Galdós, manchego de corazón

El día 4 de enero, se cumple el centésimo segundo aniversario de la muerte de Don Benito Pérez Galdós, en la villa y corte de Madrid. El escritor canario fue, seguramente, el mejor cronista de la capital del reino entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera parte del XX. Sus dotes de observador, le permitieron conocer las costumbres y las gentes que vivían en aquel poblachón manchego, como era conocida también la capital.

Ello no le impidió relacionarse con la Mancha a través de sus novelas, en las que, inspirado por su vocación cervantista, plasmó el espíritu quijotesco de sus gentes. Y esta vinculación la consolidó a través de la estrecha relación personal que mantuvo con algunos manchegos en sus poblaciones de origen.  

                A mediados del siglo XIX, Don Benito llega a Madrid. Su madre quiso que el pequeño de sus hijos se trasladara a la capital para estudiar Derecho, pero también para que olvidara los amores que había iniciado con su prima Sisita que a Doña Dolores, por ser su sobrina, no le parecían muy ortodoxos.

                En ese primer viaje tomó contacto directo con la Mancha, ya que el trayecto entre Córdoba y Alcázar de San Juan, lo hizo en un coche de caballos. Entonces no había trenes que hicieran ese recorrido, que era el único medio con el que se podía viajar más rápidamente. Para el joven escritor aquel recorrido fue largo y pesado, pero apasionante.

                Entre los valles del Guadalquivir y del Guadiana, subido en aquel carruaje, tuvo ocasión de conocer los paisajes de la comarca de Los Pedroches y de Sierra Madrona; de contemplar la espectacularidad de la gran dehesa del Valle de Alcudia; para, al final de aquel sugerente viaje, encontrarse con la inmensa llanura manchega, donde visitó sus pueblos y conoció a sus gentes.

                El catedrático de Lengua y Literatura española, Demetrio Estébanez Calderón en su ensayo “Personajes de la Mancha en las novelas de Benito Pérez Galdós”, nos habla de los personajes manchegos protagonistas de sus obras.  

                La primera de estas novelas fue La desheredada, de estilo naturalista, en la que desarrolla la trama en torno a tres familias procedentes de la Mancha. Los Miquis, los Rufete y los Pez. Estos personajes reaparecerán en novelas posteriores como en Fortunata y Jacinta o en Tristana, por citar solo algunas de las más conocidas.

                Si la Mancha fue tierra de inspiración para Galdós, El Toboso fue uno de los lugares por los que más cariño mostró. Alguno de los personajes principales de sus novelas los ubicó en esta localidad; mantuvo una relación personal con algunos de sus vecinos; y, hasta utilizó su espacio urbano como escenario de su relato más quijotesco.   

                Entre los personajes de sus obras uno fue protagonista de la novela El doctor Centeno. Alejandro Miquis, nacido en la patria de Dulcinea, es su personaje central. De perfil quijotesco iba acompañado por una especie de escudero contemporáneo. Pero, para muchos autores, es también un personaje autobiográfico de Galdós. Refleja su infancia y juventud en Las Palmas, y sus inicios como estudiante o como frustrado autor teatral en la capital.

                En La desheredada, el médico Augusto Miquis, también toboseño, está inspirado en el doctor Manuel Tolosa Latour, amigo y médico personal de Pérez Galdós. Este personaje representa a la burguesía de profesionales liberales de aquella época a los que el autor respetó especialmente.

                En cuanto a la relación personal que don Benito mantuvo con los tobosinos —como él los llamaba cariñosamente—, hay que destacar su relación de amistad con dos lugareños de principios del siglo XX. Uno fue Antonio Nuño de la Rosa, el mayor hacendado de la localidad, hombre de esmerada cortesía y vasta ilustración, decía de él el autor canario. Y otro fue un campesino, Jesús Martínez, el único republicano que existe en esta villa y sus contornos,  según refería el señor Nuño de la Rosa en una carta dirigida a don Benito.          

                De los proyectos inconclusos del autor de Nazarín —debido a su ceguera— destaca el de Ciudades Viejas españolas. Obra con la que pretendía reconocer a las ciudades olvidadas de la España más añeja. Aunque solo lo hizo de El Toboso. En ese breve relato mezcla el tiempo en el que el autor visita esta villa, en 1909, con el de la época en la que se desarrolla el Quijote, pero utilizando el mismo escenario urbano descrito por Cervantes. Y en él convierte en Caballero del Verde Gabán a Antonio Nuño de la Rosa y en una especie de Quijote republicano a su también amigo, Jesús Martínez.

                Pero su cariño por este entrañable pueblo, fue más allá de la vida del escritor. Su hija mantuvo contacto con sus gentes y, a mediados de los años veinte, donó un lote de libros de la biblioteca personal de su padre a la, por entonces, recién creada Biblioteca cervantina.

Manuel Fuentes Muñoz
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3 COMENTARIOS

  1. Gran idea, acordarse de Pérez Galdós y de sus referencias a Castilla La Mancha. Yo recordaría ese viaje por Alcázar, Valdepeñas camino de Cádiz. En Trafalgar y mucho otros detalles.

  2. Interesante artículo. Pérez Galdós visitó, por primera vez, Alcázar de San Juan en 1862 como amigo del ilustrador alcazareño Ángel Lizcano…….

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