Almodóvar del Campo: Lucila Acero Lara cumple cien años entre el cariño de su familia y vecinos

Lucila Acero Lara es otra de las personas naturales de Almodóvar del Campo que atestiguan la longevidad que caracteriza a no pocos ciudadanos de la localidad y a la que, con motivo de su reciente cumpleaños número 100, quiso felicitar el Ayuntamiento en una tarde de alegría junto a familiares, parientes y amigos.

A pesar de tan avanzada edad, esta mujer se muestra jovial, afable, plena de capacidad mental y más o menos bien en lo físico, aunque hoy en día sus paseos los da en la seguridad de su casa y, de vez en cuando, junto a alguno de los suyos, por la calle, recibiendo en cualquier lugar el cariño de paisanos que le aprecian.

Su confesada afición por la conversación hizo pasar junto a ella, el pasado jueves día 17, fecha de tan centenario aniversario, una deliciosa tarde de sencilla fiesta en la que las concejalas Carmen Santos, que se ocupa de las personas mayores y su antecesora en la materia, Lidia Paz, la agasajaron también con tarta y un ramo de flores.

Si bien la prematura ausencia de su marido José Antonio es algo que lleva bien dentro de su corazón, ella dice sentirse “muy feliz” reviviendo lo mucho que se querían. Además, sus hijos son, dice, “el fruto que me ha dado” y confía en que “sigamos mucho tiempo así, el tiempo que yo viva, que vivamos felices como hasta ahora”.

Ella era la segunda de cuatro hermanos. La mayor, Natividad, y Cesáreo, el tercero, ya fallecieron y, al igual que Lucila, Rodrigo, “el pequeño”, también vive. Como madre, tuvo cinco hijos, cuatro varones y una niña que murió. Y cuenta también tres nietas y cuatro nietos y cuatro biznietos, dos niños y dos niñas.

Su buen estado le permiten entretenerse con el ganchillo y seguir aprendiendo pues, reconoce, “me gusta mucho que leer”, hasta el punto de tener “maletas llenas de libros”. Ahora está descubriendo por primera vez ‘El Principito’. La televisión, en cambio, no le gusta porque no la oye bien.

Una memoria en plena forma

Ella prefiere conversar con cualquier persona, a lo cual contribuye una “muy buena memoria” y guarda especiales recuerdos de celebraciones en Almodóvar del Campo como la de su barrio, san Antón, en donde reside. Pero su amor por las tradiciones y las fiestas alcanza a toda la población y todo el calendario.

Así se entiende que también Lucila sea muy amante de los toros, rememorando los encierros que antes se corrían en la población cuando llegaban por el campo, tras vislumbrarse por la ‘Cuesta López’ y entrar en el casco urbano tras dejar atrás ‘La Chorrera’. Eso sí, “yo era muy cagueta”, dice con su imborrable sonrisa.

Por lo demás, durante su vida pudo dedicarse sobre todo a las cuestiones cotidianas del hogar y de la familia, dado que sus cuatro vástagos podían dedicarse al campo. Así, que en casa podía centrarse en las comidas, sobresaliendo especialmente en los dulces, como las natillas o las ‘viejas’ y los ‘borrachos’. De su abuela Rosa aprendió mucho.

La matanza o hacer jabón, eran otra de las cuestiones más habituales en las casas de antaño. Todo eso sigue bien atesorado en sus recuerdos y en su ánimo, de manera que junto a los suyos siempre tiene ocasión de recordar aquel pasado, aunque reconoce que las comodidades de hoy en día facilitan mucho las cosas.

Tanto Santos como Paz se mostraron encantadas por la acogida que les ofreció Lucila y el resto de sus familiares, destacando su “buen ánimo, que es también una de las señas de identidad que nos caracteriza como pueblo y a nuestro vecindario en general”, apuntaba la concejala de Atención a Mayores.

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