Suben los precios ¿Cuáles? ¿Cuánto? ¿Cuándo?

Ramón Castro Pérez.- El pasado catorce de julio (fiesta nacional en uno de nuestros países vecinos), el Instituto Nacional de Estadística (INE en adelante, si me lo permiten) publicó los datos sobre precios, correspondientes al pasado mes de junio.

No les va a sorprender que yo les cuente que, a partir de ese momento, miles de economistas, instituciones, agencias, medios de comunicación y tuiteros de todo signo, se ponen manos a la obra para comentar el fleco que les parezca más interesante. Y dirán ustedes ¿admiten matices los datos que publica el INE?

—¡Y tanto! —diría uno, pues razones no hay pocas (sino muchas).

En primer lugar, hablamos de datos que pueden (mire usted) agregarse o desagregarse según convenga. De esta forma, podemos echarle el ojo a los precios en general o mirar sólo los de la luz (—¡a mí me gustan los de los bares! —se escucha al fondo). Luego tenemos el marco temporal, por lo que puedo comparar un precio de junio del 21 con lo que me venga en gana (elijan: mayo del 21, diciembre del 20, junio del 20 ¿alguien da más?). Oigan, ahí no acaba la cosa: a buen seguro, existen los negacionistas de los datos (—¡a mí nunca me han preguntado!). Y, por si fuera poco, para rematar, tengo a madre en casa que siempre (¡siempre!) encuentra los mejores precios (¿les suena?).

Yo les propongo, no obstante, aprender unos cálculos básicos (de andar por cuarto de ESO y primero de bachillerato) para que ustedes cojan el dato que les dé la gana y cuenten aquello que les parezca más conveniente. Eso sí, no olviden que lo que no calculen, sigue existiendo y que alguien, con intenciones distintas a las suyas, lo venderá como cierto (porque las matemáticas no engañan). Aquí nadie miente. Sólo se elige lo que se muestra (y lo que no). Justo como los magos (también llamados ilusionistas) ¡Leches! ¿no serán ilusionistas los economistas? Lo que les faltaba. En su descargo, les diré que creo hay, por delante, unas cuantas profesiones aspirantes a tal título.

Para el ejercicio necesitamos los últimos datos del fabuloso numerito que, por sí solo, recoge la información de miles de precios, referidos a los productos que más consumimos: el índice de precios al consumo (IPC). También consideraremos este número atendiendo, exclusivamente, a categorías de bienes (para ello, he seleccionado algunas de las más importantes para nosotros: alimentos y bebidas no alcohólicas; vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles; restaurantes y hoteles).

El cálculo es sencillo: tomamos el valor del IPC en dos momentos diferentes del tiempo y medimos su variación. Si la variación es positiva, los precios han subido (y viceversa). Fácil (si saben cómo calcular esa variación). Les explico el cálculo de una tasa de variación con un sencillo ejemplo:

—¡Me han subido el sueldo 50 euros!

—¡Qué bien ¿no?

—¿Bien? Estoy francamente decepcionado con la empresa.

—¿Por qué?

Yo les diré por qué. Quien habla (sorprendido) es un crack del fútbol (o un piloto de Fórmula 1, para el caso) ¿Se imaginan la escena? Elijan a su ídolo del momento y visualicen el instante en el que la directiva del club le transmite (también a su representante) que le suben la ficha 50 euros al mes (¡a un jugador que cobra un millón mensual!)

Ahora cambien el paso. Borren de su memoria el caso anterior y apliquen la conversación a una persona que cobra 1 200 euros mensuales ¿Creen que se sentirá ofendida por la subida de sueldo de 50 euros mensuales?

—¿Para qué me cuenta esto?

Muy sencillo. Fíjense, ¡el aumento en el sueldo mensual es el mismo en ambos casos! (50 euros). Pero olvidamos algo importante: los aumentos (o disminuciones) los tenemos que comparar con los niveles originales. Cincuenta euros puede ser una ridiculez si se cobran millones o algo importante si apenas se supera el salario mínimo interprofesional. Por esta razón, cuando pretendemos calcular una variación, siempre hemos de comparar (dividir) el aumento con el origen. Así:

(50/1.000.000)=0,005% (caso del crack futbolístico)

(50/1.200)=4,2% (caso del cuasi mileurista)

Como ven, cambia el cuento una barbaridad, tanto que podemos pasar del enfado a la alegría en cuestión de segundos. En fin, este es un ejemplo que utilizo (a veces) en clase para explicar cómo se obtiene una tasa de variación y por qué es importante (siempre) comparar con lo que había antes de todo.

—Miren la siguiente tabla. Están calculadas las variaciones del IPC (de los precios):

Nota: Si le interesa realizar los cálculos por sí mismo, aquí tiene los datos.

Las columnas «Mensual», «Acumulada» e «Interanual» nos ofrecen medidas de los incrementos en los precios, en función del marco temporal que escojamos. De esta forma, el dato «mensual» nos reflejará la variación en los precios durante el último mes (en este caso, de mayo a junio); el dato «acumulado», la variación en los precios en lo que va de año (desde el primero de enero hasta junio) y, por último, el dato «interanual», la variación en los precios en los últimos doce meses (de junio del 20 a junio del 21).

Las filas de la tabla, por otra parte, recogen las variaciones en los precios de todos los bienes (índice general) o de algunos, clasificados por categorías (alimentos, vivienda, electricidad, restaurantes, etcétera).

Como pueden apreciar en la tabla, tenemos números para todos los gustos y con tantas combinaciones como filas y columnas permiten. Así, por ejemplo, podemos señalar que:

—Precios de alimentos y bebidas no alcohólicas no subieron en el último mes (0,0% de tasa mensual).

—Precios de vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles subieron casi un 11% durante el último año (10,9% en tasa interanual).

—Precios en restaurantes y hoteles, hoy, son un 0,5% más bajos que hace un año.

—Precios (en general) subieron en el último mes un 0,5%, en los últimos doce meses, un 2,7% y, en lo que llevamos de año, un 2,5% (lo cual nos quiere decir que la mayor parte de la subida se ha concentrado en los meses de 2021).

Como ven, hay datos para todos. Si usted quiere alarmarse (o crear esa sensación), publique el dato de la rúbrica de electricidad. Que usted quiere transmitir calma, oiga, vaya contando que los alimentos, en el último mes, no subieron de precio. Muestre lo que quiera y deje para otro momento lo que no le convenga ahora. Ojo, ciertos son todos los datos, pero… ¡no me digan que no tienen dónde elegir!

—¿Y las dos últimas columnas? ¿Qué son?

Pues miren, se las pongo aquí de nuevo, que andar mirando hacia arriba es una lata. Ahí van sólo las dos últimas columnas:

En la titulada «Dos años», les muestro la variación de precios entre junio de 2019 y junio de 2021. No es poca cosa (¡dos años y con pandemia entre ellos!). Y en la que lleva por nombre «Interanual (*)», tienen ustedes la anterior variación en los precios, repartida entre los dos años (de 2019 a 2020 y de 2020 a 2021). Esta última medida es ficticia y resulta de distribuir, artificialmente, la variación de los dos últimos años (vamos, una media).

Así que, también, podemos afirmar que:

—En los últimos doce meses, los precios subieron un 2,7% pero… no es menos cierto que en los últimos dos años, los precios sólo han crecido un 2,4% (o, lo que es lo mismo, un 1,2% cada año).

—Los precios relacionados con vivienda y energía crecieron, en el último año, casi un 11% pero… no es menos cierto que, en los últimos dos años, han subido un 6,6% (a un ritmo del 3,3% anual).

—Los precios de los alimentos y bebidas no alcohólicas han aumentado casi un 4% en los últimos dos años, a pesar de subir, en los últimos doce meses, algo más de un 1%.

Sí, ya lo sé. Les estoy liando. Pero eso será porque ustedes quieran. Estoy completamente seguro de que, a estas alturas, ya saben que, cuando lean una noticia sobre inflación, al menos deberán hacerlo con detenimiento y manejar tantos datos como sea necesario. Y, eso sí, les aconsejo que huyan de los extremos. Intenten tener una visión de conjunto. Los precios están subiendo en general (como es de esperar). Dentro de esta subida, hay rúbricas muy dinámicas (como la energía) y otras que evolucionan con una mayor normalidad. Tengan también en cuenta que es útil medir las variaciones en precios con respecto al 2019 y, después, anualizar esos crecimientos (lo del año pasado no fue muy común). Verán, entonces, cómo todo parece un poco más normal.

Y otra cosa (que seguro ya saben de toda la vida): cuando los precios suben, los hogares se esfuerzan en comprar más barato (¡madre siempre encuentra las mejores ofertas!) y, cuando estos disminuyen, uno puede darse un respiro. Lo importante, recuerden, es mantener unas expectativas adecuadas y eso pasa por contemplar el cuadro en toda su extensión y no quedarnos con el dato que más interese a quien lo comunica.

Ramón Castro Pérez es profesor de Economía en el IES Fernando de Mena (Socuéllamos, Ciudad Real).

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2 COMENTARIOS

  1. Muy didáctico. Y es que el 36% de la población española no sabe el significado de términos como, por ejemplo, prima de riesgo……

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