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Lenguaje calzado

- 24 agosto, 2019 – 19:462 Comentarios

No tanto el lenguaje de los zapatos, que bien pudiera ensayarse un estudio aproximativo y semiótico desde los iconos de Manolo Blahnik a las piezas mileuristas de Louboutin.

Y es que en el empeño clasificatorio de zapatos, zapatillas y botas habría un recorrido potencial desde el teatral coturno a la campesina albarca, desde el deportivo de última generación tuneado con joyas a la desnuda chancla brasileña.

Desde el tacón de aguja al zueco rústico, desde la alpargata al zanco monumental.

Desde la bota cabritera a los zapatos de agua, desde el borceguí a los Segarra de toda la vida.

Todo un repertorio de signos y significados por desvelar y por ensayar.

Pero no usos clasificatorios, sino el uso de los modos sorprendentes que se realizan con los zapatos por delante.

Y sobre todo con los zapatos sobre la mesa.

Que no se sabe si es una forma de protesta o una forma de ineducación muy promocionada.

Protestas, como las realizadas por Nikita Kruschev en la Asamblea General de Naciones Unidas de 1960, martillando el atril con su zapato derecho.

Un martillo sin hoz, pero con coz.

Cuando tendría que haber utilizado mejor el zapato izquierdo.

Más coherente con su representación de las lateralidades políticas.

La imagen de Kruschev zapateril, y gracias a su arraigo de protesta, fue imitada años más tarde por el diputado del Bloque Nacional Galego, Beirás, quien esgrimía el zapato amenazante y amenazador.

No preguntando quien lo había perdido, en un olvido nocturno propio de Cenicienta. Sino acusando al adversario.

Y de este pelaje de gestos exagerados hay muchos y variados.

Desde nuestro/vuestro Aznar en una reunión del G-8 en Calgary, Canada.

Donde Bush junior y Josemari presidente, exhiben marca de zapatos sobre la mesa aturdida.

Gesto que volvieron a repetir en vísperas de la guerra de Irak, en la reunión de Las Azores.

Pies sobre la mesa, en un gesto vaquero y prepotente.

¡Qué se entere Sadam Hussein!

Otro hombre público aficionado a colocar pies sobre mesa, ha sido el expresidente Bark Obama.

Tan aficionado a enseñar marcas de zapatos como a jugar al baloncesto.

La última prueba de ¿protesta? o de ¿ineducación? nos la ha ofrecido el primer ministro británico, Boris Johnson.

Repantingado sobre el taburete en presencia del Presidente francés Enmanuelle Macron, que se queda de piedra o de madera, con los modales de carretero del británico.

Podrán decir lo que quieran de la exquisita educación británica, pero la foto del primer ministro Boris Johnson con los pies encima del taburete, nos hace desconfiar de las exquisiteces británicas.

Y dudar del Brexit duro y descalzo.

Antes se hablaba mucho de los modales, como forma exteriorizada de educación y cortesía.

Incluso como forma de urbanidad.

Asignaturas todas ellas que se impartían en los empolvados y perdidos cursos del bachillerato pasado.

Hoy, por lo que vemos, sería inconcebible tal materia curricular.

Aunque bien cierto es que la propuesta educativa era para enseñar tanto los buenos  modales, como para apartar al educando de los males modales.

Y entre los males modales, se ubicaban toda la rúbrica de ruidos que estaban vedados en público (pedos, eructos, gárgaras) como ha estudiado con tiento Norbert Elias en el esfuerzo civilizatorio.

Entre los males modales que se listaban en los manuales, aparecían algunos que quizás sigan vigentes, como el de poner los pies encima de la mesa.

 Aunque por lo referido últimamente, esta práctica está en desuso

José Rivero
Divagario

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