Peloterías pelotudas

Si el Black Friday representa la persuasión comercial más atinada, podemos decir en esa secuencia de cacofonías –como repeticiones innecesarias– que los eventos deportivos –como el Mundial de fútbol en curso, en el Emirato de Qatar, o Catar que todo es posible– representan el orden internacional en torno a la idea del hermanamiento deportivo.

Por más que el hermanamiento se revista de la necesaria rivalidad entre los países competidores.

Si no, no habría tal competición.

Incluso, una competición que a veces, se reviste de ánimo de revancha o de vendetta de los países más pobres sobre los más ricos.

Serbia venciendo a la Rusia de todas las batallas.

O el pequeño seleccionado de El Salvador tumbando a la potente Alemania.

Incluso la victoria de la RDA en 1974 sobre la muy capitalista República federal Alemana, dando un tumbo a todas las previsiones.

Como contaba el pasado sábado en Babelia Paco Cerdá en su trabajo Ni circo ni opio: ‘futbolítica’.

Como forma de hacer otra política, con colorines, banderines, canciones y mascotas perrunas.

Pues eso, futbolítica.

Que es una política a la que le han crecido las patitas traseras, para dar patadas al balón universal.

Y por ello, recordaba Cerdá los bigotes de Videla en Argentina-78, los alaridos de Mussolini en Italia-34 o el quebranto del combinado magiar –y el comienzo, consiguiente, del deshielo comunista con Ferenc Puskas a la cabeza– en Suiza en 1954.

Ahora las razones de la política y del fútbol han sido fagocitadas por las razones de la economía.

Desde la misma designación de Qatar en 2010 por magia del capo de la FIFA, Blatter y la influencia de la Francia de Sarkozy- Platini.

Designación que, más allá del enorme dispendio de 220.000 millones de euros en obras varias de modernización funcional, pretende un lavado de cara al Emirato de Qatar.

Medieval en la concepción de derechos y diferencias, pero galáctico en el gasto para levantar ocho-estadios-ocho que, una vez pasado el festival del Mundial, quedarán muy condicionados en su uso.

Piénsese que los cataríes no llegan a tres millones de habitantes y cuentan con una modesta liga de futbol, cuyas demandas de espectadores es una fracción de todo el aforo desplegado ahora.

Competición muy lastrada por las altas temperaturas en los ocho meses de verano e inhábil en los cuatro mese de infierno del desierto.

Por lo que la operación de, mejora y reforma del estadio Lujail y  del levantamiento de los otros siete coliseos es más una operación de promoción publicitaria que una ordenación de recursos deportivos.

Otros mundiales de países con tradición futbolística –cosa que en Qatar es un reciente invento– han servido para mejora y consolidación de infraestructuras deportivas de titularidad privada de los clubes que forman las diferentes competiciones.

En Qatar 2024 los estadios servirán para actividades alternativas de escaso rendimiento económico.

Por ello es por lo que no se entiende la posición de Giovanni Infantino, presidente de la FIFA y sumo sacerdote del balompié, que ha dicho una sarta de sandeces.

Entre otras sentirse catarí, árabe, africano gay, disminuido y trabajador emigrante.

Olvidando su condición de sumo sacerdote del balompié y máximo hacedor del mundial.

Como si se pudieran ser todas esas cosas al mismo tiempo y de forma simultánea.

Si fuera catarí y gay, no podría contralo.

Olvidando que es un millonario privilegiado que vive del cuento del balón.

Y que tiene su residencia en Zúrich.

Que es la inversa de Doha.

Una especie, Infantino, de sus homónimos españoles: Luis Rubiales y Javier Tebas.

Respectivos dirigentes de la Real Federación Española de Fútbol y de la Liga Española–una suerte de patronal de lo mismo–.

Baste ver que la RFEF, al mando de Rubiales –el de los negocios a medias con Piqué en la celebración de la Supercopa en Arabia Saudita–, ha desplazado a Qatar a 90 invitados –aunque dirán que van de trabajo–.

Intenso trabajo.

Todo ello sin contar con el equipo de jugadores seleccionados –26–, más técnicos varios, gabinete de prensa, utilleros, médicos, dietistas, fisios y cocineros.

Que deben totalizar otra cincuentena.

Esa expedición de la RFEF dice que fue acompañada con 3.000 kilos de material.

90 bultos –sin especificar tamaño– facturados.

Y 23 baúles de ropa, presuntamente de los jugadores seleccionados.

Si no, sería una cantidad excesiva.

Algo parecido al despliegue de RTVE.

Que ha desplazado idéntica cantidad que la RFEF, otros noventa protagonistas.

Y que va a tratar de defender el pago de los derechos de transmisión de 40 millones de euros abonados a la FIFA. Esto es al comité organizador de Qatar 22, con presencia del inefable catarí-africano-árabe-gay-emigrante Infantino  

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1 COMENTARIO

  1. ¡Mirad qué estadios! son todos nuevos. Ha «palmao» gente, pero qué importa: eran obreros.
    Más allá del pecado original de este Mundial ( la corrupción de los otrora presidentes de FIFA, UEFA, del expresidente la la Republica francesa y no sabemos cuántos más) lo más sangrante , como resalta el versillo del sketch del Intermedio, es que hayan muerto más de 5.500 personas.
    Si tragedia más tiempo da comedia, quizá dentro de 50 años las generaciones venideras se descacharren de risa cuando les recuerden sus ancestros que vieron un muncial comiendo polvorones.
    Infantini no necesitaba no necesitaba escupir tantas memeces. Le habría bastado con expresar que la pasión por el fútbol nos impedirá vetar su visionado, olvidando todo lo demás. Disonancia cognitiva , creo que llaman esto en psicología.

    ¡Viva , viva la Fifa!
    Pasta , pasta, eh eh
    Comisiones a funcionar
    ¡Bienvenido a Qatar!
    ( Pongan musica del waka waka, de Shaki)

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