Trece días de julio

Han pasado veinticinco años y parece que fue ayer. Pero no. En este país han ocurrido muchas cosas desde entonces y, entre otras, que el terrorismo ha dejado de ser el grave problema que fue en aquellos años de plomo, que conmocionaba, un día sí y otro también, a toda la sociedad española.

El 1 de julio de 1997, ETA, tras cobrar mil millones de las antiguas pesetas —unos seis millones de euros—, liberó al empresario Cosme Delcloix. Pero el azar quiso que, ese mismo día, la Unidad Especial de Intervención de la Guardia Civil liberara a José Antonio Ortega Lara, funcionario de prisiones que estuvo secuestrado durante 532 días en un zulo oculto en un taller de Mondragón. Operación que dirigió Baltasar Garzón, entonces juez de la Audiencia Nacional.

 Como reacción violenta por esta liberación, ETA, secuestró el 10 de julio al concejal de Ermua del Partido Popular, Miguel Ángel Blanco. Bajo la amenaza de que, si en cuarenta y ocho horas no se acercaba a todos los presos de esta organización terrorista al País Vasco, sería ejecutado. Cumplido ese plazo le descerrajaron dos tiros en la nuca y, al día siguiente, falleció en el hospital.

Esos trece días de julio se vivieron con intensidad en todo el país. Y, después del asesinato del concejal de Ermua, la conmoción, la solidaridad con las víctimas y, sobre todo, la repulsa generalizada de la población española —incluida gran parte de la sociedad vasca—, marcaron un hito que pocos años después llevó a la derrota definitiva de este grupo terrorista, por parte de nuestro estado de derecho.

Pero esos días de 1997 no vinieron solos. Estuvieron precedidos por los asesinatos en 1996 de Fernando Múgica Herzóg, abogado y exdirigente socialista vasco, y de Francisco Tomás y Valiente, jurista y expresidente del Tribunal Constitucional. Ambos atentados provocaron la contestación de toda la opinión pública española de manera contundente, que se manifestó multitudinariamente por las calles de todo el país.

Aunque los estertores de ETA duraron algunos años más. Y un ejemplo de ello fue el asesinato en el año 2000 de Ernest Lluch, histórico dirigente catalán del PSC y exministro del primer gobierno de Felipe González. Después de esta muerte se repitieron la contestación y las manifestaciones públicas por todo el país, ante la escalada desesperada de este grupo criminal.

 Debemos rememorar a todas estas víctimas del terrorismo, reconociendo su decisiva aportación —muchas veces involuntaria—, en la defensa de los derechos, libertades y valores democráticos de la sociedad española desde la transición. Y conviene recordar que del total de muertes causadas por ETA, solo el 5% se produjo en tiempos de Franco. El 95% restante —más de 800—, se llevó a cabo en los periodos de la transición y de la democracia en nuestro país.

Con la nueva ley de Memoria democrática —negociada con quienes dieron cobertura a los terroristas—, se pretende ampliar el periodo de revisión del franquismo en ocho años más. De esta forma, en esos años quedaría justificada su actividad y se exoneraría moralmente su responsabilidad criminal. Se ha de tener en cuenta que, en esos años, se produjo el mayor número de muertos de todo el periodo democrático, ya que solamente en los años 1978, 1979 y 1980, murieron asesinadas más de 250 personas.

Pero hay que recordar que en junio de 1977 se decretó una amnistía general para todos los terroristas de ETA que benefició a más de doscientos presos, además de a los miembros clandestinos y huidos al extranjero, sobre todo a su santuario en Francia.  Pero, en vez de dar por finalizadas sus actividades —como pretendía el gobierno de Adolfo Suárez con esa medida—, lo que hizo este grupo terrorista, fue rearmarse, aprovechar la experiencia de los liberados e incrementar la presión al Estado.

El ya fallecido líder socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba, manifestaba en Sí, el relato, su último artículo publicado en el diario El País: “Los demócratas hemos vencido al terror. Nos queda por delante la tarea de evitar que los derrotados impongan su falso relato. De hacerlo en paz, con nuestros instrumentos, los de la política democrática. Es la garantía de que la convivencia se recupera plenamente en el País Vasco”. Pero el llamado entorno de ETA, lo que pretende es que se olviden sus asesinatos, aunque algunos de ellos fueron cometidos hace apenas diez años y quieren que, en esta ley pactada con el gobierno, el olvido tenga efectos jurídicos, políticos, incluso históricos. Imponiéndose así su relato, lo que en modo alguno deseaba el desaparecido líder socialista.                 Aquellos trece días supusieron un punto de inflexión sobre ETA. Pero es posible que ni el sacrificio de tantas vidas perdidas, ni el esfuerzo de tanta gente durante tanto tiempo, hayan servido de mucho. Y todo, porque el interés cortoplacista, espurio y personal de nuestro presidente, impide al Estado defender ética y honradamente, su relato democrático.

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6 COMENTARIOS

  1. Hasta cuándo seguiréis utilizando a los muertos de ETA como arma arrojadiza. Miembros de las asociaciones de víctimas se ofenden y os han sacado los colores en más de una ocasión . Pero nada. Vosotros , criaturas obstinadas y desvergonzadas, dale que te pego: más víctimas que las ídem y sus familiares, estúpidos.

    • Carmen, creo que todas las víctimas mortales y, también las otras, deben ser respetadas y dignificadas, solo por el hecho de serlo. Y da lo mismo que lo sean por hechos de hace ochenta y tantos años —como las víctimas de uno y otro bando durante nuestra guerra civil española— o las que se produjeron durante el franquismo; que si lo son por actos violentos de ETA, del FRAP, de TERRA LLIURE o del GRAPO de hace unos años; o por cualquier otro motivo, como un asesinato, un accidente intencionado, o como hecho agravado después de haber sido víctima de una violación, por ejemplo, en los últimos días o meses. Lo que no puede ser, es que las víctimas sean seleccionadas, según convenga a cada uno.
      Hace unos días el diputado de Ciudadanos, Guillermo Díaz, decía en el Congreso de los Diputados, que qué diferencia hay entre un niño muerto por el bombardeo de los alemanes en Guernica y otro muerto en Erandio, por una bomba de ETA. Pues bien, la nueva ley parece que si los distingue.

  2. Bildu vota en Ermua en contra de condenar el asesinato de Miguel Ángel Blanco.

    Pero se ofenden cuando decimos que Bildu es ETA, socios del gobierno de España.

  3. La nueva Ley de Memoria de Pedro Sánchez blanquea los casi 1000 asesinatos de sus socios de Bildu y se olvida de sus víctimas.

    El próximo domingo Pedro Sánchez acudirá a Ermua a reírse de Miguel Angel Blanco y de todas las víctimas de sus socios parlamentarios.

    Una verguenza

  4. Sánchez viajará el domingo a Ermua a homenajear a Miguel Ángel Blanco.

    Que alguien le diga que Miguel Ángel está enterrado en Galicia porque sus socios destrozaban su tumba.

  5. Las víctimas son símbolo de nuestras libertades, son de todos, han sido asesinadas en defensa de la democracia y no pueden representar otra cosa.……

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