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Un barrio de La Solana atemorizado por un violento vecino ‘¡Voy a matar a vuestros hijos!’

- 22 mayo, 2020 – 16:004 Comentarios

Aurelio Maroto.- Llueve sobre mojado en la Avenida de los Poetas de La Solana. Es una calle relativamente joven, ubicada en una zona de ensanche de La Solana donde también abundan las parejas jóvenes, con un contingente importante de niños de corta edad. Lo que sucedió el pasado 24 de abril fue la gota que colmó el vaso, según informa Aurelio Maroto en la web municipal.

Foto: Gaceta

A las 8 de la tarde, en pleno confinamiento, la vecindad asomó para aplaudir a los sanitarios, como cada día. De repente, uno de esos vecinos salió de su casa portando un azadón. Estaba fuera de sí y comenzó a proferir amenazas e insultos a discreción. “Os voy a matar a todos, hijos de p…”, “vais a morir de coronavirus”, “voy a matar a vuestros hijos”…, gritaba mientras blandía el apero de labranza. Así reza textualmente en el relato que acompaña a la recogida de firmas que los vecinos han iniciado, a fin de dar a conocer el hecho y buscar el apoyo ciudadano.

Gema y Javier son uno de esos matrimonios que está sufriendo el acoso de CH. B., iniciales de un joven de origen marroquí al que no se conoce oficio ni beneficio. Tienen dos hijas de corta edad y la ‘mala suerte’ de que viven pared con pared con el presunto agresor. “Primero golpeó su portada con el azadón y enseguida se vino hacia nosotros profiriendo amenazas de muerte; dio con el azadón en mi puerta e hirió a mi marido en una rodilla”. “También levantó el azadón contra mí”, describe Gema Rodríguez-Rabadán a la prensa, arropada por varias de sus vecinas. “Aquí hay muchos menores y hubo casos de taquicardias, desmayos y mucho miedo”. No contento con su ‘hazaña’, montó en su coche e intentó atropellar a otro vecino que había intentado sujetarlo, “amenazándole con ponerle una bomba”.

La Guardia Civil se personó al cabo de unos minutos y, al parecer, los agentes también fueron amenazados de muerte y tardaron un buen rato hasta que lograron persuadirle para acceder a su domicilio y llevárselo. “Pero a las 11 de la noche estaba otra vez en casa”.

 Si llueve sobre mojado es porque, según Gema, “llevamos así alrededor de un año”. Este individuo ha amenazado con cadenas y es habitual verle conducir de forma temeraria, “pasa arrasando a una velocidad que da miedo”. Dice que las únicas relaciones que tiene “son el trapicheo, porque en mi casa huele a marihuana constantemente”.

Habida cuenta de la paralización de los juzgados por mor del estado de alarma, la respuesta que han tenido hasta ahora “es el trabajo que han podido realizar los servicios sociales del Ayuntamiento y la Guardia Civil”. Gracias a ello, el joven fue enviado a un centro de salud mental en Ciudad Real, donde ha permanecido dos semanas. Pero el pasado viernes regresó y “nuestra vida vuelve a ser la del terror y el pánico”. “Últimamente se dedica a pasar puerta por puerta, vigilando nuestros coches”. “Es una situación muy dura”, insiste. A la pregunta de si temen que pueda ocurrir algo verdaderamente grave, Gema es rotunda: “sí; tenemos miedo por nosotros y por nuestros hijos, asumiendo una violencia en la que unos menores no deben vivir”. Violencia que, dicho sea de paso, traslada a su propio domicilio, en concreto contra su madre, según el relato vecinal.

Sólo piden ayuda, ya que ven “muy difícil convivir con una persona así”. Reclaman a la justicia que actúe y busque la fórmula para resolver una situación de la que no son culpables y que consideran insostenible. “Necesitamos una respuesta de las administraciones”.

Indicios claros de delito

El abogado de la familia, Narciso Obregón, cree su cliente ha hecho lo que debe, poniendo la correspondiente denuncia. El documento ya sido elevado al Juzgado de Primera Instancia nº 1 de Manzanares, que ha abierto diligencias previas mientras se tramita la personación. El letrado asume la creencia de que estos hechos “puedan ser constitutivos de diversas infracciones penales”. Pero entiende que hay que aceptar los tiempos “en tanto se valore la imputabilidad del sujeto”.

Cuestionado por esa imputabilidad, cree que “existen indicios de haber un delito lesiones, además de coacciones y amenazas continuas que exigen el auxilio judicial, con el problema añadido de estar afectados menores de edad”. Eso sí, admite la “mala suerte” de estar inmersos en este paréntesis obligado por la pandemia, aunque confía en acelerar el proceso en los próximos días. Mientras tanto, la vecindad de la Avenida de los Poetas traga saliva…

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