Puertollano: Consuelo de periodistas, honor al paladín Levia y recuerdo a los que amamos

Desempeñan su labor en jornadas interminables, condiciones ensortijadas y un tempo sincopado en la taquicardia. Ahora están muy tocados tras el fallecimiento de un compañero ejemplar, el informador de CMM Juan Ramón Levia, caballero dentro y fuera de la redacción y una referencia indispensable para entender la actualidad de Puertollano en los últimos 20 años. Por eso los periodistas de la ciudad industrial han recibido como un bálsamo el ofrecimiento del Ayuntamiento, que les ha cedido este miércoles el honor de encender las ollas del Santo Voto, toda una descompresión sentimental en unas jornadas aciagas para la profesión.

La escena, cargada de emotividad, bañada por la luz barroca de las antorchas, ha servido para revalorizar el papel de los periodistas de Puertollano, con el flamante embajador del Santo Voto al frente, el exdirector del diario «El Mundo» Francisco Rosell, pero también para homenajear a Juanra, que tanto disfrutaba relatando las tradiciones que aman los puertollaneros, y a su pareja, la querida Graci Galán, también compañera de fatigas en el oficio, una mujer fuerte que apenas ha podido sobreponerse a su profunda conmoción.

Cuando la pandemia por COVID-19 aún se cobra sus víctimas, el voto a la Virgen de Gracia ha vuelto a conjurar al pueblo contra el paro y la guerra y la crisis y la misma muerte que se enseñoreaba en las cantigas, cabalgando en la madrugada para colarse en las casas con su reloj de arena, y que ahora se presenta en la pesadilla biológica y en los horrores de una antipática geopolítica.

Esta atmósfera de lienzo tenebrista y la jota de Puertollano interpretada por los grupos folclóricos han marcado el encendido de un Santo Voto condensado en su paradigma de duelo colectivo, homenaje a las víctimas, recuerdo a quienes marcharon y apelación a la unión vecinal, tras una prueba tan dramática y con el mismo impacto social que tuvo la peste negra en aquellos vecinos diezmados que en 1348 alzaron sus manos al cielo.

En el transcurso del acto institucional, Paco Rosell ha pronunciado un bello discurso que ha rescatado el Puertollano de su infancia, el de la escuela del Palomar y la barriada de las viudas, el del paisaje ceniciento del Terri, las minas y las casas blanqueadas de los mineros. En su emocionante recorrido, el periodista ha rememorado aquel Puertollano de 1966, una legendaria ciudad de ilusiones y fatigas en la que los niños perdían prematuramente su infancia y los mayores empujaban con la fuerza del hambre y la necesidad.

El alcalde Adolfo Muñiz ha destacado el papel de los periodistas en la construcción de la memoria colectiva y ha ensalzado la labor informativa de Juan Ramón Levia, no sin subrayar el valor de las tradiciones locales y especialmente la del Santo Voto, fiesta catalogada como Bien de Interés Cultural inmaterial.

En los mismos términos se ha expresado la delegada de la Junta de Comunidades en Ciudad Real, Teresa Olmedo, que ha destacado el carácter emprendedor de Puertollano y su capacidad de resistencia y transformación.

El fuego ha quedado prendido en la noche, con el resplandor y el humo de hogueras de cuentos y aventuras en los bosques medievales. El olor a leña quemada evoca los banquetes en las alamedas de los cantares de gesta y las fantasías de caballerías. Puertollano recupera el pulso de la fiesta, en su necesidad de vivir, pero también en su obligación de recordar quienes fuimos. Y nosotros fuimos el paladín del periodismo Juanra, y todos fuimos aquellas personas amadas que marcharon como estas brasas del Santo Voto, agitadas en la brisa de la mañana. Jamás os olvidaremos.

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