Los pequeños objetos e Italo Calvino

Jesús Millán Muñoz.– Nos movemos con objetos y en los objetos, y, con ideas y en conceptos, somos esa mezcla de alma y cuerpo y mente-psique y sociedad y cultura. Ese combinado de realidades.

Muchos escritores y, también, articulistas cogen ideas, temas, conceptos, enunciados, proposiciones, argumentos y razones. Incluso proyectos de tesis doctorales o grandes libros académicos de otras personas, y, nunca lo agradecen, el viejo maestro Unamuno de mi adolescencia y un poco más, decía, que en España se copia y se plagia mucho y mal.

Tengo una formación académica y también autodidacta, ambas cosas y ambos mundos están en mi conciencia y consciencia e inconsciencia e inconciencia. Ambos mundos luchan y han estado luchando en mí, durante décadas. Esa es y ha sido mi realidad.

Con lo cual, tengo una formación de citas, y, al mismo tiempo, una aptitud y actitud moral cercana en esto a la de Unamuno. Hay que dar el mérito a quién se lo merece, hay que darle el agradecimiento, hay que aportarle el homenaje. No es que tú te valgas de una gran figura de las letras o de las columnas periodísticas para tu fama y tu notoriedad, sino que si has tomado la idea del tema, o algún concepto o algún enunciado de un autor, creo que dar al César/emperador/escribiente lo que es del César/emperatriz/escribienta, hay que citarlo/a. No siempre se hace, pero creo que se debe hacer.

No es que te pongas bajo su sombra, y le quites o intentes quitar luz al gran escritor o al gran articulista periodístico literario. No. Al menos, no en mi caso. Porque algunas columnas se hacen, solo mirando el título de un artículo, ya que no tengo acceso a su contenido por eso de la suscripción, o quizás, por una frase de ese texto. Posiblemente, el artículo de ese autor, y el tuyo propio caminarán por puntos diversos. Posiblemente, el gran escritor o gran articulista llega a ideas y argumentos muy profundos, que yo, que yo modestamente, ni me acerco. Pero nadie me dirá que he copiado o he plagiado, por eso lo cito, o me he aprovechado de su fama y nombre y notoriedad –porque por eso, precisamente lo cito con respeto y afecto y en homenaje-.

Que después en el sistema de Internet, emerja en un lugar preferente o no, es otra cuestión. Pero los que publicamos en periódicos digitales de audiencia limitada, siempre estamos relegados a la degustación de la casquería cultural de y en la aceptación pública –ya saben ustedes, que las vísceras de los animales, durante siglos, no las degustaban los nobles, ni los patricios, y, era cosa que quedaba al pueblo, pueblo del que formo y soy parte… Ahora la casquería, es un manjar, como la mayoría de los productos del mar-.

Nos movemos en ese mundo de ideas-conceptos-enunciados-proposiciones, y, nos movemos en ese mundo de cosas-objetos-entes-realidades, y, mezclando y combinando ambos, somos lo que somos, en nosotros mismos, y, en/con los demás. Vivimos en ese mar que denominamos Sociedad y Cultura. –Cuánto necesitamos que los sistemas culturales e ideológicos y filosóficos y religiosos creen puentes y vías y autovías y viaductos y acueductos de entendimiento y comprensión, ya que creemos los conflictos, todos tienen una base ideológica o de ideas y culturales, de ideas y de creencias-. Esta es la revolución que también necesita el mundo. Crear un Programa Internacional de Ilustración para todas las Sociedades y Culturas.

En todo este volcán de ideas me he encontrado con el artículo de Italo Calvino, titulado: La redención de los objetos, habiendo visto la luz de otros ojos, en La República en 1981. No sé, si somos conscientes, que desde que nos levantamos, dormidos también, estamos en contacto con objetos, con realidades materiales, con cosas, con entes. Dormimos acompañados de sábanas o mantas, sobre un catre o una cama, y, a lo largo del día, utilizamos decenas, cientos de objetos, unos, creados por el ser humano, otros, por y de y en la Naturaleza.

Cosas, estamos rodeados de cosas. A veces, me digo, cuántas cosas creadas por los seres humanos utilizarían hace un millón de años, las especies humanas, cuántas hace cuarenta milenios, cuántas ahora, en Occidente y cuántas ahora, en un pueblo indígena del Amazonas. Quizás, nos diferenciemos, aunque seamos esencialmente iguales, todos los humanos, pero una diferencia, es que un ser humano utiliza “cien cosas al día”, pongamos un ejemplo o un caso. Y, otro, quizás menos, y, otro quizás más.

Alguna/s rama/s de las ciencias sociales, deberían estudiar y analizar, cuántos objetos y cosas y entes materiales utilizamos –geografía, historia, economía…-. Dicen que tenemos sesenta mil ideas o pensamientos al día. ¿Pero cuántos objetos tenemos…?

¡Cómo potencialmente, puedes comprar muchas cosas, dentro de un límite económico, no valoras las pequeñas cosas…! ¡En la epidemia que hemos pasado hace unos meses, en un momento, temía que la tinta para dibujar se me terminase…! ¡En un momento normal, esa preocupación no la habría tenido…! ¡Temor que los humanos padecen en las guerras, en las revoluciones, en los desastres naturales, en las graves crisis económicas personales o familiares, etc.!

¡Estamos rodeados de cosas, y, no somos conscientes, que vivimos y existimos en un mar de cosas y de objetos y de entes naturales y no-naturales o creados por el ser humano…!

Relacionados

ESCRIBE UN COMENTARIO

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí


spot_img
spot_img
spot_img
spot_img
spot_img