La complicada situación ferroviaria de Toledo como capital de Castilla-La Mancha

Constancio Aguirre Pérez. Profesor de la UCLM.- Desde que, en diciembre de 1988, el gobierno de Felipe González decide unir La capital de España con la de Andalucía por alta velocidad, se comete un error histórico de bulto al no incluir a Toledo, a la sazón capital de Castilla-La Mancha, en el trazado. Por el contrario, sí que se incluyen las ciudades de Ciudad Real y Puertollano.

De esta manera, y en una primera aproximación, se impide que Toledo pueda estar comunicada ferroviariamente y, además, por alta velocidad, con dos poblaciones tan importantes de la región simplemente aprovechando el trazado a Sevilla. 

Hubiese bastado, en el proyecto inicial, desviar ligeramente al oeste la línea, a su salida de Madrid, para incluir a la Ciudad Imperial en el recorrido. ¡Primer gran error! Error que hubo que subsanar 13 años después construyendo un ramal de 21 km que parte de la línea de Andalucía a su paso por la comarca de la Sagra y que lleva la alta velocidad a la capital del Tajo. La contrapartida fue que se desmantelaron las vías del tren convencional que unían Toledo con otra serie de localidades tanto de Madrid como de Castilla-La Mancha.

Por consiguiente, esta línea de alta velocidad generó y genera controversia por la eliminación del resto de los servicios ferroviarios que operaban en Toledo, ya que al pasarse la relación por la vía de ancho estándar, varios municipios grandes como Getafe (Madrid), Aranjuez (Madrid) y Algodor (Toledo) perdieron el tren directo a Toledo, quedando la estación de Algodor (Toledo) sin servicio comercial, y teniendo los ciudadanos de las capitales de provincia de Castilla-La Mancha (Albacete, Cuenca, Ciudad Real) que viajar hasta Madrid-Puerta de Atocha para transbordar al tren por la línea Madrid–Sevilla, cosa que ha hecho aumentar los viajes en autobús desde dichos lugares, puesto que el viaje se realiza en menor tiempo y es más económico respecto al ferrocarril.

Actualmente, Toledo solo tiene acceso a la red de alta velocidad en ancho estándar, lo que imposibilita el transporte de mercancías y viajeros de otras procedencias que no sean de líneas de alta velocidad. Además, el coste de esos 21 km innecesarios se elevó hasta casi los 400 millones de euros. Este retraso de 13 años y este despilfarro de millones se podrían haber evitado si la Junta de Comunidades, presidida por José Bono en aquel momento, hubieran ejercido su influencia sobre el Gobierno de González, de su mismo partido, para incluir a Toledo, como hemos indicado anteriormente, como parada inmediatamente anterior a Ciudad Real en la línea de Andalucía.

Se impidió, de esa manera, una primera vertebración regional al unir la primera y segunda poblaciones de Ciudad Real con su capital regional. En este sentido de vertebración regional se intentó, cuando se inaugura la línea de Levante, la puesta en marcha de un servicio de alta velocidad entre Albacete, Cuenca y Toledo pasando por Madrid.

Como era previsible, ese servicio no tenía sentido, tanto por la duración del trayecto como por el precio del mismo, de manera que hubo que cancelarlo a los pocos meses de su puesta en funcionamiento. Esto fue debido, fundamentalmente a que ese tren tenía que entrar en la estación de Atocha (con una parada importante de bastantes minutos) y volver a salir por la misma línea hasta alcanzar la desviación de Toledo incrementado la distancia desde Albacete y Cuenca en unos 120 km.

Consecuentemente, los tiempos de viaje y los precios que, desde Albacete, podían llegar a superar los 80 euros de 2005 hicieron fracasar el intento. ¡Segundo intento de vertebración regional fallido! Y Toledo siguió aislada ferroviariamente de su región. ¡Segundo error!

En 2012 se construye una variante ferroviaria, en las proximidades de la localidad madrileña de Torrejón de Velasco, que comienza a unir las líneas de Andalucía y Levante permitiendo establecer un servicio de alta velocidad entre Valencia y Sevilla sin pasar por Madrid. Este servicio conecta, por primera vez, las localidades castellano-manchegas de Cuenca, Ciudad Real y Puertollano, desarrollando una nueva posibilidad de vertebración regional; pero excluye nuevamente a la capital regional de dicha conexión. ¡Tercer gran error!

Por último, con motivo de la construcción de la línea de alta velocidad Madrid-Extremadura, que esta vez sí pasará por Toledo uniéndola a Talavera de la Reina, tanto la Junta de Extremadura como la de Castilla-La Mancha plantean diversas alegaciones al trazado, entre la cuales se incluye la petición de una variante ferroviaria que una las líneas de Extremadura y de Andalucía en un punto intermedio entre Toledo y la localidad de Torrijos. ¡Cuarta gran error!

Nuevamente, esta posibilidad impediría la conexión de Toledo con Ciudad Real y Puertollano. Si nuestro Gobierno Regional planteara, en sus alegaciones al trazado, la posibilidad de una conexión triple que uniera las líneas de Extremadura, Andalucía y Levante en las proximidades de Torrejón de Velasco, esto permitiría a la capital regional unirse, no solo a Ciudad Real y Puertollano por la línea de Andalucía, sino también a Cuenca y Albacete por la línea de Levante y sacaría a Toledo de su aislamiento ferroviario con el resto de provincias de la región, de la cuál es capital.

A día de hoy, Toledo solamente tiene conexión con Madrid. Esta conexión es por alta velocidad con servicios AVANT y no dispone de ninguna otra conexión ferroviaria ni por AVE ni por tren convencional siendo la única capital autonómica española que presenta semejante anomalía.

En Cuenca tenemos la experiencia, por nuestra conexión con Albacete, de la gran demanda originada entre las dos localidades fundamentalmente sustentada por funcionarios de la Junta, personal sanitario y profesores y estudiantes de la UCLM que, a diario, se desplazan entre las dos capitales.

Se puede imaginar que, si se establecieran servicios regionales que unieran Toledo, por una parte, con Albacete, Cuenca, Ciudad Real y Puertollano, y por otra parte, Albacete, con Cuenca, Toledo y Talavera por el camino más corto y utilizando los trazados que pasan por la región camino de otras autonomías periféricas, el flujo de viajeros que movería al estar en Toledo situadas todas las Consejerías junto con la presidencia de la Junta, y con sus facultades y servicios hospitalarios, sería considerable. Nada que ver con el malogrado servicio suprimido en 2011. Estamos hablando del horizonte de 2030 que es cuando está previsto que se ponga un funcionamiento la línea de Extremadura. Además, esa unión de la línea de Levante con la de Extremadura crearía un eje transversal peninsular entre al Mediterráneo y el Atlántico, cuando el AVE llegue a Lisboa, y sin pasar por Madrid.

Otra ventaja sería, basándonos en la alegaciones presentadas por Extremadura, la unión de 4 ciudades Patrimonio de la Humanidad (Cuenca, Toledo, Cáceres y Plasencia). Considero firmemente que la Junta no puede volver a cometer el mismo error de 1992, privando a Toledo de la posibilidad de unirse a esas 4 importantes poblaciones, simplemente aprovechando la ventaja de las líneas radiales que pasan por la región, al ser tres de sus provincias limítrofes con la Comunidad de Madrid.

Estas conexiones hay que preverlas con suficiente antelación para que no supongan trabas posteriores en el diseño de los correspondientes trazados. Estamos a tiempo, faltan unos 10 años para que la línea de Extremadura se haga realidad: Aprovechemos la ocasión y no volvamos a cometer el último error dejando, de nuevo, a Toledo aislada del resto de provincias de Castilla-La Mancha.

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