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El Claustro de los Dominicos de Almagro y el teatro

- 15 julio, 2020 – 17:20Un comentario

Julián Plaza Sánchez. Etnólogo.- Durante los días en los que se lleva a cabo el Festival Internacional de Teatro Clásico, Almagro se transforma. Las personas que acuden al festival participan del ambiente teatral disfrutando de las representaciones, de sus plazas, de los claustros, de las iglesias transformadas en escenarios o simplemente disfrutar al sentarse bajo el cielo estrellado de una típica noche de verano.

            El Corral de Comedias construido en 1628 y descubierto en 1954, que fue adquirido por el ayuntamiento. Este escenario es el símbolo  y punto de partida del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro. Este edificio es el más preciado de todos los edificios históricos que podemos contemplar en esta población. En el año 2006 surge como nuevo espacio escénico la antigua Universidad Renacentista, ubicada en el conjunto Monasterio-Universidad de Ntra. Sra. del Rosario que estuvo regentado por los padres dominicos. Actualmente solo queda la iglesia, de una nave, con capillas laterales, entre las que destaca la capilla de la familia Rótulo. El Teatro Adolfo Marsillach está  ubicado en el antiguo hospital que formó parte del conjunto arquitectónico de la Orden de San Juan de Dios. El patio del Palacio de los Fúcares de la época de Carlos V, en donde se celebran los “after classics” para representar obras que comienzan a partir de la una de la madrugada. El Palacio de los Oviedo, un apellido que nos resultará conocido si recordamos que el Corral de Comedias de Almagro fue construido en 1628 por Leonardo de Oviedo. Lamentablemente, de aquella en otro tiempo poderosa edificación, a juzgar por los ostentosos restos que han llegado a nosotros, sólo queda la portada. En ella, además de su considerable tamaño, destaca el esquema de dintel sobre jambas rematadas con columnas.

          Del Monasterio de la Concepción Bernarda del que solo queda, de su construcción original, la nave de la Iglesia y la fachada. Pertenece al siglo XVII, de estilo barroco, presenta una fachada muy austera, donde coronando una puerta adintelada aparece una hornacina con la figura de San Bernardo, patrón de la orden. La Iglesia es de planta de cruz latina, de una sola nave, abovedada. En el crucero se encuentra una cúpula de cañón. Se habilitó hace algún tiempo para disfrutar de obras de Microteatro. También se representa en el Teatro Municipal, construcción del siglo XIX con un interior de estilo italiano. En este lugar en la década de los años 70 del siglo pasado, se proyectaba películas de cine. La Plaza de Santo Domingo, desde los comienzos del Festival de Almagro es un lugar intensamente utilizado para la realización de distintas actividades: el  teatro de calle, música, talleres e incluso albergó los primeros años las representaciones de la Compañía Nacional de Teatro Clásico en Almagro, antes de su traslado al Hospital de San Juan de Dios. Estos son algunos escenarios del Festival de Teatro, además se han habilitado casas nobles, ermitas y parte del palacio de los maestres de la Orden  de Caballería de Calatrava.

            Quiero hacer una referencia concreta al claustro del Convento de la Asunción de Calatrava, pues fue uno de los espacios escénicos desde el comienzo del festival y que por diversos motivos desaparecieron las representaciones teatrales. La construcción del monasterio de las monjas calatravas, tras numerosas gestiones, fue ratificada en 1524, aunque la magnitud del proyecto ocasionó su paralización durante años al agotarse los fondos, hasta que en 1543, Gutierre de Padilla hizo entrega de una cantidad importante con la condición de que su construcción finalizase en un año. Habitado por monjas calatravas hasta 1815, fecha a partir de la cual son trasladadas, y el convento pasó a ser ocupado por frailes hasta 1836, en que se suprimen las órdenes religiosas con el proceso desamortizador, y sus bienes pasan al Estado. En 1851 es declarado Monumento Histórico, pero el edificio sufre desafortunadas intervenciones derivadas de su uso como Cuartel de Caballería o almacén para guardar cereales. Posteriormente los padres Dominicos llevan a cabo varias intervenciones para restaurar el edificio a partir de 1903, tenían que acondicionarlo para establecer el colegio de la orden.

            Durante el tiempo que fue utilizado como escenario para representar obras de teatro, el espectador, al hallarse en el inmenso claustro renacentista, se aposentaba en un lugar que poco tiene que ver con lo convencional de un teatro. Los problemas no tardaron en aparecer. En 1998  los religiosos no aceptaron de buen grado la representación de “Fausto 3.0”, a cargo del grupo de teatro La Fura dels Baus. El prior consideraba que la obra era inapropiada para representarla en este lugar religioso, pues tenía como protagonista al demonio convertido en un hombre que trabaja en un laboratorio y odia todo lo que le rodea, especialmente a Fausto. A esto se unía que las representaciones tenían que respetar el edificio, débil por el paso del tiempo.

En el año 2005 se representó “Ricardo III” con montaje escénico de la compañía catalana Teatre Lliure, obra controvertida y que podía levantar polémica entre el público que se da cita en el espacio escénico. Este grupo de teatro ofrece una escenografía inspirada en la estética de los años 70, donde un conjunto de personajes caracterizados como “gente de la noche” (matones, mafiosos, prostitutas y demás fauna noctámbula) se dan cita en una especie de snack-bar donde transcurre toda la acción.  El “Ricardo III” vendría a representar a un mafioso obsesionado por el poder y cuya gula de dominio es tan descomunal que acaba provocando una espiral de violencia. La puesta en escena tenía tanta crueldad que el propio director del grupo de teatro autocensuró algunas escenas de contenido sexual explícito, para no provocar rifirrafes con el ámbito eclesiástico, ya que se representaba en el Claustro de los Dominicos.

            En el año 2006 el Obispado de Ciudad Real obligó a la organización del XXIX Festival Internacional de Teatro Clásico, a cambiar la ubicación de la representación de dos espectáculos previstos en el Claustro de los Dominicos por ofensivas: “El flamenco en los tiempos de la República” y “Un ramito de locura” de Carmen Linares, recopilan piezas que cantaores republicanos interpretaron en tiempos de la II República. Al final se representó en la Antigua Universidad Renacentista. Los motivos, según el Vicario General del Obispado, eran que mataron a los dominicos que había en julio de 1936 en plena Guerra Civil, por milicianos republicanos, por lo que no era lugar adecuado para representarla. La otra representación también se trasladó a la Universidad,

            También creó polémica la representación de “Los cuentos de Canterbury”, de Geoffrey Chaucer. El motivo fue porque el espíritu de esta obra combina la religiosidad, el humor un tanto escatológico y la inevitable blasfemia que surge de combinar ambos.

            Como consecuencia de todo lo expuesto, en el año 2007 el Obispado de Ciudad Real retiró el espacio del Claustro de los Dominicos de la programación del festival. En aquel momento, el Director del Festival, Emilio Hernández, afirmaba que era una pérdida significativa para los ciudadanos, pero la organización sabedora de lo que iba a ocurrir, fue proyectando y concentrando los espectáculos en el nuevo espacio escénico, la Antigua Universidad Renacentista también regentada en su tiempo por los padres dominicos. Pero la actividad cultural siguió en el claustro, esta vez con la música. “Il Parnasso Musicale” presentó en abril del año 2012, Almagro en clave de música 2012, incluido en el II Festival de Música. La directora del grupo, María Huertas, explicaba que estos conciertos estaban pensados para el público que busca un encuentro con el disfrute, la belleza y el deleite de los sentidos. En el claustro actuaron en agosto, obsequiando al público con la música de “Los veranos de Il Parnasso”.

            En el año 2013, el mismo grupo siguió participando en el III Festival de Música Los veranos de “Il Parnasso” en el claustro con: “Aves del Paraíso”, “Lágrimas de Oro” y “El Triunfo del amor”. Además entre el 9 y el 16 de agosto llevaron a cabo el I Curso de Música Antigua, dedicado al canto coral y a la música sacra medieval española. Siguieron con el festival de música durante los años 2014 y 2015.  La 6ª edición del año 2016 fue una auténtica fiesta de música Barroca, con el Clavicémbalo como protagonista. Esta actividad quedó interrumpida en julio de 2017, pues en esta fecha salieron los últimos religiosos del convento. El edificio vuelve al Obispado de Ciudad Real, que aparece como propietario del mismo.

Cuando se van los últimos dominicos, el Obispado de Ciudad Real estudia varias posibilidades para vender el edificio. Una de ellas es venderlo a un particular para transformarlo en un hotel. Ante esto, el grupo municipal Almagro Si Puede, analiza documentación relacionada con la titularidad del convento y ha consultado por personal técnico para resolver si es posible la venta de un edificio que fue declarado Monumento Histórica en 1851, y que acoge uno de los claustros más bellos del Renacimiento español, declarado monumento histórico-artístico perteneciente al Tesoro Artístico Nacional. Además  entre 1931 y 1985 estuvo vigente la Ley sobre Enajenación de Bienes Artísticos, Arqueológicos e Históricos de más de cien años, que vetaba expresamente el traspaso de ningún inmueble ni objeto que haya sido declarado del Estado por las leyes desamortizadoras, aunque en la actualidad esté al cuidado de las autoridades eclesiásticas. Pero a pesar de estas disposiciones, numerosos obispos de toda España han inscrito en los últimos años la titularidad de muchos de esos edificios en el Registro de la Propiedad a favor de sus diócesis mediante el procedimiento de la inmatriculación, alegando su posesión desde tiempo inmemorial.

            Parece ser que está interesado en comprarlo el sobrino del empresario mexicano, Mauricio Fernández Garza. Este ha comprado el palacio de los Torremejía situado en la plaza de Santo Domingo, con la intención de rehabilitarlo para dedicar una parte del edificio a residencia particular, también quiere instalar un restaurante y un pequeño hotel entre 10 y 15 habitaciones, con zona musealizada. Su sobrino ha manifestado su deseo de dedicar el convento a fines culturales, gastronómicos y de hospedaje, aunque no decidirá nada hasta que no esté clara la titularidad del mismo.

            El martes 14 de julio dio comienzo la 43ª del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, edición especial que estará marcada por el momento que estamos pasando. Aunque las autoridades sanitarias han acordado medidas para controlar la concentración de personas, se podrán ver en los distintos escenarios hasta veintiséis compañías de teatro. Esta edición lleva como lema “De mil gustos de amor el alma llena”, verso de María de Zayas. Como dice el director del Festival, Ignacio García, todo es diferente este año y tiene otro valor.

            Aunque Calderón de la Barca dice en la vida es sueño “que no es posible que quepan en un sueño tantas cosas”, en Almagro durante los días del Festival soñaremos con damas, caballeros, villanos y toda clase de personajes que deambulaban por España en otros tiempos. También tendrán cabida los actores y las actrices que darán vida a los personajes, las gentes del pueblo y los foráneos que acudirán a vivir el ambiente en escenarios cargados de historia.

Continuaremos  con la última parte de la obra UN LANCE DE HONOR, y con sus personajes recorriendo las calles y plazas de Almagro.

II

El cielo estaba negro, sin una estrella, el viento silbaba y la torre de la iglesia se alzaba como un fantasma. La calle estrecha y oscura, sin más luz que la lámpara que alumbra una imagen de Jesús. Un embozado la atraviesa deprisa con la espada en la mano.

Era noche cerrada. El callejón del barrio del Toril que es donde vive don Miguel, se ilumina a trechos,  con las lamparillas que brillan en lo alto de un portalón. Don Miguel estaba en su aposento, escribiendo. La ventana abierta, dejaba pasar un fresco airecillo. Con él entraba el sordo rumor de la noche, las pisadas de la calle, el canto lejano de los animales del campo. De pronto, levantó la cabeza y puso atención. Creyó oír un ruido de aceros que se cruzaban y el aire rasgado por el sesgo atroz de las espadas. Se asomó a la ventana y vio a muy pocos metros de allí, en la penumbra de un alto paredón a dos caballeros que luchaban, acero en mano, en silencio. Echaron los sombreros emplumados al suelo. Uno de ellos se lanzó recto sobre el pecho del adversario, éste esquivó el golpe. Todos los movimientos de los contendientes eran rápidos y rítmicos, se ve que los dos han hecho de la esgrima un estudio completo. No espera más, aunque supone que es un lance de honor, quiere evitar una muerte.

            Corre al fondo del aposento para coger su capa y su espada, desciende veloz por las escaleras. Cuando llega donde estaban luchando, solamente queda una sombre negra en el suelo y una espada que destella gracias a un rayo de luz de luna.

            Don Miguel presiente la tragedia, ha llegado tarde. Coge en sus brazos al malherido, que tiene un sordo quejido en el pecho y un borbotón de sangre fresca que manaba abundante en la ropilla del jubón.

            A una ventana del alto paredón se ha asomado doña Ana, hermana de don Diego de Molina, arcipreste de la Orden de Calatrava.

            -¡Jesús y Dios nos valgan! ¿Es muerto el caballero?

            -No mi señora doña Ana –responde don Miguel. Tiene un resuello fuerte, aun vive. Por Dios, señora, bajad y veladme, para auxiliar al herido.

            Doña Ana baja y con la ayuda de unos criados, consiguen llevar al herido a su propia casa. Después manda a un criado para que avisase al físico, Teodosio, que se encontraba en el hospital de San Juan. También hizo llamar a la justicia. Cuando llegó el físico y aunque había perdido mucha sangre, consiguió parar la hemorragia y asegurarlo. Poco después se presentaron el alcalde don Cristóbal con sus alguaciles y el escribano.

            En las primeras declaraciones, don Jorge, entre estertores, dice que ha luchado como caballero, cara a cara y noblemente, con otro caballero. Se niega a dar el nombre de su enemigo. Se portó bien, lo hirió noblemente. Es un lance de honor.

            La identidad del herido es bien conocida, es el hijo mayor del conde de Wessel. ¿Qué motivo tendría para batirse en un lance de honor? –pensaba el alcalde.

Por la mañana temprano, cuando el sol se levantaba aún poco sobre el horizonte y ponía rosadas luces de aurora en la línea lejana de La Mancha, don Miguel se dispone a ir al cercano convento de las dominicas para oír misa.

Un rumor recorría el convento y llegaba hasta donde se encontraba don Miguel. Una novicia había tenido un niño “non nato”, ¿sería cierto ese rumor? Damián, el sacristán que se ocupaba de la iglesia del convento, con el que mantenía una buena amistad, se le acercó y le dijo:

            -Cuando el río suena es que agua lleva.

            -Entonces, es cierto lo que se rumorea.

            -Así es, tengo la información y me ha llegado desde el interior del convento.

            -Quien es el mancebo que se ha atrevido a deshonrar a una novicia.

            -Don Juan, le llaman. Pero según cuentan, fue primero deshonrada y después ingresó en el convento.

Don Miguel se apresura para ir a ver como estaba el herido. Enfila por la calle de las Bernardas, su trazado en media luna hace que el silencio se acentúe. Sus casas, de arquitectura similar, van pasando ante sus ojos hasta que llega al pradillo del mismo nombre. Desde aquí tuerce a mano derecha y después de atravesar la plaza de Santo Domingo, se encuentra con la casa de don Jorge.

La puerta de la casa está cerrada. Entonces da tres golpes con la aldaba en la magnífica portada y pronto un criado abre y lo invita a pasar.  No tardó en llegar al majestuoso patio de columnas de piedra que se alzaban como elementos emblemáticos. En uno de los rincones se distinguen unas escaleras para acceder a la planta alta. Don Miguel encuentra al herido sentado a la sombra de una higuera que había crecido al lado del pozo.

-Buenos días don Miguel ¿Usted por aquí?

            -Sí. Vengo a interesarme por su salud.

            -Pues puede comprobar que va viento en popa. Pronto podré incorporarme a mi trabajo.

            -No se precipite, tiene que asegurarse y no volver atrás.

            -No hay cuidado, ya que tengo a un buen físico que me visita a diario.

            -También quiero interesarme por el lance –dijo don Miguel. Según dicen deshonraron a una de sus hermanas.

            -Dicen bien. No descansaré hasta dar con el mancebo que la deshonró para ajustar las cuentas.

            En ese momento llegó Teodosio para hacer una cura al enfermo. Como oyó la última parte de la conversación, quiso intervenir:

            -Entonces ¿todo lo que se oye sobre vuestra hermana es verdad?

            -Así es. No descansaré hasta dar muerte a ese mal nacido y protegeré a mi otra hermana para que no ocurra lo mismo.

            -Pero no todos los mancebos son iguales –dijo Teodosio.

            -La desconfianza es grande. El que la pretenda tendrá que demostrar que va a honrarla.

Un hombre embozado aparece por un callejón, va a buen paso. Al llegar a una casa con amplia portada entra por el portillo que estaba abierto y después de atravesar un amplio patio, se encuentra con un hombre al que interroga.

-¿La posada del Buitre?

            -Aquí es caballero.

            -¿Está en casa el posadero?

            -Estáis hablando con él.

            -¿Es verdad que hoy tiene aquí don Juan una cita?

            -Sí.

            -¿Pero acudirá?

            -No lo sé.

            -Por si acaso, lo esperaré.

            -Queréis que os sirva algo mientras.

            -No. Dejadme tranquilo.

            El caballero se quedó sentado en un rincón embozado para no ser reconocido.

Cuando la luna empezaba a iluminar la cruz de piedra del convento Franciscano, llegaron a la posada don Miguel y Teodosio que acudían en calidad de padrinos de don Jorge. Este, aún sin reponerse completamente, había desafiado a don Juan a un duelo a muerte. Don Miguel se dirige al posadero:

            -¿Han venido los duelistas?

            -Sentarse señores, solamente ha llegado un hombre embozado que espera en aquel rincón.

            Se sentaron los dos y pronto llegó don Jorge que, al no ver a su contrincante, quedó un poco decepcionado. Los tres hombres trajinaron un buen vinillo de Valdepeñas. Hacia media noche unos ruidos en la calle les pusieron en guardia. Tres hombres entraron en la posada, don Juan iba el primero.

            -Buenas noches caballeros, perdonad por la tardanza. La justicia me pisaba los talones.

            El embozado se pone en pie y alzando la voz dijo:

            -¿Don Juan?

            -Yo soy.

            -Sed preso.

            -¿Por qué?

            -Después lo veréis. Os lo ordena Maldonado, vuestro corregidor.

            Don Juan echando mano a la espada y con aire desafiante contestó:

            -No le será fácil apresarme.

            -Puedes estar confundido.

A una señal del corregidor aparecieron los alguaciles con hombres armados. Don Juan dejó caer la espada y una vez preso lo llevaron a la cárcel. Don Jorge se lamentaba porque le habían impedido el lance.

A eso de la media noche, cuando cuentan antiguas historias y cuando el sueño y el silencio envuelven la tierra, una sombra se desliza por los soportales de la Plaza Mayor.

Los campanarios de las iglesias se alzan como pavorosos fantasmas. En el cielo  no había ni una estrella, silbaba el viento con tanta fuerza que las campanas entonaban misteriosos sonidos anunciando algo trágico.

Un hombre pasa embozado y atraviesa la calle perdiéndose en la sombra. Con la espada en la mano empuñada con fuerza, avanza con paso sosegado. Cuando llegó hasta una gran portada, con la empuñadura de la espada golpeó para que salieran  a abrir. Pero el que acudió recibió un buen golpe en la cabeza perdiendo el sentido. El enmascarado cogió las llaves que llevaba colgadas al cinto y sin demora se puso a buscar la celda en donde estaba don Juan.

            Una vez localizada la abrió y se encontró con un hombre de rostro pálido y una mirada con firme y decidido empeño de dar muerte o de perder la vida.

            -¡Don Juan preparaos a morir!

            -¿Quién osa entrar así?

            -Un hombre que busca justicia, no de la tierra que es injusta sino la justicia divina.

            -¿Es acaso don Jorge el que quiere quitarme la vida?

            -Acertaste de pleno. Salid de aquí, que estoy decidido a mataros. Venid conmigo.

            -Mi delito no es gran cosa. Era hermosa vuestra hermana, los dos consentimos en el amor. Para evitar la deshonra no permitimos que naciera el bebé.

            Don Jorge no considera las explicaciones, espada en mano, hace llegar a don Juan otra espada y sin apenas mediar tiempo, con un rápido movimiento consigue hundir el acero en el contrincante. Don Juan cayó muerto a los pies del vengativo hermano.

            Don Jorge apresura el paso para alejarse del lugar de los hechos. Cruza tristes calles, plazas solitarias. Suenan los ecos de sus pasos huecos en la soledad. Atraviesa una y otra calle sin saber a dónde va. De pronto se detiene y se sosiega, piensa la forma de actuar. Decidió ir al almacén que tiene la familia. Así tendría una cuartada cuando la justicia indagara los hechos acaecidos en la cárcel.

La justicia intentó averiguar quién había sido el protagonista de los hechos, pero no consiguió esclarecer nada. El carcelero no podía identificar al hombre que acudió con el rostro oculto. No obstante, don Jorge fue interrogado y declaró que pasó toda la noche en el almacén de su familia, que tienen para guardar el mercurio que traen de Almadén. Desde aquí se hace reparto a otros lugares de España. Esto lo corroboró Estanislao, que se ocupaba de la seguridad del almacén y por consiguiente tenía que estar toda la noche vigilante.

Noche de verano, oscura. Una calle larga y estrecha se presenta ante los ojos del caballero. La parte alta de un ciprés se alza por encima de la tapia de una huerta. Se había levantado un viento que silbaba al meterse por los huecos de los balcones, una tormenta de ruido y rayos se había posado sobre la población.

El caballero avanza con paso certero y llega hasta una portada de madera claveteada. Llama tres veces y, después de unos segundos, la puerta se abre y una monja lo recibe.

            -¿Qué desea el caballero?

            -Quiero ver al físico don Teodosio.

            -Tome asiento en el recibidor que lo voy a llamar.

            Después de transcurrido algún tiempo se presenta Teodosio  sobrecogido.

            -¿Quién es el que a estas horas me busca?

            -Yo soy.

            -¡Don Jorge!

            -Así es. Vengo en consideración a nuestra amistad, para comunicarle que soy enterado de la relación con mi hermana. Por eso quiero una satisfacción.

            -La satisfacción es que queremos casarnos.

            -Para eso tendrá que obtener la autorización de mi padre. Si no lo consigue tendremos que batirnos en duelo de honor.

            -No lo haré señor, mi intención es honrada. Conseguiré la autorización.

Teodosio, después de irse el caballero, quedó pensativo. Además de los muchos problemas que tenía por su profesión, se unía este otro. Cuando terminó en el hospital, despidió a Facundo  y fue a visitar a don Miguel. Este además de reconocido y prestigioso escritor, era amigo de la familia de María.

Llegó al aposento que tenía cerca de la Plaza Mayor. Allí lo encontró y sin perder tiempo le comunicó lo que pretendía hacer.

            -Don Miguel, tengo un grave problema.

            -Dime lo que te preocupa.

            -Don Jorge me ha dado un ultimátum, tengo que pedir la mano de su hermana María, de lo contrario tendré que batirme con él.

            -Yo os ayudaré. Mañana iremos a su casa y nos entrevistaremos con su progenitor.

            Al día siguiente los dos caballeros se dirigen a la casa del conde Wessel. El sol ejercía su fuerza del mediodía aunque corría un vientecillo agradable. La gran portada de entrada de la casa estaba entreabierta. Don Miguel cogió el llamador y golpeó la puerta con firmeza. Al poco tiempo se presentó una criada que estaba faenando.

            -¿-Qué desean los señores?

            -Queremos ver al conde.

            -Pasen y esperen un momento.

            Transcurridos unos segundos regresó la criada al amplio zaguán en donde  aguardaban contestación. Siguieron a la criada y después de atravesar el patio llegaron a una puerta situada a mano izquierda. Después de llamar el conde les invitó a que pasaran.

            -Mis queridos caballeros ¿qué nuevas me traen?

            -Venimos a presentaros nuestros respetos –dijo don Miguel. En estos momentos represento a don Teodosio para pedir la mano de su hija María.

            -Es un asunto delicado, pues como ya es sabido mi otra hija fue deshonrada y no quisiera que pasara lo mismo con esta. A mí lo que me importa saber es el estado de su amor, pues no quiero errar señor.

            -Se han visto muchas veces y uno al otro su amor se han dado –respondió don Miguel. Para deciros verdad su amor es correspondido y don Teodosio dirige estos amores a un fin justo y honesto como es el casarse con ella.

            Teodosio emocionado intervino.

            -Señor, estoy obligado a serviros para cualquier cosa que me pidáis.

            El conde hace llamar a su hija y la pregunta sobre el tema que estaban tratando. María responde:

            -Padre mío, yo le adoro, porque es el mozo más cuerdo, más prudente y entendido, más amoroso y discreto que nunca he conocido. Desde que le vi, no lo consigo olvidar. No sé qué hechizo en mis sentidos ejerce, pues siempre le tengo presente en la mente y el corazón.

            -Consiento en el casamiento –respondió el conde. Pero ¿a dónde viviréis?

            -Señor, -contesta Teodosio- he dispuesto que arreglasen una vieja mansión que había comprado para esta ocasión. Aunque no tengo fortuna, ni vengo de linaje noble, sí que tengo mucho renombre.

-No se hable más –responde el conde. Tu padrino es honorable y como tal yo consiento que podéis casaros en la iglesia de San Blas.

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