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Política como bernardina

- 29 octubre, 2019 – 10:359 Comentarios

Mientras que la economía, la cultura y la sociedad se disuelven, como azucarillo en el agua, en un desarrollo propio de una sociedad líquida que se desvanece, la política se desvirtúa.

Todo se desvanece, todo se licúa y todo muta.

O se transforma en lo que no es.

Mostrando lo que es, tanto como lo que no es.

Si es que ello fuera posible: estar dentro y estar fuera al mismo tiempo.

Ser y aparecer.

Ir y volver.

Que no siempre es lo mismo, aunque lo parezca.

Parecer y ser.

Y de ello, de esa apariencia de esencialidad y de importancia, da cuenta el tiempo presente de una política fatigada y ajada.

Como no podía ser de otra forma.

Que muestra sus cicatrices y heridas en vísperas de una nueva (¿…?) campaña electoral.

Por ello resultan admirables y dignos de elogio y aplauso, los seguidores y fieles de la política y de los partidos políticos en formación electoral.

Que asisten a la liturgia de  las celebraciones, actos, reuniones, asambleas, mítines y convenciones, como si fuera algo nuevo en el firmamento social.

Algo nunca visto, algo nunca oído.

Pretendiendo impostar novedad donde sólo hay repetición sin fín.

Pretendiendo creer en una comunidad virtual/electoral, donde se agitan otros intereses y otras verdades.

Como una saga, como una fuga.

La Saga/Fuga que escribiera Gonzalo Torrente Ballester.

Y haciéndonos ver a los políticos en ejercicio y en ropa interior, como prácticos avezados y consumados de la Bernardina.

No la Bernardina, como arte menor del toreo mayor, impuesta por el lidiador catalán Joaquín Bernardó.

Otra particularidad rara: lidiador y catalán.

Casi un oxímoron.

Como la reunión/declaración de Llotja de Mar, de los partidos nacionalistas/independentistas.

Un oxímoron, al reunir en un imposible conceptual la Internacional de los Nacionalismos.

Arte mayor del toreo menor, como cierta política funambulista.

Como ciertas Bernardinas.

Que no se si los políticos, en ejercicio y ropa interior, la aprenden; que no se si esos políticos persistentes, la estudian en sus bachilleres.

Que ya sabemos que es un género jocoso oral que se utilizaba sobre todo entre los estudiantes del Siglo de Oro español.

“Género y discurso sinuoso, para burlarse de los palurdos e ignorantes, y consistente en proferir, con aire solemne una frase disparatada o absurda, de lenguaje enmarañado, pronunciándola con un tono perfectamente serio como si fuera algo crucial o muy importante”.

Esa frase disparatada o absurda de lenguaje enmarañado’ que se profiere y enuncia como algo verdadero y legítimo, se parece cada vez más a las ofertas y promesas electorales.

Que se transforman rápidamente en ‘papel mojado’, propio de los estado líquidos como los que vivimos en el presente.

Que hacen buena la aseveración del viejo Profesor Tierno Galván, cuando afirmaba que “los programas electorales, están para no cumplirse”.

 Pura Bernardina.

Fuente: El País

Razones de Tierno, que prolongan las de Covarrubias de 1611, al hablar de las Bernardinas como:Unas razones que ni atan ni desatan y, no significando nada, pretende el que las dize, con su dissimulación, engañar a los que le están oyendo”.

Definición que perfección Gonzalo Sobejano, al afirmar: “Dicen bernardinas los ladrones para dejar suspensos a aquellos a quienes van a despojar; las dicen pícaros y pícaras para robar y seducir; dícenlas los enamorados para deslumbrar a la mujer o llegar hasta ella sorteando obstáculos y divirtiendo vigilancias, y los criados de los galanes para ayudar a éstos en sus aventuras”.

Definiciones que, actualizadas y mejoradas, deberían dar cabida a los políticos en etapa electoral, que prometen cosas de cumplimiento imposible, pero que sirven de contento y algazara a la parroquia votante.

José Rivero
Divagario

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