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El último vuelo del «Nostromo» (En memoria de Jacinto Rodríguez López, “Vito”)

- 2 septiembre, 2020 – 14:089 Comentarios

Juan José Portero Vozmediano.- Cuando pensábamos que el carguero espacial “Nostromo” había cumplido su última misión tras la tragedia a la que solo sobrevivió la teniente Ripley, descubrimos para nuestra mala fortuna que la gigantesca nave vuelve a la Tierra para llevarse consigo un alma más y adentrarla en la inmensidad del Universo.

Mi primo Jacinto, muy en contra de su voluntad, ya está viajando hacia la Eternidad.

Era uno de esos puertollaneros insignes para muchos paisanos que lo conocían e idolatraban. Su nombre no gozaba de la misma popularidad de la cual otros reconocidos y reconocibles personajes de la ciudad, de manera muy merecida, por supuesto, sí que gozaron.

Se había desvinculado hace años de Puertollano, instalándose en tierras alcarreñas para ejercer su oficio como supervisor de instalaciones eléctricas.

Fue carne de la “Movida puertollanera”, aquella “sucursal” de la original madrileña que en la ciudad minera explotó de forma descontrolada en una población deseosa de experimentar con todo lo nuevo que la Transición nos había dejado al alcance de la mano. Centenares de jóvenes de aquella quinta se echaban a la calle a lucir melena, tupé y cresta. Las asociaciones culturales y grupos musicales brotaban en la ciudad a una velocidad vertiginosa y con una calidad insultante para la época, con la imaginación como principal herramienta ante la escasez de medios. Movimientos de todo tipo acogían en su seno a aquellas mentes jóvenes y bastante gamberras que necesitaban expresar sus diferentes talentos y decir en voz alta al mundo que la cosa por fin había cambiado.

Fue en este contexto sociocultural donde Jacinto, siendo imberbe aún, comenzó a desarrollar su faceta multidisciplinar.

Recordamos muchos su primera incursión en el mundo de la magia, como “El Mago Jarol” en la añorada discoteca Trazos, consiguiendo un lleno absoluto en una noche de la que pocos más detalles puede dar un servidor, porque apenas recuerdo su figura en el escenario con una chistera y varias barajas de cartas.

Se estaban gestando ya desde aquellos días una serie de talentosas habilidades que Jacinto poseía por derecho propio de nacimiento, porque los artistas nacen, no se hacen.

Pronto mi padre vio que Jacinto podría probar también con la música, ¿por qué no? Era momento de ir probando todas las artes, porque esa cabecita loca no dejaba de fabricar ideas. Le regaló su viejo amplificador que aún olía a “King Boys” y el propio Jacinto compró su guitarra eléctrica, consiguiendo de forma prácticamente autodidacta tocar sus primeros acordes de forma muy digna, siempre punk o rock and roll.

Sus referencias: Sex Pistols, Kiss y cualquier grupo español o extranjero de rockabilly que pasara por sus manos, como Roc´n´bordes o Gatos locos, pasando por Gabinete Caligari o el mismísimo Elvis. Su primer disco, o uno de los primeros: “Someday, someway” de Robert Gordon.

Su primer grupo (y supongo que único) se fraguó en el local anexo que tenía el disco bar Límite, aunque antes en su propia vivienda yo ya lo vi ensayar alguna vez. En aquel local, al cual se accedía subiendo unas estrechas escaleras (que no era el bar propiamente dicho, porque para el bar había que bajar), justo detrás de donde actualmente se encuentra la parada de bus del Edifico Tauro, formó (y perdóneme no recordar algunos apellidos) “Dakota Sur” junto a Svenj Carduck, guitarra; Ángel Céspedes a la voz, Fernando al bajo y “Picoleto” a la batería (que por cierto, fue la primera que un servidor tocó.)

Siento no recordar la evolución de aquel proyecto, porque aquellos años de Korredera, Cotillo, Rúa, Casa del Paté, Mesón Taurino o Tris Metal, entre otros muchos, a uno le pilló muy jovencito.

Lector incansable de publicaciones de la época como la inmortal “El Jueves” (uno confiesa sus primeras erecciones viendo a aquella primigenia “Clara de noche”), de otras más picaronas como “La judía verde” o  más especializadas en el género fantástico y de terror como “Creepy”.

En su cuarto de su antigua casa familiar de la Calle Miguel Servet, sus primos y sobrinos casi pernoctábamos en largas noches de verano, porque era imposible huir de aquel espacio, que ya comenzaba a almacenar figuras a escala de Alien o Hellraiser. Las horas pasaban volando en aquel santuario en el que Jacinto empezaba a experimentar con las artes plásticas, en principio con arcilla, modelando cabezas y manos, y posteriormente elevando el nivel a figuras mucho más trabajadas siempre inspiradas por el mundo del cine de terror y gore que tanto amaba.

No dejó nada sin atender de aquel ámbito. Todos los que compartíamos esos años con él no salíamos de nuestro asombro cada vez que nos llamaba para acudir raudos a su casa a probar nuevas aventuras. Es así como poco a poco comenzó a experimentar con el maquillaje de cine. Nuestros pequeños cuerpos y caras de infantes se empezaron a llenar misteriosamente de heridas sangrantes, verrugas, vísceras, huesos al descubierto, dientes podridos, prótesis de nariz… Había descubierto el uso de la goma látex y demás productos destinados a estos menesteres, y en sus increíblemente ágiles manos e imaginativa cabeza, estos nuevos medios que la industria del entretenimiento le proporcionaba, comenzaron a llenar muchas noches de verano en aquel vecindario de zombies, brujas, mutilados o asesinos en serie, que en más de una ocasión dieron un buen susto a las vecinas que apaciblemente tomaban el fresco en las puertas de sus casas o en los balcones. Sus sobrinos y primos éramos sus principales “víctimas”, porque nos hacía felices estar a su lado, aunque en aquella época no era raro que cualquier visita que osara pisar aquel lugar, saliera mínimo, con una cicatriz sanguinolenta.

No tardó mucho tiempo en comprar su primer ordenador, una de aquellas reliquias 386, que más tarde incorporaría procesadores superiores con una cosa rarísima llamada “modem”, para dar el salto a la creación de vídeo. Todo era grabar cortos, situaciones cotidianas, besos de tornillo y cualquier cosa que se le pusiera por delante, para después editar y llenar esas grabaciones de fantasías y efectos especiales.

En el cajón se quedó su proyecto de corto de animación usando la técnica de “Stop Motion”: la historia del robot “03 Owe” que quería escapar de su fatal destino como chatarra en una cadena de ensamblaje.

Me consta que todas estas actividades las ha seguido manteniendo durante estos años en su lugar de residencia allá en Horche (Guadalajara). Es su familia más allegada y su pareja los que han de decidir si sacan este material a la luz, y desde aquí les lanzo el guante, porque creo que su memoria lo merece y Puertollano también, para que sepa la ciudad que una vez tuvo a un grandísimo artista que tocaba todos los palos, y todos muy bien.

Creo humildemente, y no es pasión de primo, que Jacinto fue una de esas almas llenas de luz que parió Puertollano, la mejor ciudad del mundo, y como tal pretendo que sea recordado, con permiso de sus seres más allegados y queridos.

Vito se lleva puesta su camiseta favorita, con un dibujo enorme del Nostromo. La nave se aleja, no hay respuesta vocal ni señal de vida en ella… O sí... La baliza del Nostromo parece que parpadea.

Te quiero mucho primo Vito. Que la inmensidad del Universo te acoja. Nos vemos por los bares...

Juan José Portero

El autor acepta fe de erratas en los comentarios, ya que se basa en sus recuerdos de infancia y adolescencia para escribir este artículo.

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