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Distopía, Utopía

- 29 octubre, 2020 – 14:3013 Comentarios

Manuel Valero.- Nos creíamos los de mi generación que nos íbamos a ir de rositas. Pues no. A pesar del régimen por el que transitamos la infancia porque nuestros padres se quedaron aquí -los exiliados y los represaliados es otro cantar, palabras mayores- al fin y al cabo el que más y el que menos se empleó o estudió como pudo y luego tuvimos la gran suerte de vivir la Transición que fue nuestro particular Mayo del 68.

O sea, no tuvimos más sobresalto que el del gran cambio político y social que se produjo en España tras la muerte de Franco. Pero los que pinten canas ya, más o menos de los sesenta para arriba, si echan una mirada atrás, no verán ningún soponcio histórico que nos truncara la vida. Al contrario, tuvimos la gran oportunidad de asistir a la homologación de España con el continente que había al otro lado de los Pirineos y que nos parecía otro mundo. Fuimos testigos activos y pasivos de los estertores del régimen, de las manifestaciones en Madrid, de la emergencia de los partidos políticos y los sindicatos de clase, de la aparición pública de los últimos lideres que perdieron la guerra. Y  después de gritar en más de una ocasión, Sí, sí, sí… Dolores a Madrid, Amnistía, Libertad y otras consignas que refrescaban los tiempos y desapuntalaban la singularidad de la Dictadura en el sur de Europa llegó la Constitución del 78, cuyos nietos de los de antes tildan de Régimen. Bueno.

Esto tiene un debate, vale, allá cada cual. Me quedo con que gracias al Régimen del 78, Pablo Iglesias es vicepresidente del actual Gobierno. Hubo episodios como la Matanza de Atocha que nos sobrecogió el ánimo pero que afortunadamente tuvo un efecto contrario al que se perseguía y, por supuesto, el Golpe de Estado de Tejero que a su vez lejos de prosperar abrió la puerta de par en par a la llegada de los socialistas al poder… y así hasta hoy. Como añadido, la banda sonora de dolor y metralla de ETA fue la constante que cesó hace apenas unos años. 

El mundo siempre ha estado loco. Pero ni de niños ni de adolescentes nos deteníamos a pensar en el mundo bipolar en que nos desarrollamos con la URSS y Estados Unidos apuntándose con pepinos espantosos, en las guerras locales donde guerreaban rusos y yanquies, la revolución cubana, la crisis de los misiles que estuvo a puntito del Armagedón, el asesinato de Kennedy,  y los movimientos de liberación de inspiración socialista que florecían en Latinoamérica y en África… Y  ya un con un  pie en la madurez asistimos al desmoronamiento arenoso de la otra parte bipolar con la llegada de un líder sindical al proscenio de la Historia, el polaco  Lech Walesa y su Solidaridad, y el asiento en el solio pontificio de un papa, Juan Pablo II que era compatriota de Walesa. Andando el tiempo y tras las guerras de Irak y el avispero de Oriente Medio zumbando sin parar vimos perplejos y atónitos la caída de las Torres Gemelas… caer inolvidablemente como canta Silvio Rodríguez. Era la Yihad que sustituyó al viejo orden bipolar con la desmembración del bloque del Este. Luego, la globalización.

El mundo no se ha detenido en sus estornudos convulsos pero a pesar de la profundidad y significado, todos estos acontecimientos nos parecían lejanos. Excepto el desmayo mortal de las Dos Torres neoyorquinas, que fue la primera vez que tomamos conciencia de que vamos en el mismo barco-planeta, lo demás eran meros capítulos de la Historia hasta que llegó el coronavirus y estrechó el planeta al tamaño de un hueso de aceituna.

La pandemia es nuestro personal desastre porque es un desastre global de un mundo que si antes estornudaba con resfriados sobrecogedores,  ahora parece hacerlo de infección total cronificada. El próximo martes se celebran unas elecciones cruciales en Estados Unidos, como nunca antes, China se consolida, hegemónica entre la admiración y la sospecha, Rusia anda al amago inquietante con sus maniobras orquestales de desestabilización, Gran Bretaña se va de Europa y la televisión global y total no respira ofreciéndonos imágenes de desórdenes y disturbios.

Todo ello sobre un escenario de pandemia plantearía que nos ha enmascarado (y desenmascarado) a todos así seamos blancos, negros, amarillos, católicos, budistas o mediopensionistas. Todo lo anterior queda como un pálido reflejo de los acontecimientos históricos ante el reto mutante de una nueva era. Los de mi generación no nos vamos a ir de rositas; asistimos al inicio de algo que no atino a definir porque procuro no sobrealimentarme de teorías conspiranoicas. Hasta el hecho de que haya aparecido agua en la Luna me parece un puzle más de este rompecabezas que no sabemos si al final cuando se encajen las piezas nos ofrecerá un idílico castillo de Baviera o un monstruo más feo que el culo de una mona. Estamos a las puertas de la distopia. ¡Y yo que siempre me quedé en la simple, amable y maravillosa Utopía! Suerte, algo me dice que la vamos a necesitar.

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13 Comentarios »

  • Hobbes de luto dice:

    Qué verdad y qué triste lo que has dicho de las Torres Gemelas. Al caer al suelo, consiguieron que se tambaleara el mundo. Lo cual explica cómo somos marionetas de una élite que lo decide todo…

    Eso te da para otro artículo. Por mucho que intentemos ser dueños de nuestro destino, siempre habrá alguien en una oficina a miles de kilómetros impidiendo que eso sea así. Sobre todo si le quita algo de su beneficio…

    En cuanto a lo de la utopía, si la pierdes…estás jodido. Serás uno más de los de la banderita en la muñeca.

  • Kulipa dice:

    Distopia, una palabra de moda uf!!

  • Alonso Quijano dice:

    El libro «Así se domina el mundo: Desvelando las claves del poder mundial» y otro titulado «El dominio mundial: Elementos del poder y claves geopolíticas», ambos escritos por Pedro Baños. Leyéndolos se comprenden muchas situaciones ya vividas por la Humanidad, otras actuales y las que se nos avecinan.

  • Charles dice:

    Bueno, el denominador común es que nada volverá a ser como antes……

  • Neutral (el montoncito de m) dice:

    Ánimo Manuel. A estas alturas que no nos vengan a contar que estamos manipulados. Es evidente. El ser humano es así. Toda la evolución de la humanidad se consigue tocando las narices al prójimo. Nos extinguiremos pero igualmente no hubiéramos llegado hasta aquí si no es por las guerras y manipulaciones. Siempre que haya gente como creti odiadora y manipuladora será asi. Pero sin ellos no estaríamos aqui

  • Neutral (jobito el haber estudiado) dice:

    Está claro que creti es un tipo miedoso y según dice le va bien y para protegerse despotrica contra hostelería y otros sectores y no ve que son familias. A él le va bien si el resto de la humanidad nos encierran y anulan. Estos desechos son los que joden el sistema, pero sin ellos tampoco sería mejor. Ánimo Manuel que todavía queda gente que merece la pena

  • Neutral (jobito el haber estudiado) dice:

    Dice el artículo que para intentar frenar esto en los gobiernos deben estar los mejores. Empezamos bien con la panda de fracasados que tenemos en el nuestro

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