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Los instrumentos raros

- 4 abril, 2019 – 11:57Un comentario

Antes que nada, antes que una melodía o una palabra, escuchamos el sonido. No hay razones claras para decidir por qué nos provocan gustos o fobias: guitarra eléctrica distorsionadas, voces, cascabeles, violines, trompetas ... generan emociones diversas.

Sin embargo, creo que a nadie se le escapa que nuestras aficiones tienen mucho más que ver con reafirmar nuestros propios gustos que con abrirse a experiencias desconocidas.

Hay instrumentos muy comunes, como la guitarra eléctrica, la trompeta, la flauta o el violín. Pero hay otrosasimilados a los anteriores – como el bajo eléctrico, el trombón, el fagot o la viola – que solo por cubriruna tesitura más grave, tiene menos demanda de oír o de aprender. Menor plusvalía. Es cuestión liberar de prejuicios nuestra actitud para abrirse a nuevas experiencias, “abrir las orejas”, descubrir nuevos mundos.

Instrumentos como el acordeón, el arpa, o el címbalo (o “cimbalón”), son instrumentos maravillosos, que no tienen presencia habitual entre nosotros porque no forman parte de nuestra cultura musical. Incluso otros que sí tienen tradición, como laúdes y bandurrias, están prácticamente desaparecidos. Pues hay compositores que han prestado atención a este tipo de instrumentos menos comunes. Joaquín Turina escribió “La oración del torero” (una especie de pieza programática compuesta en 1925) para un cuarteto de laúdes, aunque es más frecuente oírlo en la adaptación para cuarteto de cuerda … ¡agrupación clásica cada vez menos vista! Igor Stravinsky, además del piano, tocaba un poco el címbalo. Incluyó este instrumento en la formación empleada en su “Ragtime (para once instrumentos)”, compuesta en 1918. Aunque he buscado en Youtube distintas versiones de esta pieza, he observado que siempre era sustituida esta parte por un instrumento de teclado.

Los instrumentos y las agrupaciones instrumentales son un valor cultural. Aquellos con menor demanda deberían tener algún tipo de protección, pues son como las especies en vía de extinción: su progresiva desaparición termina por empobrecer y afectar negativamente al ecosistema musical. Y como digo, no es únicamente una cuestión de contenido musical, de estilo, de mundillo musical, sino de pura sonoridad. Menos oboes, más ukeleles … Cabría preguntarse entonces cuál esla realidaddel modelo musical que se refleja en la demanda de instrumentos musicales. La respuesta es bastante pobre. Cabría preguntarse también si el progreso técnico no afecta también a la idiosincrasia sonora de los instrumentos: el valor del ruido, de los sonidos que no se afinan de manera convencional, de las combinaciones sonoras… En realidad, casi podría decirse que todo está inventado. En grandes ciudades, en otros países, se puede ir habitualmente a conciertos, en cuyos programas se incluyan composiciones dondeel sonido se explore y se explote como un parámetro musical fundamental. Pero en este territorio interior manchego, esto es casi inexistente.

Antonio Fernández Reymonde
Ruido Blanco

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