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Mikel Erentxun y la primera ‘fake news’ de Puertollano

- 1 febrero, 2020 – 12:316 Comentarios

Santos G. Monroy.- En aquella España de rock deslumbrante, bohemio y enloquecido todo podía suceder. Pero no, Mikel Erentxun nunca recibió el legendario botellazo que le partiera un diente ni en el Puertollano de 1986 ni en ningún otro espacio ni tiempo, o al menos eso dice él, aunque la leyenda urbana es imborrable en el imaginario colectivo de la ciudad minera y más allá.

Sí es cierto que el fundador de Duncan Dhu actuó en aquellas movidas poperas tan politizadas por la llegada de bandas del movimiento radical vasco y agitadas por la proverbial enemistad entre heavies y punkies. Carlos Mahoma, el cantante de la agrupación punk vasca RIP, recibió en Puertollano el impacto de una teja lanzada desde el público, y fue conducido por la policía a la Casa de Socorro, de donde escapó por una ventana al creer que iba a ser detenido por sus gritos contra la Guardia Civil. Algo parecido le ocurrió al líder de Kortatu, Íñigo Muguruza, víctima de un ladrillazo de tal calibre que, en venganza, juró que convocaría a todas las hordas punkies para arrasar Puertollano.

El caso es que Kortatu y Duncan Dhu compartieron un surrealista cartel en el gimnasio de la calle Copa con motivo de las movidas poperas de la feria de mayo de 1986, y la rumorología popular convirtió al diente de Erentxun en víctima de las guerras ciberpunkies. Toda una ‘fake news’ a escala nacional cuando ni siquiera se usaba el teletexto y el ordenador más avanzado era un Commodore.

Desde entonces la fábula no ha hecho sino acrecentarse, y la nostalgia por aquellos tiempos de salvaje inocencia ha estrechado un curioso vínculo entre Puertollano y el artista. En los institutos ochenteros, desde el rockabilly Fray Andrés hasta el pijo de Inmaculada Enpetrol, Mikel era el terror de las nenas y el forro de sus carpetas, y sus canciones eran coreadas por los celosos adolescentes, aunque solo fuera para ganarse un guiño de aquellas chicas de ayer.  

Duncan Dhu hacía furor, desde Quinta Avenida hasta TNT y El Punto, en los viejos pubs del corazón de la movida puertollanera, en plena fiebre rocker a este lado del Ojailén. Cien gaviotas. Esos ojos negros. Una calle de París. Eran canciones propicias al romance cálido de un western entre acordes de armónica.

35 años después, esas composiciones mantienen la frescura de su sólida base acústica y Erentxun es considerado como uno de los grandes músicos de este país. Ahora regresa a Puertollano de la mano del Winter Festival, con un repertorio completamente renovado, quizá para regalar a la ciudad alguno de sus temas atemporales, y recibir el homenaje de los guardianes de aquella indómita y fabulosa ciudad.

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