiebra con un principio estructural en la Cristiandad de los siglos anteriores, la autoridad política y económica no tiene que tener carácter moral (para eso había que separarse de la Iglesia independiente, es decir, de Roma).

    El mundo protestante no admite tutela moral alguna que no sea la privada e individual.

    Añadiría un matiz a lo que postulas en el artículo.

    Julián Marías en su «España inteligible», matizaría tu relativización del concepto de occidente.

    Occidente fue el sueño de España durante su Siglo de Oro, y la causa de su ruina y posterior desengaño con Europa.

    Ese Occidente no era más que el secular modo de entender el continente europeo: La unión de la Cristiandad bajo la tutela moral del sucesor de Pedro y la política del Sacro Imperio, es decir, de los sucesores de Carlomagno.

    Esa unidad política, religiosa y también lingüistica (porque con el latín podía cruzarse Europa) quiebra con Lutero…o más bien de sus protectores con el deseo de príncipes y reyes de emanciparse de la tutela moral o política del Papa o el emperador.

    El resultado…el capitalismo que conocemos hoy y la subordinación de los intereses de la Nación y el Estado a esos intereses individuales pseudo-comunitarios, partidos políticos y grandes corporaciones empresariales bajo el disfraz del globalismo y el progresismo de todo color y sabor.

  • Charles dice:

    En realidad, ‘Occidente’ es una ambigüedad y un artificio. Rechazamos lo occidental al mismo tiempo que defendemos las libertades, la democracia y lo ciudadano.
    Defendemos lo occidental sin contemplar sus excesos o sus responsabilidades.
    En definitiva, su elogio es tan sencillo como cualquier alegato contra él…..

  • pasmao dice:

    Buenas tardes Don Marcelino

    Interesante perspectiva, porque de fondo se trasluce que es mas importante el fuero que el huevo, e independientemente de lo que se pueda resolver, es necesario saber las verdaderas causas de un conflicto para por lo menos interpretar correctamente lo que pasa.

    No soy antropólogo, ni similar, pero como algún conocimiento tengo me gustaría o aportar o que alguien me corrigiera.

    Tengo entendido (por todo el tema del ADN mitocondrial) que como sapiens mas menos nos remontamos a esa África (en la zona de Kenia) y que de allí nos dividimos (a grandes rasgos) en dos grupos, unos fuimos hacia la zona de Asia Menor/Mesopotamia y otros hacia China (parte de los cuales fue luego a América). Y que es a partir de estos dos grupos cuando empiezan a tener sentido lo de Occidente y Oriente.

    Por lo visto y lo que nos cuentan en el lado de Oriente hubo una mucho mayor continuidad histórica mientras que en el de Occidente, cada vez mas hacia el occidente, con toda la colonización del mediterráneo.. hubo muchas mas discontinuidades, guerras, civilizaciones..

    El tema americano es capital, lo dejo para después. Pero hubo un momento en que a pesar de ser colonizada desde oriente, estrecho de Bering, dejó de existir para las civilizaciones asiáticas.

    Lo que se considera occidente actualmente, en ese occidente heterogéneo, supongo que debió de ser heterogéneo desde tiempo atrás. Pero la uniformidad que dio la colonización/civilización romana lo ocultó.

    Hubo un hecho capital en la decadencia del Imperio Romano que influyó decisivamente, y es la consideración del cristianismo por el Imperio cómo religión de Estado.

    Y es ahí donde está la madre del cordero actual.

    Esa confusión entre Cesar y Dios, esa necesidad de un poder temporal para afirmarse, que ha tenido y sigue teniendo la Iglesia, sobre todo la Vaticana. Esa confusión, colusión, que durante toda la edad media dio lugar a esa pérdida de su verdadero sentido. Y que se toleró porque venía bien en la lucha contra el islam.

    En la parte de guerra interna dentro del cristianismo, entre los diferentes reinos y la propia iglesia .. no se llegó a mas hasta el SXV por que faltaba:
    – una conocimiento suficiente que permitiera otra forma de hacer la guerra.
    – un capital que pudiera poner ese know how en manos de diferentes facciones

    ESPAÑA, finalizando la reconquista y descubriendo América fue quien le dio el arreón final.

    Es a partir de entonces cuando se produce la rebelión luterana y calvinista, que estuvo larvada desde mucho tiempo antes. Pero es entonces cuando son conscientes de que se puede ir contra Roma, y que además conviene.

    Y es Roma (el Vaticano) quien viendo que España era toda una potencia y que no podía tolerar que la geopolítica Católica pasara por los intereses de España, quien hace de la necesidad virtud, con una Contra Reforma, CARÍSIMA, que sufragó España en casi su totalidad. Que además tenía la «virtud» de descapitalizar intelectualmente el catolicismo castellano (la Escuela de Salamanca), obligando (salvo cuando a Carlos I se le ocurrió tomar Roma) a poner nuestra nación a disposición de terceros complicando nuestra expansión en América.

    Es necesario reseñar que gracias a España comienza la colonización americana, que fue continuada por portugueses, ingleses, holandeses.. Y fue occidente, por heterogéneo que fuera y es, quien certificó el liderazgo global de nuestra cultura.

    China, y los pueblos asiáticos lo tuvieron mucho mas fácil durante miles de años, y no lo supieron hacer.

    China y los pueblos asiáticos ignoraron toda posibilidad de expansión que no fuera hacia occidente. Ni siquiera llegaron a colonizar Australia.

    Cómo usted comenta existen esas evidentes diferencias en eso que usted asocia a la «sociedad», ligada al mundo de la reforma y la «comunidad» ligado al mundo católico. Pero si la cosmovisión que nos es mas propia está perdiendo la batalla es mas debida a que desde los cuarteles generales del catolicismo (el Vaticano) se ha visto mas a España cómo un mal necesario, al que es conveniente tener castrado, que se ha tolerado por que proporcionaba «seguridad» a sus intereses temporales, que cómo a un socio leal.

    Y llevamos 500 años así.

    Por eso me parece muy pertinente su columna de hoy.

    un cordial saludo

  • Cristalino dice:

    Quiza voy a crear fricción con exponer mis siempre ignorantes palabras pero,

    ¿No es cierto que en un primer momento el Imperialismo de Roma perseguía a los cristianos?

    He escuchado también que no es al azar la anécdota de que al revés la palabra Roma sea Amor. Jorge Zamora habla de ello, de la adoración a ese arconte i.nom.brable y al sol en tales lugares. Por ejemplo David Ikce me acuerdo que explica que los linajes de poder del Imperio Romano al desintegrarse este se trasladaron a Londres. Los obeliscos en plazas son vórtice de absorción energética sutil, satanismo vampírico babilónico, ese monumento dice: aquí soy yo el que dirige(posesión dominación) frente a la masa religada que cree ciegamente y sin pensamiento propio reflexivo.

    Por cierto mira que geniales y trascendentes reflexiones de alguien que no ha sucumbido a la ingeniería social que nos rodea, al escucharlo pareciera que estoy en el pasado cuando los protocolos de los sabios de Sión no estaban tan avanzados e implementados.

    https://m.youtube.com/watch?v=3ZbsfVL-9BQ

  • Antonio Fernández dice:

    Efectivamente, al enemigo, castigo eterno. En España no se entiende el valor de una plaza tan emblemática en Londres, con un monumento a Nelson, para conmemorar la victoria de Inglaterra contra la Armada española. En España no hay un monumento similar para un acontecimiento similar (todo lo más, tal vez, el monumento a Colón… ¡en Barcelona! (paradojas de la vida).

    Eureka, Marcelino.

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