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Pacifistas Ciudad Real reivindica la paz de los pueblos para Oriente Medio y Próximo Oriente

- 31 mayo, 2019 – 10:0050 Comentarios

El colectivo Pacifistas Ciudad Real se ha concentrado este jueves en la calle Carlos Vázquez para reivindicar la paz en Oriente Medio y Próximo Oriente. Durante el acto se ha leído un manifiesto que reproducimos en su integridad. Foto: Luis Mario Sobrino Simal.

Desde hace algunas semanas, la tensión entre Estados Unidos e Irán, manifiestos enemigos desde la caída del dictador Sha Reza Pahlevi en los años 70, no ha hecho sino crecer.

La ruptura del acuerdo nuclear por parte de la administración Trump con el país de Oriente Medio, acuerdo que había sido suscrito tras intensas y largas negociaciones a varias bandas, ha conllevado el anuncio del gobierno de Teherán de la reanudación de su programa nuclear. Esto sucede en un momento en que hay un gobierno más moderado en Irán, pero con un Consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos con perfil de halcón y amigo de las intervenciones militares. Basta fijarse en los anuncios de Jhon Bolton sobre una posible intervención militar, en este caso, en Venezuela.

Vecino de Irán, Irak sigue sumido en el intento de construcción de un estado que, tras la intervención (que incluso podría llamarse“invasión”) de Estados Unidos y sus aliados, sumió al país en la desestabilización y la violencia, con el acoso constante de grupos fundamentalistas armados como ISIS.

A esto añadimos la situación de Siria, con un régimen dictatorial que cuenta con el apoyo del bloque de Rusia, por un lado, y la oposición del de Estados Unidos, por el otro, con un gobierno de Bashar al Assad, que a sangre y fuego reprime todo intento de primavera democrática en este país, en un conflicto que ha generado cientos de miles de refugiados a quienes no ha querido y sigue sin querer atender como reclama el derecho internacional la Unión Europea, la cual ha externalizado la posible “recepción” de todas estas personas, y que va camino de convertirse en crónico en zonas como Grecia o Turquía.

Vecino de Siria y con un constante conflicto de más o menos intensidad entre ambos, el estado de Israel, que en recientes elecciones ha vuelto a otorgar el liderazgo del gobierno a la derecha de Netanyahu, sigue reprimiendo y tratando al pueblo palestino como un auténtico apartheid similar al de Suráfrica en su día. La Organización de Naciones Unidas, ha advertido ya que será imposible la subsistencia en 2020 en la franja de Gaza, que acoge a 2 millones de palestinos y palestinas, si continúan las actuales condiciones que impone el gobierno de Jerusalén. Ante el estricto y a menudo inhumano control militarizado de los accesos a la parte israelí, el control del agua, del trabajo, y la represión militar que sufren los palestinos, ante los ataques de grupos extremistas sobre población israelí y la consiguiente respuesta desproporcionada de las fuerzas armadas israelíes, la mayoría de la población palestina se encuentra cada vez más en una situación de mayor desesperación y desamparo.

A ello hay que añadir los refugiados palestinos en países vecinos de Israel con las consiguientes consecuencias para los países de acogida y, sobre todo, para la propia población palestina: Jordania, con más de 2 millones de habitantes, Siria con más de medio millón, Líbano con cerca de medio millón y otros países como Arabia Saudí, con 240.000 refugiados, Egipto con unos 70.000, etc., es decir, una auténtica diáspora de esta población árabe.

Para completar el panorama por el Oeste y el Sur, no olvidemos a: Egipto, comandado por un dictador que procede del ejército, el general Al Sisi, cuyo incumplimiento de los derechos humanos es reconocido; la dictadura wahabita de Arabia Saudí con la aplicación de la sharía o ley islámica y especialmente inhumana con mujeres, población LGTBI o disidentes políticos (recuérdese el caso de la ejecución en Londres, en la Embajada de Arabia del periodista Jamal Khashoggi , por instrucciones del príncipe heredero al trono).

Merece especial atención la guerra de Yemen, donde los bandos en conflicto se reparten el apoyo de Estados Unidos y Arabia Saudí, de una parte, e Irán de la otra. Como suele suceder la mayoría de bajas son población civil, que es también quien está sufriendo las mayores penalidades.

Quizás, para completar esta resumida visión, habría que mencionar el estado nuclear de Pakistán, que, afortunadamente tiene un funcionamiento más o menos aceptable, si bien tiene abierta una disputa territorial con la India por Cachemira, siendo ambos estados potencias nucleares, y Afganistán, de incierto futuro tras sucesivas guerras con la Unión Soviética en los años 80, el gobierno talibán y otras intervenciones más recientes de EEUU, Gran Bretaña y la OTAN, con la participación de unos 1700 militares españoles, que no consiguen eliminar el activismo del terrorismo fundamentalista.

Ciertamente, el panorama es desolador y es comprensible que las poblaciones árabes miren con recelo y desconfianza a occidente. También queda claro que la intervención de los distintos gobiernos obedece a intereses estratégicos y económicos, no olvidemos que estamos hablando de una zona con importantes productores y reservas de petróleo. Las recomendaciones de la ONU y diversos institutos internacionales u organizaciones de derechos humanos son desoídas continuamente y no parece querer hallarse solución a una posible cohabitación entre los distintos regímenes y estados, de signos tan diferentes y encontrados.

Sin embargo, a nivel de ciudadanía, hay gestos esperanzadores como distintos grupos pacifistas en oriente y occidente en todos estos países y actos de reconciliación y reencuentro como el abrazo de los pueblos, que también se celebró en Ciudad Real el pasado 5 de mayo, al igual que en otros 9 países y decenas de ciudades en todo el planeta.

Son gestos pequeños, desde luego, pero ponen de manifiesto el deseo de paz y reconciliación de la gente, de cerrar heridas y caminar sin odio ni resentimiento. Es necesario que nos impliquemos cada vez más en soluciones pacíficas y en cerrar conflictos de manera no violenta, una ciudadanía decidida que pida una implicación en este sentido a nuestros gobiernos acercará soluciones a medio y largo plazo a estas regiones castigadas por situaciones vitales tan duras.

Para ello vemos necesario que cese el intervencionismo de las potencias mundiales y se elimine el derecho de veto en las Naciones Unidas que pueden ejercer, precisamente, los 5 países que producen y exportan más armamento, para que su fuerza se enfoque a proteger a la población, a separar a los bandos en conflicto armado y a restablecer los cauces de participación civil con los que reconstruir y desarrollar las sociedades violentadas.

El mayor deseo de los pueblos, de la gente, es la búsqueda de una vida en paz y no perder la esperanza, nunca.

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