Dulcinear

El pasado fin de semana tuve la oportunidad de asistir a la última sesión de un evento cultural singular. Se celebraba el “I Coloquio Internacional Dulcinea del Toboso” en el que participaban expertos cervantistas venidos de distintas universidades españolas y extranjeras. Además de estudiosos, responsables de archivos e investigadores independientes, así como aficionados literarios de la zona.

A estos actos concurrieron participantes de universidades de Estados Unidos, Perú, Francia, Italia, Portugal y Chile. Y profesores, doctores y catedráticos españoles de la UNED, de la Universidad de Castilla-La Mancha, de la Internacional de Valencia, de la de Cantabria, de la de Navarra y de la Internacional de La Rioja.

Se celebró en el salón de plenos del Ayuntamiento de la localidad que, ese día, estaba repleto. El Ayuntamiento de El Toboso, el Grupo de Investigación Siglo de Oro de la Universidad de Navarra y la Hospedería Casa de la Torre, organizaron este coloquio, al que acudieron numerosos asistentes, entre profesionales, aficionados y curiosos. Así mismo, colaboraron la Diputación de Toledo, la Asociación de Cervantistas y la Ruta del Vino, entre otras instituciones públicas y entidades privadas.

Allí se pudo comprobar que el movimiento cervantista y el Quijote, siguen gozando de vitalidad como fenómeno literario universal. Y que esta obra, pozo de sabiduría y fuente inagotable de inspiración, continúa ofreciendo motivos para seguir profundizando en su estudio, a pesar de haber transcurrido más de cuatro siglos desde su primera publicación.

El Quijote, aunque no sean sus cifras las que más deban impresionarnos, proporciona unos datos espectaculares. Según los expertos, se han vendido alrededor de quinientos millones de ejemplares, desde que se publicó en 1605. Y utiliza cerca de 23.000 vocablos distintos, lo que sugiere que en esta obra se ha empleado un considerable número de las palabras del idioma español que se recogen en el diccionario de la Real Academia Española. 

Los asistentes comprobaron la hospitalidad de los toboseños, que organizaron y proporcionaron a todos los participantes un programa de actividades complementarias. No faltaron eventos gastronómicos en varios restaurantes locales y la visita a una bodega típica, en los que pudieron reponerse con un buen vino de la tierra y tomando las mejores viandas de esta villa manchega.

Se realizaron visitas a los lugares más emblemáticos de la localidad, como la Casa de Dulcinea, la Iglesia parroquial, el Museo Cervantino o el Museo de Humor Gráfico, entre otros. Como colofón, hicieron un recorrido nocturno por los rincones más genuinos de esta villa, en el que estuvieron acompañados por un más que reputado, pero espontáneo, guía local que les proporcionó una velada inolvidable.

Isabel Fernández, responsable de la Casa de la Torre, y, Raquel, su fiel colaboradora, fueron decisivas en la organización de todos estos actos.

La representación institucional estuvo presidida por la alcaldesa, Pilar Arinero Gómez, a la que acompañaron los alcaldes de los últimos treinta años —pertenecientes a diversas formaciones políticas—, entre los que la mayoría eran mujeres. Su asistencia demostró la importancia y el interés que para todos ellos tuvieron estas jornadas.

La calidad de las ponencias, evidenció la solvencia de los 14 cervantistas participantes —procedentes de 7 países—. Y, aunque el contenido de lo expuesto era más para iniciados, los ponentes intentaron hacer sus intervenciones de la forma más asequible posible para el común de los mortales, lo que permitió que sus exposiciones resultaran más amenas, salpimentando así, el contenido de todo lo tratado.

Carlos Mata Induráin, Profesor Titular de Literatura Española de la Universidad de Navarra, nos habló, entre otras cosas, de un peculiar juicio —que recogía una novela por entregas del siglo XIX— al que acudieron para dirimir si el Quijote verdadero era el de Avellaneda o el de Cervantes, con la sorprendente y salomónica sentencia que determinó que ninguno de los dos era el auténtico.

Fue este ponente navarro, miembro del Grupo de Investigación Siglo de Oro, quien puso nombre a las actividades realizadas en estas jornadas. Las llamó, sencillamente, dulcinear.

Santiago López Navia, Licenciado y Doctor en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid, actual Vicedecano, Profesor Titular y Catedrático in pectore de la Universidad Internacional de La Rioja, además de reconocido investigador cervantista, expuso su ponencia sobre Las últimas Dulcineas en las recreaciones narrativas españolas del Quijote. Entre otras curiosas publicaciones de los últimos años, citó la extraña novela del conocido sociólogo, Amando de Miguel, El Quijote en la España de la reina Letizia. Y mencionó, Don Quijote y Güicho Panza, novela del escritor colombiano Jairo Luis Vega Manzano ambientada en su país, concretamente en el Departamento de Santander. 

Este ponente comentó los recursos literarios utilizados por Cervantes, para aportar mayor expresividad y fuerza estética a sus textos. Nos dijo que el autor del Quijote utilizaba habitualmente la ironía y la parodia, como recursos literarios en sus novelas. Y cómo, esa ironía, será profusamente utilizada por otros autores inspirados en este escritor. Entonces recordé las obras de Benito Pérez Galdós.

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