La Borricá de Torrenueva: Promesa y ofertorio, una historia de roles compartidos

Tonka Ivanova Angelova, Ana María Medina Pérez, Eva María Jesús Morales y Raquel Almodóvar Ortiz. ORISOS.– Un año más, el martes de Carnestolendas celebró Torrenueva su Borricá, singular fiesta con múltiples matices, declarada de Interés Turístico Regional. De hecho, este mismo año fue presentada en FITUR.

En esta ocasión, se ha dado la excepcionalidad de la vacante producida para correr la Bandera, por lo que el propio Ayuntamiento de Torrenueva puso en marcha un sorteo, con el fin de hallar candidatos a portar la Bandera y el Bastón, ya que esta parte de la ceremonia debe ser llevada a cabo todos los años, a pesar de las adversidades, tal y como nos relatan los torreveños. Dos nombres fueron los agraciados, el de Jesús Toledo, como portador de la Bandera de Ánimas y el de Bautista Garrido para el Bastón de Mando. Un hecho singular es que hace unos treinta años el padre de Jesús Toledo se presentó al sorteo, al darse la misma situación que este año y resultó también agraciado para “correr” la Bandera. Este hecho animó a Jesús a presentarse al sorteo del presente año. Por otro lado, el portador del Bastón, Bautista, habitualmente suele ser quien toca el tambor en la Borricá.

Para el perfecto discurrir de este día, la gestión de gastos y preparativos necesarios fueron asumidos por parte del Ayuntamiento, adecuándose la gran nave o salón de usos múltiples, ubicado a las afueras del pueblo cerca de los Silos. No obstante, la familia del abanderado quiso preparar una invitación previa en su casa para agasajar a todos los que quisieran acercarse. A partir del momento de la bajada de la bandera, la casa del abanderado se cerró, prosiguiendo el “convite público” en la zona de los Silos.

Mientras transcurría la Misa, un paisano residente en Madrid, compartió con nosotras su percepción de la fiesta en cuanto a los roles asignados al hombre y a la mujer. El papel de la mujer convencionalmente, nos decía, era mucho más restringido antaño que en la actualidad. Una mujer a lomos de un caballo o burro no era muy habitual en aquellos tiempos, al igual que estaba mal visto que fueran a los bares. Sin embargo, transcurrida la década de 1990, la mujer como abanderada o portadora del bastón de mando irá cobrando progresivamente mayor presencia.

Al finalizar la misa, la muchedumbre se encamina a la casa de la bandera, donde la familia y vecinos se habían apresurado a disponer a lo largo del pasillo varias mesas con ricas y abundantes viandas.

El momento de mayor emoción llegaba a las 14:00 h. de la tarde. El sonido de la banda de música Edeba acompañaba quedamente este instante. El abanderado descolgaba la bandera del mástil, besándola después. Los jinetes aguardaban esperando el momento de empezar a galopar detrás de la bandera y el bastón, en su recorrido a lo largo de los templos religiosos de las ermitas del pueblo.

Tras ello, la comitiva se encamina hacia la nave habilitada para el convite. Diversos vecinos estaban al cargo la rica limoná y la cochura, convidando a todos con parabienes dispuestos en bandejas para ser ofrecidos a los caballistas y a todo el gentío.

Entre la multitud de caballos, bien engalanados con moscones de colores, aún queda el burro Manolo, clara reminiscencia de la Borricá de antaño, en la que proliferaban los burros o mulas, hoy desgraciadamente desaparecidos y sustituidos por el predominio del caballo.

La Borricá, esta fiesta ancestral que hunde sus raíces en el siglo XVII, nos reviste un año más de esa atmósfera que la vio nacer. Entre la espiritualidad y la materialidad, promesa y ofertorio, roles compartidos esenciales, vocación multitudinaria al tiempo que íntima profesión de autenticidad.

 Gracias, vecinos de Torrenueva, por hacernos sentir parte de este trenzado que, como la pleita, cada año entretejemos como parte de vuestra comunidad.

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