Castilla-La Mancha es caza

Lola Merino Chacón. Presidenta Nacional de AMFAR.– La actividad cinegética es garantía de mantenimiento de una parte importante de la economía de Castilla-La Mancha, sobre todo de las zonas rurales más desfavorecidas. Multitud de pueblos y comarcas viven gracias a la caza y miles de familias tienen su renta en los trabajos que de ella se derivan.

La actividad cinegética genera un gasto anual de 1.100 millones de euros en España, de los que más de la mitad, 634 millones de euros, se concentran en Castilla-La Mancha, lo que representa el 1,7% del Producto Interior Bruto regional.

Hoy, 25 de septiembre, se abren virtualmente las puertas de una nueva edición de FERCATUR, la Feria de la Caza, la Pesca y el Turismo. Una feria en la que AMFAR ha participado activamente desde su primera edición y de la que forma parte de su Comité Organizador desde el año 2006.

A pesar de que este año la pandemia del Coronavirus no nos permite la presencialidad para compartir reflexiones sobre la situación de la caza en nuestra región, desde AMFAR seguimos manifestando nuestra defensa de la caza como parte de la actividad agraria y nuestro apoyo por las oportunidades económicas que nos brinda y que debemos saber aprovechar. Además de ser una forma de vida, una de las tradiciones más arraigadas como bien reflejan importantes obras de arte, literarias, de pintura o armeras.

Castilla-La Mancha es la joya de la corona en términos cinegéticos. Cuenta con más de 7 millones de hectáreas destinadas a esta actividad, de las que 4 se destinan al aprovechamiento de la caza menor y 3 al de la caza mayor. Además de ser un pilar imprescindible del desarrollo rural, ya que tiene la capacidad de crear un fuerte vínculo con el territorio, permitiendo la fijación de población.

Uno de los objetivos de AMFAR es que los jóvenes y las mujeres rurales aprovechen las posibilidades que ofrece la caza en sectores económicos como el turismo cinegético, la hostelería, la gastronomía, la artesanía, la naturaleza, el desarrollo sostenible, la cultura o la moda, entre otros. Multitud de oportunidades que deben ser utilizadas para la generación de empleo y la fijación de población en aquellos municipios, que sufren la amenaza del despoblamiento en los últimos años.

No en vano, son 24.000 los puestos de trabajo los que genera la caza y sus actividades complementarias en Castilla-La Mancha. Rehalas, guardas rurales, ojeadores, transporte, hostelería, restauración, investigación, taxidermistas, armerías, veterinaria, industria cárnica, cuchillería, moda y complementos son algunos ejemplos de la capacidad de generación de empleo de la actividad cinegética en nuestra región.

Además, quiero destacar que Castilla-La Mancha es uno de los principales destinos elegidos por los cazadores de todo el mundo, especialmente los europeos, atraídos por la diversidad de especies y modalidades de caza que ofrece nuestra región.

No quisiera terminar estas líneas sin dejar de resaltar el beneficio de la caza para la conservación de la naturaleza. Gracias a la caza se mantiene el equilibrio y el control de las superpoblaciones animales, de las enfermedades que afectan a especies cinegéticas y ganaderas y es una garantía para la seguridad vial, evitando heridos y víctimas mortales en accidentes de tráfico. En el 2009 se registraron en España casi 14.000 accidentes de tráfico provocados por animales en vías asfaltadas. El 54% de ellos, fueron causados por jabalíes y corzos.

Y acabo con el buen sabor de boca que nos deja la gastronomía cinegética. Ese arte culinario que ha dado nombre a los mejores chefs y restauradores de Castilla-La Mancha que han sabido convertir la carne de caza en embajadora de nuestra cocina regional. Unas judías con perdiz, morteruelo, codornices en escabeche o un tojunto de conejo es la mejor carta de presentación de los sabores de nuestra región.

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