Ante el Día del Seminario, «Hermano y Padre, como San José»

Eduardo Muñoz Martínez.- «…Alienta el corazón de muchos jóvenes de nuestra diócesisla llamada al sacerdocio para que, hombres de comunión, sirvan en la Iglesia y cooperen, por el anuncio del Evangelio, a alcanzar la fraternidad universal…». 

Celebramos este fin de semana, -desde hoy hasta el domingo-, además de la fiesta de San José, y el Día del Padre, el Día del Seminario, bajo el lema «Hermano y Padre, como San José», una buena oportunidad no sólo para ayudar económicamente al mantenimiento del centro, -de nuestro seminario-, sino también para orar, para pedir a Dios, por medio del santo patriarca, por los chicos, por los jóvenes que, ¡Dios lo quiera! algún día serán los sacerdotes de nuestras parroquias, de nuestras comunidades…, de nuestra diócesis. ¿Por qué hay que rezar especialmente por ellos, por sus formadores, por sus familias…? Porque cada vez, se palpa, hay menos vocaciones, hay menos presbíteros…, y es que tal vez cada día haya menos cristianos que viven su fe en todo momento…, y es que, cómo dice su rector, Manuel Pérez Tendero, «la vocación al sacerdocio surge en la iglesia, debiendo ser ante todo el futuro sacerdote, un creyente, un hijo de Dios, un hermano», ya que en ser hermano, servidor para sus hermanos…, está la clave de su santidad, de su espiritualidad…, de vivir al estilo requerido.
               

Faltan vocaciones, nos recuerda Pérez Tendero, y hasta apunta las causas. Quizá falten creyentes, que vivan fraternalmente; quizá falten comunidades a las que servir, que pidan sacerdotes; quizá falte completa vivencia del sacerdocio, por parte de algunos sacerdotes…, y es por ello, consecuencia lógica, que necesitamos iglesias vivas, fraternas, exigentes, sacerdotes más hermanos, más ministros…, necesitamos más llamados a la mies, y hemos de pedírselo al Padre, para continuar la misión de su Hijo. 
               

No pueden pasar desapercibidas las reflexiones de Alberto Jiménez, catequista, cuando dice: «Mucha gente me pregunta el por qué, ¿por qué soy católico?, ¿por qué catequista? y, ¿por qué de jóvenes? Pues bien, desde que descubrí el amor de Dios he sentido la necesidad de transmitir a los jóvenes ese amor que Dios nos tiene»; o el manifiesto de las Religiosas de María Inmaculada: «Llevamos en Ciudad Real más de cien años, y el estilo de la congregación, marcado por el carisma de Santa Vicenta María, nuestra fundadora, es vivir «cómo hijas y hermanas», muy unidas a la Iglesia»; o la razón de ser del preseminario, que expone Alejandro Hidalgo Obregón. El preseminario, explica él, es un regalo para quien está pensando que el seminario es el lugar donde Dios quiere que esté, con dos premisas fundamentales: La paz, la forma con la que llevar la vocación, y la libertad, porque al vivir el curso de forma externa hay que alimentar aquella con la oración, con el ejercicio de la caridad, en relación con la parroquia…», o la sencilla meditación del sacerdote Ángel Moreno Mayoral: «Habitualmente Dios no se manifiesta en abstracto, sino que nos habla por medio de realidades extremadamente concretas». 
               

Hay que pedir por los seminaristas, sus formadores…, lo decía antes, y ahora me uno, y me gustaría que todos lo hiciésemos, a la hermosa oración de unos padres de familia, de José María y María Teresa, cuando dicen: «Que Dios bendiga cada rincón de esa casa, -del seminario-, a todos los que la habitan, y se haga su voluntad en cuanto a la vocación de nuestro hijo». Y añadiría yo, en cuanto a la vocación de todos los que en él se forman.

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