Árboles singulares de Ciudad Real (XIX): Populus alba junto al Seminario

Esta sección sobre árboles singulares de Ciudad Real, ofrecida en colaboración con la Concejalía de Medio Ambiente con la pretensión de dar a conocer parte del patrimonio natural de la capital, recopila el catálogo elaborado por José Arrieta, jefe de sección de Parques y Jardines.

Motivo de la singularidad.- Es una frondosa con un gran desarrollo y una formación excelente para la especie. De acuerdo a la época de construcción del edificio del Seminario Diocesano de nuestra ciudad, lugar donde se encuentra plantado, este árbol podría tener unos 50 años.

Porte y descripción del árbol.- Su porte es en forma de copa redondeada y su desarrollo es regular y homogéneo en todas las direcciones.El árbol se encuentra ramificado desde unos 2’50 metros de altura, su tronco es grueso, cilíndrico, macizo, descamado, con ligeras protuberancias y fisurado. El tronco se divide en cuatro ramas principales, las cuales se encuentran bien ancladas, bien formadas y dirigidas y las ramas secundarias y terciarias se encuentran distribuidas homogéneamente a lo largo de las ramas principales y en todas las direcciones.

Estado de conservación general.- El árbol se encuentra en un buen estado de conservación y no se le aprecian plagas ni enfermedades. El árbol no ha tenido podas de formación nunca, solo se le realizan podas de limpieza y de saneamiento. No se aprecian raíces espiraladas, estáticas ni superficiales. Su floración y fructificación son buenas y su tasa de crecimiento es bajo, entendemos que el árbol, por sus síntomas, se está preparando para la vejez.

Descripción del entorno.- Se encuentra en la margen izquierda de la salida de Ciudad Real hacia Porzuna, en la entrada principal del Seminario Diocesano de nuestra ciudad. Se encuentra plantado dentro de un pequeño parterre triangular de rosales bajos, con tratamiento superficial en terrizo, el resto del entorno es un acceso de aglomerado asfáltico para tráfico rodado. La carretera de Porzuna se encuentra a poco más de 2 metros del mismo.

Se puede apreciar el mismo, desde la carretera de  Porzuna en ambos sentidos, ya que se encuentra en pegado a la misma en su margen izquierdo en el sentido de salida de nuestra ciudad.

EL ÁLAMO DEL SEMINARIO

                Hay frente al seminario de Ciudad Real un gran álamo blanco, añorando que la carretera sea un río para poder estar, como sus ancestros, junto al agua.

Cuentan las leyendas griegas que las Helíades, hijas del dios Helios (el sol) fueron convertidas en álamos blancos junto al río en el que murió ahogado su querido hermano Faetón. Fue Zeus el que las transformó en árboles para que estuvieran así siempre cerca de él… y otra de las leyendas nos cuenta que, al igual que la ninfa Dafne fue convertida en laurel,  el álamo también fue una ninfa a la que amó violentamente Hades y, al morir ella de forma natural, la convirtió en un álamo blanco… aunque dicen las malas lenguas que fue Perséfone, la esposa de Hades, la que la transformó y la dejó “plantada” en los Campos Elíseos, el paraíso del inframundo.

                En los primeros juegos olímpicos los vencedores eran coronados con ramas de álamo, en honor a Heracles que regreso vencedor del inframundo, pero finalmente se impondrían las coronas de laurel. Y ya en la historia más reciente y real me gustaría destacar que el famoso retrato de la Gioconda, de Da Vinci, está pintado sobre una tabla de madera de álamo.

A nuestro álamo del seminario hay quien podría llamarle  “el portero”, porque parece vigilar la entrada y salida de los seminaristas, de este enorme edificio de ladrillo rojo y torre campanario que soñaba con ser el doble de grande, con dos estructuras gemelas a ambos lados de la torre… pero se quedó en lo que hoy vemos… y lo que se ve es mucho menos de lo que es.

                El seminario de Ciudad Real es un gran desconocido. No siempre estuvo aquí. El primer seminario se levantó en la calle Alarcos, donde hoy está el edificio de los sindicatos. Se inauguró en 1887 y era un gran caserón pero se quedó pequeño por la alta ocupación de seminaristas, en la época de la posguerra civil. También se trasladó porque se consideró que su ubicación era una zona concurrida y ruidosa, paso natural hacia el parque Gasset, que atentaba contra el recogimiento y silencio requerido del lugar…

                De ese primer seminario sólo nos queda la verja de hierro de su fachada que hoy es la que cierra la entrada de nuestro cementerio.

                En 1961 ya está terminado el actual seminario y todos los seminaristas dentro. Desde 1945 la comunidad de Franciscanas de Nuestra Señora del Buen Consejo tienen su residencia cerca del edificio principal y se dedican al de cuidado y supervisión de los seminaristas y otras labores domésticas y religiosas.

El seminario de Ciudad Real no es un edificio cerrado, muy al contrario, si buscas su web encontrarás esta invitación: “Abierto por vocación”, que es una llamada para los jóvenes que quieran seguir sus estudios dentro de estos muros.

Deberían ponerle una banderola al álamo con esta inscripción… para hacer más visible al edificio y a su portero. Es curioso que este árbol tiene flores masculinas, grandes y rojizas como los ladrillos del edificio y flores femeninas, de color amarillo verde. Frutos no da, o al menos eso dice el refrán: “El álamo largo y enjuto, ni da sombra ni da fruto”.

Yo le llamo, cariñosamente, el pequeño Escorial, al seminario, claro. Pero de pequeño no tiene nada. Visítalo. Tiene jornadas de puertas abiertas.

Es un edificio singular, como nuestros árboles.

I L G

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