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Articulaciones

- 15 abril, 2019 – 09:19Un comentario

A menudo ignoramos cosas obvias, que al prestarles un poco de atención descubrimos que están por todas partes. Algo de esto pasa con las articulaciones musicales. Fíjense si se les presta poca atención, que ni siquiera se alude a ellas en el diccionario de la R.A.E., que sí recoge como 3ª acepción “pronunciación clara y distinta de las palabras”.

La articulación, en música, tiene que ver más o menos con esto: es sencillamente la manera en que se suceden los sonidos o las notas. Fíjense si están por todas partes ¡están en todas y cada una de las notas!

En primera instancia, cuando se emite un sonido, podría decirse que el sonido se “articula”. En el aprendizaje de un instrumento (cuando lo que importa no es la selección de las notas, sino la calidad del sonido) se requiere mucho tiempo de dedicación y observación a la forma en que arranca o se emite el sonido. Y aunque es obvio que el sonido termina, a menudo también se presta poca importancia a este momento, que será fundamental en la interpretación de una línea musical. Por eso es primordial para el aprendiz que, desde sus inicios, preste la máxima atención a la calidad de cada uno de los sonidos que emite, no solo a resolver la elección o la duración de la nota: ahí reside la diferencia entre tocar notas o hacer música, hay que acostumbrarse a controlar la continuidad sonora. Las melodías, o las líneas musicales, se componen de una sucesión de notas, de muchas notas que han de articularse. Es como una hilada de ladrillos para formar una pared: si no se colocan correctamente, la pared estará construida de manera deficiente.

La articulación afecta a dos aspectos básicos: el grado de continuidad y la acentuación. Cuando dos notas se articulan de forma continua, se denomina Legato o ligado. Cuando se separa un pelín la primera de la segunda se llama non legato. Cuando se recorta un poco más la duración de la primera (¿cuánto? eso dependerá de la sensibilidad del músico) se denomina staccato. Del mismo modo, los acentos, como las inflexiones vocales, pueden estar más o menos marcados, y de ello también dependerá aquella “pronunciación clara y distinta de las palabras” a las que se refería la R.A.E. cuando de música se trata.

He querido poner dos ejemplos distintos para ilustrar cuánto afecta la articulación a la calidad de la ejecución. Por una parte, un video del controvertido Glenn Gould, interpretando a Bach al piano, como si estuviera tocando un clavicémbalo. Por otra parte, a tres maestros del jazz: Ben Webster (saxo tenor), Oscar Peterson (piano) y Niels Henning Orsted Pedersen (Contrabajo), con Toni Inzalaco (batería). No quisiera añadir nada más: observen la aportación de la calidad de la articulación en estos músicos para comprender el valor de la articulación en la interpretación de las ideas musicales. Bueno, sí, algo más: observen la extraordinaria dulzura que tiene el sonido roto del saxofón de Webster. Porque la música tiene dos vertientes: el que la hace y el que la escucha – y éste, como el aprendiz, también tendría que saber fijarse en los mínimos detalles.

Antonio Fernández Reymonde
Ruido Blanco

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