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Del Bazar Infantil a Juguettos de Avenida Primero de Mayo: 47 años de magia e ilusión para los niños de Puertollano

- 3 diciembre, 2020 – 20:23Sin comentarios

Aquel 'Bazar Infantil' de la calle Amargura de Puertollano fue el portal maravilloso de las navidades de los años 70 y 80. La familia Murillo Aparicio atendía a los puertollaneros con la cercanía del vecino y el afán de los mejores consejeros de los Reyes Magos. Y en aquel pequeño escaparate se quedaban impresas las huellas de las manitas de aquellos niños que se asomaban al cristal en las tardes de diciembre, con ojos maravillados ante los juguetes, nerviosos, impacientes y anhelantes ante la inminente noche mágica.

47 años después aún queda mucho por jugar, y la familia del entrañable 'Bazar Infantil' sigue trabajando por Puertollano desde el comercio de proximidad bajo la franquicia de Juguettos, atendiendo a aquellos niños, hoy padres (y alguno que otro incluso abuelo) en su tienda del edificio Tauro y en su nuevo establecimiento de Avenida Primero de Mayo, 1, justo enfrente del antiguo edificio de Telefónica.

Con esta nueva tienda Juguettos no solo ha apostado por Puertollano, incrementando su plantilla e invirtiendo en el nuevo local, sino que ha dado el paso definitivo hacia la seguridad en tiempos pandemia, con una exposición perfectamente ordenada, cuidadosos protocolos y unos espacios amplios, diseñados para acoger a toda la familia, peques incluidos.

Tanto los padres como los reyes de la casa podrán compartir en el corazón de Puertollano el espíritu navideño y la emoción de escoger los mejores y más actuales juguetes del mercado, atendidos además por sus propios vecinos, profesionales que conocen muy bien el género tras una experiencia familiar de décadas. De hecho, el equipo de Juguettos no ha perdido su costumbre de obsequiar con algún detalle a los niños, y ya está poniendo en marcha ofertas y promociones para esta Navidad.

Los clientes regresarán así a Juguettos como a aquel Bazar Infantil de la niñez, regalándose el recuerdo de aquellos tiempos irrepetibles y la fortuna de hacer felices a los más pequeños, tal y como ellos lo fueron en esas lejanas tardes de diciembre, asomados al deslumbrante escaparate de la calle Amargura.

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