Ayuso, o el minimalismo infinito

En el infinito cabe todo: es el absoluto, el universo, Dios. Tú mismo formas parte del infinito, un sitio del que nadie puede expulsarte, con todos tus deseos, tus ideas, tus recuerdos, tus verdades, tus miedos. Cualquier proeza, cualquier fenómeno, se reduce a la mayor insignificancia, a poca cosa, apenas nada (aunque no desaparezca), cuando se integra en el infinito.

Si ya es muy difícil explicar completa y correctamente un asunto complejo de forma breve y concisa, explicar el infinito ya me parece una tarea sencillamente imposible. Y reducir su explicación a la mínima expresión, me parece ya el colmo. Además, la rápida obsolescencia de las cosas es el signo de los tiempos. Ver muchos titulares de prensa, muchas imágenes; ver todo, para luego no recordar apenas nada y sin que ello importe. Conocer algo en profundidad requiere un tiempo que a menudo no estamos dispuestos a pagar. Total, da lo mismo, porque la conciencia sobre las cosas se sigue creando, aunque el mensaje sea simple.

Pues bien, el mayor mérito de Isabel Díaz Ayuso consiste en eso, en explicar el infinito, de manera totalmente sintética y maniquea, como el monotema de la lucha del bien absoluto (ella y su mundo) contra el mal absoluto (la izquierda), sostenida por su imagen de joven pizpireta atrevida y su expresión de chulapona desafiante, ahora que la imagen prevalece sobre cualquier contenido o forma de expresión. No está sola: Ayuso pone la imagen; lo que no sabemos es quien compone el equipo que le prepara sus discursos en esas tarjetas que le hemos visto leer tan a menudo. Ése que convierte rápidamente en las RR.SS el insulto “hijo de puta” al Presidente Sánchez en un “me gusta la fruta”. Sus seguidores no necesitarán oír argumentos, basta con su presencia para convertir cualquier disparate en verdad, de modo simple y populista. Inolvidable, aquel programa completo de la campaña electoral para las elecciones autonómicas en 2021, reducido a la mínima expresión: la palabra “libertad”. Insuperable: mayoría absoluta.

Un ejemplo más reciente, en la presentación de la Feria Taurina de San Isidro 2024, 2 de febrero: No conozco un lugar donde la prosperidad ni la libertad se hayan abierto camino tras cerrarse una plaza de toros. Todo lo contrario. ¿Quién frenará el afán autoritario mañana, si hoy no se asfixia y nadie hace o dice nada? Esto solo va a ir a peor y la libertad se defiende ejerciéndola” (…) [en el mismo acto, sobre Cataluña] “Tras cerrar una plaza de toros, le ha seguido la sequía, el control político y el adoctrinamiento» Y digo yo ¿Qué tendrá que ver la falta de lluvias con el adoctrinamiento? ¿Qué tendrán que ver los toros en la creación de escenarios de distopías autoritarias? ¿Será por eso que en los países donde no hay tradición taurina no hay libertad?

El discurso de Ayuso es agresivo y contundente por sistema, un discurso que dicho por cualquier otro político -sobre todo, si fuera varón- resultaría casi escandaloso (como en el caso de Trump, quien maneja el escándalo y la polémica como viento de popa). Convierte cualquier intervención en una arenga a la lucha final contra el enemigo (que no adversario político). Pero lo principal, es que este discurso y sus formas le funcionan a la perfección. En primer lugar, porque apela a las emociones, no a la razón; y así, envuelve con la bandera de todos los españoles su polémica gestión neoliberal de los asuntos públicos, ya sean la gestión de la borrasca “Filomena”, la compra de máscaras durante la pandemia, la sanidad, la educación, la vivienda, el “dumping” fiscal, etc. Y en segundo lugar, porque es capaz de mermar o eliminar sin pudor a cualquiera de sus adversarios, ya sea al Secretario General de su partido, a sus socios de gobierno o a los partidos la oposición (aunque en este último caso, con dejarles solitos ya tiene medio camino hecho). Para ello, cuenta con el apoyo clave de los medios de comunicación madrileños, que le han dado su apoyo incondicional en todo momento y circunstancia durante todo este tiempo. Ayuso y su equipo esperan el momento oportuno para ascender en el escalafón hasta llegar a la Moncloa, le pese a quien le pese; y nadie de su entorno procurará enemistarse con ella, y a quien representa a la sombra. No es ella quien marca la agenda del partido, claro, pero sí quien da primero.

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