Pintan bastos

Ramón Castro Pérez.- No puedo evitarlo. Tengo que hablarles, de nuevo, de pensiones.

—¿Otra vez? ¡Déjenos vivir!

Lo cierto es que no pierdo oportunidad y procuro sacar el tema siempre que puedo (ahora que lo pienso, tal vez por esta razón, últimamente, me dejen «en visto» en los grupos de whatsapp). La semana pasada, por ejemplo, mantuve dos conversaciones que me llamaron especialmente la atención.

En la primera de ellas, me encontraba dando el dato de la pensión media de los nuevos jubilados, que es de 1.345,39 euros, cuando:

—¡Eso no puede ser! Esos números estarán en el papel, pero ya te digo yo que no es cierto.

La cifra que les he dado (1.345,39 euros) corresponde a las estadísticas sobre pensiones contributivas en vigor que la Seguridad Social publica todos los meses. Esta, concretamente, se refiere a la pensión media de jubilación del grupo de edad de 65 a 69 años a 1 de mayo de 2021 (la del grupo 60 a 64 es de 1.639,60 euros).

No obstante, para evitar confusiones, proporciono el dato de la pensión media de todos los jubilados (no sólo de los nuevos). A fecha de hoy, la pensión media de jubilación es de 1.187,80 euros (más de seis millones de pensiones de jubilación). Tampoco le parece convincente a mi interlocutor:

—¡Que no, que no! Que eso son números alejados de la realidad. Las pensiones son muchísimo más bajas ¡Mucho más!

—Bueno. Tal vez te refieras a las pensiones no contributivas.

Las pensiones no contributivas son aquellas cuyos beneficiarios no han cotizado (nunca o lo suficiente) y, por tanto, no pueden acceder a una pensión contributiva. Consultado el Anuario de estadísticas del año 2019, del Ministerio de Trabajo y Economía Social, el importe mensual de las pensiones de jubilación no contributivas ascendía a 116.149.662,29 euros que, repartido entre los 259.570 beneficiarios, daba como resultado una pensión no contributiva de jubilación media de 447,47 euros mensuales.

—¡Que te he dicho que no! ¡Que yo hablo de las contributivas y que, ni de lejos, son de mil euros!

La conversación se acaba en este punto, pero no la reflexión. Y ello porque no es la primera vez que me ocurre algo parecido. La ciudadanía, en general, tiene la impresión de que las pensiones de jubilación son demasiado bajas, provocando mucha desigualdad. Dejando al margen las no contributivas, buceemos algo más en las contributivas, si les parece bien.

He incluido en la tabla a las clases pasivas (funcionarios jubilados). Pueden consultar los datos en el enlace, si les interesa. Como ven, existen diferencias muy notables según el régimen de cotización. Destaca, en el rango inferior, la cifra de la pensión media de jubilación de los autónomos (792,08 euros). Como contrapunto, la pensión media de las clases pasivas (este sistema está fuera de la Seguridad Social y se extinguirá con el tiempo) es la más elevada, 2.203,66 euros.

Centrándonos en la Seguridad Social, observamos cómo la pensión media de jubilación recibida por un asalariado es un 68% mayor que la correspondiente a un autónomo. Con estas cifras, oigan, lo normal es que la ciudadanía tenga la sensación que una pensión media de 1.187,80 euros es irreal. Les resumo el estado de las cosas en la tabla siguiente.

¿Qué ayudaría a solventar esta desigualdad? En mi opinión, pedagogía. Mucha. En cantidades industriales. Y alguna cosa más.

  • Pedagogía para explicar qué es una pensión contributiva y qué es una pensión no contributiva.
  • Pedagogía para facilitar, en cada momento, a cada persona trabajadora, la pensión que se obtendría según su historial de cotización.
  • Pedagogía para plantear, en cada momento, a cada persona trabajadora, itinerarios alternativos de cotización para mejorar la pensión.
  • Y alguna cosa más. Extender el período de cómputo para el cálculo de la pensión a toda la vida laboral y no a los últimos 25 años ¿Qué ocurre si a los 55 años tengo un parón laboral? Que estaré penalizando mi pensión y, sin embargo, las cotizaciones que realicé cuando era joven, no contarán.

Lo anterior, créanme, es lo que está ayudando a generar tanta desigualdad y disparidad. Y lo que se ve en el papel, se traslada a la calle. En nuestra vida cotidiana, todos conocemos a jubilados que, en su vida activa, fueron funcionarios, asalariados, autónomos o que no llegaron a reunir los suficientes años de cotización (no contributivo). Así que el mapa que ven reflejado en las tablas anteriores se instala en la percepción de todos nosotros y, poco a poco, concluimos que las pensiones son, en general, muy bajas. Si algo necesita el sistema es pedagogía e información transparente.

Esto en cuanto a la primera de las dos conversaciones ¿Recuerdan que había dos? La segunda de ellas la mantuve con mi buen amigo José Luis. El lugar, una terraza en la plaza del ayuntamiento de Tomelloso. Se disfrutaba de un fresco infinito y servían un vermú muy apreciado (en mi caso, me despaché una buena cerveza). Así que, en tan apropiado entorno, volví a sacar el tema de las pensiones.

—¡Cansino!

Mi buen interlocutor me trasladó otro punto de vista. Un cambio total de sistema:

—¿Por qué no contar con una única pensión, igual para todos los jubilados y que se pague con impuestos?

El asunto, no me digan, bien merece una reflexión. Como punto de partida, estamos ante un giro de 360 grados. Este sistema dejaría de ser contributivo y, en principio, eliminaría la desigualdad ¿no creen? Pero, hagamos cuentas porque, tras madurarlo en la cabeza unos cuantos días, existe un buen número de interrogantes a tener en cuenta.

Como primera aproximación, deberíamos realizar dos preguntas:

  • ¿Esta pensión la cobrarían todas las personas mayores de 65 años? Sería lo razonable, ya que el sistema deja de ser contributivo y, por tanto, nada tiene que ver que uno haya trabajado o no.
  • Si la pensión se financia con impuestos ¿quién pagaría estos impuestos? ¿también los jubilados? ¿únicamente los ciudadanos con edades comprendidas entre los 16 y los 64? ¿o los que tienen entre 24 y 64?

Como respuesta a la primera de las cuestiones, si desligamos la pensión del trabajo, está claro que cualquier persona con 65 o más años, debería recibirla. Estaríamos hablando de una especia de renta básica universal (¡una pensión universal!) para este colectivo. Sin duda, esta medida tendría efectos positivos para la salud, ya que todos procuraríamos cuidarnos para poder llegar a esta edad en la que comenzaríamos a percibir una renta vitalicia, cuyo importe debería fijarse, como mínimo, por encima del salario mínimo interprofesional (¡habría que crear uno para esta edad!). Bien, hagamos cuentas.

Según el INE (proyecciones de población), en 2021, tendríamos 9.397.961 personas mayores de 64 años (65 años y más). Con estas cifras, podemos calcular la nómina mensual de pensiones, en varios escenarios (cifras en euros):

Como ven, he planteado tres escenarios en función de la pensión que cualquier persona mayor de 64 años percibiría. Las cifras varían según la cuantía quedara fijada en el salario mínimo interprofesional, la media actual del régimen general (asalariados) y la media actual de los nuevos jubilados del régimen general. Estarán de acuerdo conmigo en que deberíamos comparar estas cifras con el gasto actual.

Ahora bien ¿qué gasto? ¿el de pensiones de jubilación? Es evidente que una pensión universal como la que plantea mi admirado amigo José Luis, sustituiría a todas las demás (viudedad y favor de familiares al menos). Haremos las cuentas de esa forma, metiendo en el saco las pensiones de jubilación, viudedad y favor de familiares (estas dos últimas solamente para mayores de 64 años).

Cálculo a partir de Seguridad Social. Pensiones contributivas en vigor. Mayo 2021.

Como ven, la cifra de gasto actual es muy parecida a la propuesta por el bueno de José Luis, para el caso de una pensión universal de 950 euros mensuales. Si tenemos en cuenta que este nivel de gasto está originando (actualmente) un déficit anual en torno a los 17.000 millones de euros (2019) y que aumentará en los próximos años, no parece que la propuesta de la pensión universal mejore la situación financiera ni solvente los problemas de sostenibilidad en el futuro (en 20 años, la población mayor de 64 años será enorme).

En cuanto a quién financiaría esta pensión universal, caben muchas cuestiones a realizar. Podríamos comenzar por determinar quién la financiaría. Si incluimos, aquí, a los jubilados, estarían (en parte) autofinanciando su pensión, lo que implica una reducción oculta en la pensión. Si no los incluimos, deberíamos determinar si la financiación corre a cargo del grupo de edad 16-64 o del grupo 24-64. Esto nos lleva a otra cuestión: ¿cómo se extraerían las cantidades? Si es a través de un impuesto directo como la renta, llegaríamos a la conclusión de que, finalmente, la pensión universal quedaría financiada por quien trabaja (y obtiene rentas) y llegaríamos a la lógica actual de reparto. Si es a través de impuestos indirectos (como el IVA), es claro que todos contribuirían (también los perceptores). De cualquier forma, habría que articular una figura tributaria que fuera capaz de recaudar, anualmente, un mínimo de 125 mil millones de euros (y eso para una pensión universal mínima de 950 euros).

Hay otra matización. La tasa de dependencia, dentro de 20 años, será del 49 por ciento. Es decir, por cada dos personas con edad comprendida entre 16 y 64 años, habrá una persona jubilada (mayor de 64 años). Pueden imaginar la nómina anual y la carga a soportar por el colectivo 16-64 años.

En términos financieros y sostenibles, la propuesta de la pensión universal no parece viable. Cierto es que incorporaría igualdad y, como hemos señalado anteriormente, un incentivo brutal a mantenerse vivo y saludable.

Confío en no haberles resultado demasiado pesado. La gravedad de lo que está pasando (soterradamente) lo requiere. Tenemos que hablar más de pensiones, mucho más, porque se aproxima un verdadero tsunami que hará temblar el contrato entre generaciones. Ya saben ustedes que la pensión media de los que ahora se están jubilando ronda los 1.500 euros. Y seguirá creciendo (miren las bases de cotización de los que venimos detrás) por lo que, es de esperar que, en veinte años, esta pensión media ronde los 2.000 euros (o los supere). Esto significa que dos de nuestros hijos (ya cotizantes para entonces) sostendrán a un jubilado.

¿Realmente piensan ustedes que, dentro de veinte años, cada trabajador estará dispuesto a aportar la mitad de su sueldo para que lo disfrute un jubilado? Claro que no. Por eso, lo que falte, se buscará vía impuestos (nuevos o no). Y los impuestos ya tienen sus empleos (sanidad y educación, por ejemplo). En veinte años, nuestros hijos vivirán peor, tendrán servicios públicos de peor calidad, los copagos serán habituales en muchos de estos servicios y las pensiones, también, por tanto, serán menores. Las reformas anunciadas no solventan el problema y parece que la patada a seguir será la tónica. Vayan ahorrando y vayan inculcando el ahorro a sus hijos. Pintan bastos.

Ramón Castro Pérez es profesor de Economía en el IES Fernando de Mena (Socuéllamos, Ciudad Real).

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14 COMENTARIOS

    • Si eres prejubilado la cosa cambia. Muchos están deseando que les penalicen por mensualidad después de cotizar muchos años y desear jubilarse. Las pensiones de las viudas pasan a financiarse con impuestos que sufragan infinidad de chiringuitos. Los chiringuitos se mantienen también con impuestos. Esos hay que mantenerlos. Las pensiones de viudedad también, pero los chiringuitos no se discuten. Todo al revés y muy dañino pero con el PSOE.

  1. Tenemos una solución en nuestras manos. Abrir España a los inmigrantes que quieran trabajar en España. Con las medidas y requisitos que hagan falta. Y con un verdadero programa de seguimiento que les ayude a convertirse en ciudadanos europeos y españoles de verdad (Francia no lo hizo y se llenó de radicales). Respetando su anterior cultura, su religión y su raza, pero haciéndoles ver que vienen a un Estado (por desgracia) solo aconfesional y no laico, donde las ideas religiosas se respetan, pero no marcan la vida de los demás (o no debieran, porque si pueden, lo intentan).

    Hay que decir que si a los que quieran trabajar. Ponerse en serio a revisar qué formación y aptitud tienen, regular de manera seria la entrada de personal joven, como hacen otros países que entienden la necesidad de la inmigración para salvar a su propio país del envejecimiento.

    Personalmente trabajo con gente de muchos países que han recabado en España. Gente joven, responsable, trabajadora, que ya se han casado aquí y tienen hijos españoles nativos. Gente con la que da gusto estar, incluso, algunos, más papistas que el Papa, en cuanto a patriotismo se refiere…cosa que me llama la atención.

    Si somos capaces de entender esto y dejarnos de gilipolleces como que «vienen a quitarnos el pan», puede que tengamos una oportunidad. Y si no somos capaces, pues nuestros hijos, con sus sueldos de mierda, tendrán que pagar muchísimos más impuestos para mantener las pensiones. Pero lo bueno, es que seremos los guardianes de la raza (entender esto como sarcasmo…).

    Porque no se olviden, ahora mismo: barren, friegan, recogen pepinos y pimientos, hacen de peón de albañil, de conductor de camión, de chachas, de cuidadoras de enfermos…pero sus hijos, probablemente, serán alcaldes, diputados, médicos, abogados…y todos ellos contribuirán a que vivamos todos un poco mejor cuando seamos momias acartonadas.

    • Está muy bien lo de los inmigrantes tocayo. Pero en qué van a trabajar cuando hay más de 5 millones de españoles en paro. Solo se me ocurre en el trabajo del campo que no requiere de casi ningún tipo de formación profesional ni universitario. Otro tema a tratar es la cualificación que traen esos inmigrantes, si vienen como médicos, científicos, profesores, etc. Si no hay trabajo en general no le veo sentido a la inmigración.

    • Gracias por el comentario, Hobbes. Son muchos los estudios que corroboran que los inmigrantes no quitan el trabajo a nadie, pues los puestos de trabajo no son fijos (como tampoco lo hacen los mayores a los jóvenes). Comparto su punto de vista, aunque no veo en ello la solución a la sostenibilidad de las pensiones pues, si bien es cierto que aumentarían las cotizaciones actuales (y por tanto los ingresos del sistema), no es menos obvio que, como es evidente y natural, tendrán derecho en el futuro a una pensión, por lo que el problema de la sostenibilidad no quedaría resuelto. Este problema tiene un origen: la positiva y bienvenida subida en la esperanza de vida. Vivimos más (buenísimas noticias) y, por ello, habría que jubilarse más tarde.

      • Llevas razón, mi comentario solo habla de una parte, y la otra, o una de las otras, es que vivimos más. Lo siento, solo soy capaz de entender y aportar en la parte social y política del asunto. Lo mío no es ni la
        Macro, ni la Micro.

        Pero siempre será mejor tener gente joven y productiva alrededor, que además pagan impuestos, crean riqueza, tienen hijos, y nos cuidarán a los momios acartonados; que convertirnos en una sociedad geriátrica y endeudada que no tenga recursos para cuidar a sus mayores. Cosa que quieren las tres derechas, totalmente enrocadas en todo lo que sea admitir otras razas o religiones.

        Así es que, o eso, o empezamos a gasear a partir de los 65. Y ya te digo que no me gusta la idea….no me veo camino de la «ducha»…

        Llámame iluso, pero creo que con ma o de obra joven, y aunque les friamos a impuestos, se podría mantener un sistema público de pensiones digno. Sobre todo si conseguimos que gente como Toni Cantó y su chiringuito para defender el Español en Madrid, no nos roben 90.000 millones de euros al año. Que los bancos y las grandes de Ibex no prejubilen a los suyos a los 50 años con pensiones enormes y la ayuda de los Gobiernos, y si a los jubilados se les protege de verdad en ciertos pagos, tampoco harían falta pensiones tan altas.

        Pero, ya te digo que soy un ignorante en Economía. Me inclino siempre a lo social.

  2. Valiente artículo, enhorabuena, se agradece muchísimo cuando alguien además de dar su opinión – manifestando su preocupación – la fundamenta con datos.

    • ¡Muchas gracias, Alberto! La senda es preocupante y, en mi opinión, cuanto más se hable del tema y más informados estemos todos, mucho mejor.

      ¡Saludos!

  3. ¿Cuánto nos cuestan los 17 estadillos autonómicos? ¿Cuánto dejamos de ganar por la existencia de esos 17 estadillos autonómicos? ¿Cuánto nos va a costar la ley trans y decir niña, niño, niñe? Afirmar que nuestros impuestos van para la educación o la sanidad es lo que dicen los que viven de nuestros impuestos para conseguir un silencio culpable de todos aquellos que no nos tragamos la trola. El sistema de pensiones hay que reformarlo o construirlo desde el principio. Y también hay que utilizar los impuestos que pagamos, que son muchos, para pagar el estado de bienestar y no el bienestar del estado.

    • Claro que sí Censito, hagamos de nuevo el sistema de pensiones. Pero esta vez desde Bankia y con Rodrigo Rato de jefe, como a ti te gustaría.

      • Bankia ya es de la Caixa. Como Repsol, Gas Natural, Fenosa… Porque la Casta se reparte España y nuestros impuestos. Probablemente mañana nos obliguen a hacernos un plan de pensiones, o las cotizaciones se invertirán en fondos y acciones, y todo se hará a través de la Caixa. Y todo será gracias a los distintos gobiernos de izquierdas y derechas, que solo se acuerdan de los españoles para pagar impuestos. Impuestos como los de la electricidad, el gasoil, las compras en AliExpress, el IVA, etc., que afectan a los más ricos…

    • Gracias por el comentario, Censor. En mi opinión, si hay algo que evitar es trasladar el déficit al Estado y, por tanto, financiar las pensiones con impuestos. Deberíamos aspirar a pagar las pensiones con las cotizaciones y dedicar los impuestos a los servicios públicos. El problema actual es que se está abriendo la puerta a financiar pensiones con impuestos (el caso práctico que aparece en la segunda parte del artículo muestra que no es viable) y ello provocaría una pérdida considerable de calidad en los servicios públicos que hoy disfrutamos (si ahora le parecen de baja calidad, imagine cuando esos impuestos se dediquen a las pensiones). La contributividad del sistema debiera ser estricta. De otro modo, tendremos problemas.

      ¡Saludos!

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