Un largo camino hacia el Brexit: la abrupta salida de la UE

Miriam Naharro Rozas y Mario Villamor Nodal.- Desde el año 2016 el Brexit ha estado presente en la agenda política mundial y ha constituido uno de los principales quebraderos de cabeza del gobierno británico y de la Unión Europea, principalmente, por la situación en que quedará la ciudadanía de ambos ejes económicos y sociales una vez producida la escisión.

De hecho, hay convocadas elecciones anticipadas en Reino Unido para el próximo 12 de diciembre (los terceros comicios que se convocan en los últimos cuatro años) y las oleadas de dimisiones en el gobierno británico no han dejado de sucederse.

La creación de una frontera fantasma entre Irlanda e Irlanda del Norte, la suscripción de acuerdos comerciales entre Reino Unido y la UE o la equiparación con otros territorios como Noruega… se han barajado distintas opciones para salvar la salida de Reino Unido, todo ello bajo la amenaza del regreso del terrorismo a la región del Ulster y el proceso de paz alcanzado en la región, además de volver a planear la independencia de Escocia, partidaria de la permanencia en la UE. 

Pero… ¿Qué es exactamente el Brexit? El Brexit constituye un proceso a través del cual Reino Unido pretende su retirada de la UE. Para ello, este país activó el procedimiento regulado en el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea. Este precepto regula la retirada voluntaria y unilateral de cualquier Estado miembro de la comunidad política y social europea. La retirada de un Estado miembro convierte a ese Estado miembro en un estado tercero, y también en estado tercero a efectos comerciales.

Este proceso empezó el 23 de junio de 2016, tras 43 años de pertenencia a la comunidad europea. A través de un referéndum, la ciudadanía británica se pronunció a favor de que su país abandonase la Unión Europea.

Este referéndum surgió como parte de una promesa de las elecciones de 2015 del entonces primer ministro de Reino Unido, David Cameron para apaciguar el elemento «euroescéptico» del Partido Conservador. El principal argumento de la campaña a favor de la salida fue que con el Brexit los/as británicos/as iban a «recuperar el control» sobre sus propios asuntos, en particular sobre sus fronteras, lo que permitiría un mejor control de la migración.

Londres votó mayoritariamente por la permanencia (el conocido como «Bremain»). Sin embargo, la periferia se inclinó por la salida de Reino Unido de la UE, con excepción de Escocia (62% a favor del «Bremain»), Irlanda del Norte (56% a favor de la permanencia en la UE) y Gibraltar (casi un 96% estuvo a favor de que Reino Unido no abandonase la UE). El Brexit, por tanto, ganó el referéndum con el 51,9% de los votos (una escasa mayoría, que choca contra la mayoría cualificada que debería requerirse para un asunto de tal calado).

Continuando con el relato, contamos con tres partes en esta negociación: por un lado, Reino Unido quiere abandonar la Unión con un acuerdo pero pretende efectuar alianzas comerciales con países de todo el mundo; en segundo lugar, la  UE pretende  proteger el mercado interior, es decir, busca evitar un «agujero» en la frontera por donde entren mercancías sin pagar los derechos de aduanas de paises terceros y, por último, debemos hacer referencia a la situación de Irlanda. En cuanto a este país, cabe decir que está teniendo una voz especial, dado que el Brexit perjudicaría su economía en gran medida. Además, el país desea cumplir el conocido como Acuerdo del Viernes Santo, suscrito entre los gobiernos británico e irlandés y que se saldó con la resolución del conflicto de Irlanda del Norte. 

Buena prueba de ello es que más del 80% de la ciudadanía irlandesa considera que la pertenencia de su país a la UE le ha sido beneficiosa, según los datos del último Eurobarómetro del mes de octubre de este mismo año. De hecho, históricamente su divisa era bastante débil en comparación con la libra esterlina y fue con la adopción del euro cuando Irlanda tuvo por fin estabilidad bancaria y generó mayor confianza entre los/as inversores/as.

Ahora, Reino Unido tiene la misión de buscar otros mercados, de suscribir acuerdos comerciales con estados terceros y con la UE pero, para ello, necesita entrar en el mayor número de mercados.

En este sentido, Trump apoya que Reino Unido salga de la UE y aspira a establecer acuerdos comerciales entre otros con este país, llegando incluso a sugerir un acuerdo sanitario que, desde la parte británica no se ve tan claro. En cualquier caso, lo que sí está claro es que Reino Unido puede aliarse con Estados Unidos y recobrar importancia desde el punto de vista comercial y económico una vez abandonada la Unión Europea.

De hecho, con el gobierno de Theresa May, se habló de retomar la oportunidad para retomar las negociaciones con la «Commonwealth», la mancomunidad de naciones compuesta por 53 paises soberanos independientes y semi-independientes, que comparten lazos históricos con Reino Unido y cuyo principal objetivo es la cooperación internacional en el ámbito político y económico. Londres busca ahora revivir los lazos con todas las antiguas colonias, ya que desde que se adhirió a la Comunidad Económica Europea, no podía negociar acuerdos de libre comercio de forma bilateral con terceros.

La novedad del acuerdo suscrito por Boris Johnson, actual Primer Ministro, reside en la desaparición del backstop o salvaguarda inglesa. Antes, el Ulster tenía derecho a permanecer indefinidamente en el mercado interior. Ahora, cada cuatro años habrá de pronunciarse si decide permanecer bajo «frontera británica» o en el mercado interior. Además, si UE o Reino Unido decidiesen «hacerse trampas» en los nuevos acuerdos comerciales (por ejemplo situando la etiqueta de “Hecho en Belfast”) sería el Tribunal de Justicia de la Unión Europea de Luxemburgo quien dirimiese el conflicto. De hecho, la relación futura que se pretende entre ambos ejes es la de zona de libre cambio, esto es, la supresión de algunos aranceles y cuotas y la reducción de los trámites burocráticos. Así, la relación futura será lo más cercana posible.

En cuanto a la posibilidad de una salida abrupta o «blanda», ya se votó por el propio Parlamento británico el pasado mes de marzo que el abandono de la UE habrá de ser pactado. El ya mencionado artículo 50 impone que, si no se llega a un acuerdo, los tratados de la UE dejarán de aplicarse al país dos años después de la notificación.  Con Irlanda se prevé que sigan aplicándose durante más tiempo y, de hecho, tanto Bruselas como Londres se comprometieron a mantener abierta la frontera irlandesa, siendo la prioridad preservar el Acuerdo de Paz del Viernes Santo.

El futuro acuerdo de retirada,  afectará tanto a la ciudadanía de la UE como a los nacionales británicos que deberán residir legalmente en el Estado de acogida al finalizar el periodo transitorio de negociación del Brexit.

Aun así, si finalmente Reino Unido llegase a abandonar la UE sin acuerdo, la ciudadanía británica que resida legalmente en España antes de la fecha de salida de la UE, adquiriría el estatus de residencia legal durante 21 meses, obviando el hecho de que dispongan o no de documento de residencia.

Si hubiese acuerdo, los/as ciudadanos/as británicos/as que lleguen a residir en España antes de concluir el período de implementación tendrán derecho a registrarse como residentes en España.

Una de las principales consecuencias de la salida es que Reino Unido se considera la quinta economía más grande del mundo, por lo que su salida tendría consecuencias a nivel mundial y para todos los países (incluso afectaría en temas en los que no solemos reparar como mayor burocracia para el permiso de circulación por carretera, actualmente válido a nivel de la UE).

La inestabilidad en los mercados podría desencadenar unas consecuencias imprevisibles (de hecho, se habla de una reducción de entre el 2,5 y el 3,5% en el PIB británico). En 2017, el Reino Unido aportó al presupuesto de la UE 10 580 millones de euros. Asimismo, recaudó en nombre de la UE 3 970 millones de euros en derechos de aduana, de los que retuvo un 20 % en concepto de tasa administrativa.

Dinamarca, Países Bajos, Austria y Suecia se benefician de una reducción con un montante fijo en sus contribuciones al presupuesto; las contribuciones de Dinamarca, Irlanda y Reino Unido se ven reducidas porque no participan en algunas políticas en el campo de la Justicia y los Asuntos de Interior.

Otra consecuencia en este caso a nivel europeo es que la salida complicaría las relaciones comerciales entre los países, ya que Reino Unido aporta casi la mitad de sus exportaciones a la UE. Otro dato relevante en este asunto es el tema de la logística, ya que se lleva a cabo a través del túnel de canal de la Mancha y muchos camiones diariamente cruzan con productos y mercancías de origen español.

Nuestra región también se verá indudablemente afectada, dado que el mercado británico es uno de los principales para los productos castellano-manchegos. De hecho, desde la Junta de Comunidades se ha habilitado un enlace especial con información referente a este tema: https://www.castillalamancha.es/gobierno/vicepresidencia/estructura/dgvriae/actuaciones/retirada-del-reino-unido-de-la-ue-brexit

Entre los sectores económicos de Castilla La-Mancha que pueden verse afectados por esta situación, destacan tres:

  • En primer lugar, el mundo del automóvil. En Guadalajara hay instaladas empresas que fabrican componentes y piezas de coches.
  • En segundo lugar, la industria agroalimentaria, destacando la producción vinícola.
  • Por último, el sector de los bienes de consumo, donde se pueden ver afectados la fabricación de muebles, calzados y textiles.

Actualmente la UE y Reino Unido han acordado una extensión flexible del Brexit hasta el 31 de enero de 2020. Dicha fecha se establece como límite, dado que si Londres consiguiese ratificar con carácter previo el acuerdo de salida, podrían abandonar antes la UE. A pesar de las críticas por la flexibilidad de la UE en cuanto a la salida del bloque británico, cabe remarcar que conforme al artículo 50 del Tratado, la UE no puede negarse a conceder una prórroga cuando sea por razones justificadas. Cuando sí se prohibiría es si se constatase que Reino Unido «está jugando al gato y al ratón». Ahora nos encontramos ante una prórroga técnica: Boris Johnson ha sido incapaz de que el Gobierno británico vote su acuerdo. De este modo, solo se contemplaría una posible prórroga adicional si Reino Unido revocase su intención de abandonar la UE (que parece imposible que esto se produzca).

Bajo nuestro punto de vista, no es sólo la salida de Reino Unido: es la apertura de una herida en el resto de la Unión Europea, aunque el negociador jefe europeo del Brexit lo vea como una gran oportunidad si se aprovecha de manera positiva para la cohesión del territorio europeo.

Fuentes consultadas:

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