Metáforas del aislamiento (y 2)

1. No es oro todo lo que reluce, podría ser una de las conclusiones extraídas del trabajo de Daniel Innerarity, a propósito de La cercanía y sus inconvenientes (EPS, 5 abril).

Tema que adquiere plena actualidad en el sopor del confinamiento y en la suerte de vida monacal a veces, y otras veces vida de prisión invisible e inevitable. “Nuestra civilización se ha construido sobre la distancia, pero su imaginario echa de menos la cercanía; la sociedad moderna incrementa la diferencia al mismo tiempo que añora la similitud”. Todo ello, todo ese binarismo de estirpe medieval –como ya comentamos en la primera entrega de estas notas– se desparrama entre nosotros al advertirnos: “¿Estamos preparados para vivir tanto tiempo en un espacio en el que sólo hay intimidad, donde la cercanía no es compensada por la distancia, sin esa cantidad de indiferencia y conflicto a que nos había costumbrado la vida moderna?”. En la medida en que se nos recluye, se produce además la infantilización y el confinamiento del enfermo contagioso, que elude justamente, la indiferencia y el conflicto de la vida a campo abierto del mundo urbano contemporáneo. Y es que, como dice Millas, “lo que era central devino periférico”. Y puede que lo periférico sea ahora lo central. Y no lo digo sólo por la República Popular China.

2. Esa visión del confinamiento –metáfora del cenobio y analogía del lazareto– como reclusión, voluntaria pero obligatoria, ha sido retomada como una actualización del perdidoCocooningde los años 80, por Jesús de la Gándara en la revista Hyperbole (https://hyperbole.es/2020/03/cocooning-vs-cloistering/). Práctica que bebía de cierta misantropía elitista propia del New Age y que se quería contraponer al Comunitarismogrupal y rockero de los 60. También se propuso en las puertas del Final de la Historia de Fukuyama, que invertía el marcusiano Final de la utopía. Frente a las practicas comunales y comunitarias de la utopía Hyppie, el aislamiento sofisticado de la distopia Yuppie. Ahora de la Gándara, en otro giro de tuerca, busca la denominación de Cloisteringpara enunciar el nuevo confinamiento que es más de lo mismo y que no deja de señalar a los viejos claustros monacales como ombligos –omphalos, griegos– del mundo y de su salvación. Cuando lo cierto es que el mercado inmobiliario está para pocas alternativas imaginativas, ya sean Cocooning o Cloistering, frente al creciente movimiento del Homeless y de los Sintecho; por no hablar de las paradójicas Soluciones habitacionales de la era de Zapatero y de la Era de Acuario.Probablemente ni Cocooning ni Cloistering, sólo habrá que elegir entre el cero y el infinito. O la infinita pobreza.

3. El otro ámbito del cambio dictado por el confinamiento tiene que ver con las soluciones gastronómicas y culinarias. Cerrados los restaurantes, las casas de comidas, las cafeterías, los gastrobares y los puestecillas de comida rápida, las alternativas pasan por reinventarse desde los fogones domésticos. Para demostrar que todos llevamos un máster-chef oculto entre los mandiles. Y así entre la compra a domicilio, las recetas on-line y las consultas a los nutricionistas –en evitación de sobrepesos sobrevenidos, por la falta de actividad física– estamos descubriendo la difícil gratuidad de las cocinas y la ausencia de las recetas memorables de nuestras madres y abuelas. Y por ello preguntamos ¿quién comerá torrijas en esta Semana Santa descafeinada y desprocesionada?

4. La otra dimensión de las ciudades, tratan de captarla y desvelarla los fotógrafos más o menos granados: Philip Cheung, Todd Heisler, Alessandro Penso o Noriko Hayashi, son algunos de ellos, que nos muestran las imágenes vacías de enormes ciudades vacías. Casi en contraposición con lo que ha venido realizando este tiempo atrás, Spencer Tunick,con su obsesiones carnales: recintos colmatados de masas desnudas, agolpándose en clara contraindicación de la llamada distancia social y de la norma del contagio. Frente a la saturación colmatada del pasado, el vacío con eco disonante del presente. Nostalgia de lo Lleno y metáfora del Vacío. Metrópolis vacías y espantadas, como cadáveres de enormes ocelotes varados en playas desérticas, ya frecuentadas por las distopías cinematográficas. Retratar a pueblos turolenses tiritando y a aldeas sorianas con calles desérticas –a lo que se han dedicado desde la santificación del concepto de España Vacía/España Vaciada– resulta tópico y fácil. Lo difícil son las imágenes declinantes de Times Square, de la Plaza Roja o de Place Concorde sin sombra humana. Un Vacío bucólico –por más penalización poblacional y social que soporte– y una Vacío viral y existencial.

5. Las ciudades vacías del momento anticipan los lugares del turismo más vacíos en los próximos meses: playas, carreteras, resorts, condominios, hoteles, bungalós, puertos y aeropuertos desérticos anticipan la huida y reclusión de las masas de turistas que nutren el PBI nacional hasta cotas del 15%. La contrapartida del descenso de esa masa sudorosa o sofisticada no sólo será contable, también será un respiro para los movimientos anti-turismo que ya se habían desplegado en los últimos años. De igual forma que la caída de la movilidad y la reducción del consumo de combustibles sólidos es también un beneficio medioambiental –caída de la contaminación– aunque sea a un precio elevado. Hasta los toros y la lidia, con la prohibición que se avecina, será una conquista indirecta de los antitaurinos.

6. La otra metáfora recurrente de estos días es la afirmación de que la COVID-19 es como una guerra. Y ello, dicho por gentes que no han leído a Sun-Tzu ysu extraordinario textoEl arte delaguerra. Pieza que al proceder del siglo V a.C. difícilmente puede ser tenida en cuenta como clave interpretativa de lo que está pasando. Sun-Tzu habla de la guerra de caballeros –tal vez un oxímoron oriental–, cuando hoy esa depravación es fruto de un mercantilismo mafioso. Convenimos lo de la guerra del COVID-19, merced a las bajas por defunciones y al empeño de los de sanitarios con voluntad de victoria, aunque no armados como un ejército. Voluntad de victoria, que ha sido el tercer concepto desplegado por Pedro Sánchez en su última insípida comparecencia, al citar churchillianamente las tres patas del comunicado resistente: Paciencia, Resistencia y Moral del Victoria. Churchill –no se si sabido por Sánchez– fue más directo y más carnal, al dirigirse a los británicos en la Segunda Guerra Mundial, con el famoso: Sangre, Sudor y Lágrimas.

7. Guerra virológica, posiblemente, pero de naturaleza distinta o de formato diferente a todo lo conocido antes, con las salvedades de las pestes más próximas. No hay ejércitos enfrentados, ni países beligerantes, ni contenciosos de fronteras en litigio, pero si habrá devastación tras la batalla. Cuesta entender una batalla contra un microorganismo invisible. Apenas un ácido nucleico revestido de una proteína periférica y con una elevada capacidad de replicarse, para a través de esas copias múltiples, desarrollar una elevada capacidad de contagio. Por más que se siga especulando sobre los orígenes de la batalla: casual o intencionado.

8. Otro ámbito en conflicto tiene que ver con el declive de la Cultura tangible versus la Cultura Virtual en curso. Bibliotecas, Teatros y Museos cerrados, cines sin programación, rodajes suspendidos, librerías clausuradas, exposiciones prorrogadas y aplazadas –desde el Leonardo italiano a otras celebraciones como Bienales y Exposiciones internacionales–, presentaciones aplazadas y conciertos sin final ni principio. Todo remite a un cero. O mejor aún, todo remite al pasado que será, a estos efectos, designo menos. Nos conformamos y nos conforman con volver la vista atrás: revisar los clásicos del cine de los sesenta, la vieja programación televisiva de los setenta, volver a las viejas exposiciones de los ochenta y releer a los Grandes Maestros de siempre. Una ceremonia de clausura que niega la apertura de todo futuro. Una ceremonia que se ovilla como el gusano en su capullo –puro Cocooning, frente al vuelo libre de la mariposa liberada.

9. Esa idea del aplazamiento sine-die de la actividad normal, trae casusa al problema del mundo educativo en cualquiera de sus escalones y niveles. Mundo educativo, escolar, bachiller o universitario, paralizado y sin claras perspectivas de continuidad. ¿Habrá exámenes o habrá aprobado general a la italiana? Por más que sepamos que el programa del curso escolar ni se ha impartido en su totalidad, ni se impartirá, con lo que ello comporta. Programas no cumplidos, prácticas no realizadas, lagunas curriculares y promociones paralizadas. No basta pensar que la tele-enseñanza cubre los objetivos pospuestos con la enseñanza presencial, en la clave de lo apuntado porInnerarity: “acabaremos echando de menos la escuela y la frialdad de los mercados”. Sobre todo, los presenciales.

10. La mejor visión de estos día –֪además del vacío ya citado– son la cantidad de locales de negocio cerrados. Y digo ya, en expresión desafortunada ‘de negocio’, cuando bien a las claras sabemos que serán pasto de las llamas de las deudas y del humo del olvido. Locales clausurados con su cierre inteligente, con sus persianas metálicas o con su modesto candado reforzado con gruesas cadenas. La cantidad de cerrojos, candados y ballestas desplegados entre tanta clausura comercial y artesanal invierte aquella costumbre de los enamorados romanos–todo empezó en Roma, sobre el río Tíber, luego se extendió a todas partes y ciudades con puente o con verja– de sellar su amor con un candado dispuesto sobre la cerrajería del puente y arrojar luego la llave al cauce del río. Hoy esos candados y cerraduras de todo tipo expresan justamente lo que se llevó el río y no volverá a esos negocios perdidos en la paramera de la crisis.

José Rivero
Divagario

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7 COMENTARIOS

  1. Muy brillante. Y sin tibiezas.

    Ciertamente, creo que los taurinos vamos a tardar una temporada en volver a disfrutar de nuestra pasión.

    Y reconozco el triunfo en ello de los animalistas…

    Han conseguido que pasear a un perro sea de mayor interés público que pasear a un niño.

    Esto acabará mal…para ellos.

    En cuarentena poco podemos quejarnos…

    Y las manifestaciones, que son el mayor arma política de la izquierda junto a su maquinaria propagandística regada generosamente con dinero público,…tampoco creo que se recuperen tras esto.

    La guerra utilizará nuevas técnicas de destrucción del oponente…

    Lo vimos en Cataluña.

    Y ahora con China.

    Viviremos de espaldas más que aislados.

    Y si podemos le joderemos con algún arma invisible…el desprecio más insolente.

    No me sale otra cosa ni veo otra cosa.

    Ni espero nada mejor.

    Estamos en guerra…no contra el coronavirus, sino contra lo que deberá ser o no el día de después.

    • Angel Manuel, mira que tu personaje creado, porque no creo que existas, es necio de narices.

      Si tanto te gustan los toros, que te pongan uno en la puerta de tu casa, y le abres.

      Si los que somos amantes de los seres sintientes, en los que obviamente están incluídos los animales, (aunque no tantos animales como hay por el mundo, de dos patas), estamos contentos porque al menos quedan aplazados por un tiempo las torturas en las plazas de toros.

      Así que tu «ansia viva» de ver sangre, mientras que dure este confinamientos, puedes alimentarla viendo peliculas de gore.

      • Lola y si tú estás de acuerdo con la inmigración ilegal, que no lo sé, cuántos inmigrantes tienes ya en tu casa?

  2. Brillante Sr. Rivero. Reconozco que he leído el artículo en modo mindfullnes o sea totalmente ausente de lo que sucede en el exterior. Quizá por eso tengo que hacerle una corrección. Verá, la batalla no es contra un microorganismo que quiere decir microbio, es decir un ser vivo. El corona virus no es un ser vivo. Necesita de uno para modificarlo

  3. Bueno, sobre el cómo se acabará la crisis, lo mejor que podemos hacer por el momento es mirar a la experiencia asiática.
    China ha regresado a algo parecido a la ‘normalidad’ después de tres meses de control estricto……

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