CAVOK

El trámite de la aprobación en curso del Proyecto de Presupuestos Generales del Estado (PGE) para 2021, no es un trámite más en la lógica parlamentaria habitual.

Y no lo es, no sólo por la remora de los Presupuestos demorados, ya se sabe que disfrutamos actualmente del proyecto presupuestario de 2018, aprobado en 2017, en la época del gobierno de Rajoy/Montoro. Las especiales circunstancias previstas para 2021, con una crisis económica más que evidente, hacían necesaria la aprobación de una nueva ley de Presupuestos, por más que las dificultades fueran obvias y no solo de índole político-parlamentaria.

De aquí la afirmación del presidente Sánchez, al decir que las únicas siglas que interesaban ahora eran las de los PGE, más que cualquier otra. Por demás, concebir unos presupuestos expansivos en el gasto–necesitado en buena parte por las quiebras sociales y económicas derivadas de la COVID y por el esfuerzo de nuevas inversiones en Sanidad– sin tener garantizados los correspondientes ingresos, sólo aboca al incremento disparado del déficit público y de la deuda. Que no dejan de ser obligaciones de pago aplazadas al día de mañana. Obligaciones de pago pospuestas para las generaciones millenials, que son las que pero lo están pasando. Las contrapartidas de mejorar los ingresos presupuestarios vía incremento de tipos fiscales o vía creación de nuevos tipos, parecen un viaje de ida y vuelta, cuando lo que ha existido en el último tramo del año 2020, ha sido una caída significativa del PIB y de la actividad económica neta. Por lo que todo ha quedado, de momento en unos nuevos tipos fiscales inciettos, cuyo rendimiento está por ver. Y en una polémica sobre las competencias fiscales de las Comunidades Autónomas, a partir de las acusaciones de dumping fiscal realizadas por Ximo Puig sobre la Comunidad de Madrid.

La otra parte de la urdimbre de los Presupuestos tiene que ver con la dimensión política de los mismos, que ha forzado a determinados acuerdos –no siempre visibles y transparentes– con determinadas minorías –nacional-independentistas casi siempre, por más que no coincidan sus posiciones políticas– que suelen rentabilizar sus apoyos, bien remunerados en especies, bien en pago de otras prebendas determinadas, en base a cesiones, canonjías o acuerdos de difícil encaje en una ley de Presupuestos que entorpece –viene siendo habitual en los último años– la estructura técnica jurídico económica de la misma. Por ello y para ello ha sido necesario enhebrar un extraño pacto –urdido, según parece, más por el vicepresidente Iglesias que por la ministra Montoro–. Pacto que redita la llamada Mayoría de la investidura incrementada y renegociada.

Y Pacto –no se si formalizado, aunque si verbalizado con énfasis y esmero propagandístico– que ha merecido una exaltación verbal por el referido Iglesias, quien ha hablado tanto de Compromiso Histórico –confundiendo los términos inclusivos de la realidad italiana que parió el CH, con la exclusión postulada de cierta derecha, mandada al Averno parlamentario–, como de Nuevo Ciclo inaugurado, al introducir como corresponsables de la gobernación a fuerzas parlamentarias claramente centrífugas, como ERC y EH-Bildu.

Cuando bien a las claras, lo que estaba en juego no era la materialización de unos nuevos Presupuestos, sino la continuidad misma de la legislatura y consecuentemente del gobierno de coalición mismo. O sea, la continuidad del mismo Iglesias al frente de la segunda Vicepresidencia y de la portavocía in pectore. De no haber prosperado la Ley de Presupuestos de 2021, el presidente Sánchez –atado de pies y manos– se habría visto obligado a disolver las Cortes y convocar nuevas elecciones, con resultados en el alero y con toda la incertidumbre añadida. Toda vez que habría sido imposible sortear los retos enormes de 2021 con unos presupuestos nuevamente prorrogados y con multitud de temas pendientes. Sánchez, por tanto, entre Escila y Caribdis: sortera una duda o resolver otra.

 Por ello los Presupuestos en trámite de aprobación como un CAVOK, que en el argot meteorológico, expresa un panorama razonable exento de nubes en el horizonte próximo de unos cuantos kilómetros. Y es que el CAVOK, acrónimo del inglés Ceiling (or Cloud) and Visibility OK, sirve para indicar las condiciones meteorológicas favorables en los informes aeronáuticos del momento. Y ese ha sido el puerto– y el aeropuerto– de Buena Esperanza, para el gobierno de Sánchez: sortear los nublados imprevistos a corto plazo –que los hay y mucho–, mediante la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado. Como un maná capaz de despejar el celaje de nubarrones sombríos y de tormentas furiosas, para practicar una navegación apacible. Otra cosa distinta será, conocer la evolución meteorológica —y política y económica– en los meses venideros. Con el viento de popa o con el viento de cara.

Periferia sentimental
José Rivero

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7 COMENTARIOS

  1. El comandante Sánchez y su copiloto Iglesias tienen un CAVOK para aterrizar pero no ven que llevan el viento de cola. Y eso es muy peligroso.

  2. Matices:

    1) Es tan tan tan tan de lógica lo que usted plantea de que no tiene sentido planificar unos presupuestos de gasto sin tener ingresos, que solo por eso, este gobierno ya podemos decir de él una cosa: es malo haciendo presupuestos. Una engañifa. Me quedo con las «obligaciones de pago aplazadas al día de mañana»

    Luego, cuando gobierne el PP y reduzca el gasto, vendrán las lamentaciones

    2) El dumping fiscal no existe. El dumping tiene dos premisas: a) ofrecer condiciones economicas beneficiosas por encima del mercado que cercena la libre competencia. B) desaparición de éstas una vez que la competencia no existe y ajuste a las condiciones reales del mercado.

    Madrid no atrae empresas por la situacion fiscal para luego pegarles el palo a los seis meses. Es un eslogan falsario. Madrid funciona porque es liberal, porque hay elección de colegio, porque se muere tu padre y no te roban, porque hay buenas infraestructuras y BUENOS HOSPITALES públicos y privados.

    3) Puuuuuues claro que terminan la legislatura, ¿cómo van a estar mejor que con Sánchez? ¿ Cuántos etarras se iban a acercar sin pedir perdón si no gobernara sanchez? ¿cuantos estudios de personas sexuales binarias terciarias mediopensionistas se iban a contratar sin sanchez? ¿ cuantos cursos de «masculinidades» se iban a subvencionar sin sanchez? ¿Cómo se iba a rematar la ley wert en cuanto al castellano se refiere sin SAnchez?

    ¿Cómo lo van a tumbar? Si no se van a ver en otra más gorda.

    Luego, ya, lo del paro, la crisis, las quiebras y los muertos, son cosas de fachas, antipatriotas y demás fascistas.

    (PD: alegra que un intelectual -de verdad- de izquierdas pida un presupuesto equilibrado…algo es algo,,,un avance.)

  3. Bravo Srletrado. Por cierto D. José con usted aprendí una palabra fea de c… No por lo que significa sino la palabra en sí OXIMORON. Es justo un aggiornamento al que se refería ya que es mucho mejor tener 72 años que 52 simplemente pq uno los tiene y el otro tiene que llegar y eso puede ocurrir o no. Tendrá usted cientos, miles de fotos y ha elegido usted una con transfondo rancio y malencarado de Romera. Su foto actual es un oximoron

    • ¿72?, ¿52?, ¿42? ¿Pero no habíamos quedado que la lotería era el 22? Numerologia y Paremiologia. Oximoron es a las palabras, como la Mise en abime a las imágenes. Mienten tanto unas como otras. Lo que importa es saber donde está el punto de incertidumbre.

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