Cara o cruz

Manuel Olmeda Carrasco.- España —desde tiempos inmemoriales— condiciona la fortuna al torcido azar de una moneda del imperio que se lanza al aire mientras ojos escrutadores desean que en su definitiva posición horizontal pueda verse cara o cruz. He aquí porqué se exige una moneda imperial, pues el anverso era la cara del emperador de turno y el reverso siempre una cruz.

Sin embargo, lo habitual se convierte en atípico dentro del espacio concreto de mis raíces castellano-manchegas terciando dos variables, ignoro si innovadoras: verano y dinero contante y sonante a la hora del juego que se convierte en concurrido y popular. Lo llamamos “las caras” e intervienen dos monedas. Si salen caras ambas, gana el banquero que cubre las apuestas; si cara y cruz hay que volver a lanzarlas; si cruces ganan los apostadores. Como no respetábamos la siesta de nadie, había algún que otro altercado.

La secular costumbre hoy se mantiene solo en los campos de futbol y, casi siempre, en diferentes gobiernos que llevamos penando los españoles cuatro decenios. Sabemos (salvo individuos o medios que viven ricamente al calor del BOE, sin olvidar la caterva de perezosos incluso sectarios irredentos) que el “sanchismo” ha hecho un arte sublime de este método aleatorio para manipular. Su oráculo es la moneda al aire supliendo ausencia de ideas o iniciativas. Luego rectifican con igual táctica en infinita sucesión de asesoramientos aéreos que traen idénticas insensateces. Creo que, como según parece ocurrió en realidad, alguna vez la moneda cae metafóricamente de canto creando un desconcierto teatral. La verdad es que estamos llegando a una coyuntura entre carnavalesca, con rasgos muy atrevidos, y esperpénticamente deformadora, psicótica.

Esta fórmula, tan válida o inválida a cualquier otra que escape al dictamen racional, viene tasada con espectacular adhesión. Aun así, sin más, especímenes contrahechos, estafadores, la suelen arrinconar para dar fe al sino antagónico (en ausencia de criterio), cuando no al absurdo. ¿Quién no conoce ocurrencias de Sánchez, una vez lanzada al aire la célebre moneda para, segundos, minutos u horas más tarde, desdecirse completamente y “capturar” —entonces sí— el “vellocino”, cual Jasón redivivo? Transforma y sustituye el acaso por una mitología áurica; es decir, que le permita soñar con ricas vetas doradas para satisfacer deseos personales sin completar. Esta política necia, incierta, ligera, oscurantista (antidemocrática), ha ocasionado, presuntamente, daños sanitarios y económicos, rayanos en lo delincuencial si no de plena judicialización. ¿Culpa del método? No, ¡qué va!, del efecto. Las “caras” sustituyen al sentido común.

Recuerdo algún “baratero”, encargado de lanzar las monedas, hábil, cuco, tramposo. Las “careras” (piezas del juego) debían tener antes de lanzarlas cara y cruz en planos opuestos, pero dicho personaje, y de forma sibilina, las ponía en el mismo plano —moviendo los dedos con extraordinaria maestría— sacando siempre caras si el suelo era arcilloso e impedía el bote. Era un azar controlado, trilero, nada azaroso. Por lo que llevo viendo, Sánchez, “baratero” y banca, hace argucias para sacar siempre caras, como si sus ambiciones le vinieran satisfechas por un destino foráneo, excepcional, advenedizo. Sí y no; fuera de una gestión pública nefasta, inconsistente, lo tiene todo promediado. Sin caer en cuenta, está evaporando no su nulo crédito sino cualquier posibilidad de sentarse otra vez en La Moncloa. El exceso crea indigestión política y social; ni los suyos, ni PP.

Puede que el delirio narcisista le impida comprender que, en esta ocasión, sean los ciudadanos quienes “cubren” la apuesta que él quiera arriesgar. Tiene un futuro alarmante, más que delicado, por pervertir las normas en vigor. El primer lanzamiento lo hizo con monedas marcadas de anticomunismo. Luego, siendo comunistas radicales, las difuminó de novel liberalidad blanqueándolas con etiqueta democrática. Quiso alternarlas con otras llenas de intriga y codicia, incluso de violencia. También esa pretensión le llevó a alejarse de la muchedumbre y hoy, un poco tarde, siente un desapego casi imposible de revertir a tiempo. Europa, espectador incrédulo e inexperto del actual lenguaje político, se harta a poco de la extravagancia y terminará revisando su proceder con ejecutivo tan fraudulento. Sánchez, cara al porvenir, ha derrochado toda oportunidad.

La inmediatez del cálculo efectuado por Sánchez le lleva a permitir que otros, usando bronces anticonstitucionales, anhelen convencer a fanáticos de su legalidad en lances con marcado carácter rupturista. Ni ordenanzas, ni autolimitaciones; sirven al precepto concebido por hábitat y usos internos. Este caos normativo e instrumental le lleva a conseguir participantes heterogéneos, minoritarios, que le sirven para un descosido, pero le acarrean —al mismo tiempo— un roto generalizado en suelos electorales consistentes y fértiles. ¿No creen ustedes intempestivo, anacrónico, disparatado, que ERC utilice monedas tendenciosas, fanáticas, e invoque la ilegalización de Vox? Asimismo,  ¿conciben que Puigdemont se haga el longuis, las eche, mire hacia arriba y afirme que “los presos de ETA sufren vulneraciones de derechos inadmisibles”? ¡Vaya “barateros”!

Sánchez calla (tal vez trague) y soporta, además de lo anterior, que Podemos quiera investigar los abusos de la Iglesia a menores mientras da carpetazo a los de Baleares. Sanidad lanza al aire las monedas a ver qué pasa y exime de cuarentenas, no obstante la opinión de expertos, a escolares menores de doce años con contacto estrecho de Covid. Pese a todo, lo grotesco —aun azaroso— viene con la concesión de la Gran Cruz de Carlos III a personas irrelevantes cuando no nocivas para el país, contra los embriones de la concesión. Me recuerda a Hannah Arendt en sus reflexiones: “Cualquier persona puede llevar a cabo los más horrendos crímenes cuando pertenece a un sistema totalitario. El problema radica no en dormir su conciencia sino en eliminar su piedad”.

Los medios, a su vez, utilizan “las caras” casuales para evitar un trabajo extenuante. ACODAP (Asociación contra la Corrupción y en Defensa de la Acción Pública) ha acusado en el juzgado número treinta y cinco de Madrid a Antonio Ferreras, Ana Pardo y Newtral por corrupción y censura al no difundir noticias verdaderas publicadas en EEUU sobre muertes sobrevenidas por las vacunas.

La alternativa que viene tampoco es “moco de pavo”. Martínez-Almeida: “Almudena Grandes no merece ser hija predilecta de Madrid, pero yo tengo los presupuestos”. Vergonzosas declaraciones de otro aficionado a “las caras”. El PP plantea crear una inspección educativa del Estado para vigilar el uso del castellano en Cataluña. Después de tres legislaturas con gobiernos del PP, “a buenas horas mangas verdes”. Tras este artículo figurado, simbólico, con PSOE, PP e independentistas, da igual que salga cara o cruz, casi convendría que absortos por el juego popular (pero sin sentido político) cayeran de canto. Nosotros respiraríamos y ellos, los políticos, por lo menos quedarían totalmente desguarnecidos, descubiertos.

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