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A propósito de parásitos

- 1 marzo, 2020 – 19:34Sin comentarios

Miguel González Caballero. Diputado Nacional del PSOE por la provincia de Ciudad Real.- “- ¿De dónde viene ese olor? - No lo sé. Es difícil de describir. Pero a veces lo percibes en el metro. - Hace años que no me subo a un metro. - La gente que se sube al metro tiene un olor especial".  Parásitos. (2020).  

Los trabajadores precarios bajan escaleras, los ricos las suben. Vivir en sótanos o hacerlo en grandes lofts. Cemento frente a zonas verdes. Universidad en el extranjero o dejar la universidad. La película “Parásitos”,  ganadora del Oscar a la mejor película, nos muestra el momento de desigualdad presente en las sociedades avanzadas.

Dos de los protagonistas, el señor Park, profesional de referencia en el mundo tecnológico y Ki-Taek, trabajador en paro de mediana edad,  viven en el mismo país pero parecen que son de dos naciones completamente distintas. ¿Por qué existe una brecha social que hace desaparecer cualquier vínculo entre personas de un mismo país? ¿Qué ha pasado? ¿Qué nos ha pasado?

Sin espacios comunes no hay cohesión social. La fortaleza de las sociedades se encuentra en buscar, mantener y construir espacios comunes. Lugares compartidos. Que toda la ciudadanía, independientemente de su origen socioeconómico, pueda ir al mismo ambulatorio, al mismo colegio o coger el mismo transporte para ir a trabajar es señal de una sociedad cohesionada que avanza en democracia;  como espacio de encuentro de la participación y preocupación por lo común.

Sin esos espacios  el individuo pierde el sentimiento de pertenencia a la sociedad y por ende el de sentirse responsable para con ella. Lo que se traduce en un aumento de la desigualdad. Thomas Piketty en su último libro, Capital e Ideología, lo cuenta en el caso de sociedades desarrolladas como EEUU. Un país en el que la hiperminoría más rica paga menos impuestos por ingresos en la actualidad que en 1935.

La independencia fiscal de una minoría rica trae efectos económicos negativos: la pérdida de talento, falta de oportunidades para la pequeña y mediana empresa, deterioro de los servicios públicos. Son consecuencias negativas que pagamos todos y  que también afectan a  aquellos que no quieren contribuir a la sociedad. El discurso por la justicia social no solo es necesario ideológicamente, también es conveniente económicamente.

Hoy más que nunca la socialdemocracia debe continuar defendiendo un proyecto que impulse la igualdad de oportunidades, fortalezca lo común y aporte seguridad y certidumbre ante el vértigo del futuro.El éxito de estas políticas, que no solo deben ser defendidas por los partidos socialdemócratas, será el éxito de una democracia que aspira a más libertad e igualdad, un país que tiene fuertes diques frente al nuevo autoritarismo de la ley del más fuerte.

 Ojalá y consigamos que  la película “Parásitos” pertenezca más al género de ficción que a la realidad desigual que existe en las sociedades avanzadas.

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